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martes, 22 de julio de 2025

El uso de la psicología inversa en el entorno laboral

La psicología inversa suena a truco barato, a manipulación, pero en determinadas circunstancias y contextos organizacionales, sobre todo cuando hay cierta resistencia al cambio, al compromiso o a la colaboración, puede convertirse en una herramienta poderosa.

Se trata de una técnica de persuasión que consiste en sugerir lo contrario de lo que realmente se desea, para que la otra persona, al sentirse libre o desafiada, haga lo que en realidad querías que hiciera.

No se trata de ir por la oficina diciendo a las personas que “mejor no hagan bien su trabajo” para ver si así lo hacen mejor. Es algo más complejo y sutil que eso. La psicología inversa se basa en el principio de la reactancia, esa necesidad que sentimos de proteger nuestra libertad cuando percibimos que alguien nos la está arrebatando. Este concepto psicológico podría tener sinónimos más coloquiales como son la oposición o rebeldía emocional, la necesidad de autonomía, el rechazo a la imposición o la actitud desafiante.

¿Te acuerdas de cuando eras niño y te decían que no podías tocar algo… y lo primero que hacías era tocarlo? Pues eso. Nuestro deseo de libertad nos impulsa a actuar justo en la dirección opuesta a lo que se nos impone. Y esa lógica, bien aplicada, puede jugar a favor en algunas dinámicas laborales.

Lo primero que hay que decir es que no todas las personas reaccionan igual ante una restricción. Hay quienes son más desafiantes por naturaleza y hay quienes necesitan sentir que eligen libremente antes de tomar una decisión. Identificar estos perfiles dentro del equipo es clave para saber si usar o no la psicología inversa.

Por poner un par de ejemplos, si le dices a un perfil joven con ambición: “No estoy seguro de que este proyecto esté a tu nivel todavía”, puedes despertar una respuesta de autosuperación y estarías usando la psicología inversa. O si sustituyes órdenes de entrega por retos implícitos como “No sé si serás capaz de entregar ese informe antes del viernes...”, puedes despertar ese deseo de demostrar capacidad y también estarías usando la psicología inversa.

Esta técnica no debe ser nunca la primera opción ni la estrategia dominante en la gestión de personas, pero sí puede ser útil en momentos puntuales, cuando hay bloqueos o resistencias, y queremos generar reflexión o motivación sin forzar. Una cultura de comunicación transparente, asertiva y respetuosa es siempre más sostenible a largo plazo.

Por eso, hay que saber a quién, cuándo y cómo aplicarla. No funciona con todo el mundo, y con personas con baja autoestima puede ser incluso contraproducente. Si no creen en sí mismas, pueden tomarse nuestras palabras al pie de la letra y reforzar su inseguridad.

El truco no está en engañar, sino en entender cómo funciona la mente humana y acompañar los procesos desde el respeto. En Recursos Humanos, como en la vida, la clave está en encontrar el equilibrio entre dirección y autonomía. Y, de vez en cuando, un poco de psicología inversa bien utilizada puede ayudar a inclinar la balanza hacia donde necesitamos ir.

martes, 17 de diciembre de 2024

La Navidad: luces y sombras en el ciclo de la vida

La Navidad, que lleva implícitos mensajes de unión, amor y esperanza, es una época que despierta emociones, a menudo, contradictorias. Para muchos, es un tiempo de celebración, de reencuentros y de risas. Pero, inevitablemente, también es una temporada que nos enfrenta con la ausencia al ir viendo cada vez más sillas vacías cuando nos juntamos en las reuniones familiares.  

A medida que pasan los años, la Navidad puede transformarse en un espejo de nuestras pérdidas. Aquellos que amamos y que solían formar parte de nuestras celebraciones quizás ya no están físicamente con nosotros, dejando un vacío que parece imposible de llenar. Estas ausencias nos invitan a reflexionar sobre el tiempo, sobre los momentos que compartimos, sobre el dolor de continuar sin ellos y sobre la obviedad de que algún día seremos nosotros quienes también dejaremos nuestras sillas vacías.

Es natural sentir tristeza o melancolía al recordar las risas, las historias y los abrazos que ya no podemos repetir. Esos sentimientos son normales y son parte del duelo, un proceso que nunca desaparece del todo, pero que aprendemos a integrar en nuestras vidas. Y es que la ausencia no borra el amor; más bien lo transforma.

Sin embargo, la Navidad también trae consigo nuevas oportunidades para iluminar la oscuridad. La llegada de nuevos miembros a la familia, ya sea a través de nacimientos, relaciones o amistades, nos recuerda que la vida sigue abriéndose camino. Estos nuevos integrantes tienen derecho a disfrutar de la magia de la Navidad, y nuestra responsabilidad es transmitirles ese espíritu, como algún día hicieron con nosotros.

Cuando los niños corren por la casa, cuando las risas reemplazan momentáneamente las lágrimas, nos damos cuenta de que estamos participando en algo más grande que nosotros mismos. Somos parte de un ciclo que ha existido en todas las familias, en todas las culturas y en todas las Navidades de la historia.

