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lunes, 2 de enero de 2023

"Lo primero es lo primero": una reflexión sobre familia y trabajo

Es la primera vez en 10 años que estoy tanto tiempo sin publicar una entrada en este blog. Concretamente, 7 meses desde la última que publiqué en el mes de mayo. Antes, semanal o mensualmente, iba publicando diferentes reflexiones, a pesar de que últimamente es cierto que ya disponía de mucho menos tiempo para sentarme y redactar. En esta ocasión, la falta de tiempo es de nuevo la causa, pero siendo sinceros también es que en mi lista de prioridades todo ha bajado como mínimo un escalón porque en el más alto ahora está mi hija. En junio fui padre y, como siempre digo a mis compañeros de trabajo, “lo primero es lo primero”. Y sobre esto voy a hablar en este post, no sin antes felicitar a mis lectores este nuevo año que espero venga cargado de buenos momentos y noticias.

De las 168 horas que tiene una semana, 40 nos las tiramos en el trabajo, pongamos que otras 40 durmiendo y de la mitad que nos queda debemos sacar tiempo para estar con la familia, hacer vida social, practicar actividades de ocio, comer, comprar, médicos, bancos, gestiones varias y para mimarnos a nosotros mismos. Lo cierto es que a la mayoría de las personas nos falta tiempo para abarcarlo todo y es el momento de tomar decisiones y marcar prioridades.


A esta realidad se le añade otra y es que somos la misma persona allá donde nos hallemos o hagamos lo que estemos haciendo y, por ende, es prácticamente imposible desconectar de una situación para conectar al 100% en otra. Se puede trabajar mucho en ello, pero siempre vamos a arrastrar estados anímicos de un contexto a otro y de un rol a otro, por mucho que queramos evitarlo. Ojalá todo fuera tan fácil como a la vez que ficho la entrada en mi puesto de trabajo, desconectar el interruptor de los problemas que tenga en mi vida personal, o al fichar la salida, desconectar el interruptor de los marrones que me haya tenido que comer en mi jornada laboral.

El poco tiempo y la imposibilidad de desconexión completa entre las esferas en las que nos movemos hace que, en muchas ocasiones, debamos tener clara nuestra lista de prioridades y tratar de poner el foco en aquello que más feliz nos haga o que más nos esté ayudando en un determinado momento de nuestra vida, para tratar de diluir y olvidar lo que nos estresa o nos descoloca emocionalmente.

Cuando un empleado me dice que tiene un problema en casa o, como en mi caso este año, una nueva y buena noticia, siempre les digo lo mismo: “atiende a ello, lo primero es lo primero”. Obviamente, no se está dando manga ancha a un deterioro en el rendimiento laboral, sino que se le da el permiso para que esté tranquilo si en determinado momento va a necesitar flexibilidad para poder sobrellevar la nueva situación.

El trabajo y la familia, por centrarnos en dos de los contextos que más suelen importarnos a las personas, se hacen cada vez más compatibles gracias a los derechos (retribuidos y no retribuidos) que se nos otorgan a los trabajadores para poder dedicar más tiempo a la casa. Cada vez son más las empresas que apuestan por la flexibilidad laboral y la conciliación de la vida laboral y familiar, permitiendo trabajar desde casa, realizar reuniones de manera virtual o mejorando horarios y huyendo del presentismo innecesario que tan importante había sido en décadas pasadas.

Pero que las empresas, las leyes y la sociedad estén cada vez más abiertas a esta conciliación no es suficiente. Nosotros también debemos aprender a conciliar el trabajo con la vida familiar y para ello es necesario saber organizarse, gestionar la frustración al ver inviable el llegar a todo y ser capaz de encontrar momentos de autocuidado en los que tengamos la posibilidad de desconectar tanto del trabajo como de la familia para centrarnos en nosotros mismos.

Por lo tanto, sí, lo repito, “lo primero es lo primero”, pero para ponerlo en práctica debemos ser capaces de planificarnos, poner objetivos y metas realistas, marcar tiempos y horarios, aceptar que no siempre vamos a llegar a todo, delegar siempre que sea posible en otras personas aquellas cosas que me ocupan tiempo y quizás no son necesarias que yo mismo lidere en todo momento, adaptar nuestra fuerza interior de cada momento a las exigencias que se nos presentan y adaptar también nuestro desgaste energético a las diferentes etapas laborales o familiares por las que vamos pasando con el paso del tiempo.

Como se suele decir… “Nadie está demasiado ocupado, es solo cuestión de prioridades”

miércoles, 23 de junio de 2021

"El dolor es inevitable, el sufrimiento opcional"

Muchas veces confundimos el dolor con el sufrimiento. Como decía Buddha, sentir dolor es inevitable mientras que sufrir es una opción. 

Con esta contundente afirmación inicio hoy esta reflexión sobre el cómo justificar la diferencia existente entre la manera que tenemos de influir sobre ambos conceptos y cómo, desde un punto de vista psicológico, podemos influir nosotros para que el sufrimiento acapare el menor tiempo posible de nuestras vidas. 

