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jueves, 3 de diciembre de 2020

DICIEMBRE: Lo que el Chimpancé nos transmite con su Altruismo

Ya se palpa la Navidad, en las tiendas, en la tele, en las luces… pero ¿y en las casas?, ¿y en las empresas?, ¿y en la gente? Este año ha sido un año gris en todo el planeta y todos lo estamos pasando mal; por la cantidad de libertades que hemos perdido, por el miedo a perder nuestra salud y la de nuestros seres queridos, por la pérdida de alguien a quien queríamos, por el impacto económico que el Covid está teniendo en los negocios, por ver cómo las relaciones sociales se han ido mermando poco a poco… pero, aun así, donde sí sigue habiendo espíritu navideño es en las ganas de ayudar a los demás. Todos los años llegan estas fechas cargadas de acciones de caridad hacia los más necesitados, que por desgracia este año han aumentado en número. Muchas personas han perdido sus puestos de trabajo y, como consecuencia, ha aumentado el empobrecimiento social por todo el planeta a una velocidad casi en paralelo con la pandemia.

Nos toca dedicar este mes a esas personas que de manera anónima o no, pero que sí con una gran honestidad, ayudan a quienes lo necesitan. Hablamos del altruismo y lo animalizamos en un gran amigo del hombre que siempre tiene una sonrisa que ofrecer: el Chimpancé.


El chimpancé es un primate homínido con el que el ser humano comparte el 98% del genoma, dato que deriva de la evidencia científica de que tanto el chimpancé, el hombre y también el gorila compartieron hace millones de años un ancestro común. Posee una dieta principalmente vegetariana, aunque también se alimenta de insectos y pequeños vertebrados. Los machos llegan a pesar unos 80kg en cautiverio y a medir hasta 1.70m, mientras que las hembras apenas llegan a los 70kg. Se caracteriza por la envergadura de sus brazos, aproximadamente 1.5 veces su estatura, que le permiten balancearse pasando de rama en rama. Su cuerpo está cubierto por un pelaje de color marrón oscuro, con excepción del rostro, dedos, palmas de las manos y plantas de los pies. El periodo de gestación de los chimpancés es de 8 meses y las crías son destetadas aproximadamente a los 3 años, aunque son más los años que siguen manteniendo vínculo con su madre. La pubertad la alcanzan entorno a los 8-10 años y su esperanza de vida es de unos 50 años en cautiverio. En libertad, podemos encontrar chimpancés en las selvas tropicales y sabanas húmedas de África central y occidental, aunque debido a la desforestación se encuentran en peligro de extinción. El chimpancé vive en comunidades que oscilan entre los 20 y más de 150 miembros y donde el apareamiento es promiscuo. Desempeñan estrategias de caza que requieren de cooperación, siendo conscientes de su estatus social en todo momento. Son manipuladores, capaces de engañar y capaces de entender aspectos del lenguaje humano, incluso números, además de planear espontáneamente el futuro cercano. Aunque los investigadores todavía no han llegado a un mismo punto de opinión, diversos estudios concluyen que los chimpancés llegan a ser animales altruistas que realizan un sacrificio solidario por el bien del colectivo.

Independientemente del resultado de los estudios llevados a cabo con diferentes comunidades de chimpancés, ocurre algo que también ocurre en nuestra especie y es lo que se denomina contagio emocional. Las emociones son más poderosas de lo que podemos llegar a imaginar y son capaces de contagiarnos negativa y positivamente unos a otros de manera prácticamente inconsciente. Existen unas neuronas, llamadas espejo, que son las responsables de este contagio, pero esto sería otro tema sobre el que hablar y al que bien podríamos dedicar un artículo entero.

Este contagio emocional es el que permite que afloren ciertas conductas entre las personas cuando, a partir de un impulsor que inicia cierta acción, comienzan a unirse a la causa los diferentes observadores. Llevando esta afirmación al terreno que hoy nos ocupa, vemos cómo ciertas acciones que pueden pasarnos desapercibidas a lo largo del año, a pesar de que existen, se multiplican durante estas fechas por el simple hecho de ser conocedores de ellas, por ejemplo, bancos de alimentos, donaciones a fundaciones sin ánimo de lucro, recaudación en programas televisivos, colaboración en la entrega de regalos en hospitales infantiles, etc…

El altruismo existe, lo tenemos en nuestro ADN, pero en ocasiones se mantiene latente debido principalmente a la falta de visión global, a ese no acabar de abrir los ojos o hacerlo mirando mucho nuestro propio ombligo. Tenemos la suficiente inteligencia para abrir nuestro campo de visión, para darnos cuenta que alrededor nuestro hay personas que no tienen la misma suerte que podemos tener nosotros y que más allá de este alrededor, la historia se repite una y otra vez.

Para muchos la Navidad es compras, es reunión familiar, es viajar, son luces, son vacaciones,… para otros es hipocresía, tristeza, gasto innecesario… pero lo que sí está claro es que durante esta época algo pasa, algo hace encender la llama de la bondad en las personas, convirtiendo, aunque sea durante apenas un mes, este mundo en un mundo mejor.

NOS GANAMOS LA VIDA CON LO QUE RECIBIMOS, PERO HACEMOS LA VIDA CON LO QUE DAMOS (John Maxwell)

Por eso, volviendo a las preguntas con las que comenzaba este artículo, aunque este año no todos estemos para pensar mucho en Fiestas, sí que la situación que estamos viviendo nos ayuda a reflexionar un poco más acerca de la suerte que todos tenemos de estar todavía hoy aquí y, que por muy mal que hayamos pasado algunos momentos de este 2020, la vida continúa y no queda otra que seguir con nuestra mejor cara, con nuestra mejor sonrisa, con todo el positivismo y energía que podamos desprender y que van a hacer que esa neuronas espejo de las que no he querido hablar demasiado comiencen a hacer su función a gran velocidad y a gran escala.