La Navidad nos obliga a sostener dos verdades al mismo tiempo: el dolor de lo que hemos perdido y la alegría de lo que hemos ganado. Y, en ocasiones, la pérdida y la ganancia ocurren en un espacio muy corto de tiempo, lo cual perturba aún más nuestro estado emocional. ¿Cómo podemos entonces encontrar equilibrio en este vaivén de emociones? La clave está en permitirnos sentir, en no reprimir ni la tristeza ni la alegría. Recordar a los que ya no están con cariño, y al mismo tiempo, abrazar a los que están presentes. Decorar el árbol, cantar villancicos, compartir la mesa: estos rituales son actos de resistencia ante la oscuridad.

En conclusión, la Navidad no se trata de borrar la tristeza, sino de integrar la luz y la sombra en un todo significativo, del mismo modo que hacemos el resto del año y durante toda nuestra vida.

Que esta Navidad, con sus momentos agridulces, sea un recordatorio de que la vida sigue girando y de que, a pesar de las pérdidas, siempre hay razones para celebrar. 

¡Felices Fiestas! 🎄


jueves, 31 de octubre de 2024

Los fantasmas del pasado: una reflexión sobre el perdón

Hoy, 31 de octubre, noche de Halloween, es una buena ocasión para hablar de esos otros “fantasmas” del pasado que a veces vuelven, no para asustarnos, sino para mostrarnos cuánto hemos cambiado.

Esta semana he vuelto a encontrarme con una persona que, en su momento, fue una gran fuente de dolor. Alguien a quien deseé no volver a ver, que representaba para mí una serie de heridas que parecían imposibles de superar. Durante los primeros años, algunos mensajes esporádicos y conversaciones breves y casi banales reabrían en mí emociones profundas: un cúmulo de rabia, rencor, tal vez incluso odio, que creía imposible de disipar. Aunque ya hace mucho tiempo que sabía que todo esto ya estaba sanado, no ha sido hasta este reencuentro presencial cuando esto se ha confirmado.

En este reencuentro, más de una década después, algo ha sido diferente. Un sentimiento casi superficial, casi como si esa persona fuera alguien con quien no hace tanto que me vi, como aquel compañero de un trabajo anterior o un antiguo colega de universidad con quien mantuviera buena relación, la cual se enfrió y con quien después de mucho tiempo me volvía a reencontrar. Este encuentro lo definiría como cordial y sincero, pero sin mover ni remover mi mundo como lo hacía antes.

Al reflexionar sobre esto, he entendido algo importante que me gustaría compartir, porque todos, en algún momento, enfrentamos nuestros “fantasmas” del pasado. Ya sea una expareja, un amigo que nos traicionó, un familiar con quien tuvimos roces dolorosos. Son relaciones que, en su momento, nos marcaron profundamente y que al final nos exigen enfrentarnos a lo que nos duele, para no cargar toda la vida con ese peso. He aprendido, con esta experiencia, que el verdadero "soltar" no implica perdonar a esa persona en términos absolutos, sino liberar nuestra energía de un pasado que ya no nos define.

La psicología ha investigado mucho sobre cómo y por qué nuestras emociones hacia personas que nos hicieron daño cambian con el tiempo. Lo que he descubierto es que, con la distancia y el tiempo, nuestras percepciones de ese “fantasma” se transforman. No es que la persona cambie, sino que somos nosotros quienes maduramos emocionalmente.

Para mí, este cambio en mis emociones fue algo gradual. Al recordar cómo me sentía hace años, noto que ahora el dolor se ha desvanecido. Esto, en la neurociencia, se explica a través de la desactivación que el cerebro hace de ciertas respuestas emocionales intensas cuando deja de percibir una amenaza. En otras palabras, cuando nos damos cuenta de que esa persona ya no tiene el poder de herirnos, el dolor simplemente pierde su fuerza.

Si ahora sientes que estás en ese proceso, confía en que lo que hoy duele intensamente se irá disipando. Quizás el perdón total no sea necesario para que puedas seguir adelante; a veces basta con que la intensidad de ese dolor disminuya hasta convertirse en un simple recuerdo que no perturba.

Durante mucho tiempo, e incluso ahora, he sido incapaz de pensar en lograr un perdón total y real, excusando cada error de esa persona para finalmente liberarme de la rabia. Pero, de nuevo entrando en mi rama, la psicología, he logrado experimentar en mi propia persona lo que se denomina el “perdón adaptativo”. Un tipo de perdón que no necesita una reconciliación profunda ni requiere que justifiquemos y perdonemos todo lo que nos hicieron; en lugar de eso, implica aceptar lo ocurrido sin permitir que el pasado siga definiendo nuestro presente. Esto es “soltar”, lo cual no significa olvidar lo que pasó ni justificar el daño; significa simplemente aprender a no aferrarnos a las heridas.

Este encuentro, además, me ha permitido evidenciar algo que es lógico y coherente y no es más que he cambiado, y también, muy probablemente, esa persona lo haya hecho. Nuestras vidas ahora son diferentes. Si esa persona está leyendo esto, quizás también haya experimentado algo similar. Tal vez haya percibido esa especie de perdón que, sin demasiadas palabras, le he brindado, lo cual le ha abierto la mente hacia una reflexión más sensata, aceptando errores de los que antes era incapaz de responsabilizarse. Esta evolución, este desbloqueo que ahora siento en la situación, dejando de lado orgullos y rencores, me permite imaginar un futuro distinto. Puede que pase otra década antes de volver a cruzarnos o quizás nunca haya otro encuentro, pero, al menos, aquel sinuoso camino de dolor y resentimiento se ha convertido en lo que todavía nos pueda unir, aunque solo sea el pasado, en una senda más ligera y confortable para ambos.

