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jueves, 17 de agosto de 2023

Felicidad laboral: 5 claves para un entorno de trabajo gratificante

No es la primera vez que escribo sobre qué es aquello que nos hace felices en el trabajo. Partiendo de las premisas de que cada persona es un mundo, y, por lo tanto, sus motivaciones son diferentes, de que cada momento de la vida nos marca unos objetivos a alcanzar y, en consecuencia, lo que hoy considero que me pueda hacer feliz quizás no sea lo que piense en un futuro, y de que el nivel de felicidad ante un mismo estímulo es totalmente diferente entre personas, por lo que la teoría de “café para todos” no tiene sentido, voy a tratar de estandarizar las claves que pueden servir para conseguir un mayor porcentaje de gente feliz en el conglomerado empresarial.

La búsqueda de la felicidad en el trabajo es una aspiración universal que ha cobrado mayor relevancia en la actualidad. A medida que las empresas evolucionan, se han dado cuenta de que la felicidad de sus empleados no solo influye en su productividad, sino que también crea un ambiente propicio para la innovación y el crecimiento. En esta línea, presento 5 aspectos clave, que bien podrían ocupar un artículo cada uno de ellos, que contribuyen a la felicidad en el trabajo:

1. Reconocimiento al trabajo: la importancia de sentirse valorado

Los empleados anhelan sentir que su trabajo es apreciado y reconocido por sus superiores y compañeros. Un simple agradecimiento, un reconocimiento público o incluso recompensas tangibles pueden tener un impacto duradero en la motivación y el compromiso de un empleado. El reconocimiento no solo refuerza la autoestima, sino que también fomenta un sentido de pertenencia y compromiso con la empresa.

2. Aprendizaje continuo: crecimiento profesional y personal

Siendo un defensor empedernido de la formación, no puedo dejar de mencionar este aspecto clave que apuesta por el desarrollo profesional y personal de cualquier trabajador. La formación permite a los empleados mejorar sus habilidades, enfrentar nuevos desafíos y mantenerse motivados. Además, contribuyen una oportunidad para mejorar otras muchas habilidades de manera indirecta como son la comunicación y el trabajo en equipo, entre otras.

3. Reparto del poder y del liderazgo: cultivando una cultura participativa

Un entorno laboral en el que el poder y el liderazgo se comparten de manera equitativa genera una sensación de pertenencia y valor entre los empleados. No me refiero en este punto a delegar la jefatura, ni mucho menos el liderazgo, que por definición es más intangible, sino a la asignación de la dirección de proyectos puntuales a diferentes personas del equipo de trabajo para fomentar una cultura participativa, donde las voces de todos sean escuchadas y donde las decisiones se tomen de manera colaborativa, promoviendo la transparencia y reduciendo las jerarquías rígidas. Esto no solo mejora la satisfacción laboral, sino que también puede dar lugar a soluciones más innovadoras y eficaces, a la vez que permite detectar potencial escondido entre los empleados, el cual puede contribuir a una proyección futura dentro de la organización.

4. Interés genuino por las personas: crear conexiones significativas

La felicidad en el trabajo no solo se trata de tareas y responsabilidades, sino también de relaciones humanas. Las organizaciones que promueven un ambiente en el que se valora a las personas por encima de los roles que desempeñan, fomentan la empatía. Establecer conexiones entre compañeros y superiores no solo mejora el ambiente laboral, sino que también contribuye a un sentido de propósito compartido.

5. Equilibrio entre valores, misión y visión: unidad en la diversidad

Cuando los valores, la misión y la visión de la empresa se alinean con los valores personales y metas de los empleados, se crea un terreno fértil para la satisfacción laboral. Sentirse parte de un propósito más grande y saber que se contribuye a algo significativo puede aumentar la sensación de realización. Las empresas que comunican claramente su propósito y demuestran cómo cada empleado contribuye a él, fortalecen el sentido de identidad y felicidad en el trabajo. Si los valores, la misión, la visión y, en definitiva, la cultura empresarial está claramente expuesta, se va a lograr fortalecer las alianzas con quienes se sienten en armonía, a la vez que se va a permitir a los demás el buscar una salida profesional diferente hacia un entorno donde la alineación entre los valores personales y los de la empresa sea más completa. Esto, aunque en ocasiones nos lleve a pensar que es una puerta abierta para la salida del talento, se debe ver como una manera natural de rotación que beneficiará personalmente al empleado y que beneficiará a la empresa, pues de nada sirve mantener personas que no compartan la estrategia empresarial por la que se ha apostado.

En conclusión, aunque la felicidad dependerá de las premisas que comentaba en el primer párrafo de este artículo, al adoptar estos aspectos clave, las organizaciones pueden ayudar a transformar la manera en que sus empleados experimentan el trabajo y, en última instancia, impulsar el éxito colectivo.

martes, 8 de junio de 2021

Las expectativas, un arma de doble filo para nuestra felicidad

No es la primera vez que hablo en este espacio sobre la Felicidad como meta. Las personas, de manera prácticamente mecánica e inconsciente, tendemos a ponernos objetivos en nuestra vida que nos permitan ser más felices una vez alcanzados, sin darnos cuenta que muchas veces los objetivos no son suficientemente realistas o, más concretamente, sin cerciorarnos que aun alcanzándolos quizás la felicidad no sea la recompensa que obtengamos.