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miércoles, 4 de noviembre de 2020

NOVIEMBRE: Lo que el Delfín nos alecciona sobre la Comunicación

En Europa ya nos encontramos sumergidos de pleno en la segunda ola de la pandemia del Covid19. Era de esperar, según la evolución histórica de otras pandemias, la llegada de nuevas oleadas tras la primera que nos cogió a todos por sorpresa. Poco más sabemos de este virus y todavía queda mucho por descubrir, por luchar y camino que recorrer para lograr erradicar al coronavirus de una vez por todas, pero si algo nos está haciendo esta cuesta todavía más empinada no es otra cosa más que la impotencia de ver cómo unos se están dejando la piel diariamente en los hospitales y otros, en cambio, se están dejando la vergüenza (si es que algo les queda) en casa cada mañana cuando se dirigen a los Congresos y Administraciones a "comunicar sus soluciones". Esas comillas que acabo de utilizar de manera totalmente intencionada e irónica, me ayudan a introducir la temática de este nuevo mes: la comunicación.

Pero antes de seguir con esta crítica compartida por la mayoría de ciudadanos, seamos de un lado, del otro o de ninguno, os presento también al animal con el que haré analogía en términos de comunicación: el Delfín.

El delfín es un animal mamífero de la familia de los cetáceos que puede medir entre 2 y 8 metros, con cabeza de gran tamaño, hocico alargado y un orificio respiratorio sobre la cabeza. Suele tener un color grisáceo, aunque también pueden ser negros, blancos, azulados o incluso rosados. Es un animal carnívoro que se alimenta, principalmente, de peces y calamares. Alcanza su madurez sexual a los 11 años y, a diferencia de otras especies, puede mantener relaciones sexuales sólo por placer. Según la especie (hay unas 40), puede variar su periodo de gestación, pero éste suele estar entorno a los 10-12 meses, tras los cuales suelen dar a luz a una sola cría. Los delfines están acostumbrados a vivir en sociedad y grupos familiares, entre quienes pueden establecer fuertes vínculos, llegando incluso a cuidarse cuando alguno de ellos enferma. La esperanza de vida de estos animales suele ser de entre 25-30 años en libertad y hasta 45 cuando viven en cautiverio. Son animales muy inteligentes que utilizan gestos, bailes y sonidos para comunicarse. La comunicación de estos animales sigue siendo todavía un gran misterio para los científicos, quienes aseguran que tienen una forma muy similar de comunicación a la humana, utilizando incluso palabras y respetándose en el turno del habla.

He querido poner de ejemplo al delfín en este tema tan complejo y que genera tantos problemas a los seres humanos como es la comunicación, por supuesto cuando ésta se usa indebidamente. La última temática tratada en este blog fue la de la coherencia, concretamente, analizamos cómo el ser humano es bastante incoherente en muchas ocasiones entre lo que piensa, dice y hace y cómo esta incoherencia nos acarrea serios problemas en nuestras vidas. La comunicación es el hilo conductor de esta falta de coherencia, una comunicación que obviamente es nefasta cuando hablamos de la incoherencia humana, de la que desgraciadamente durante estos meses de pandemia estamos siendo testigos. Una comunicación con todos los errores que puedan llegar a cometerse y que hace insostenible una lucha con total eficacia y contundencia contra este maldito bicho.

Los virólogos y científicos que alertan de lo que se nos viene encima, los médicos y demás equipo sanitario que nos explican cómo las urgencias y unidades de cuidados intensivos se están colapsando, los políticos que hacen oídos sordos a los expertos y se dedican a mentir, manipular y a tomar medidas sin sentido y totalmente efímeras que desconciertan a la población y, para colmo, unos medios de comunicación que debaten en mesas de tertulia donde todos saben de todo y opinan libremente, metiendo cizaña y despistando todavía más a quienes les escuchan. Con este panorama, ¿cómo pretendemos que la gente siga unas normas?, ¿cómo pretendemos que la gente no se eche a la calle?, ¿cómo pretendemos que la gente no empiece a pensar que detrás de todo hay intereses políticos, empobrecimiento de las clases sociales más marginales, mayor distanciamiento social y un virus que quizás se ha hecho en un laboratorio para provocar precisamente todo esto?... ni el bueno es tan bueno, ni el malo tan malo, pero parece que estamos usando nuestra principal herramienta (la comunicación) para hacer al bueno un santo que se queda en casa sin visitar a sus seres queridos por miedo a todo y al malo un demonio que se dedica a ir sin mascarilla escampando el virus por toda la ciudad.

Si, como decía antes, la comunicación mal usada puede tener muchas fugas (exceso de información, datos no contrastados, falta de empatía, lenguaje no verbal discordante con el verbal, falta de respeto, persuasión, decir lo que se piensa sin tener en cuenta a los demás, etc...), aquí y ahora se están utilizando todas.

LA FORMA EN QUE NOS COMUNICAMOS CON OTROS Y CON NOSOTROS MISMOS, DETERMINA LA CALIDAD DE NUESTRAS VIDAS (Anthony Robbins)

Los animales no cometen tantos errores comunicativos; los delfines por ejemplo con su comunicación compleja nada envidiable a la humana según muchos expertos, son capaces de respetarse en los turnos del habla, son capaces de danzar, saltar y nadar hacía un mismo lugar sin rozarse y haciéndolo de manera coordinada, son capaces de ayudarse en sociedad cuando alguno está herido o enfermo... ¿por qué el ser humano, y más concretamente los líderes de la manada, no son capaces de actuar coordinados, con respeto y pensando un poco más en los demás?.

Decíamos que los científicos tienen mucho campo por descubrir en el sistema de comunicación de los delfines, pero realmente el campo se convierte en un universo si quisieran investigar sobre los porqués del complejo comportamiento humano, que parece cada vez más tendente a lograr su propia autodestrucción.

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lunes, 5 de octubre de 2020

OCTUBRE: Lo que el Gato nos enseña con su Coherencia

Si hay algo que más suele desequilibrarnos y provocar cortocircuitos en nuestro sistema neuronal, es el no llegar a comprender porqué en ocasiones las personas dicen “A”, cuando realmente piensan “B” y acaban haciendo “C”. La incongruencia o incoherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace genera problemas graves de comunicación y, sobre todo, de confianza, motivo por el cual debemos tener muy clara cuál es nuestra esencia de pensamiento, valores y creencias para después expresarlas con claridad y saber darles forma con nuestras conductas. Este mes hablaremos de la coherencia.