Si estás pasando por una situación similar, si te encuentras con un “fantasma” del pasado que te removió el alma en su momento, recuerda que lo importante no es buscar un perdón perfecto ni reconciliarte del todo. Lo esencial es que reconozcas tu propio cambio y observes cómo ese dolor se va transformando en algo cada vez más ligero. Quizás llegue un día en el que, como yo, puedas estar frente a esa persona y sentir que las aguas ya han vuelto a su cauce, sabiendo que, en caso de que pueda seguir existiendo contacto, este ya sería mucho más sincero, sin necesidad de medir cada palabra o cada acto, e incluso sin llegar a perturbaciones al tratar temas que en el pasado fueron muy delicados.

viernes, 30 de agosto de 2024

Afrontar la vuelta al trabajo tras las vacaciones

La vuelta al trabajo después de las vacaciones es una realidad que afecta a más personas de las que podríamos pensar. Aunque es común escuchar sobre el “síndrome postvacacional”, pocos conocen realmente qué es, cómo se manifiesta y qué podemos hacer para afrontarlo de manera efectiva.

Se trata de un estado temporal de malestar que puede aparecer cuando nos reincorporamos al trabajo después de un periodo de descanso. Se manifiesta a través de síntomas como:

  • Fatiga: aunque probablemente hayas descansado más de lo habitual, te sientes agotado al enfrentar nuevamente las obligaciones laborales.
  • Irritabilidad: cualquier inconveniente o situación en el trabajo puede hacerte sentir más irritable de lo habitual.
  • Ansiedad: sensación de angustia ante la carga de trabajo que te espera o por tener que retomar la rutina.
  • Dificultad para concentrarse: te cuesta enfocarte en tus tareas y sientes que tu productividad ha disminuido.

Estos y otros síntomas pueden variar en intensidad, desde leves molestias que desaparecen en unos días hasta un malestar más intenso que afecta de manera significativa tu rendimiento, tus relaciones interpersonales y, en definitiva, tu bienestar.

Este fenómeno ocurre por el contraste entre el estilo de vida relajado y placentero de las vacaciones y la rutina laboral, que a menudo incluye horarios rígidos, responsabilidades y presiones. Algunos factores que pueden influir en su aparición incluyen:

  • Desconexión total: durante las vacaciones, muchas personas desconectan completamente de sus responsabilidades laborales, lo que hace que la vuelta sea más abrupta (con esto no quiero decir que una de las acciones preventivas sea tener que ir mirando el correo de vez en cuando, aunque he de confesar que algunos lo hacemos).

  • Percepción negativa del trabajo: si ya antes de las vacaciones te sentías insatisfecho con tu empleo, es probable que la vuelta sea más difícil.
  • Sobrecarga de tareas: el acumulado de trabajo pendiente durante los días de ausencia puede generar estrés al enfrentarte a una montaña de tareas.

No existe un manual de prevención válido para todas las personas, pero me atrevo a lanzar algunos consejos que podrían serte útiles:

  1. Anticiparse a la vuelta. Unos días antes de reincorporarte al trabajo, empieza a retomar tus horarios habituales de sueño y actividad, lo que puede ayudar a tu cuerpo y mente a reducir ese impacto de cambio horario repentino que puede darse el primer día de trabajo tras las vacaciones y que puede generar estrés o ansiedad.
  2. Planifica tu regreso. El primer día de trabajo trata de planificar tus tareas de manera gradual. Prioriza lo más urgente y deja espacio para tareas más ligeras que te permitan retomar el ritmo sin agobios. Trata en la medida de lo posible de no tener la agenda llena de reuniones y compromisos durante al menos los dos primeros días, para poder encontrar ese espacio necesario para la planificación.
  3. Mantén actividades placenteras. Porque las vacaciones han terminado no significa que debas renunciar a lo que te gusta. Intenta incorporar pequeñas dosis de placer en tu rutina diaria: lectura, deporte, un café…
  4. Céntrate en lo positivo. A menudo, nos enfocamos tanto en lo que no queremos (volver al trabajo) que olvidamos las cosas positivas que nuestro empleo nos brinda.
  5. Establece metas realistas. Es importante que, al reincorporarte, te fijes objetivos alcanzables a corto plazo. Esto te ayudará a recuperar la motivación y a sentirte realizado al cumplirlos.
  6. Solicita apoyo si lo necesitas. Si sientes que los síntomas del síndrome postvacacional no desaparecen o que te cuesta más de lo esperado adaptarte a la rutina, no dudes en buscar apoyo. Habla con un profesional de recursos humanos, consulta a un psicólogo o a tu médico que pueda ayudarte a gestionar este proceso. No lo dejes pasar.