Cuando pensamos en la felicidad o cuando hablamos de ella, la mayoría de las veces lo hacemos en futuro, como si nunca la hubiéramos experimentado con plenitud o como si alguna vez se nos escapó y tuvimos que empezar nuestra persecución tras ella para volver a tenerla. En otras ocasiones, se habla de ella en pasado, como algo que tuvimos tiempo atrás, pero que algún acontecimiento hizo que se quedase inmóvil y anclada en un punto mientras que nosotros avanzábamos hacia el presente sin ella, por lo que en estos casos todavía se hace más difícil, por no decir imposible, considerar que podremos retroceder en el tiempo a por ella.

Estemos en un sentimiento de expectativas enfocadas en un futuro o lo estemos en un estado de apatía y tristeza por ver cómo la felicidad se nos fue de la manos quedando en un tiempo pasado, debemos hacer un trabajo consciente para entender que la felicidad ni se quedó anclada tiempo atrás ni nos está esperando en el yo del futuro. La felicidad es mucho más que eso, es algo abstracto, difuso y pasivo que siempre está ahí esperando a que alguien la agarre y la haga suya.

La felicidad está presente en el aquí y en el ahora y sólo depende de nosotros el querer verla, apreciarla y disfrutarla. Si pensamos en ella como una meta o como algo que tenemos que alcanzar, difícilmente conseguiremos disfrutarla nunca, porque será muy difícil que lleguemos algún día a estar plenamente conformes con lo que tenemos. Si el pobre cree que la felicidad la alcanzará cuando sea rico y algún día fuese agraciado con un gran premio, esa felicidad sería efímera y pronto se daría cuenta que de nuevo necesitaría otra cosa para ser feliz. Si el trabajador cree que la felicidad la alcanzará cuando se jubile, probablemente llegará ese día y observará que la felicidad no estaba ahí esperándole como había imaginado. Si otra persona considera que la felicidad la va a conseguir cuando cree una familia, llegado el momento, también se dará cuenta que la felicidad todavía sigue estando por delante de él. Porque la persona rica, la trabajadora y la soltera, cuando hayan conseguido su objetivo desearán ser más jóvenes, desearán tener cerca a alguien que perdieron o desearán gozar de una salud que ya no tienen… y así seguirán sin ser felices.

La persona que quería ser rica, la que quería jubilarse y la que quería hacer una familia, eran personas que ya tenían la felicidad a su lado cuando comenzaron a plantearse esos objetivos, pero que simplemente no supieron verla. Tras haber alcanzado sus objetivos, en la mayoría de casos además objetivos materiales, la felicidad puede asomar durante un corto tiempo, pero pronto verán como vuelve a desvanecerse y tendrán nuevos objetivos a alcanzar para poder volver a experimentarla. Y es así como muchísimas personas malgastan sus años de vida siguiendo la estela de la felicidad sin llegar nunca a vivir junto a ella.

La felicidad hay que disfrutarla y hay que verla de otra forma. Hay que saber que está en todo momento a nuestro alrededor, a veces en mayor presencia, otras veces de una manera menos evidente, pero hay que saber encontrarla. Sin duda, las expectativas que nos generamos son las que juegan un papel fundamental cuando hablamos de la felicidad. El hecho de tener expectativas muy ambiciosas puede destruir nuestra posibilidad de experimentar felicidad, por la complejidad de alcanzarlas.

La felicidad suele ser proporcional a nuestro nivel de aceptación e inversamente proporcional a nuestras expectativas, es decir, cuando nuestras expectativas son poco realistas o no tienen en cuenta contratiempos que puedan acontecer, podemos recibir un inesperado jarro de agua fría y alejarnos de la tan ansiada felicidad debido a la frustración experimentada.

Existen numerosas expectativas poco realistas que solemos utilizar constantemente y prácticamente sin darnos cuenta:

“La vida debería ser justa”. Hay que aceptar que la vida no lo es. Hay personas que tienen buena suerte y personas que no la tienen y, por lo tanto, de nosotros dependerá dónde fijamos ese nivel de aceptación para que nuestras expectativas no sean inalcanzables y no sigamos esperando que “la justicia” juegue a nuestro favor.

“Todo saldrá bien”. Nos lo decimos a menudo y es una forma de motivarnos, pero no debemos creernos al 100% esta frase. No podemos confundirnos, porque si algo no sale bien, de nuevo, volveremos a frustrarnos.

“La gente debería entenderme y comportarse bien conmigo”. Otra de las cosas que tenemos que aceptar en esta vida es que no podemos caer bien a todo el mundo. Habrá personas a las que caigamos bien y personas a las que no les caigamos bien. Aceptando esto, seremos mucho más felices.

Y como estas podríamos poner diferentes ejemplos de expectativas a las que solemos dar especial importancia. La clave para poder ser felices está en el ajuste que hagamos sobre nuestras expectativas y para ello debemos saber controlarlas, aceptar más la incertidumbre e intentar vivir las situaciones en el presente sin anticipar el resultado del futuro, el cual podría ser muy diferente al esperado.

También debemos ser conscientes de que hay expectativas más realistas y otras que no lo son tanto, porque en función del grado de posibilidad de que las circunstancias estén a la altura de nuestras expectativas, nuestro nivel de aceptación de lo malo que pueda ir ocurriendo, nos ayudará a caer más o menos en picado en ese abismo de la frustración.