Cuando observamos a los animales, y logramos aprender a interpretar su comportamiento, nos encontramos ante un alto grado de coherencia que, por desgracia, no logramos encontrar de manera tan estable entre los seres humanos. Antes de entrar a fondo en esta crítica constructiva, voy a presentar a un animal al que a veces nos cuesta entender y que muchas veces nos genera cierta desconfianza, probablemente por no saber interpretar la coherencia que sí existe entre sus gestos, movimientos y estados de ánimo. En esta ocasión nuestro animal es el Gato.

El gato es junto al perro uno de los animales domésticos por excelencia. Existe gran variedad de razas, pero con características morfológicas muy similares. Como la mayoría de felinos, posee una extraordinaria agilidad y elasticidad. Suele pesar entre 3 y 7kg y su pelaje es muy variado en función de las especies. Por lo general, los de pelo corto suelen ser más delgados y activos, mientras que los de pelo largo suelen ser más pesados y menos enérgicos. Sus sentidos del olfato y oído son superiores en muchos aspectos a los del ser humano. Estos, junto con avanzados receptores de la visión, gusto y tacto, lo hacen uno de los mamíferos con un sistema sensorial más sofisticado. Sus orejas, en general pequeñas y erguidas, poseen treinta y dos músculos que le permiten moverlas de manera independiente y oír direccionalmente. Es capaz de caminar minuciosamente, colocando su pata trasera casi directamente sobre la huella de su pata delantera correspondiente, minimizando el ruido y el rastro visible, convirtiéndole en un depredador muy sofisticado, que suele alimentarse de roedores, aves y lagartos. La hembra alcanza la madurez sexual a los 5 meses, el macho, un par de meses después. El periodo de gestación dura algo más de 2 meses y en una camada se pueden dar a luz hasta 10 crías. Tiene una esperanza de vida de entre 12 y 15 años, principalmente en entornos domésticos. Al contrario de lo que se suele suponer, en estado salvaje el gato es un animal muy social, que llega a establecer colonias más o menos jerarquizadas. Es un animal cazador y los machos marcan el territorio orinando.

Muchos vemos a los gatos como animales fríos en comparación con los amigos caninos, pues sus expresiones emocionales son externalizadas de manera menos directa y precisa. Pero los gatos comunican mucho más de lo que nos creemos. La cola de un gato es su marcador nato de expresión: hacia arriba demuestra felicidad plena, hacia abajo representa tristeza o desinterés, si realiza movimientos rápidos seguramente esté enfadado y si la tiene rígida, probablemente esté esperando algo. El maullido del gato, que lo inicia siendo cachorro para que su madre le atienda, le sirve después para pedir comida, solicitar salir a un espacio abierto o bien para llamar la atención. El ronroneo es una clara señal de satisfacción y el soplido, una señal de amenaza y advertencia.

Las personas, en cambio, no somos tan coherentes ni tan fieles a nuestras propias ideas, a nuestra manera de ver las cosas y a nuestros objetivos. ¿Y por qué actuamos así?. No toda la culpa es individual, aunque sí en gran medida, pero la influencia social y el poder de ese grupo del que no queremos sentirnos excluidos, suelen ser la razón principal de nuestra incoherencia.

Si las personas fuéramos más coherentes, tanto como los gatos, mucho mejor nos iría en las relaciones sociales, en el ámbito laboral, en el familiar, en el educacional… incluso en el que tiene que ver con nuestro propio “yo”, con nuestra autoestima, pues la coherencia es una de las claves de la felicidad al significar que estamos actuando de manera natural conforme a nuestros propios principios.

¿Te imaginas a un gato que estuviera ronroneando a tu alrededor y de repente te arañase? ¿Te imaginas que mientras su cola denota felicidad te saltara encima para atacar?... pues esto es lo que, desgraciadamente, tenemos en nuestro alrededor a diario: amigos que nos traicionan, personas que consideramos altruistas y, sin embargo, buscan un beneficio en nosotros, políticos que nos venden unos programas y que nunca cumplen… y lo más triste, es que nos estamos acostumbrando a vivir así; estamos acostumbrándonos a vivir en un mundo y una sociedad cada vez más corrompida en la que la educación, la libertad de expresión y la naturalidad se difuminan para dar paso al egoísmo y la represión que afecta a quienes nos rodean, pero principalmente a nosotros mismos.

¿Cómo poder revertir un poco esta situación? La respuesta, aunque muy sencilla, es complicada de llevar a la práctica, pues de ello requiere mucha consciencia al principio, mucha práctica y mucho valor. Consciencia, porque durante las primeras veces que intentes ser coherente al 100% entre tus pensamientos y emociones, tus confesiones y tus actos vas a tener que pensar previamente en que estás complemente seguro de cumplir con lo que estás diciendo, para después hacerlo así y que todo cuadre con lo que realmente sientes y piensas. Práctica, porque como digo, esto no sirve únicamente una vez, sino que requerirá numerosas repeticiones a lo largo del tiempo que te refuercen en confianza y credibilidad cara a los demás. Valor, porque en ocasiones, pensarás cosas “políticamente incorrectas” (porque nadie las sueles hacer aunque también así las piensen), que va a requerir de cierto valor el poder expresarlas y el poder llevarlas a la práctica, pues quizás estés poniendo en riesgo lo que “normalmente” la gente hace, lo que “normalmente” el grupo dice, aunque esa aparente “normalidad” realmente sea una represión para la mayoría de personas, que prefieren no entrar en conflictos, actuar dentro de la comodidad, aunque en el fondo estén viviendo totalmente reprimidas.