Recuerda que es normal sentir cierta resistencia al cambio, pero con un enfoque proactivo y positivo, puedes hacer que este periodo de transición sea mucho más llevadero.

miércoles, 29 de mayo de 2024

Entrena tu pensamiento positivo

El estrés del día a día, en casa o en el trabajo, siempre lleno de desafíos y cambios constantes, nos obliga a mantener una actitud positiva no solo para preservar nuestra salud mental, sino también para el éxito colectivo. Esta actitud positiva no es una característica innata, sino una habilidad que todos podemos desarrollar con la práctica. Trayéndolo al terreno laboral, aunque nos serviría también para el personal, la capacidad de mantener la calma y buscar soluciones constructivas ante los obstáculos permite un mejor desempeño laboral y un ambiente de trabajo más sano

¿Pero cómo?. Algunos tips:

  • Empezar desde dentro es una de las maneras más efectivas de entrenar el pensamiento positivo. Por ejemplo, en lugar de decirte a ti mismo "No soy bueno en esto" cuando enfrentas un trabajo, intenta reformularlo a "Esto es una oportunidad para aprender algo nuevo y mejorar". Este simple cambio de enfoque puede hacer una gran diferencia en tu actitud y rendimiento.
  • Concéntrate principalmente en resolver problemas que están bajo tu control. Por ejemplo, si sientes estrés por un proyecto grande, divide las tareas en partes más pequeñas y manejables. En lugar de preocuparte por decisiones que están fuera de tu control, como las políticas de la empresa o la poca colaboración de otros compañeros, enfócate en lo que puedes hacer para mejorar tu parte del proyecto.
  • Dedica unos minutos al día para agradecerte y felicitarte por las cosas que haces sin esperar a que otros lo hagan. También agradece y felicita siempre al otro y no solo te dirijas a él cuando las cosas salen mal.

Entrenar tu pensamiento positivo es una inversión en tu bienestar y en el de tu equipo. La actitud optimista tiene un efecto multiplicador y puede inspirar a tus compañeros, fomentando un ambiente de cooperación, innovación y productividad. Con ella, se reduce el estrés, se mejora la comunicación y se fomenta el buenrollismo. A través de prácticas que comienzan desde el interior de uno mismo se puede desarrollar esa actitud positiva que beneficiará tanto tu vida profesional como personal.

Hay que mencionar la importancia de mantener un equilibrio entre ser optimista y reconocer las dificultades. No se trata de ignorar los problemas, sino de abordarlos con una actitud constructiva. Esto evita la acumulación de tensiones que pueden llevar a explosiones emocionales y comportamientos poco asertivos.

Recuerda que el ser optimista no algo innato, sino un hábito que se puede cultivar con el tiempo y la práctica. Al adoptar estas estrategias, estarás en camino de transformar tu actitud y contribuir a un entorno laboral y personal más saludable y productivo.

jueves, 3 de diciembre de 2020

DICIEMBRE: Lo que el Chimpancé nos transmite con su Altruismo

Ya se palpa la Navidad, en las tiendas, en la tele, en las luces… pero ¿y en las casas?, ¿y en las empresas?, ¿y en la gente? Este año ha sido un año gris en todo el planeta y todos lo estamos pasando mal; por la cantidad de libertades que hemos perdido, por el miedo a perder nuestra salud y la de nuestros seres queridos, por la pérdida de alguien a quien queríamos, por el impacto económico que el Covid está teniendo en los negocios, por ver cómo las relaciones sociales se han ido mermando poco a poco… pero, aun así, donde sí sigue habiendo espíritu navideño es en las ganas de ayudar a los demás. Todos los años llegan estas fechas cargadas de acciones de caridad hacia los más necesitados, que por desgracia este año han aumentado en número. Muchas personas han perdido sus puestos de trabajo y, como consecuencia, ha aumentado el empobrecimiento social por todo el planeta a una velocidad casi en paralelo con la pandemia.

Nos toca dedicar este mes a esas personas que de manera anónima o no, pero que sí con una gran honestidad, ayudan a quienes lo necesitan. Hablamos del altruismo y lo animalizamos en un gran amigo del hombre que siempre tiene una sonrisa que ofrecer: el Chimpancé.


El chimpancé es un primate homínido con el que el ser humano comparte el 98% del genoma, dato que deriva de la evidencia científica de que tanto el chimpancé, el hombre y también el gorila compartieron hace millones de años un ancestro común. Posee una dieta principalmente vegetariana, aunque también se alimenta de insectos y pequeños vertebrados. Los machos llegan a pesar unos 80kg en cautiverio y a medir hasta 1.70m, mientras que las hembras apenas llegan a los 70kg. Se caracteriza por la envergadura de sus brazos, aproximadamente 1.5 veces su estatura, que le permiten balancearse pasando de rama en rama. Su cuerpo está cubierto por un pelaje de color marrón oscuro, con excepción del rostro, dedos, palmas de las manos y plantas de los pies. El periodo de gestación de los chimpancés es de 8 meses y las crías son destetadas aproximadamente a los 3 años, aunque son más los años que siguen manteniendo vínculo con su madre. La pubertad la alcanzan entorno a los 8-10 años y su esperanza de vida es de unos 50 años en cautiverio. En libertad, podemos encontrar chimpancés en las selvas tropicales y sabanas húmedas de África central y occidental, aunque debido a la desforestación se encuentran en peligro de extinción. El chimpancé vive en comunidades que oscilan entre los 20 y más de 150 miembros y donde el apareamiento es promiscuo. Desempeñan estrategias de caza que requieren de cooperación, siendo conscientes de su estatus social en todo momento. Son manipuladores, capaces de engañar y capaces de entender aspectos del lenguaje humano, incluso números, además de planear espontáneamente el futuro cercano. Aunque los investigadores todavía no han llegado a un mismo punto de opinión, diversos estudios concluyen que los chimpancés llegan a ser animales altruistas que realizan un sacrificio solidario por el bien del colectivo.