Dolor y sufrimiento son parte de la vida, aunque en ocasiones sufrimos innecesariamente. A veces los usamos como sinónimos, pero la principal diferencia radica en que mientras el dolor es necesario para el aprendizaje, el sufrimiento simplemente es una elección y, en muchas ocasiones, incluso una forma de vida.

Hay personas que utilizan el sufrimiento como barrera para no asumir el dolor, para no responsabilizarse del dolor o para hacerse la víctima y acaparar así la atención de los otros, supliendo de esta forma carencias de su propia baja autoestima.

Para poder dar cuerpo a la afirmación de Buddha, pondré un ejemplo que ayude a esclarecer lo inevitable del dolor y lo más evitable que puede ser el sufrimiento en determinadas ocasiones. 

Cuando acabo de correr un maratón mis piernas están sintiendo un dolor inevitable derivado del estrés repetitivo que han sufrido tras esa larga distancia. Pero, sin embargo, no experimento sufrimiento, sino que éste probablemente decido sustituirlo por felicidad y satisfacción por haber alcanzado la meta que me había propuesto. 

En cambio, si tengo la mala suerte de caerme tras un resbalón y romperme una pierna, el dolor seguirá siendo inevitable, pero el sufrimiento aparecerá también como emoción en cuestión de minutos u horas, cuando llegue a casa con la pierna escayolada y el pensamiento de que me queda un largo tiempo para poder caminar de nuevo. Ese sufrimiento se verá retroalimentado por la sensación de dolor prolongado en el tiempo de inmovilidad y en el de rehabilitación. Pero este sufrimiento llega un punto en el que podré controlarlo, básicamente luchando contra él con pensamiento positivo, que podré localizar en la motivación por ver los avances conseguidos tras días de recuperación, por sentir el apoyo de quienes me rodean o por comenzar a hacer planes a medio plazo.

Esta situación no es únicamente posible experimentarla con un dolor físico, sino que se aplica idénticamente ante un dolor emocional, como puede ser la pérdida de un ser querido. 

Ante esa trágica situación, por la que prácticamente todos pasamos alguna vez en nuestra vida, el dolor es de nuevo inevitable, un dolor que arranca en el momento de la noticia y que nos acompañará como mínimo durante las primeras fases del proceso de duelo. A partir de cierto momento, cuando la fase de aceptación se está culminando, comienza a tomar presencia el sufrimiento, que será el que podremos controlar y tratar de que desaparezca cuanto antes mejor. Para ello, deberemos de nuevo hacer un importante trabajo emocional, que poco a poco diluya el sufrimiento, llenando nuestro estado anímico de emociones más positivas. El problema surge cuando el sufrimiento se eterniza y la persona cae en un estado depresivo difícil de dejar atrás. 

En psicología, las terapias para evitar que el sufrimiento nos acompañe prolongadamente dando lugar a otros problemas emocionales se basan en la aceptación del dolor desde un principio, evitando que este dolor causado por alguna situación traumática derive hacia una etapa de sufrimiento que comenzaría con la irrupción de pensamientos negativos. Normalizar el sentir emociones negativas ante el dolor, siendo capaz de abandonarlas y sustituirlas por emociones positivas son la base principal de estas terapias.

lunes, 5 de octubre de 2020

OCTUBRE: Lo que el Gato nos enseña con su Coherencia

Si hay algo que más suele desequilibrarnos y provocar cortocircuitos en nuestro sistema neuronal, es el no llegar a comprender porqué en ocasiones las personas dicen “A”, cuando realmente piensan “B” y acaban haciendo “C”. La incongruencia o incoherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace genera problemas graves de comunicación y, sobre todo, de confianza, motivo por el cual debemos tener muy clara cuál es nuestra esencia de pensamiento, valores y creencias para después expresarlas con claridad y saber darles forma con nuestras conductas. Este mes hablaremos de la coherencia.

Cuando observamos a los animales, y logramos aprender a interpretar su comportamiento, nos encontramos ante un alto grado de coherencia que, por desgracia, no logramos encontrar de manera tan estable entre los seres humanos. Antes de entrar a fondo en esta crítica constructiva, voy a presentar a un animal al que a veces nos cuesta entender y que muchas veces nos genera cierta desconfianza, probablemente por no saber interpretar la coherencia que sí existe entre sus gestos, movimientos y estados de ánimo. En esta ocasión nuestro animal es el Gato.