LA FELICIDAD SE ALCANZA CUANDO LO QUE UNO PIENSA, LO QUE UNO DICE Y LO QUE UNO HACE ESTÁN EN ARMONÍA (Gandhi)

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miércoles, 2 de septiembre de 2020

SEPTIEMBRE: Lo que la Oveja nos recuerda sobre la Polivalencia

Si de algo ya estábamos convencidos en los últimos años era que en las empresas, como en la vida misma, las “personas para todo” estaban ganando protagonismo e interés debido a los tiempos convulsos y cambiantes en los que vivimos. Ahora, en plena pandemia del Covid19, la convulsión y el cambio se han multiplicado exponencialmente, tanto en rapidez como en dureza de impacto. Es por ello, que nos hemos visto más obligados que nunca a cambiar de un día a otro nuestras formas rutinarias de hacer, sin dejarnos opción a experimentar un cambio paulatino, poco a poco, a un ritmo sin prisa, pero sin pausa. Este mes dedicaré el espacio de “Nosotros: las personas” a hablar de la polivalencia.

Para seguir con nuestra temática animal del 2020 en este blog, la analogía de la polivalencia la haré con uno de los animales más polivalentes que tenemos desde el punto de vista del beneficio humano: la Oveja.


La oveja es un mamífero rumiante doméstico usado como ganado en prácticamente casi todo el mundo y durante todos los tiempos pasados. Generalmente, poseen pelo rizado que puede ser blanco o en diferentes tonos marrones y que recibe el nombre de lana. Según la raza, tienen unos cuernos laterales en forma de espiral. Las hembras suelen pesar entre 45 y 100kg, mientras que los machos pueden llegar hasta los 160kg. Tienen pupilas horizontales con un amplio grado de visión periférica, pudiendo ver incluso detrás de ellas sin necesidad de girar la cabeza. Son animales exclusivamente herbívoros que no defienden territorios y tienen una inclinación natural de seguir siempre a un líder, por lo que se convirtieron fácilmente en una de las primeras especies de ganado en ser domesticadas, además de por su instinto de permanecer estrechamente agrupadas. Utilizan el balido como forma de comunicación, básicamente entre la madre y sus corderos, aunque en ocasiones también para expresar angustia, frustración o impaciencia. Un rebaño de ovejas suele ser fecundado por un solo macho, que habrá luchado con otros carneros durante el periodo anterior al celo para establecer su dominio. La gestación dura 5 meses y suelen nacer uno o dos corderos. Su esperanza de vida está entre los 10 y 12 años, aunque algunas pueden vivir hasta 20. Las ovejas son una parte importante de la economía agrícola mundial, fundamentalmente por su lana, su carne y su leche.

Como observamos, la oveja nos proporciona lana, carne y leche y es por ello que la utilizo como analogía para explicar la polivalencia, pues es un animal que en cierto modo ha servido y sirve para el beneficio de todos los humanos. Una persona intolerante a la lactosa, por ejemplo, no podrá beneficiarse de la leche y productos lácteos que se obtienen de la oveja, pero probablemente podrá comer su carne. Una persona vegetariana, seguramente no quiera probar su carne, pero podrá beneficiarse del calor que proporciona su lana. En función de las necesidades de cada uno, en función de las necesidades de cada situación o de cada momento, la oveja podrá aportar su granito de arena para cubrirlas.


La sociedad cambiante de los últimos años a ritmos acelerados y la actual situación paralizante y a la vez cambiante ocasionada por el coronavirus nos hace valorar más que nunca los perfiles polivalentes, los resilientes, los que podrán ofrecer su talento y sus habilidades para las necesidades que se presentan, probablemente muy diferentes a las que había tan solo unos meses atrás o las que pueda haber de aquí a unos meses. El personal sanitario y asistencial y su nuevo rol en la psicología, el empresario y su nuevo rol en la prevención de la salud, el personal docente y su nuevo rol en la formación a distancia, los padres y su nuevo rol mixto y solapado doméstico-laboral-educativo, las empresas de sectores dispares y su nuevo rol de reinventarse en la producción de material sanitario… y así podríamos hacer un gran listado de personas que han visto alterado su modus operandi normal, el cual ha sido sustituido por un modus novedoso, reactivo y acelerado, sin el que el perfil polivalente que se poseyera intrínsecamente no hubiera sido posible.

Desde un punto de vista de los recursos humanos, ámbito al que como bien sabéis me dedico profesionalmente, estoy convencido que la interpretación de los currículums vitaes sufrirá a partir de ahora un nuevo giro en las empresas. Las conocidas como soft skills vuelven a tomar protagonismo frente a la formación y los títulos académicos, que sin dejar de ser importantes, se verán claramente complementados por la adaptabilidad a los cambios, la polivalencia, la capacidad resolutiva, el trabajo en equipo, la creatividad… Decir “yo soy licenciado en enfermería” o decir “yo estuve trabajando en plena pandemia en un hospital” se interpretarán de formas muy diferentes. Decir “yo soy licenciado en empresariales” o decir “yo estuve liderando un equipo a distancia con quien conseguimos salir prácticamente ilesos e incluso reforzados de la crisis del Covid” se leerá también de manera muy distinta.

CUANDO SE ES POLIVALENTE EL RESULTADO DE TU TRABAJO PARECE FRUTO DE UN EQUIPO, ¡ESTO SÍ ES EFICIENCIA! (Almir Silva)

En definitiva, tenemos que pensar que esta situación, esta crisis, no deja de ser una oportunidad a futuro en la que sacrificaremos, pero de cuyo sacrificio debemos extraer el aprendizaje necesario para aprovecharnos de tiempos venideros más gloriosos. Ahora ha llegado la hambruna, ahora necesitamos la carne y la leche de la oveja, pero quizás cuando la hambruna haya pasado y tengamos otros alimentos que escoger, seguiremos necesitando a la oveja, porque también nos ofrecerá la lana con la que abrigarnos en invierno o con la que vestir nuestras mejores prendas para salir tranquilamente a pasear por las calles de nuestra ciudad directos al restaurante donde nos esperan todos nuestros amigos con quienes festejar el fin de esta pesadilla.

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lunes, 3 de agosto de 2020

AGOSTO: Lo que el Capibara nos hace reflexionar con su ejemplo de Tolerancia en el reino animal

Por desgracia siempre ha estado entre nosotros, y en pleno s.XXI, a pesar de las catástrofes que nos vienen por todos lados (naturales y climáticas, sanitarias, económicas, bélicas…), el ser humano sigue siendo incapaz de erradicar el verdadero dardo envenedado de la intolerancia. Y, aunque sobre ella voy a debatir y reflexionar durante este mes de agosto que estamos iniciando, no lo voy a hacer desde la connotación negativa; por ello, la temática del mes será la de la tolerancia.