Independientemente del resultado de los estudios llevados a cabo con diferentes comunidades de chimpancés, ocurre algo que también ocurre en nuestra especie y es lo que se denomina contagio emocional. Las emociones son más poderosas de lo que podemos llegar a imaginar y son capaces de contagiarnos negativa y positivamente unos a otros de manera prácticamente inconsciente. Existen unas neuronas, llamadas espejo, que son las responsables de este contagio, pero esto sería otro tema sobre el que hablar y al que bien podríamos dedicar un artículo entero.

Este contagio emocional es el que permite que afloren ciertas conductas entre las personas cuando, a partir de un impulsor que inicia cierta acción, comienzan a unirse a la causa los diferentes observadores. Llevando esta afirmación al terreno que hoy nos ocupa, vemos cómo ciertas acciones que pueden pasarnos desapercibidas a lo largo del año, a pesar de que existen, se multiplican durante estas fechas por el simple hecho de ser conocedores de ellas, por ejemplo, bancos de alimentos, donaciones a fundaciones sin ánimo de lucro, recaudación en programas televisivos, colaboración en la entrega de regalos en hospitales infantiles, etc…

El altruismo existe, lo tenemos en nuestro ADN, pero en ocasiones se mantiene latente debido principalmente a la falta de visión global, a ese no acabar de abrir los ojos o hacerlo mirando mucho nuestro propio ombligo. Tenemos la suficiente inteligencia para abrir nuestro campo de visión, para darnos cuenta que alrededor nuestro hay personas que no tienen la misma suerte que podemos tener nosotros y que más allá de este alrededor, la historia se repite una y otra vez.

Para muchos la Navidad es compras, es reunión familiar, es viajar, son luces, son vacaciones,… para otros es hipocresía, tristeza, gasto innecesario… pero lo que sí está claro es que durante esta época algo pasa, algo hace encender la llama de la bondad en las personas, convirtiendo, aunque sea durante apenas un mes, este mundo en un mundo mejor.

NOS GANAMOS LA VIDA CON LO QUE RECIBIMOS, PERO HACEMOS LA VIDA CON LO QUE DAMOS (John Maxwell)

Por eso, volviendo a las preguntas con las que comenzaba este artículo, aunque este año no todos estemos para pensar mucho en Fiestas, sí que la situación que estamos viviendo nos ayuda a reflexionar un poco más acerca de la suerte que todos tenemos de estar todavía hoy aquí y, que por muy mal que hayamos pasado algunos momentos de este 2020, la vida continúa y no queda otra que seguir con nuestra mejor cara, con nuestra mejor sonrisa, con todo el positivismo y energía que podamos desprender y que van a hacer que esa neuronas espejo de las que no he querido hablar demasiado comiencen a hacer su función a gran velocidad y a gran escala.

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lunes, 4 de mayo de 2020

MAYO: Lo que el Salmón nos instruye sobre la salida de la Zona de Confort

¿Quién me ha robado el mes de abril? es el título de una de las canciones más conocidas de Joaquín Sabina que lanzó a finales de los años 80 y que cobra todo el sentido en este mes que acabamos de dejar atrás.

Abril ha sido un mes en el que ese ser microscópico llamado coronavirus, que empezó a trastocar a medio mundo durante los meses de febrero y marzo, ha llegado a conquistar prácticamente la totalidad del planeta, obligando a la humanidad a romper con todo, a salir de su rutina en todos y cada unos de los ámbitos: el personal, el familiar, el laboral… absolutamente todos. Por esto, durante el mes de mayo, cuando la mayoría de países están ya iniciando la desescalada del desconfinamiento por tramos y franjas que permitirán caminar hacia la “nueva normalidad” (como la han bautizado los gobiernos), quiero dedicar este espacio a hablar sobre la zona de confort.

Pero, una vez más antes de empezar a reflexionar sobre la temática, os quiero presentar a un nuevo animal que nos demuestra que salir de la zona de confort no siempre es negativo, incluso en ocasiones se convierte en algo necesario como es su caso. Este mes vamos a hablar del Salmón.


El salmón es un pez marino y de agua dulce que, además de ser uno de los peces más cotizados por su valor alimenticio y sus huevas con las que se hace el sucedáneo de caviar, forma parte del grupo de peces diádromos, es decir, peces migratorios que viajan entre el agua dulce y el agua salada. De hecho, el salmón nace en aguas dulces, viaja hasta aguas saladas y vuelve al lugar donde nació para reproducirse. El salmón tiene cuerpo alargado, mandíbulas grandes y color azul grisáceo. Su cola es alargada y flexible, lo que le permite alcanzar velocidades de 50km/h y recorrer unos 20.000km en los océanos. En su etapa inicial se le conoce como alevín y se alimenta básicamente de insectos terrestres y acuáticos. En su etapa adulta, se alimenta de otros peces y suele alcanzar los 9kg, aunque dependiendo del hábitat en el que se encuentre podría llegar hasta los 45kg. Pero lo que más caracteriza al salmón frente a otros peces es su proceso de reproducción durante los entre 3 y 8 años que suele durar su ciclo de vida. Después de recorrer miles de km a lo largo de su vida hacia el mar, vuelve a las aguas dulces del lugar donde nació, nadando en sentido ascendente de los ríos y sorteando todo tipo de obstáculos. Una vez allí suele hacer una serie de nidos, en cada uno de los cuales desovará entre 500 y 1000 huevos, realizando unas 7 puestas en total, que tratará de incubar durante aproximadamente dos meses hasta que llega el momento de su muerte.