El gato es junto al perro uno de los animales domésticos por excelencia. Existe gran variedad de razas, pero con características morfológicas muy similares. Como la mayoría de felinos, posee una extraordinaria agilidad y elasticidad. Suele pesar entre 3 y 7kg y su pelaje es muy variado en función de las especies. Por lo general, los de pelo corto suelen ser más delgados y activos, mientras que los de pelo largo suelen ser más pesados y menos enérgicos. Sus sentidos del olfato y oído son superiores en muchos aspectos a los del ser humano. Estos, junto con avanzados receptores de la visión, gusto y tacto, lo hacen uno de los mamíferos con un sistema sensorial más sofisticado. Sus orejas, en general pequeñas y erguidas, poseen treinta y dos músculos que le permiten moverlas de manera independiente y oír direccionalmente. Es capaz de caminar minuciosamente, colocando su pata trasera casi directamente sobre la huella de su pata delantera correspondiente, minimizando el ruido y el rastro visible, convirtiéndole en un depredador muy sofisticado, que suele alimentarse de roedores, aves y lagartos. La hembra alcanza la madurez sexual a los 5 meses, el macho, un par de meses después. El periodo de gestación dura algo más de 2 meses y en una camada se pueden dar a luz hasta 10 crías. Tiene una esperanza de vida de entre 12 y 15 años, principalmente en entornos domésticos. Al contrario de lo que se suele suponer, en estado salvaje el gato es un animal muy social, que llega a establecer colonias más o menos jerarquizadas. Es un animal cazador y los machos marcan el territorio orinando.

Muchos vemos a los gatos como animales fríos en comparación con los amigos caninos, pues sus expresiones emocionales son externalizadas de manera menos directa y precisa. Pero los gatos comunican mucho más de lo que nos creemos. La cola de un gato es su marcador nato de expresión: hacia arriba demuestra felicidad plena, hacia abajo representa tristeza o desinterés, si realiza movimientos rápidos seguramente esté enfadado y si la tiene rígida, probablemente esté esperando algo. El maullido del gato, que lo inicia siendo cachorro para que su madre le atienda, le sirve después para pedir comida, solicitar salir a un espacio abierto o bien para llamar la atención. El ronroneo es una clara señal de satisfacción y el soplido, una señal de amenaza y advertencia.

Las personas, en cambio, no somos tan coherentes ni tan fieles a nuestras propias ideas, a nuestra manera de ver las cosas y a nuestros objetivos. ¿Y por qué actuamos así?. No toda la culpa es individual, aunque sí en gran medida, pero la influencia social y el poder de ese grupo del que no queremos sentirnos excluidos, suelen ser la razón principal de nuestra incoherencia.

Si las personas fuéramos más coherentes, tanto como los gatos, mucho mejor nos iría en las relaciones sociales, en el ámbito laboral, en el familiar, en el educacional… incluso en el que tiene que ver con nuestro propio “yo”, con nuestra autoestima, pues la coherencia es una de las claves de la felicidad al significar que estamos actuando de manera natural conforme a nuestros propios principios.

¿Te imaginas a un gato que estuviera ronroneando a tu alrededor y de repente te arañase? ¿Te imaginas que mientras su cola denota felicidad te saltara encima para atacar?... pues esto es lo que, desgraciadamente, tenemos en nuestro alrededor a diario: amigos que nos traicionan, personas que consideramos altruistas y, sin embargo, buscan un beneficio en nosotros, políticos que nos venden unos programas y que nunca cumplen… y lo más triste, es que nos estamos acostumbrando a vivir así; estamos acostumbrándonos a vivir en un mundo y una sociedad cada vez más corrompida en la que la educación, la libertad de expresión y la naturalidad se difuminan para dar paso al egoísmo y la represión que afecta a quienes nos rodean, pero principalmente a nosotros mismos.

¿Cómo poder revertir un poco esta situación? La respuesta, aunque muy sencilla, es complicada de llevar a la práctica, pues de ello requiere mucha consciencia al principio, mucha práctica y mucho valor. Consciencia, porque durante las primeras veces que intentes ser coherente al 100% entre tus pensamientos y emociones, tus confesiones y tus actos vas a tener que pensar previamente en que estás complemente seguro de cumplir con lo que estás diciendo, para después hacerlo así y que todo cuadre con lo que realmente sientes y piensas. Práctica, porque como digo, esto no sirve únicamente una vez, sino que requerirá numerosas repeticiones a lo largo del tiempo que te refuercen en confianza y credibilidad cara a los demás. Valor, porque en ocasiones, pensarás cosas “políticamente incorrectas” (porque nadie las sueles hacer aunque también así las piensen), que va a requerir de cierto valor el poder expresarlas y el poder llevarlas a la práctica, pues quizás estés poniendo en riesgo lo que “normalmente” la gente hace, lo que “normalmente” el grupo dice, aunque esa aparente “normalidad” realmente sea una represión para la mayoría de personas, que prefieren no entrar en conflictos, actuar dentro de la comodidad, aunque en el fondo estén viviendo totalmente reprimidas.

LA FELICIDAD SE ALCANZA CUANDO LO QUE UNO PIENSA, LO QUE UNO DICE Y LO QUE UNO HACE ESTÁN EN ARMONÍA (Gandhi)

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martes, 2 de julio de 2019

JULIO: Juana de Arco, la campesina cuya fuerza interior sigue visible 600 años después


Durante los primeros seis meses de este año hemos estado tratando algunos de los principales temas de este blog en relación a personalidades famosas de nuestros tiempos. A partir de este mes de julio y durante el segundo semestre de 2019, haré lo propio con personajes que ya no tenemos físicamente entre nosotros, pero que por algunas razones siguen estando presentes en la actualidad y, por su marca personal, son embajadores de aspectos concretos que iremos tratando en cada temática mensual.