Para seguir con la analogía animal que durante este año dedico en este blog a cada tema, para hablar de la tolerancia quiero que aprendamos hoy del que se dice es el ser más tolerante del reino animal: el Capibara.


El capibara, que recibe otros nombres según el país donde habita, es el roedor de mayor tamaño que existe en nuestro planeta. Vive en los bosques y sabanas tropicales hasta casi los 2.000 metros sobre el nivel del mar. Tiene una cabeza pequeña en comparación con su cuerpo macizo y pesado, que puede llegar a los 65kg. Su pelaje es cobrizo y sus patas cortas, con cuatro dedos las anteriores y tres las posteriores. Habita normalmente en Sudamérica, en las cuencas del río Orinoco, del Amazonas y del Río de la Plata, desde el este de Venezuela y la Guayana hasta Uruguay, Paraguay y el norte de Argentina. Los capibaras son animales prácticamente crepusculares, que pasan la mayor parte del calor del día en agujeros en el barro o dentro de las aguas, pudiendo estar sumergidos hasta 5 minutos. Viven en grupos, constituidos por la pareja y las crías, aunque también pueden convivir con otros adultos y formar grupos de entre 6 y 20 ejemplares, liderados por un macho dominante que suele ocupar esta posición durante varios años. Se alimentan principalmente de hierbas y plantas acuáticas, y como otros roedores practican la coprofagia o ingestión ocasional de sus propios excrementos, de los que obtienen nutrientes. Las hembras suelen reproducirse una vez al año y tienden a tener entre 2 y 8 crías. Su esperanza de vida ronda los 8-10 años. Sus principales depredadores son los pumas, jaguares, anacondas y caimanes. El hombre los caza por su piel y su carne y, en algunos casos, pueden ser cazados para domesticarlos y utilizarlos como animales de compañía.

Ciertamente, no existe ningún estudio científico que corrobore que los capibaras se lleven bien con todos los animales; de hecho es muy probable que ante sus depredadores naturales prefieran no probar suerte en términos de amistad. Pero sí es cierto que en internet y en las redes sociales, estos animales han adquirido la fama de ser los animales más sociables y los que mejor se llevan con otras especies. Podemos encontrar numerosas fotos que así lo demuestran.


Lo importante no es discutir si son o no los más sociables, sino que el quid de la cuestión, y en lo que se centra la temática de este post, es reflexionar sobre la tolerancia. Las personas podemos ser y somos muy diferentes en cualquier aspecto sobre el que paremos nuestra atención y, ahí está la magia de la diversidad, de los valores humanos, del respeto, de la capacidad de convivencia más allá de las creencias, razas, orientaciones sexuales, clases sociales… Una magia que, desgraciadamente, aún no ha aflorado como debiera en gran parte de nuestra sociedad. Durante los últimos años, el mundo ha sido testigo de terribles ataques terroristas motivados por ideologías políticas y religiosas que chocan entre sí; apenas hace dos meses, en mayo, en plena pandemia del Covid-19, el mundo se echaba a la calle para protestar por el asesinato racista por parte de un policía de George Floyd en Mineápolis; hace una semana la prensa se hacía eco de un caso de homofobia en un hospital de Buenos Aires, en el que se rechazaba la sangre de un donante por ser homosexual; y estos son sólo algunos ejemplos de la falta de tolerancia que habita como uno más entre nosotros. Una verdadera pandemia a la que se podía poner remedio con la unidad y con el foco en una solución global, pero a la que los países, los gobiernos y, en definitiva, a muchas personas no parece importarnos demasiado mientras no nos toque de cerca.

La tolerancia, definida como la “actitud de quien respeta las opiniones, ideas o actitudes de las demás personas aunque no coincidan con las propias” debería ser la asignatura más importante durante toda la educación escolar en cualquier lugar del mundo. Es cierto que muchas familias educan a sus hijos bajo el valor de la tolerancia, lo veo, se ve, se palpa en generaciones más jóvenes, pero no es suficiente. La tolerancia debiera ser cosa de todos: de la escuela, de la familia, de los políticos, de los líderes religiosos, de los influencers… sólo así, unidos, encontraríamos la vacuna para minimizar los efectos de una pandemia que lleva generación tras generación contagiándonos y a la que mínimos esfuerzos se le ha dedicado.

La tolerancia debiera empezar por reforzar muchos otros aspectos de la inteligencia emocional, como son la escucha activa, la empatía, la humildad… porque sólo así, escuchando y entendiendo el porqué de los demás (de los que en un principio parecen nuestros rivales, nuestros enemigos, "los diferentes"), poniéndonos después en el lugar de ellos para quizás lograr comprenderles, siendo capaces de ver que el poder nos corrompe y nos hace infelices y que la vida es mucho más que todo eso, mucho más fácil de lo que nosotros la hacemos… sólo así, lograremos ser más tolerantes y lograremos ser más fuertes para afrontar otros temas de importancia vital que escapan de nuestras manos, como son esas crisis naturales y sanitarias a las que al principio hacía referencia.

EN LA PRÁCTICA DE LA TOLERANCIA, NUESTRO ENEMIGO ES NUESTRO MEJOR MAESTRO (Dalai Lama)

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viernes, 3 de julio de 2020

JULIO: Lo que el Perro nos demuestra con su fiel y eterna Accesibilidad

Con esto de haber tenido que cambiar nuestros hábitos en prácticamente todas las situaciones que formaban parte de nuestra cotidianidad antes de la pandemia del Covid19, en lo que respecta al ámbito laboral, y más concretamente al teletrabajo, hemos tenido que reconvertir nuestras conductas adaptándolas a las nuevas situaciones e intentando no perder la esencia de nuestros puestos de trabajo.