La vida del salmón es un claro ejemplo de entradas y salidas constantes de las zonas de confort en las que habita. Una primera zona de aguas dulces donde nace, una segunda zona de aguas saladas donde crece y, de nuevo, una tercera zona de las aguas dulces donde empezó su vida. Todo ello le supone una serie de adaptaciones progresivas durante esos viajes, que tiene que poder asimilar y afrontar si desea llegar a cumplir sus objetivos de vida. 


¿Qué entendemos por zona de confort?. Ésta la podemos definir como aquel espacio físico y/o mental en el que no arriesgamos, donde nos sentimos cómodos, sin miedos ni ansiedades, pero también en el que no crecemos

Permanecer mucho tiempo en la zona de confort lleva a la apatía, a la desmotivación, al sinsentido y a la negación ante cualquier nueva idea o necesidad de asumir riesgos.

Durante estas últimas semanas se está dando un fenómeno un tanto curioso y es que, a diferencia de lo que suele ser habitual, millones de personas nos hemos visto sacadas a la fuerza de nuestra zona de confort sin que en ningún caso haya sido por decisión propia. Aunque salir de la zona de confort puede estar motivado por decisión propia o por decisión ajena, suele ocurrir de manera individualizada o en determinados grupos o comunidades, pero no a gran escala mundial como está ocurriendo.

Además, se da otra curiosidad y es que, después de tantas semanas de confinamiento, la mayoría de nosotros hemos creado una nueva zona de confort en nuestras casas, en nuestros nuevos espacios limitados, en los que hemos construido nuestra oficina de trabajo, la escuela de los niños, nuestros rincones de bricolaje y cocina e incluso nuestros gimnasios. Nos sentimos incómodos al salir a los espacios públicos, solitarios, con mil y una medidas de protección, con distanciamiento social impuesto, vigilados más que nunca por los cuerpos de seguridad… y, en definitiva, deseando volver a nuestras casas, donde ahora se halla nuestra nueva zona de confort. 

Pero además, sabiendo que en breve, con la desescalada del desconfinamiento, vamos a volver a recuperar poco a poco la zona de confort que nos arrebataron, siendo conscientes además de que ya no será como la conocíamos.

Para afrontar todo este cóctel mental tenemos que estar haciendo una gestión emocional extremadamente activa y constante y más si antes, en algún momento del pasado, no la habíamos empezado a trabajar, porque de lo contrario en un corto o medio plazo podría acarrearnos serios problemas y miedos que trastocarían nuestro día a día.

Por todo ello, remarco la importancia que tiene experimentar salidas de la zona de confort durante nuestras vidas. Algunas razones son:
  1. Ayuda a prepararte para tiempos difíciles, principalmente para aquellos en los que abandonar la zona de confort no es decisión propia.
  2. Elaboras y pones en práctica nuevas herramientas y recursos.
  3. También te vuelves más creativo y productivo, porque te desenvuelves con nuevos estímulos, nuevos aprendizajes y en nuevos contextos en los que experimentas un alto deseo de realizar las cosas bien.
  4. Te permite ganar autoconfianza y crecimiento personal.

Debemos, por lo tanto, sentirnos ahora partícipes de un ciclo de entradas y salidas constantes de diferentes zonas de confort en las que nuestra visión va a tener que ser lo más positiva, realista y transformadora posible. Donde debemos entender que van a existir debilidades y amenazas (vulnerabilidad al contagio, amenaza de perder nuestro trabajo, nuestra comodidad…), pero también fortalezas y oportunidades (nuevos escenarios, nuevos aprendizajes, fortalecimiento de nuestra resiliencia e inteligencia emocional…). Debemos entender que de la crisis sanitaria y económica en la que nos encontramos, cabe espacio para salir fortalecidos y aprovechando nuevas oportunidades que se nos van a abrir y en las que debemos tratar de convertir cualquier emoción negativa en algo positivo: el miedo en valentía, la ira en creación, la tristeza en compañía…

Es importante un buen manejo de nuestras emociones en un momento en el que estamos saltando de agua dulce a agua salada para volver a un agua dulce que habrá cambiado a como la conocíamos, al menos durante los primeros meses.

EL AUTÉNTICO AUTODESCUBRIMIENTO COMIENZA DONDE TERMINA TU ZONA DE CONFORT (Adam Braun)

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lunes, 13 de enero de 2020

ENERO: Lo que el Ánsar nos enseña sobre el Trabajo en equipo

Si bien es cierto que en muchas ocasiones necesitamos caminar solos para trabajar diferentes habilidades personales y aprender de la experiencia, es prácticamente indiscutible afirmar que necesitamos a los demás a nuestro lado para aunar sinergias que nos permitan alcanzar objetivos de una manera más fácil, rápida y, en definitiva, eficaz. Comienzo de esta manera el que será el tema de este artículo y de todo el mes de enero: el trabajo en equipo.