Este mes lo dedicaremos a la fuerza interior, la cual todos poseemos, pero no todos hemos logrado descubrir. Antes de entrar a fondo en la temática, presentar al personaje que demostró haberla descubierto y con ella haber tenido la capacidad de resistir a momentos y situaciones verdaderamente difíciles. Ella es la famosa Juana de Arco.


Jeanne d’Arc, conocida también como la Doncella de Orleans, nació en el norte de Francia en 1412. Fue una joven campesina que con 17 años guió al Ejército francés en la Guerra de los Cien Años contra Inglaterra. Si bien no logró acabar con el conflicto entre franceses e ingleses, Juana de Arco logró cambiar la mentalidad de los franceses, quienes se creían inferiores a los ingleses. Su fuerza interior y resistencia le permitieron afrontar las dificultades con optimismo, dejando sola a su familia a muy corta edad para poder cumplir su misión, liberar a los oprimidos y hacer justicia por el rey de su país, Carlos VII. Fue capaz de trasladar su creencia y potencia personal a los demás, consiguiendo liderar a más de 5 mil hombres para liberar Orleans de las fuerzas inglesas. Logró sobrellevar el ser capturada, vendida y juzgada por sus enemigos, siendo obligada a retractarse para no ser ejecutada de sus afirmaciones sobre la voz de Dios que siempre dijo había escuchado siendo pequeña y que le habían guiado su lucha. Pero Juana rehusó de esta obligación y ratificó lo que ella creía y lo que había vivido, aunque ello le costase la vida. Murió en 1431, a los 19 años, tras ser entregada a los ingleses y siendo condenada por la Inquisición como hereje y quemada viva.


La fuerza interior está en nosotros y es fácil identificar si la tenemos o no desarrollada. Nace del autoconocimiento, que a su vez permite desarrollar la autoestima, esa valoración y percepción que uno es capaz de hacer de sí mismo, y que debiera ser positiva, en la que se detectan los puntos fuertes y las áreas de mejora y se traduce en un afán por mejorar y en la satisfacción de uno mismo. La autoestima no es innata, se debe desarrollar a lo largo de la vida y está influenciada por el contexto. Tiene un componente cognitivo (lo que pienso), uno afectivo (lo que siento) y uno conductual (lo que hago). Cuanto más alienados estén estos componentes, más coherencia existirá y más satisfacción habrá con el propio yo. La fuerza interior está, por lo tanto, estrechamente ligada a la autoestima. Una persona tiene desarrollada su fuerza interior cuando es capaz de vivir consigo misma, de forma coherente y armoniosa, siendo capaz de afrontar cualquier situación que se salga de esa armonía sin perder el control de sus emociones.

Por todo ello, tener una gran fuerza interior requiere conocer y manejar las propias emociones, saber afrontar situaciones adversas, no anclarse en el pasado y tomarlo sólo como experiencia para mejorar, no esperar a que otros hagan lo que uno desearía y seguir siempre adelante.


Personalmente, considero que la clave para tener desarrollada la fuerza interior en un modo que podríamos definir como “aceptable”, radica en intentar mantener ese equilibrio entre lo que sentimos, decimos y hacemos. Las personas que sienten algo diferente a lo que hacen o dicen, o las que simplemente hacen algo distinto a lo que dicen o piensan, seguramente no tengan esa sensación interna de paz y bienestar que les pueda permitir “dormir tranquilas”. A veces motivados por “el qué dirán”, a veces por no ser “políticamente incorrectos”, actuamos de una manera que probablemente nos lleve a un estado de frustración y arrepentimiento posterior, en ocasiones lamentándonos de no poder volver atrás para subsanar el error cometido. Como decíamos más arriba, esta conducta ya del pasado debería ayudarnos sólo para aprender en los actos futuros, en ningún momento deberíamos anclarnos en ella y vivir en el arrepentimiento. Tanto la autoestima como la fuerza interior son capacidades que las personas poseemos y podemos ir moldeando a lo largo de nuestras vidas, en las que tanto la experiencia como la determinación van a ser claves en ese proceso de cambio constante.

Juana de Arco, en ningún momento y bajo ninguna de las adversidades que sufrió a lo largo de su corta vida tuvo dudas en desequilibrar su propia balanza. Lo que sentía y pensaba le llevaron a seguir actuando de la misma manera hasta el final de sus días. No sabremos si fue totalmente acertado en los tiempos que corrían, cuando la Inquisición era muy radical con sus condenas, pero lo que sí sabemos es que Juana tenía una autoestima y una fuerza interior altamente desarrolladas y que son claramente evidentes incluso siglos después de su muerte.


"No tengo miedo, nací para hacer esto"

lunes, 4 de febrero de 2019

FEBRERO: Walt Diseny, a quien su autoconfianza le llevó al éxito


Walt Disney me trae este mes a abrir debate con el tema de la "autoconfianza". Sin ella, hoy no hubiéramos llegado a llorar con Bambi, a soñar con Alicia en el País de las Maravillas o a bailar con El Libro de la Selva… y es que Walter Elias Disney no lo tuvo fácil desde un principio.


