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lunes, 8 de marzo de 2021

Autoliderazgo en tiempos de coronacrisis

Últimamente, hemos estado hablando en este blog del liderazgo. Hoy, concretamente, llevo este concepto al terreno individual y, por ello, quiero reflexionar sobre el autoliderazgo en estos momentos de crisis sanitaria, económica y, por supuesto, existencial.

Podemos bajar la cabeza y volvernos negativos ante la situación actual, pero también podemos interpretar esta pandemia como una gran oportunidad de aprendizaje y de crecimiento. Se trata de una situación global en la que hemos sido todos sacudidos y sacados de nuestra zona de confort sin que nadie nos haya consultado si era o no nuestro deseo, por lo que visto el plan, qué mejor que sacarle partido a esta situación sobrevenida e impuesta.

Toda nuestra vida es una experiencia constante de cambios y nos movemos de forma dinámica entre el confort, el miedo a salir de él, el aprendizaje una vez hemos salido y el crecimiento conseguido con ese aprendizaje ya consolidado a lo largo del tiempo. En definitiva, un camino de emociones que nos hacen ser mejores profesionales y mejores personas siempre y cuando seamos capaces aprovechar estos cambios y los vivamos como oportunidades.

Algunos cambios son provocados por factores propios de la persona o endógenos; otros, en cambio, por factores exógenos o propios del entorno. En este caso, la Covid es un factor exógeno, extraordinario y sin precedentes en la era moderna, que ha conseguido desequilibrar a todo un planeta y, sin aviso y “sin pedir permiso”, ha entrado de golpe en nuestras vidas. Hace un año estábamos habituados a lo conocido, a lo rutinario propio de nuestra zona de confort, donde la toma de decisiones para salir de ella la podíamos hacer de una forma pausada, meditada y confortable. Con la llegada de la pandemia, los estados de alarma, los confinamientos y las restricciones, los cambios fueron impuestos, sin apenas poderlos digerir, y pasamos de una zona de confort a una zona de miedo, para pasar después a una zona de aprendizaje, en la que nos encontramos ahora, y en la que debemos ser capaces de aprovechar todas las lecciones que se nos brinden para que ese aprendizaje nos sirva como crecimiento: personal, profesional, social, científico, tecnológico…

Pero para saber aprovechar este aprendizaje se requiere autoliderazgo, gracias al cual vamos a poder reconocer y aceptar que hay una nueva realidad de la que van a sobrevivir (entendiendo este “sobrevivir” como salir ganando) quienes sean capaces de adaptarse y reinventarse con agilidad, perseverancia y resiliencia. Este autoliderazgo implica aceptar también que somos vulnerables y frágiles, sobre todo con factores exógenos, que por muy minúsculos e imperceptibles que sean a simple vista, pueden trastocar nuestros planes y obligarnos a escoger entre desistir, conformarnos o luchar.

El autoliderazgo, aunque debe nacer desde la propia persona, no tiene por qué ser estrictamente individual y solitario, ya que probablemente a nuestro alrededor tengamos colegas, amigos, familiares e incluso desconocidos que también estén en un momento de gestión del autoliderazgo. Por lo tanto, podríamos apoyarnos y crear redes entre nosotros para conseguir que esa necesaria reinvención sea más enriquecida y firme. Para conseguir autoliderarse hay que ser reflexivos y realistas y llegar a hacernos muchas preguntas, algunas de las cuales a veces nos será difícil contestar, pero que gracias a otras personas y al compartir esas emociones con ellos, vamos a saber darles probablemente una respuesta, por ello, cobra importancia esta experiencia de autoliderazgo compartido.