Puede ser también bueno comunicar y compartir las expectativas con los demás, porque también pueden ser una ayuda que nos permitan muchas veces bajar los pies a tierra y darnos cuenta de que lo que estamos esperando puede ser demasiado utópico.

Finalmente, va a ser muy importante tener un plan B que también nos resulte válido. Como hemos comentado, puede haber contratiempos que nos desvíen bastante de la meta que queremos conseguir y un plan alternativo puede ser beneficioso para sentirnos realizados y con los objetivos cumplidos.

Está claro que trabajar más en el “yo”, en la autoreflexión y en la inteligencia emocional, que incluye habilidades como la tolerancia a la frustración, por ejemplo, trae considerables ventajas, entre ellas, y para mí la más importante, la de disfrutar más del momento presente, llegando a ser felices desde ya.

martes, 30 de marzo de 2021

Cuando la felicidad está en ti y no eres capaz de verla

Recién estrenada la primavera quisiera dedicar este artículo a una de las emociones que más solemos relacionar con esta estación del año: la felicidad.

En realidad, la felicidad no es una emoción en sí, sino un estado compuesto por varias emociones, pero desatinadamente tendemos a hacer un efecto halo y generalizamos toda una secuencia de emociones, primando aquella o aquellas más positivas, razón por la cual solemos decir que una persona es o está feliz. Pero realmente una persona feliz también tiene emociones no tan positivas a lo largo del día y, aunque puedan ser efímeras, pueden llegar a invadirle puntualmente de tristeza, por ejemplo, al escuchar una noticia en televisión, de miedo, al no recibir respuesta a una llamada telefónica que realiza a su hijo, de rabia, al darse cuenta que se ha olvidado de felicitar por el cumpleaños a un amigo, etc… Las emociones, desde la más positiva hasta la más negativa, siguen existiendo prácticamente a diario en nuestro interior por muy predominante que pueda ser sólo una de ellas.

Lo mismo que ocurre con la salud, con la satisfacción y con el bienestar, la felicidad debería ser el estado natural del ser humano, porque lo antinatural realmente es la enfermedad, la insatisfacción, el malestar, la tristeza y el sufrimiento. Por ello, creo que es justo partir de la base de que todo el mundo es feliz y de que es la percepción que cada uno hace de esa felicidad la que realmente determina su estado emocional. Estas percepciones, muy diferentes entre personas, son las que a veces nos juegan malas pasadas, porque tendemos a darle mucha más importancia a todo lo negativo y acabamos eclipsando esa felicidad de la que podríamos estar gozando de manera más natural, sin perseguir constantemente la perfección.

Aunque debo reconocer que esto no es fácil y requiere de trabajo consciente, soy de los que opinan que siempre podemos ver el vaso medio lleno. El hecho de decidir si el vaso está medio lleno o está medio vacío es una opción, una decisión, y no una simple realidad.

Erróneamente, solemos creer que seremos felices cuando las cosas nos vayan bien, pero tampoco sabemos cuándo eso va a ser así y ni siquiera somos capaces de poner una fecha y una hora a la que las cosas nos vayan a ir bien. Y, aunque fuéramos capaces de ello, seríamos incapaces de saber si entre el momento actual y esa hora y esa fecha en la que nos hemos marcado, pudiera haber algún imprevisto que nos estropeara cualquier plan. Por eso es importante aprovechar cada momento presente y pensar que, si ahora estoy feliz, es el instante de disfrutarlo. Nuestro sistema de creencias tiene una gran errata que es la de pensar que la felicidad depende de circunstancias y de factores externos, los cuales ya por definición son difíciles o casi imposibles de poder predecir y controlar. En cambio, los factores internos, los que dependen solamente de nosotros, sí podemos moldearlos y acercarlos más a nuestros intereses. De ahí, vuelvo a lo que me estaba refiriendo más arriba, que pensamos que la felicidad llegará cuando las cosas empiecen a ir bien, pero en realidad deberíamos vivir en el pensamiento de que las cosas van a ir bien cuando aprendamos a ser felices por nosotros mismos y, para ello, es necesario un alto nivel de autoconocimiento y de desarrollo personal.

Para hacerlo un poco más gráfico, vamos a pensar que tenemos dos escenarios: un escenario de humo, de preocupación constante, en el que nos estamos preocupando constantemente de todo aquello que no depende directamente de nosotros, es decir, de factores externos; y un escenario de cemento, firme y estable, donde podemos pisar fuerte sin miedo, es decir, donde podremos decidir sobre todo aquello que tenemos a nuestro alcance, por ejemplo, cómo nos vemos a nosotros mismos, qué es lo que nos gusta, qué prioridad le damos a las cosas… Y es justamente en este escenario en el que nos tenemos que mover, porque este escenario es un escenario donde podremos hacer un uso de nuestra mente voluntario y consciente, que nos va a permitir gestionar nuestras propias emociones sin depender de lo que los otros o las circunstancias decidan.

Como decía Mahatma Gandhi, “Cuida tus pensamientos, porque se volverán palabras. Cuida tus palabras, porque se transformarán en acciones. Cuida tus acciones, porque se convertirán en hábitos. Cuida tus hábitos, porque forjarán tu carácter. Cuida tu carácter, porque determinará tu destino y tu destino será tu vida”, es decir, cuidemos nuestros pensamientos, porque en función de cómo los cuidemos vamos a vivir de una manera o vamos a vivir de otra. En definitiva, si de verdad queremos cambiar el mundo para que parezca y sea más feliz, empecemos por nosotros mismos.

miércoles, 27 de enero de 2021

La flexibilidad de pensamiento, clave para ser un empleado eficaz

La flexibilidad de pensamiento, entendida como la capacidad de pensar que ante una situación hay diferentes formas de ver las cosas y de darles respuesta, es clave en el mundo en el que vivimos; un mundo en el que todo está hiperrelacionado y conectado.