Y para ejemplificar el trabajo en equipo voy a hablar del Ánsar. Este animal, comúnmente conocido como ganso u oca, es un ave migratoria acuática similar al pato, pero de tamaño y peso mayor. Mide entre 74 y 91cm y suele pesar entre 2,5 y 5kg. Su plumaje tiende a ser marrón grisáceo y el vientre de color blanco. Habita en las zonas costeras y humedales de casi toda Europa y Asia. Es un animal fiel, eligiendo a su pareja a los 3 años de edad y no abandonándola hasta la muerte. La hembra suele poner unos 5 huevos que incuba durante 1 mes. Los polluelos son cuidados por ambos progenitores durante aproximadamente un par de meses, aunque estos se quedan al lado de sus padres hasta la siguiente época de cría. Cuando llega el invierno migran hacia zonas más cálidas, pudiendo desplazarse a más de 5.000km y superar los 2.000km diarios. Los gansos vuelan en bandadas que forman una V, de manera que el ganso anterior ayuda al posterior con el movimiento de sus alas, permitiendo que el esfuerzo del ave que va detrás se reduzca hasta un 70%.


Como habréis podido imaginar esta última característica del ganso es la que me ayuda a explicar la temática propuesta en este artículo. Cuando el ganso decide volar solo, rápidamente se da cuenta que necesita al grupo para poder desplazarse al destino deseado. Sin el resto de la bandada, y sin esa forma de V, el ganso sería incapaz de soportar el esfuerzo que requiere volar durante más de 17 horas al día. Sin duda, una característica propia de esta especie que nos permite reflexionar sobre la facilidad y rapidez en alcanzar objetivos comunes cuando colaboramos entre nosotros, haciéndolo además con un mejor grado de logro y menor esfuerzo.


Trabajar en equipo, a pesar de las dificultades y conflictos que pueda implicar, nos va a permitir desarrollar ciertas habilidades como la empatía y la colaboración, además de fomentar valores o aspectos como el de la pertenencia al grupo, la coherencia, la fidelidad y la consecución de un objetivo al que todos, independientemente de nuestras diferencias, queremos llegar lo antes posible y de la manera más fácil. Esta no es más que la respuesta a la teoría del "1+1 no son 2". 

Si queremos seguir aprendiendo lo que representa el trabajo en equipo, no tenemos más que seguir fijándonos en el comportamiento de los gansos:

1. Cuando el ganso que vuela primero se cansa, retrocede posiciones para que otro ganso ocupe el lugar del líder y colabore en que el ritmo de la bandada no se aminore. En los equipos de trabajo la figura del líder puede ir cambiando de manera natural sin que ello suponga conflictos, sino que permite mantener viva la fortaleza del grupo al dejar descansar al que hasta ese momento lo había estado dirigiendo.
2. Cuando un ganso decide salir de la linea formada por el grupo, a no ser que sea por enfermedad u otra razón, observamos cómo rápidamente acelera su vuelo para volver al lugar que le corresponde, pues es consciente que en grupo es la única manera de llegar a la meta fijada con total garantía de éxito y eficacia.
3. Cuando un ganso enferma o es abatido, se ve incapacitado para seguir el ritmo de sus compañeros. En ese momento, se sale del grupo y otros dos gansos le van a estar acompañando hasta que sea capaz de volar nuevamente o muera. Los mejores equipos los forman aquellos que se apoyan entre sí y ponen en práctica aspectos de la inteligencia emocional.
4. Los gansos utilizan más de 10 sonidos diferentes para comunicarse. Está claro que la comunicación en un equipo es primordial.


EL TALENTO GANA PARTIDOS, PERO EL TRABAJO EN EQUIPO GANA CAMPEONATOS (Michael Jordan)

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jueves, 9 de enero de 2020

Este año compartimos protagonismo con los animales, de quienes tenemos mucho que aprender

Este será el cuarto año desde que este espacio pasó a llamarse "Nosotros: las personas". Para aquellos que conectan con él ahora, explico brevemente cómo se llamaba antes y porqué decidí acortar el título. 

Esta web, que comenzó a finales de 2012, se llamaba entonces "Nosotros: las personas en la empresa". El nombre, sencillamente, pretendía dar una visión puramente de recursos humanos a todo aquello que nos envuelve en nuestro a día a día en el entorno laboral. A medida que los temas iban surgiendo e iba escribiendo sobre ellos, llegó un momento en el que observé claramente la inseparabilidad entre el yo en el entorno laboral y el yo en el resto de contextos. Es por ello, que decidí poner un nombre más realista y a la vez generalista al blog, pues las personas somos personas allá donde estemos independientemente de la función que estemos realizando y, aunque el tópico siempre dice "deja los problemas del trabajo en el trabajo y los de casa en casa", la realidad dista mucho de esta utopía.

2020 será ya el cuarto año en el que mensualmente trabajamos una temática con un artículo introductorio a principio de cada mes que, continuadamente, iré encadenando con otros artículos redactados por otros autores, algunos como parte de su trabajo en un periódico digital, revista empresarial o similar y otros, como es mi caso, simples bloggeros que decidimos de manera totalmente voluntaria compartir nuestras ideas, conocimientos, críticas o experiencias del mundo offline en este mundo online.

Hemos tenido 12 condimentos o especias culinarias (2017); también 12 países (2018) y, durante este último año, 12 personajes famosos de épocas pasadas y contemporáneos. Todos estos capítulos los he intentado relacionar con 12 temáticas diferentes que tradicionalmente forman parte de este blog. 