El productor, director, guionista y animador estadounidense nació en 1901 en Chicago. Hijo de un granjero fue desde bien pequeño un apasionado del dibujo, no tanto buen estudiante, pues el tener que ayudar a repartir periódicos a su padre durante la noche le costaba la concentración en la escuela. Tras intentar alistarse en la marina del ejército junto a su hermano, fue rechazado por no tener la edad mínima para ello. Enterándose que la Cruz Roja aceptaba chicos con los 17 años cumplidos, falsificó su certificado de nacimiento indicando que había nacido en 1900 y, de este modo, pudo entrar a trabajar como conductor de ambulancias, aunque nunca entró en combate y tuvo que conformarse con ser trasladado a Francia, donde estuvo encargado del traslado de oficiales. En 1919, decide volver a EEUU y es a partir de ahí que se inicia en el mundo del dibujo y la creación de cortometrajes, pero ese mismo año era despedido del Periódico Kansas City Star, en el que trabajaba, por falta de imaginación, convirtiéndose 4 años después en el fundador de la actual The Walt Diseny Company junto a su hermano. En 1966, fallecía tras sufrir un cáncer de pulmón provocado tras una vida de fumador empedernido.


La autoconfianza, como su nombre indica es la creencia sobre uno mismo. En base a nuestra experiencia y nuestros aprendizajes, a lo largo de los años, el ser humano va perfilando la confianza. El crecimiento personal, la autoestima, el autoconcepto, el autoconomiento,… tienen relación directa con la autoconfianza, creando todos ellos una red de conexiones que permiten, en definitiva, al individuo ser más o menos feliz y tener más o menos éxito, que a su vez repercute en esa felicidad y se convierte en un pez que se muerde la cola.

Nuestra visión del mundo va a depender de cómo nos veamos a nosotros mismos. Pero más mágico aún es el saber que cómo los demás nos vean a nosotros también depende de cómo nosotros nos veamos interiormente. Si una persona no cree en sus posibilidades, se infravalora y se convierte en un ser totalmente negativo, difícilmente los demás van a poder verle como una persona capaz, como una persona positiva y luchadora.


A todos nos ha pasado alguna vez que hemos acabado logrando algo que pensábamos inalcanzable tiempo atrás. El haber llegado a lograr esa meta o reto no es más que la activación, en algún momento del proceso, de la autoconfianza. Es a partir de ese momento, que uno se da cuenta que ha estado “llorando” en vano, pensando que sería incapaz de lograr el objetivo. Pero tampoco debemos ser utópicos y debemos pensar que en ocasiones nos exigimos demasiado y los objetivos se pueden convertir en inalcanzables e irrealistas y, por ende, fracasamos y nos quedamos a medio camino. Lo importante en estos casos es no caer en la desesperación y estudiar la situación: ¿ha sido porque el objetivo era demasiado ambicioso?, ¿quizás algo o alguien me ha puesto trabas en el camino? o ¿ha sido porque no he puesto el máximo de confianza en mí mismo?. A partir de ahí, se valorará si conviene acotar la meta a una submeta, si conviene cambiar de estrategia o bien si conviene volver a intentarlo habiendo aprendido de los errores.

La autoconfianza, como empezaba diciendo, la construimos durante nuestro crecimiento, con el paso del tiempo, y eso quiere decir que se puede cultivar y mejorar. Empieza por ver lo bueno que eres en muchos aspectos, entiende que no todos podemos ser buenos en todo, agradece lo que tienes y da gracias a cualquier oportunidad de aprendizaje (aunque ello suponga equivocarse antes). De este modo, con positivismo, conseguirás reforzar tus “autos”, entre ellos el de la autoconfianza.

Si Walt Diseny no hubiera confiado en sus capacidades, probablemente se hubiera conformado con ser un mal estudiante y seguir los pasos de su padre en la granja, o repartiendo periódicos o conduciendo ambulancias a miles de kilómetros de su ciudad natal. Pero en cambio, la confianza que tuvo en sí mismo y en sus capacidades le llevó a luchar por sus metas y convertirse en el icono mundial de la industria del entretenimiento del siglo XX.

“If you can dream it, you can do it”

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lunes, 4 de junio de 2018

JUNIO: Fue en la capital de los Países Bajos donde Ana Frank demostró su resiliencia


En esta ocasión os voy a hablar de la Resiliencia como capacidad que tenemos los seres humanos de sacar lo positivo en situaciones que realmente no lo son. Pero antes dejadme que os hable de los Países Bajos; país en el que enmarcaré este concepto psicológico.