Un pensamiento de múltiples opciones, que huya de la rigidez, va a hacernos mejores en nuestro día a día como empleados, como líderes, como jefes y, por supuesto, como personas. Debemos ser capaces de abandonar pensamientos y expresiones del “blanco o negro”, del “bueno o malo”, del “todo o nada”, del “a mi manera o ya sabes lo que hay”, del “tú no sabes y yo sí”… para trabajar en un matiz de grises y de punto intermedios, una filosofía de pensamiento y de trabajo más adecuada a los tiempos que corren.

Los extremos nunca fueron buenos, aunque en épocas pasadas se admitían y formaban parte del quehacer diario de cualquier empresa, en la que los jefes utilizaban el poder y mando y hacían que los empleados realizaran lo que ellos les ordenaban. El cambio generacional, la globalización, el mirar y copiar lo que otros hacen y les funciona,… nos ha permitido ir abandonando poco a poco esos modelos rígidos y buscar cada vez más una mayor cercanía entre rendimiento y satisfacción en el puesto de trabajo.

Hoy sabemos que si no estamos satisfechos con lo que hacemos, no rendimos como deberíamos, pero también sabemos que el mundo laboral no se acaba en las cuatro paredes de nuestra empresa, sino que podremos encontrar la satisfacción deseada en cualquier otro lugar, mejorando de esta manera nuestro rendimiento, nuestro reconocimiento y, a la vez, nuestra autorrealización (según Maslow, es el logro máximo de la satisfacción humana, el desarrollo del potencial humano, la aceptación de sí mismo, en definitiva, la felicidad). 

Lo evidente, que antes costaba de apreciar, es que la satisfacción está vinculada directamente a la motivación y al desempeño de la tarea. No podemos esperar buenos rendimientos si la manera de dirigir a nuestros equipos falla, del mismo modo que no podremos esperar satisfacción laboral si la manera de responder a mi tarea no cumple un mínimo de las expectativas del empresario. Es una relación bidireccional en cuya base se encuentra el modelo win-win. Por todo esto, es importante no tener pensamientos rígidos, saber empatizar con las personas que nos rodean, entender el porqué pueden estar actuando de cierto modo o haber cambiado la actitud y, una vez hecho este ejercicio de flexibilidad cognitiva, tomar las actuaciones que se consideren más acertadas para mejorar la situación que se esté dando.



lunes, 2 de marzo de 2020

MARZO: Lo que el Quokka nos transmite sobre la Felicidad

Arrancamos este mes de marzo con una nueva temática y un nuevo animal del que vamos a aprender algo, como mínimo a reflexionar sobre el tópico que vamos a tratar. Este mes, en el hemisferio norte de la Tierra, comienza oficialmente una de las estaciones más colorida del año: la primavera. Por su condición de ser la estación en la que las flores empiezan a brotar, los animales se aparean y la luz del día empieza a brillar con más fuerza, este mes propongo hablar de la felicidad.

Y vamos con la eterna pregunta, ¿Qué es la felicidad?... y mi eterna respuesta con otra pregunta ¿Qué es para ti la felicidad?.

No debemos pretender encontrar un significado válido para todas las personas, porque cada persona va a entender la felicidad de una manera distinta, porque cada uno de nosotros somos felices de formas muy diferentes ante un mismo estímulo, porque la felicidad no depende sólo de un factor y porque el resultado de la suma de todos esos factores externos e internos que influyen en el grado de felicidad nunca va a ser el mismo para todos nosotros.

Pero antes de reflexionar un poco más allá sobre este estado llamado felicidad, quiero presentaros al Quokka, una especie de marsupial que nos recuerda a un canguro del tamaño de un gato. Este animal es considerado el animal más feliz del mundo, debido probablemente a su alto grado de sociabilidad y a su peculiar apertura de boca y curvatura de hocico que recuerda constantemente nuestra sonrisa. El quokka es un animal hervíboro y puede estar largos periodos de tiempo sin beber, haciéndolo a través de las hojas y bayas de las que se alimenta. Es principalmente nocturno y su hábitat está en pequeñas islas de la costa australiana occidental. Se reproducen un par de veces por año y las hembras llevan a sus crías en la bolsa marsupial durante unos 11 meses. La mala noticia es que se encuentra en peligro de extinción (su familia ronda los 12.000 ejemplares), debido esto a su gran depredador, el zorro, y a la deforestación por parte del hombre.


Volviendo al tema que nos toca, y teniendo claro que ninguna definición que busquemos y encontremos sobre la felicidad va a ser más acertada que la propia que queramos elaborar, me dispongo a dar una definición que a mí me ha servido y que he ido rehaciendo a lo largo de mi vida, porque al fin de cuentas la experiencia nos ayuda a darle más realismo a todo aquello que quisiéramos tener como “lo ideal”.