Quizás me explico mejor poniendo algunos ejemplos. El confinamiento llevó a la mayoría de comercios al cierre total de su actividad cara al cliente, que estaba acostumbrado dentro de unos horarios a encontrar accesible el establecimiento donde comprarse ropa, artesanía, donde hacerse una sesión de belleza, etc... También, el confinamiento, limitó el disfrute de ciertas actividades de ocio como ir al gimnasio o al cine y, por supuesto, limitó la facilidad de acceso que en las empresas podían tener los empleados entre sí, con la jefatura y con ciertos departamentos y despachos a los que poder entrar cuando hubiese una necesidad puntual de consulta, asesoramiento, petición, etc. ¿Cómo hemos tenido que reajustarnos para que estos servicios no hayan echado realmente su cierre al 100% en la actividad y sólo haya quedado durante varias semanas y meses cerrada la actividad presencial?

La temática sobre la que vamos a reflexionar durante este mes va a ser la accesibilidad, entendida como tener acceso fácil y rápido a lo que venía siendo habitual en un comercio, un centro de ocio o el despacho del gerente en la oficina, por seguir con los ejemplos. Esa accesibilidad de manera presencial se ha visto bloqueada, pero las empresas han tenido que reinventarse para que, aunque fuese de manera virtual, siguiese existiendo.

Antes de analizar esta temática os quiero hablar del animal que utilizaré durante este mes para encuadrar la accesibilidad: el Perro, animal del que también podríamos hablar en otras temáticas como la amistad, la bondad, la inteligencia, pero que también nos va a servir para entender mejor la accesibilidad.


El perro, animal doméstico por excelencia, es un animal carnívoro del que en 2001 se estimó que en el mundo existían más de 400 millones. Se caracteriza por tener un oído y un olfato muy desarrollados muy por encima de los del ser humano. Son apreciados por su inteligencia, su sociabilidad con el entorno y su fácil adaptación a las normas en las que se desarrolla su crecimiento, siendo por ello considerado el amigo más fiel del hombre. Existen unas 400 razas, aunque existen muchísimos perros mestizos que hacen difícil determinar cuántas especies podríamos encontrar. El uso que el ser humano hace de estos animales también es muy variopinto: animales de compañía, de caza, de guía, de búsqueda y rescate, ganaderos... La longevidad media de los perros está entre los 13 y 20 años, dependiendo especialmente de la raza a la que pertenecen.

Una de las características indiscutibles de los perros es su fidelidad al hombre. La fidelidad entendida como la mejor compañía y amistad, pues, a diferencia de otros animales y seres humanos, siempre se les tiene disponibles para salir a pasear, jugar, brindarnos compañía, hacer deporte, incluso para hablar. Por ello, me sirve como animal perfecto para referirme al tema de la accesibilidad, que en ocasiones no logramos encontrar en otras personas con tanta facilidad, sinceridad, seguridad e inmediatez como sí ocurre con el perro, a pesar de que en ese momento para nosotros sea algo muy importante y urgente.


Como he introducido antes, los negocios y las personas nos hemos reinventado durante esta nueva situación para no perder la marcha en la carrera que veníamos lidiando antes de la pandemia. Los comercios han acelerado el e-commerce, los gimnasios las clases dirigidas por las redes sociales, el cine el uso de plataformas de entretenimiento virtual, las escuelas las tutorías por videoconferencia, los organismos públicos las gestiones online, los médicos sus consultas médicas a través de la web y muchos otros empleados de Pymes que han recurrido al teletrabajo para continuar con las gestiones que habitualmente realizaban de manera presencial en las oficinas. En definitiva, hemos querido no perder esa accesibilidad a nuestros clientes, pacientes, ciudadanos y, en el mundo organizacional, también a nuestros propios compañeros de trabajo, porque la comunicación es la base del buen funcionamiento de cualquier entidad y porque un bloqueo en la accesibilidad nos llevaría a una situación de desventaja respecto a nuestra competencia en nuestro sector, además de la frustración de para quienes damos servicio (ya sean clientes externos como internos).

Las empresas vuelven a ser resilientes en una nueva crisis para mantener su posición, para no dejarse pisar por la competencia y por todas aquellas organizaciones que ya tenían habilitados estos servicios online paralelamente a los offline. Nos encontramos de nuevo ante un panorama en el que si no te sabes adaptar, si no eres capaz de encontrar soluciones y alternativas y si no eres suficientemente ágil para mantener tu esencia, la ley de Darwin acaba pasando factura.

El perro estará ahí accesible para su dueño en todo lo que éste necesite. La empresa debe estarlo del mismo modo para todo lo que el cliente requiera, repito ya sea este cliente externo (el que nos compra) como interno (el empleado que vende y representa nuestra marca).

EL SIMPLE HECHO DE PRESTAR ATENCIÓN POSITIVA A LAS PERSONAS TIENE MUCHO QUE VER CON LA PRODUCTIVIDAD (Tom Peters)

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jueves, 4 de junio de 2020

JUNIO: Lo que la Hormiga nos enseña al aplicar el Individualismo para autoprotegerse

Apenas hace un mes hablábamos de la importancia de lograr gestionar correctamente las salidas de nuestras zonas de confort que vamos construyendo a lo largo de nuestras vidas. Concretamente, conocíamos cómo era la vida del Salmón para poder explicar y entender la necesidad de esta gestión principalmente emocional. A principios de mayo empezábamos a conocer en España el plan de desescalada, referido a cómo salir del confinamiento al que durante el mes de abril y parte de marzo nos habíamos visto sometidos por la invasión de la pandemia del coronavirus. Hoy, principios de junio, España se encuentra, como muchos otros países, en plena desescalada, teniendo zonas en las que las libertades se empiezan a recuperar, aunque con bastantes cambios a como las conocíamos apenas 3 meses atrás.
Por ello, este mes, quiero centrarme en lo que quizás más nos está costando aceptar, incluso siendo conscientes que cualquier infracción o acto incívico puede volver a llevarnos a un rebrote del virus que nos vuelva a confinar en nuestras casas. Me refiero, a las “normas” que contiene este plan de desescalada vinculado a franjas horarias, edades y zonas, añadiendo a todo esto restricción de movimientos y de espacios (prohibición de viajar, de ir al gimnasio, a un espectáculo, a un restaurante con un grupo de amigos, de entrar en un comercio sin pensar en llevar mascarilla o ponerte gel antiséptico en las manos, sin poder disfrutar de la piscina o de la playa, sin poder ir a visitar a los abuelos a sus residencias, etc…). El plan de desescalada conlleva implícita la misma norma que tuvimos durante el confinamiento: apelar al individualismo lo máximo que se pueda para protegernos del contagio. Y para hablar de este concepto sociológico, el individualismo, voy a presentaros a un animal que bien podría haber cabido en un post relacionado con el trabajo en equipo, pero que lo incluyo aquí debido a una de sus facetas que nos viene como anillo al dedo para aprender sobre el tema que hoy nos ocupa. Este animal es la Hormiga.