El Reino de los Países Bajos se sitúa en el noroeste de Europa con una superficie de 41mil km2, de los cuales el 18.40% es agua. Tiene una población alrededor de los 17 millones de habitantes y han estado habitados desde la última glaciación. Tierras conquistadas en el s.I a.C. por los romanos, saqueadas por los vikingos durante los s.IX y XI y bajo el dominio español hasta su independencia en 1648, tras la Guerra de los ochenta años. Pero sin duda uno de sus golpes más duros y recientes ocurrió durante la II Guerra Mundial (1939-1945). Aunque se declararon neutrales, Alemania lanzó un ataque contra los Países Bajos conquistando la mayor parte del país y persiguiendo a los judíos, quienes fueron declarados enemigos del estado. Es en este periodo y concretamente en su capital, Ámsterdam, donde se ubica una de las historias más conocidas: la de Ana Frank, la niña judía que tuvo que vivir escondida junto a su hermana, sus padres y cuatro personas más en una dependencia secreta de un edificio de oficinas frente al canal Prinsengracht de la capital holandesa.

Casa de Ana Frank, en Prinsengracht 263-267


Canal Prinsengracht




Si habéis leído su Diario o conocéis su historia, entenderéis por qué hablo de Ana Frank como un claro ejemplo de persona resiliente.

Pero antes, ¿qué es la resiliencia?

Para los que nunca hayáis escuchado esta palabra os la explicaré como me la enseñaron a mí; con una de esas metáforas que a veces ayudan a asimilar conceptos que forman parte del mapa abstracto de la mente humana.

“Pensad en una goma, que la estiráis para adecuarla alrededor de un objeto, pero cuando la dejáis suelta vuelve a su estado y forma original. Pensad también en una esponja, que la presionáis para escurrir el agua que ha absorbido, pero que al soltarla vuelve a tener su misma forma inicial”

Esto es la resiliencia, la capacidad de adaptarnos a una situación adversa y salir de ella “airosos”, en el sentido de poder volver a ser la misma persona que fuimos, aunque obviamente con un aprendizaje extra que ya nadie nos puede quitar. La resiliencia es, por lo tanto, una capacidad que puede tener un componente innato, pero que en realidad se adquiere y refuerza a través de la experiencia y las vivencias que uno tiene a lo largo de su vida y el cómo éstas le influyen y las afronta. 

Para afrontar adversidades, para salir reforzado de éstas y para conseguir llevar una vida tranquila y normal a partir del acontecimiento adverso se requiere tener muy trabajados otros aspectos de la Inteligencia emocional, entre ellos:

Autocontrol: capacidad de dominar las propias emociones, pensamientos, comportamientos... 
"Querida Kitty: Hace sol, el cielo está de un azul profundo, hace una brisa hermosa y tengo unos enormes deseos de...¡de todo! Deseos de hablar, de ser libre, de ver a mis amigos, de estar sola. Tengo tantos deseos de...¡de llorar! Siento en mí una sensación como si fuera a estallar, y sé que llorar me aliviaría. Pero no puedo. Estoy intranquila, voy de una habitación a la otra, respiro por la rendija de una ventana cerrada, siento que mi corazón palpita como si me dijera '¡Cuándo cumplirás mis deseos!'. Creo que siento en mí la primavera, siento el despertar de la primavera, lo siento en el cuerpo y en el alma. Tengo que contenerme para comportarme de manera normal, estoy totalmente confusa, no sé que leer, qué escribir, qué hacer, solo sé que ardo en deseos... Tu Ana" 
(Diario de Ana Frank. 12 de febrero de 1944)
Autoconocimiento: conocerse a uno mismo, saber cuáles son los puntos fuertes y las áreas de mejora... 
"Sé perfectamente cómo me gustaría ser y cómo soy... por dentro, pero lamentablemente solo yo pienso que soy así. Y esa quizá sea, no, seguramente es, la causa de que yo misma me considere una persona feliz por dentro, y de la gente que me considere una persona feliz por fuera" 
(Diario de Ana Frank. 1 de agosto de 1944)
Motivación: encontrar aquello que te gusta, que te apasiona y te empuja a hacerlo con mayor implicación. 
"Ahora otro tema: hace mucho que sabes que mi mayor deseo es llegar a ser periodista y más tarde una escritora famosa. Habrá que ver si algún día podré llevar a cabo este delirio (?!) de grandeza, pero temas hasta ahora no me faltan. De todos modos, cuando acabe la guerra quisiera publicar un libro titulado La casa de atrás; aún está por ver si resulta, pero mi diario podrá servir de base" 
(Diario de Ana Frank. 11 de mayo de 1944)
Confianza: esperanza firme para que algo suceda. 
"Solo espero una cosa: que se odio a los judíos sea pasajero, que los holandeses en algún momento demuestren ser lo que son en realidad, que no vacilen en su sentimiento de justicia, ni ahora ni nunca, ¡porque esto de ahora es injusto!" 
(Diario de Ana Frank. 22 de mayo de 1944)
Optimismo: juzgar las cosas y los acontecimientos desde la parte más positiva 
"Querida Kitty: ¡Me han vuelto las esperanzas, por fin las cosas resultan! Sí, de verdad, ¡todo marcha viento en popa! ¡Noticias bomba! Ha habido un atentado contra Hitler y esta vez no han sido los comunistas judíos o los capitalistas ingleses, sino un germanísimo general alemán, que es conde y joven además" 
(Diario de Ana Frank. 21 de julio de 1944)
Voluntad: deseo o intención para hacer algo. 
"Sé lo que quiero, tengo una meta, una opinión formada, una religión y un amor. Que me dejen ser yo misma, y me daré por satisfecha. Sé que soy una mujer, una mujer con fuerza interior y con mucho valor. Si Dios me da la vida, llegaré más lejos de lo que mamá ha llegado jamás, no seré insignificante, trabajaré en el mundo y para la gente. ¡Y ahora sé que lo primero que hace falta es valor y alegría!" 
(Diario de Ana Frank. 11 de abril de 1944)
Aceptación: aceptar la realidad, plantarle cara y seguir hacia delante. 