Lo que tengo claro, antes de lanzarme a contestar la eterna pregunta que me hacía al principio de este artículo, es que si llegara a pensar que la felicidad es una meta a la que tengo que llegar para sentirme genial, estupendo, pleno y vital… mejor me dedicase a pensar que la vida es una auténtica mierda, porque esa meta es inalcanzable por cientos de años que lograse vivir. Por ello, bajando del idealismo y poniendo pies en tierra, afirmo que para mí la felicidad es un estado mental y emocional pasajero ante circunstancias que nos acompañan a lo largo de la vida. Es más, hace ya un tiempo me dispuse a ir rehaciendo esta definición y sustituir las palabras “estado mental y emocional” por actitud. Es decir, quedaría algo así como, “para mí la felicidad es la actitud que le ponemos a las circunstancias que nos acompañan durante nuestra vida”. Si la circunstancia la considero negativa, seguramente le asigne tanta tristeza que difícilmente sea capaz de ver los colores vivos de la felicidad. Si la circunstancia es bajo mi punto de vista perfecta, especial y positiva, seguramente mi actitud hacia la misma sea tal que consiga curvar mi hocico y dibujar una amable sonrisa, consiguiendo trasladar dicha emoción hasta lo más dentro de mi propio ser.

Por ello, aunque todos vamos a tener circunstancias en un extremo y en otro (también fifty-fifty) pues lo mejor que podemos hacer es trabajar nuestros rasgos, actitudes y acciones que nos acerquen a ese estado de felicidad “constante” y “aparente” aunque realmente no se ubique siempre en el extremo más positivo. Recordemos que las emociones son contagiosas y que el círculo que nos rodea sea vicioso (negativo) o virtuoso (positivo) va a depender en gran medida de nosotros. Si voy con una actitud positiva y sonriendo por la vida, en vez de ir de mala gana y con cara de amargura y tristeza, es probable que la gente que me rodea también se sienta contagiada por esa actitud y actúe en consecuencia, haciendo que la primavera acompañe el clima social de ese entorno en el que me encuentro.

Hagamos una prueba. ¿Verdad que si miras al quokka es muy probable que sonrías?. No es más que ese contagio del que hablo.


¿Eres capaz ahora de darme tu definición de felicidad? ¿Crees que es necesario rehacer esa definición que le das? ¿Te unes al reto de contagiar a los demás de positivismo? ¡Sonríe!

LA FELICIDAD ES CONTAGIOSA ¡SEA PORTADOR! (Robert Orben)

jueves, 9 de enero de 2020

Este año compartimos protagonismo con los animales, de quienes tenemos mucho que aprender

Este será el cuarto año desde que este espacio pasó a llamarse "Nosotros: las personas". Para aquellos que conectan con él ahora, explico brevemente cómo se llamaba antes y porqué decidí acortar el título. 

Esta web, que comenzó a finales de 2012, se llamaba entonces "Nosotros: las personas en la empresa". El nombre, sencillamente, pretendía dar una visión puramente de recursos humanos a todo aquello que nos envuelve en nuestro a día a día en el entorno laboral. A medida que los temas iban surgiendo e iba escribiendo sobre ellos, llegó un momento en el que observé claramente la inseparabilidad entre el yo en el entorno laboral y el yo en el resto de contextos. Es por ello, que decidí poner un nombre más realista y a la vez generalista al blog, pues las personas somos personas allá donde estemos independientemente de la función que estemos realizando y, aunque el tópico siempre dice "deja los problemas del trabajo en el trabajo y los de casa en casa", la realidad dista mucho de esta utopía.

2020 será ya el cuarto año en el que mensualmente trabajamos una temática con un artículo introductorio a principio de cada mes que, continuadamente, iré encadenando con otros artículos redactados por otros autores, algunos como parte de su trabajo en un periódico digital, revista empresarial o similar y otros, como es mi caso, simples bloggeros que decidimos de manera totalmente voluntaria compartir nuestras ideas, conocimientos, críticas o experiencias del mundo offline en este mundo online.

Hemos tenido 12 condimentos o especias culinarias (2017); también 12 países (2018) y, durante este último año, 12 personajes famosos de épocas pasadas y contemporáneos. Todos estos capítulos los he intentado relacionar con 12 temáticas diferentes que tradicionalmente forman parte de este blog. 



Descarga el ebook "Nosotros: las personas" 2017 aquí
Descarga el ebook "Nosotros: las personas 2" 2018 aquí

Descarga el ebook "Nosotros: las personas 3" 2019 aquí

Pues bien, este año he pensado que si podemos aprender en la cocina, viajando y, obviamente de las personas, los animales también tienen mucho que enseñarnos. Por ello, durante los próximos 12 meses vamos a dedicar páginas a hablar de 12 animales, a los que conoceremos un poco mejor y la relación que consideraré más acertada con las diferentes temáticas que durante los últimos 7 años han ido formando parte de cada uno de los artículos publicados en este blog.


Espero no aburrir, enseñar y aprender a vuestro lado y, por supuesto, abrir hilos de debate y de reflexión que nos hagan parar nuestro reloj (que de por sí va a mil revoluciones) durante unos instantes mientras leemos, imaginamos y reflexionamos sobre asuntos que nos acompañan y ayudan en positivo, pero también aquellos que nos perturban y obstaculizan en negativo durante todos los días de nuestra vida.

Me pongo a pensar en qué animal será el primero de la lista y en pocos días habrá nuevo tema de debate.