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Pues bien, este año he pensado que si podemos aprender en la cocina, viajando y, obviamente de las personas, los animales también tienen mucho que enseñarnos. Por ello, durante los próximos 12 meses vamos a dedicar páginas a hablar de 12 animales, a los que conoceremos un poco mejor y la relación que consideraré más acertada con las diferentes temáticas que durante los últimos 7 años han ido formando parte de cada uno de los artículos publicados en este blog.


Espero no aburrir, enseñar y aprender a vuestro lado y, por supuesto, abrir hilos de debate y de reflexión que nos hagan parar nuestro reloj (que de por sí va a mil revoluciones) durante unos instantes mientras leemos, imaginamos y reflexionamos sobre asuntos que nos acompañan y ayudan en positivo, pero también aquellos que nos perturban y obstaculizan en negativo durante todos los días de nuestra vida.

Me pongo a pensar en qué animal será el primero de la lista y en pocos días habrá nuevo tema de debate.

Gracias a todos aquellos que año tras año habéis estado ahí y me habéis dado vuestro feedback en público o privado desde muchos lugares del mundo. Y también, gracias y bienvenidos a aquellos que os topáis por primera vez con "Nosotros: las personas"

Feliz 2020!!

Álex

martes, 3 de diciembre de 2019

DICIEMBRE: San Nicolás, el altruismo personificado

Qué rápido pasa el año y ya entramos en el último mes de este 2019 ¡y de esta década! Este mes, en el que la Navidad es su guinda, quisiera introducir un aspecto muy relacionado con las fechas, pero que debería estar presente no sólo en diciembre, sino cada día durante todo el año. Me refiero al Altruismo, entendido en términos generales como la ayuda a otros sin esperar nada a cambio. Para poder personalizar este término de la psicología social os presento al que será el duodécimo personaje histórico de este año: San Nicolás.



Nicolás de Bari, también conocido como San Nicolás de Myra, fue un obispo del siglo IV nacido en tierras de la actual Turquía en el seno de una familia adinerada. Desde niño tuvo un carácter generoso y piadoso hacia los demás, heredando la fortuna de sus padres y poniéndola al servicio de los más necesitados. Cuando sus padres murieron fue consagrado obispo en Myra (actual Turquía), donde murió en el año 343. Pero la leyenda que más vinculación tiene con San Nicolás y que celebramos la noche del 24 de diciembre es la de Papá Noel o Santa Claus. Es cierto que la figura de este amigo de los niños que trae regalos en estas fechas navideñas tiene una gran fantasía a su alrededor, pues las leyendas, las creencias y el marketing como el de Coca-Cola, le han convertido en un viejo adorable vestido de rojo y blanco y vecino del Polo Norte, donde vive rodeado de duendes que le ayudan en la fabricación de los juguetes y regalos que le piden los niños a través de cartas y que reparte con la ayuda de sus renos y su trineo.


Si bien es cierto que la leyenda de San Nicolás dista mucho de la que todos conocemos hoy día en referencia a la de Santa Claus, pues le hemos cambiado la historia de su vida, además de haber trasladado su lugar de residencia a 4.000km al norte y le hemos cambiado hasta el aspecto físico, en el fondo se ha mantenido la esencia de su personalidad, una persona que decidió compartir su fortuna con los demás y que tuvo especial atención con los niños que vivían en condiciones más humildes en aquella época. El concepto altruismo es precisamente el que mejor define este tipo de gesto, pues ser una persona altruista implica que pone en práctica un comportamiento hacia los demás que disminuye las vulnerabilidades de estos, incluso en detrimento del bienestar propio. Las personas altruistas utilizan la cabeza y el corazón a la hora de actuar y consiguen alinear ambos, transmitiendo coherencia en sus actos y poniendo en práctica muchos elementos de la inteligencia emocional: empatía, automotivación, autorrealización…

El altruismo se puede ejecutar de diversas maneras: a veces escuchando a personas que necesitan ser escuchadas, a veces dando consejos a quienes se sienten perdidos y, por supuesto, materializando el gesto en regalos, alimentos y donaciones. Lo importante es la disposición de ayudar a los demás, mostrando preocupación por ellos y atención de manera desinteresada. El “sacrificio” personal en favor de estas otras personas no deja de ser, a la vez, un beneficio individual que repercute sutil, pero directamente en nuestro crecimiento personal. El sacrificio se convierte en un sentimiento de paz interior, al que muchos critican de motivación egoísta, pues se busca en realidad el beneficio propio.


Mi opinión sobre este último punto es que siempre tiene que haber quien busque las mil vueltas para acabar haciendo de algo positivo algo totalmente perverso. Es cierto que podría haber personas que decidan participar en donaciones para mejorar su prestigio y autoimagen, pero éstas se identifican claramente, pues hacen público su gesto “altruista”. No quiero decir que todo el que haga pública una ayuda hacia otro sea un falso altruista, pero sí es cierto que aquellas personas que lo hacen de manera anónima y discreta seguro no están intentando lavar públicamente su imagen. Aunque el primer caso no puede ser etiquetado dentro del concepto altruismo tal y como éste se define, si queremos buscar el lado positivo de ambos tipos de personas (las que actúan por motivación egoísta y las que realmente lo hacen de manera altruista) y es que al fin de cuentas los más necesitados están obteniendo un beneficio que les permite mejorar la situación que tenían anteriormente.


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