"Hemos vuelto a tomar conciencia del hecho de que somos judíos encadenados, encadenados a un único lugar, sin derechos, con miles de obligaciones. Los judíos no podemos hacer valer nuestros sentimientos, tenemos que tener valor y ser fuertes, tenemos que cargar con todas las molestias y no quejarnos, tenemos que hacer lo que está a nuestro alcance y confiar en Dios. Algún día esta horrible guerra habrá terminado, algún día volveremos a ser personas y no solamente judíos" 
(Diario de Ana Frank. 11 de abril de 1944)

A pesar de su trágica vida por ser de familia judía, de tener que estar escondida en una casa-zulo en el corazón de Ámsterdam y, tras ser descubierta, tener que permanecer en los campos de concentración de Auschwitz (Polonia) y Bergen-Belsen (Alemania), Ana Frank tuvo la fuerza necesaria para hacer frente a esas adversidades, superarlas de algún modo y transformarlas en algo positivo: las líneas de su Diario. 

Tras una biblioteca se encuentra la puerta de entrada al "anexo"
donde Ana y su familia vivieron durante la ocupación alemana,
desde el 9 de julio de 1942 hasta el 4 de agosto de 1944,
cuando fueron descubiertos y capturados 

Aunque no pudo conseguirlo personalmente, Ana siempre tuvo la ilusión de publicarlo y convertirse en una gran escritora. Esa ilusión, ese sentido que ella le daba a la vida, le ayudó a lograr ser una persona con alta capacidad de resiliencia. 

Sin que ella pudiera verlo, su Diario ha sido traducido a 70 idiomas y supera los 30 millones en ventas.

Ya han pasado 11 años de esta foto, pero es la única 
que conservo de aquella visita a la Casa de Ana Frank.
Os invito a leer su Diario. ¡Yo ya lo hice! :)

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jueves, 1 de febrero de 2018

FEBRERO: Polonia, el lugar donde me encontré conmigo mismo

Este mes de febrero os quiero hablar de mi primer viaje en solitario a Polonia, donde de manera totalmente improvisada tuve mi primera oportunidad de encontrarme conmigo mismo y poner en práctica el difícil reto del Autoconocimiento.

Para los que no la conozcáis, muy muy resumido os digo que la República de Polonia es un país situado en el centro de Europa y con una población superior a los 38 millones de personas, que cuenta con una cultura de más de 1000 años de antigüedad. Su capital es Varsovia, precisamente la última parada de esta aventura en solitario.

Empiezo por el principio pues es la mejor forma de que entendáis cómo a veces lo que uno no pretende, acaba sucediendo y resulta una experiencia súper enriquecedora.

Nunca me había planteado viajar en solitario hasta que pocas horas antes del vuelo con destino a Cracovia mi amigo me informa que había sido ingresado para hacerse unas pruebas tras sentir un malestar repentino. 

La primera idea fue la de cancelar el viaje, al fin de cuentas las reservas de hoteles se podían anular sin coste y el vuelo tampoco había sido demasiado caro. Recuerdo aquella tarde de viernes como una tarde de locura: primero decidiendo que no iba, pero después de visitar a mi amigo en el hospital y comprobar que estaba bien, y bajo su insistencia en que no dejara de ir a ese viaje, me puse en contacto con otros amigos para ver si alguno estaba dispuesto a aprovechar esta escapada de 3 ó 4 días. Avisando con tan poca antelación esto fue misión imposible. Volví a decidir que no iba, pero finalmente, sentí un empujón que me hizo llegar a casa, coger la maleta y salir directo al aeropuerto sin saber si iba a alcanzar mi vuelo.

Mes de febrero, en plena ola siberiana a unos -8ºC; mi primera parada: Cracovia. Llego al hotel, me siento extraño, dos camas, dos juegos de toallas, dos packs de bienvenida… y yo allí solo. Me tumbo en la cama, miro hacia el techo escuchando mi música y me digo: “Álex, let’s go!”.

"Álex, let's go!"
Salgo a la calle, siempre con mi música, mi compañera de viaje, camino por un paisaje nevado, visitando la ciudad y descubriendo sus preciosos rincones. Trato de perderme por sus calles, parques, haciendo fotos a todo lo que veo y pensando en todo lo que me había pasado meses atrás… cambiando de emoción según el recuerdo y la canción del momento, pero cogiendo fuerzas y esperanza cada vez que volvía a poner los pies en el suelo y volvía al presente. 