Gracias a todos aquellos que año tras año habéis estado ahí y me habéis dado vuestro feedback en público o privado desde muchos lugares del mundo. Y también, gracias y bienvenidos a aquellos que os topáis por primera vez con "Nosotros: las personas"

Feliz 2020!!

Álex

martes, 2 de abril de 2019

ABRIL: Will Smith, el tío más feliz de la pequeña y gran pantalla


La felicidad es el tema que va a ocupar espacio en ‘Nosotros: las personas’ durante este mes de abril. Y como no podía ser de otra manera cuando pienso en un personaje famoso que inspire felicidad, me viene a la cabeza el tío más feliz que veía en TV cada mediodía cuando salía del colegio y llegaba a casa a comer: el Príncipe de Bel-Air.

En efecto, Will Smith es el personaje que acompaña al tema del mes. Willard Carroll Smith, Jr. es un actor y rapero estadounidense que ha tenido éxito en ambas facetas artísticas. Alcanzó su fama precisamente durante los 90 con la serie de televisión ‘The Fresh Prince of Bel-Air’, ‘El Príncipe de Bel-Air’ en la versión española. A mitad de los 90 pasó de la pequeña a la gran pantalla, actuando en películas taquilleras como ‘Dos policías rebeldes’, ‘Independence Day’, ‘Men in Black’, ‘Yo, robot’ o ‘En busca de la felicidad’, entre otras, y fue nominado tanto en los Premios Óscar como en los Globo de Oro.


A Will Smith le hemos visto en numerosas ocasiones en el programa de la televisión española ‘El hormiguero’, como invitado. En 2013, adquirió los derechos para EEUU de este programa. Y, siempre el humor, la sonrisa y el “buen rollo” le acompañan.

Sobre la última de las películas que he mencionado antes, ‘En busca de la felicidad’ (2006) se cuenta la historia basada en hechos reales de Chris Gardner, un padre indigente que llegó a ser multimillonario en la década de los 80. Esta película habla del afán de superación y del no rendirse nunca, acompañado siempre de un buen saber estar, una excelente educación, calidad de servicio y entrega, coraje, sacrificio, confianza, ilusión y positivismo.


Y es que la felicidad… ¿qué es la felicidad mas que un estado de utopía abstracto e inalcanzable como tal?. Esta sería mi pregunta y a la vez respuesta sobre el término que todos perseguimos e intentamos definir durante nuestros años en este mundo. Nadie sería capaz de definirla correctamente y, en cambio, todos sabrían explicarla teniendo razón… porque la felicidad es un ente abstracto que cada uno la interpreta, la percibe y la vive (o no) a su manera.

Un indigente, un anciano, un barrendero, un niño sin recursos que vive en el África subshariana o un paciente de la unidad de oncología de un hospital infantil pueden ser igual o más felices que los que ocupan las primeras posiciones del Forbes, el director general de una gran compañía, el niño que vive en el centro de Mónaco o en Bervely Hills o el que disfruta de unas vacaciones esquiando en las pistas de Zermatt en Suiza.

La felicidad es un estado momentáneo que tiene un efecto de subida y otro de bajada claramente definidos. Acuérdate de un momento en el que hayas tenido una gran sorpresa, seguro que te has sentido la persona más feliz del mundo ¿cuánto tiempo dura esa sensación?, ¿minutos, quizás horas?... pero después ya vuelves a “no ser tan feliz como te gustaría” y a seguir buscando esa zanahoria de la felicidad que tienes ahí delante de por vida y que nunca logras coger.


Cuando escucho a alguien decir que no es feliz siempre doy el mismo consejo… no mires todo de manera global, piensa y céntrate en lo pequeño: salir a pasear, a correr, escuchar el canto de los pájaros mientras das una vuelta, el sonido de las olas al romper en la orilla del mar, un delicioso café en tu terraza preferida, la lectura de un libro, una conversación con tu madre,… cualquier momento es válido para sentirse feliz. Ésa y no otra es la auténtica felicidad, la tienes ahí, a tu alcance en cada momento. Sólo depende de ti que quieras agarrarla y disfrutarla durante un efímero instante.

"Money and success don't change people; they merely amplify what is already there"

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miércoles, 5 de septiembre de 2018

SEPTIEMBRE: En Mónaco me pregunté si sería más feliz con tanta riqueza a mi alcance

Este mes voy a tratar uno de esos temas que tantas veces nos hemos planteado y que ha supuesto objeto de estudios liderados por economistas, sociólogos y psicólogos. Me refiero a la relación existente entre el dinero y la felicidad.


Pero antes de abordar esta temática, quiero presentaros el destino que propongo como contexto para enmarcarla que no puede ser otro que Mónaco. El Principado de Mónaco está ubicado en la conocida como Riviera Francesa, haciendo frontera con Francia y cerca de la frontera franco-italiana. Con una superficie de 2km2 y una población de 38.400 habitantes, ocupa el 2º puesto como estado más pequeño del mundo tras la Ciudad del Vaticano y el primero por densidad de población. Desde el siglo XIII la familia Grimaldi tiene el poder como príncipes del país y, a pesar de no ser estado miembro de la Unión Europea, comparte con muchos países de Europa la moneda del Euro desde el año 2002.

En apenas 2km cuadrados viven cerca de 40mil personas. Mónaco es el 2º estado más pequeño del mundo y ocupa el primer puesto en el ranking mundial con mayor densidad de población.