Las hormigas son una familia de insectos con el nivel más alto de organización social que se da en determinados animales. Existen más de 150.000 especies conocidas y habitan en todos los continentes excepto en la Antártida y algunas grandes islas como Groenlandia e Islandia. Como el resto de insectos, las hormigas cuentan con exoesqueleto (esqueleto externo que recubre, protege y soporta el cuerpo del animal) y tienen una visión pobre o nula, orientándose con sus dos antenas que detectan sustancias químicas, corrientes de aire y vibraciones. Las hormigas tienen 6 patas y, en algunas especies, las reinas y machos tienen alas. La mayor parte son depredadoras, carroñeras o herbívoras. Viven en colonias, que pueden llegar a ser longevas, en las que la reina puede vivir hasta 30 años, mientras que las obreras viven entre 1 y 3 años. Los machos apenas viven unas semanas. Se comunican entre ellas por medio de feromonas (secreción de sustancias químicas), se defienden atacando mediante mordiscos o picando y son capaces de formar ejércitos para la lucha. Lo que más llama la atención de las hormigas es su capacidad de organización y su especialización en tareas que van encaminadas a alcanzar un mismo objetivo. Además, y vinculándolo al tema que nos concierne en esta ocasión, son capaces de autoaislarse cuando se enferman para no contagiar a las hormigas sanas, quienes evitan el contacto con ellas, pero a la vez las protegen manteniendo distanciamiento y reforzando la protección de la reina y de las “hormigas enfermeras”. Según un estudio publicado en la revista Proceedings of the RoyalSociety B, este comportamiento reduce la mortalidad de las hormigas enfermas de un 80% a un 10%.


Me quedo con estas últimas líneas descriptivas de la hormiga. En tiempos de coronavirus, como la hormiga, hemos sido más o menos capaces de organizarnos, especializarnos en determinadas tareas y encaminar muchos de nuestros actos hacia un mismo objetivo: vencer la pandemia. Pero además, decimos que las hormigas son capaces de autoaislarse y protegerse cuando existe un riesgo que las hace enfermar y podría acabar con la colonia. Éste es sin duda el aspecto clave al que ahora nos instan todos nuestros gobiernos y expertos en sanidad y epidemiología con el fin de vencer al virus y evitar cualquier rebrote que pueda devolvernos a las medidas estrictas de confinamiento y privación de libertades a las que hemos sido sometidos estas últimas semanas.

Si en la hormiga es innata esta cualidad de autoprotección, a nosotros nos la tienen que recomendar, repetir e incluso obligar mediante el uso de la Ley. Quizás deberíamos ser conscientes que la hormiga no lo hace por capricho, sino por necesidad de protección para asegurar la supervivencia. Nada lejos del propósito que nosotros deberíamos perseguir, el de evitar más muertes, proteger a nuestros más vulnerables (principalmente, los ancianos) y mantener para ello el distanciamiento social que nos asegure una disminución importante del riesgo de contagio. Desgraciadamente, en los últimos días vemos pequeños colectivos que para nada tienen claro estos riesgos y actúan incívicamente poniendo en riesgo la salud de todo el mundo. Es cierto que son una minoría, pero lo suficiente como para propagar un virus prácticamente desconocido y sobre el que por ahora no tenemos una vacuna.

Durante estos meses, el personal sanitario, entre otros profesionales, ha estado formado por las hormigas enfermeras que han estado velando por las víctimas de este virus. Ahora, nos toca a nosotros ser responsables y mantener el distanciamiento y el individualismo necesario para conseguir el objetivo único de vencer la pandemia y volver a nuestra añorada normalidad.

Para finalizar, sólo añadir que, si bien es cierto que en muchas ocasiones se habla de los efectos negativos del individualismo, que va en contra de la propia naturaleza humana que nos caracteriza por ser seres sociales que necesitamos relacionarnos con los demás para sentirnos queridos e integrados en un grupo, ahora, en estos tiempos que corren, tenemos que intentar restar importancia a esos aspectos negativos del individualismo y hacer un esfuerzo de potenciación del mismo para poder salvarnos y llegar a ser una sociedad altamente efectiva como éramos antes de esta pandemia. Para ello, las alternativas a la no socialización las podemos encontrar a través de la tecnología, de la que últimamente estamos haciendo un uso claramente exponencial, pero también en el respeto de todas las medidas que se están implementando para facilitarnos la ardua tarea de distanciarnos de los demás por un tiempo.

EL INDIVIDUALISMO NO ES TANTO UN FIN COMO UN CAMINO, NO EL MEJOR, SINO EL ÚNICO (Friedrich Hebbel)

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lunes, 4 de mayo de 2020

MAYO: Lo que el Salmón nos instruye sobre la salida de la Zona de Confort

¿Quién me ha robado el mes de abril? es el título de una de las canciones más conocidas de Joaquín Sabina que lanzó a finales de los años 80 y que cobra todo el sentido en este mes que acabamos de dejar atrás.

Abril ha sido un mes en el que ese ser microscópico llamado coronavirus, que empezó a trastocar a medio mundo durante los meses de febrero y marzo, ha llegado a conquistar prácticamente la totalidad del planeta, obligando a la humanidad a romper con todo, a salir de su rutina en todos y cada unos de los ámbitos: el personal, el familiar, el laboral… absolutamente todos. Por esto, durante el mes de mayo, cuando la mayoría de países están ya iniciando la desescalada del desconfinamiento por tramos y franjas que permitirán caminar hacia la “nueva normalidad” (como la han bautizado los gobiernos), quiero dedicar este espacio a hablar sobre la zona de confort.