Nuevas oportunidades, nuevos retos, nuevas experiencias, nuevas personas en mi vida… ¿por qué tenía que ser negativo? Me habían arrancado y sacado de mi zona de confort, del mismo modo que sacan una zanahoria del huerto cuando hacen la cosecha, y ahora era el momento de plantar cara a la nueva realidad y aprovechar una nueva oportunidad, que estaba dispuesto a hacerla mía y mucho mejor que en la etapa ya pasada.

Por el camino me iba encontrando con gente que también viajaba sola, mucha más de la que imaginaba. Uno nunca es consciente cuando está viajando con otras personas de la cantidad de aventureros y aventureras en solitario que se mueven cada día por el mundo.

Estando en Cracovia visité Zakopan, ¡qué precioso pueblo al sur de Polonia en la frontera con Eslovaquia!. Allí sí que me sentí en mi salsa, perdido en un paisaje hipernevado y disfrutando de la soledad de aquella naturaleza de cuento.


"No se piensa en el verano cuando cae la nieve" (foto tomada en Zakopane)

Al día siguiente visité el peor sitio que a fecha de hoy he podido visitar: el campo de concentración de Auschwitz, al que decidí llamarlo la mayor vergüenza de la humanidad. Allí mis emociones se dispararon, empaticé con todas y cada una de las personas que estuvieron allí sufriendo hasta morir en condiciones lamentables y crueles, sólo porque tenían una forma diferente de pensar a los que en aquel momento tenían el máximo poder. Me di cuenta que las cosas que me habían pasado a mí eran nimiedades comparadas a las que aquellas pobres personas habían tenido que soportar en aquellos pabellones.


La mayor vergüenza de la humanidad (Auschwitz II)

En Polonia me di cuenta que toda mi vida había estado equivocado al pensar que me conocía a la perfección. De hecho, creo que nunca me había pasado tantas horas seguidas conmigo a solas, pensando quién era, de dónde venía, dónde estaba y dónde quería llegar. Si no me conocía a mí mismo de la manera que debiera, ¿cómo iba a pretender que otros lo hicieran?, ¿por qué me debía sentir molesto al ver que otros no eran capaces de darme un buen consejo?. Me di cuenta también que había sido injusto con las nuevas personas que semanas atrás habían decidido picar a mi puerta. En realidad, estaba siendo injusto con todas ellas, pero también conmigo mismo, pues me estaba perdiendo nuevas oportunidades. Me dispuse a volver de este viaje sin volver a cometer ese error, aceptando de los demás el ofrecimiento que me hacían, porque al fin de cuentas no eran responsables de los errores que otros habían podido cometer conmigo. Y, ¿sabéis qué?, ¡volví y lo conseguí!.

“La clave para gestionar a otros de manera efectiva es manejarse uno mismo primero. Cuanto más conoces de ti mismo, más puedes relacionarte con los demás, desde una posición de confianza, seguridad en uno mismo y fortaleza” (Hendrie Weisinger)

Autoconocerse es la capacidad de autoanalizarse y entender cómo uno es, cómo piensa, el porqué de sus emociones, cómo reacciona y cuáles son sus defectos y virtudes. Esto es necesario para que uno llegue a ser capaz de controlar sus propias emociones, conseguir poner al corazón firme y pensar y actuar con la cabeza. Al fin de cuentas, el corazón es un niño mimado que siempre quiere salirse con la suya y te arrastra para conseguirlo cueste lo que cueste. La cabeza, siendo la madre del niño, debe saber decir no, debe ser asertiva y debe ser capaz de mirar más allá de la acción, valorar las consecuencias y decidir si dar vía libre o no al corazón en función de cómo se vislumbren los resultados una vez la acción haya sido ejecutada.

La buena noticia del autoconocimiento es que nos ayuda a tener un buen autocontrol, nos ayuda a gestionar y lidiar nuestras emociones y sufrir un poco menos para dar espacio a la felicidad, que al fin de cuentas es de lo que se trata.

Y la mejor noticia es que esto lo puedes practicar, lo puedes aprender y una vez interiorizado te será de utilidad para próximas etapas de tu vida. Además, te va a ayudar a comprender mejor a los otros, a ver cuáles son sus deseos y necesidades y a hacer todo lo posible para aportarles ayuda, estabilidad o incluso felicidad, si en tus manos cabe esa posibilidad.

Cada persona necesita su tiempo, su lugar y una situación en la que poder lograr experimentar con esta herramienta llamada “autoconomiento”. En mi caso, debo admitir que me bastaron unos pocos días en Polonia, haciendo lo que más me gusta que es viajar y sintiéndome totalmente libre de disfrutar del aquí y del ahora que yo estaba decidiendo en cada momento.


Esta foto es para mí la foto del viaje, la que refleja ese momento de calma en el que yo estaba conmigo a solas

Cierro este artículo explicando que después de Polonia hubo más viajes en solitario, cortos en días, pero intensos en experiencia. Esta vez planificados, necesarios para mi desconexión, mi reflexión y para seguir creciendo como persona. Si crees que te va a ser de ayuda, te reto a que lo pruebes tú también. Las personas que me han hecho caso me agradecen siempre la recomendación.

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