Por empezar el tema con datos, el último Informe Global de Riqueza de 2017 concluye que la mitad de la riqueza global está en manos del 0,7% de la población. Diez años después de la crisis financiera global, el patrimonio del segmento de población más rico del mundo sigue aumentando y, con ello, la desigualdad. El debate que abro en este caso ya no es esta objetividad que nos dan los números, sino la subjetividad de responder a la cuestión de si la riqueza es sinónimo de felicidad.

Partidario siempre de no generalizar, pues las generalizaciones siempre conllevan excepciones y equivocaciones, sí es cierto que somos testigos de muchos casos en los que hay gente rica y a la vez infeliz. Del mismo modo, personas que apenas tienen para comer y un techo donde dormir, transmiten una felicidad que nunca sabes realmente de dónde son capaces de sacarla.

Existen muchos casos de personas que han llegado hasta el punto del suicidio tras dudar entre si quienes le rodean son realmente amigos o interesados. Y es que la felicidad puede tener un componente económico, pero sin duda también lo tiene en sentirse querido, en tener a alguien a quien querer, en tener salud y en poder disfrutar del tiempo libre. En ocasiones, se llega a olvidar que las cosas más importantes de la vida, aquellas que pueden hacerte realmente feliz, son gratis y provienen del interior de uno mismo, no precisamente de los bienes que posee.

Desde el punto de vista más psicológico, que es realmente del que soy profesional y puedo hablar con mayor fundamento, existe un umbral en el que el dinero pierde importancia. La habituación, que es el término psicológico que explica este hecho, es el proceso mediante el cual dejamos a prestar atención a ciertos estímulos a los que nos vamos acostumbrando o que dejan de darnos el placer que ocasionaban al inicio. En una situación de pobreza, cualquier incremento en la renta va a redundar en un mayor grado de felicidad. Sin embargo, alcanzados unos ingresos que garantizan un nivel de vida óptimo, los aumentos en la renta posteriores van perdiendo esa sensación de bienestar y felicidad.

Cuando paseas por las calles de Mónaco, por su puerto, por los alrededores del Casino, quedas impresionado por la riqueza que se exhibe en los comercios, en los yates y en los coches de lujo. También, por supuesto, en las personas que presumen y lucen de su poder adquisitivo por las calles monaguescas. Quizás, quienes vivan en esos niveles no sean conscientes, pero los que callejeamos como turistas curiosos y no pertenecemos a esa clase social, percibimos tanto lujo como algo que no pertenece a nuestra galaxia, incluso diría yo que hasta en cierto modo como un estilo de vida que nos incomoda.


El Casino de Montecarlo es uno de los atractivos turísticos más notables, frente a él
se hace ostento del lujo y de la riqueza que caracteriza la forma vida en el Principado.

Sea cual sea la sensación experimentada por el observador, ya sea en Mónaco, en cualquier otro lugar con similares niveles de riqueza o simplemente a través de la prensa o la televisión, la pregunta que muchos nos hacemos y que yo me hice continuamente cuando paseaba entre tanta ostentación era ¿sería yo más feliz de lo que soy ahora viviendo en esta otra galaxia?


¿Realmente sería yo más feliz teniendo este Ferrari que mi Ford Fiesta? :D

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martes, 6 de marzo de 2018

MARZO: ¿Sabes quién fue Bastet?, en Egipto logré ver su magia


Desde niño me había fascinado el mundo egipcio. Esas grandes pirámides, tantos Dioses a los que adorar, tanto oro y riqueza, sus desiertos cruzados por un Nilo bordeado de abundante vegetación… y supongo que también me fue gustando cada vez más al tratarse de uno de los primeros temas en las asignaturas de Historia e Historia del Arte durante casi toda la primaria y secundaria. Porque por alguna razón a medida que en esas clases avanzábamos en el tiempo y llegaban las Guerras Mundiales, la Monarquía en Europa..., el arte Modernista o el Contemporáneo, sinceramente ya todo me aburría. ¡A pesar de que esos temas daban a entender que las vacaciones de verano estaban a la vuelta de la esquina!

Pues bien ¿adivináis dónde fue mi primer viaje? Hasta la fecha había viajado bastante, pero sólo por territorio español. Nunca había salido al extranjero y mucho menos a un país donde la cultura, la comida, las tradiciones y la historia eran tan diferentes a las mías.

La República Árabe de Egipto está situada en el noreste del continente africano, con una superficie de más de 1 millón de km2 y una población superior a los 93 millones de habitantes. Integra en su mayor parte el desierto del Sáhara, cruzado de norte a sur por el río Nilo, el mayor de África, con una longitud de 6853km. Egipto fue la cuna de la antigua civilización egipcia, que junto a la mesopotámica, fueron el origen de la actual cultura occidental, influyendo decisivamente en la historia de la humanidad.

Pues nada, 5000 años después de que la civilización egipcia comenzara a desarrollarse, mi promoción de la licenciatura de Psicología de la Universidad de Barcelona, decidió emprender un viaje de fin de carrera al país que tanta expectativa me había generado durante años.

Debo empezar diciendo que no me decepcionó para nada y que algún día espero volver. Pero sí puedo decir que lo que realmente me sorprendió fue algo que no cuentan los libros de historia: su gente.