Pero, una vez más antes de empezar a reflexionar sobre la temática, os quiero presentar a un nuevo animal que nos demuestra que salir de la zona de confort no siempre es negativo, incluso en ocasiones se convierte en algo necesario como es su caso. Este mes vamos a hablar del Salmón.


El salmón es un pez marino y de agua dulce que, además de ser uno de los peces más cotizados por su valor alimenticio y sus huevas con las que se hace el sucedáneo de caviar, forma parte del grupo de peces diádromos, es decir, peces migratorios que viajan entre el agua dulce y el agua salada. De hecho, el salmón nace en aguas dulces, viaja hasta aguas saladas y vuelve al lugar donde nació para reproducirse. El salmón tiene cuerpo alargado, mandíbulas grandes y color azul grisáceo. Su cola es alargada y flexible, lo que le permite alcanzar velocidades de 50km/h y recorrer unos 20.000km en los océanos. En su etapa inicial se le conoce como alevín y se alimenta básicamente de insectos terrestres y acuáticos. En su etapa adulta, se alimenta de otros peces y suele alcanzar los 9kg, aunque dependiendo del hábitat en el que se encuentre podría llegar hasta los 45kg. Pero lo que más caracteriza al salmón frente a otros peces es su proceso de reproducción durante los entre 3 y 8 años que suele durar su ciclo de vida. Después de recorrer miles de km a lo largo de su vida hacia el mar, vuelve a las aguas dulces del lugar donde nació, nadando en sentido ascendente de los ríos y sorteando todo tipo de obstáculos. Una vez allí suele hacer una serie de nidos, en cada uno de los cuales desovará entre 500 y 1000 huevos, realizando unas 7 puestas en total, que tratará de incubar durante aproximadamente dos meses hasta que llega el momento de su muerte.

La vida del salmón es un claro ejemplo de entradas y salidas constantes de las zonas de confort en las que habita. Una primera zona de aguas dulces donde nace, una segunda zona de aguas saladas donde crece y, de nuevo, una tercera zona de las aguas dulces donde empezó su vida. Todo ello le supone una serie de adaptaciones progresivas durante esos viajes, que tiene que poder asimilar y afrontar si desea llegar a cumplir sus objetivos de vida. 


¿Qué entendemos por zona de confort?. Ésta la podemos definir como aquel espacio físico y/o mental en el que no arriesgamos, donde nos sentimos cómodos, sin miedos ni ansiedades, pero también en el que no crecemos. 

Permanecer mucho tiempo en la zona de confort lleva a la apatía, a la desmotivación, al sinsentido y a la negación ante cualquier nueva idea o necesidad de asumir riesgos.

Durante estas últimas semanas se está dando un fenómeno un tanto curioso y es que, a diferencia de lo que suele ser habitual, millones de personas nos hemos visto sacadas a la fuerza de nuestra zona de confort sin que en ningún caso haya sido por decisión propia. Aunque salir de la zona de confort puede estar motivado por decisión propia o por decisión ajena, suele ocurrir de manera individualizada o en determinados grupos o comunidades, pero no a gran escala mundial como está ocurriendo.

Además, se da otra curiosidad y es que, después de tantas semanas de confinamiento, la mayoría de nosotros hemos creado una nueva zona de confort en nuestras casas, en nuestros nuevos espacios limitados, en los que hemos construido nuestra oficina de trabajo, la escuela de los niños, nuestros rincones de bricolaje y cocina e incluso nuestros gimnasios. Nos sentimos incómodos al salir a los espacios públicos, solitarios, con mil y una medidas de protección, con distanciamiento social impuesto, vigilados más que nunca por los cuerpos de seguridad… y, en definitiva, deseando volver a nuestras casas, donde ahora se halla nuestra nueva zona de confort. 

Pero además, sabiendo que en breve, con la desescalada del desconfinamiento, vamos a volver a recuperar poco a poco la zona de confort que nos arrebataron, siendo conscientes además de que ya no será como la conocíamos.

Para afrontar todo este cóctel mental tenemos que estar haciendo una gestión emocional extremadamente activa y constante y más si antes, en algún momento del pasado, no la habíamos empezado a trabajar, porque de lo contrario en un corto o medio plazo podría acarrearnos serios problemas y miedos que trastocarían nuestro día a día.

Por todo ello, remarco la importancia que tiene experimentar salidas de la zona de confort durante nuestras vidas. Algunas razones son:
  1. Ayuda a prepararte para tiempos difíciles, principalmente para aquellos en los que abandonar la zona de confort no es decisión propia.
  2. Elaboras y pones en práctica nuevas herramientas y recursos.
  3. También te vuelves más creativo y productivo, porque te desenvuelves con nuevos estímulos, nuevos aprendizajes y en nuevos contextos en los que experimentas un alto deseo de realizar las cosas bien.
  4. Te permite ganar autoconfianza y crecimiento personal.

Debemos, por lo tanto, sentirnos ahora partícipes de un ciclo de entradas y salidas constantes de diferentes zonas de confort en las que nuestra visión va a tener que ser lo más positiva, realista y transformadora posible. Donde debemos entender que van a existir debilidades y amenazas (vulnerabilidad al contagio, amenaza de perder nuestro trabajo, nuestra comodidad…), pero también fortalezas y oportunidades (nuevos escenarios, nuevos aprendizajes, fortalecimiento de nuestra resiliencia e inteligencia emocional…). Debemos entender que de la crisis sanitaria y económica en la que nos encontramos, cabe espacio para salir fortalecidos y aprovechando nuevas oportunidades que se nos van a abrir y en las que debemos tratar de convertir cualquier emoción negativa en algo positivo: el miedo en valentía, la ira en creación, la tristeza en compañía…

Es importante un buen manejo de nuestras emociones en un momento en el que estamos saltando de agua dulce a agua salada para volver a un agua dulce que habrá cambiado a como la conocíamos, al menos durante los primeros meses.

EL AUTÉNTICO AUTODESCUBRIMIENTO COMIENZA DONDE TERMINA TU ZONA DE CONFORT (Adam Braun)

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