Como os he dicho, fue mi primera experiencia en el extranjero, mi primera experiencia con una cultura diferente, pero también mi primera experiencia de sentir que allí éramos mis compañeros y yo las notas discordantes, pues todo se encaminaba hacia una dirección en la que nosotros íbamos absolutamente perdidos. Lo mejor que pudimos hacer fue dejarnos llevar, porque de este modo disfrutamos de la experiencia como nadie.

Cumpliendo un sueño, aunque sorprendido
por no ser lo que más me impactó de aquel maravillo país
Abu Simbel, las grandes Pirámides de Gizah, los Templos de Luxor y Karnak, el Valle de los Reyes, las estancias de Tutankamón… sí sí sí, todo muy espectacular, todo muy bonito, todo muy recomendable, pero ¿y su gente?

Cada hora que pasaba por aquellas zonas rurales, por aquellos poblados junto al Nilo y, días más tarde, por la ciudad de El Cairo me daba cuenta que en general la gente era feliz teniendo mucho menos que cualquiera de los barrios más humildes por los que antes en mi vida hubiera podido pasar.



La Felicidad, es por tanto, el tema de este mes de marzo. ¿Qué es la felicidad?, bufff ¿vaya preguntita no?. Pues tú me dirás una definición, yo te diré otra y así podríamos encontrar miles de definiciones; seguro que todas ellas cargadas de razón.

Porque la felicidad es individual y exclusiva. Cada persona vive una misma realidad de maneras tan distintas, que para una puede ser motivo suficiente para sentirse feliz y para otra puede ser un hecho insípido que apenas le genere ninguna emoción. Un ejemplo típico y tonto, pero que demuestra claramente esta evidencia: El que tiene dinero, que le toque 100€ en la lotería es algo anecdótico, pero el que apenas llega a final de mes esos 100€ le hacen estar feliz al menos durante un buen rato.

Y ya que hablo de ratos, la felicidad también es pasajera. Su efecto en la persona puede durar segundos, horas o incluso días… no me atrevería a decir mucho más, porque siempre existe alguna preocupación que rompe el estado de felicidad constante.

Y es que además, para complicarlo un poquito, cuanto mayor es el grado de felicidad más fácilmente podemos ser susceptibles de caer empicados ante un hecho inesperado, traumático o desafortunado. Así que cuidadín cuando estamos en la euforia y en el climax de la felicidad, siempre deberíamos tener muy bien anclados los pies en la tierra para que la caída no sea demasiado dolorosa.

Así de complicada es la felicidad, esa palabra tan bonita y que a todos nos gusta tanto decir y escuchar, pero que cuando la analizamos a fondo tan retorcida resulta.

Mi opinión, es que la salud, el sentirse querido (y no por todos porque es imposible, sino por aquellos a quienes también quieres), y el tener unos mínimos que permitan que lo anterior (salud y estima) estén cubiertos… para mí eso me demuestra que uno ya puede ser mínimamente feliz si así lo escoge. Porque la felicidad es una elección, no algo que nadie te vaya a dar, que puedas robar o comprar ni que venga a llamarte a la puerta de tu casa. La felicidad la tenemos ahí en muchos momentos y detalles del día a día y sólo depende de uno mismo cogerla o dejarla pasar de largo.

En Egipto, si tuviera que escoger un lugar en el que me topé de frente con la felicidad (en realidad serían varios, pero por explicaros el más impactante para mí) fue en la Ciudad de los Muertos. Se trata de un cementerio situado en el sureste del El Cairo, donde además de muertos existen personas que trabajan y viven en los mausoleos. Así es, personas que limpian y cuidan los mausoleos y a cambio, los familiares de los difuntos, les permiten disponer de un espacio donde dormir en el propio mausoleo. O simplemente, personas que fueron obligadas a abandonar sus casas en el centro de la ciudad debido a demoliciones de la renovación urbana en la década de los 50.

La Ciudad de los Muertos, el lugar donde vivos y muertos comparten techo

La vida en un cementerio, ¿os la imagináis?. Yo no era capaz de dar crédito a lo que estaba viendo. Unos mausoleos con dos estancias, una de ellas para los muertos y otra para los que en vida compartían techo. Creo que no sabría explicar realmente cómo allí se podría vivir, lo mejor que puedo hacer es enseñaros estas fotos.


A la izquierda, la Sra. nos recibía en la primera sala del mausoleo, donde descansa el difunto. Arriba, ya en la segunda sala donde vivían, una de las hijas nos muestra unas crías de gato.

Curiosamente, dato curioso el de los gatos, pues os hago saber que Bastet fue la Diosa egipcia de la felicidad, cuya misión era proteger el hogar. Se representaba como una mujer con cabeza de gato y simbolizaba la alegría de vivir.

Y destaco la sonrisa de esa madre y sus dos hijas cuando recibieron nuestras visitas. Apenas les dimos unos bolígrafos, unos zumos, alguna moneda y poco más porque era todo lo que llevábamos encima. El taxista que nos acercó hasta allí nos explicó que con lo equivalente a 1 euro, llamémosle 1 dólar para los que me leéis desde otros países, esa familia podría vivir durante una semana entera.

No sé, pero muchos años después se me sigue erizando la piel cuando lo pienso y lo describo. El único sentimiento que me hace contrarrestar esa tristeza que uno siente al empatizar con esas pobres familias es saber que nuestra visita les alegró al menos por un momento aquel día.

"La felicidad no es una meta, tan solo es un estilo de vida"

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