Deberíamos preguntarnos acerca del entorno, de qué nos gusta y qué no de esta nueva realidad. ¿Hay algo que podamos hacer para contribuir de forma positiva a nuestro aprendizaje y crecimiento? ¿Qué podemos hacer para valorar los pequeños detalles de este presente que estamos viviendo? También tenemos que reflexionar sobre nosotros, sobre cuáles son nuestras fortalezas y nuestras debilidades que probablemente habremos descubierto con esta situación. ¿Cómo podemos ofrecer nuestras fortalezas a otros y cómo podemos ayudarnos de otros en nuestras debilidades? ¿Qué energía tenemos y cómo podemos hacer para que esa energía se mantenga o mejore? ¿Qué es lo peor que podría pasarnos y cómo podemos prepararnos para ello? Y, finalmente, tenemos que reflexionar también sobre las demás personas, siendo empáticos y utilizando habilidades de la inteligencia emocional. ¿Cómo queremos que los demás nos vean? ¿Cómo queremos que los demás nos recuerden? ¿Cómo podemos mejorar nuestra actitud hacia otros?

Creo que son momentos de aprendizaje para llegar a culminar esa fase de crecimiento. El miedo debería haberse convertido ya en respeto hacia un virus que todavía no lo tenemos controlado, pero que se ha comprobado que es capaz de llegar a paralizarnos. El miedo se tiene que saber gestionar y debemos aprovechar esta situación para salir más reforzados, para seguir creciendo y para estar más fuertes en futuras controversias que nos pueda deparar la vida. Como decía Víctor Frankl “Cuando la situación es buena disfrútala. Cuando la situación es mala, transfórmala. Cuando la situación no puede ser transformada, entonces transfórmate tú”. Como podemos ver, es una cuestión de decisión, es una cuestión de actitud, es una cuestión que debe nacer desde nuestro interior, es una cuestión que requiere de autoliderazgo.

jueves, 21 de enero de 2021

El miedo a la novedad

Hace ya unas décadas que la sociedad exige cambios, en ocasiones sobrevenidos y de manera precipitada como ha ocurrido con esta crisis sanitaria, que nos ha obligado a cambiar nuestros procesos, nuestra manera de trabajar, de relacionarnos, de vivir… Y, en otras ocasiones, de manera más previsible, pero no por ello menos rápida, como son los cambios constantes al que el auge tecnológico nos arrastra desde hace ya algunas décadas.

Debemos ser conscientes de que el cambio es algo inherente a la persona y, por ende, a la sociedad. Cambiamos constantemente porque la vida en sí misma es un ciclo de cambio. Sin embargo, también es cierto que no nos gusta demasiado el cambio y acostumbramos a ser bastante reticentes, sobre todo cuando lo vemos como algo ajeno a nosotros mismos y como algo que nos imponen.

Esa resistencia nace del miedo a lo nuevo, sobre la que suele aflorar un sentimiento catastrofista. Por eso, es importante que, desde la empresa, pero también desde la propia persona, sepamos reconocer que los cambios no son siempre malos y que debemos darles una oportunidad, admitiendo en primer lugar que quedarse anclado a la larga no nos ayudará.

Como decía, las nuevas tecnologías, la globalización, y ahora una pandemia, han introducido modificaciones significativas sobre las bases en que se desarrollaba la actividad empresarial, lo que obliga a establecer procesos de adaptación en la producción, en los sistemas, en los puestos de trabajo y, por consecuencia, en la mente de las personas. Estos procesos no pueden quedar a medio camino, sino que deben desarrollarse para poder después sacar conclusiones, valoraciones y nuevas decisiones que permitan establecerlos como definitivos, modificarlos o bien retroceder al estado inicial si la implementación resultase fallida. Pero como digo, es necesario darles una oportunidad y un tiempo antes de sacar conclusiones negativas desde el inicio.

Por lo que respecta a las personas, a los empleados, cualquier cambio interno comporta cambios mentales, pues cambian los roles, las funciones, las relaciones, la manera de dirigir y liderar,… y aquí es donde se hace evidente la importancia que tiene no sólo poner el foco en el cambio corporativo, sino también en el cambio paralelo que ocurre en las percepciones de las personas, para evitar bloqueos actitudinales que conviertan a un equipo en un simple conjunto de personas desmotivadas, siendo perjudicial tanto para la empresa como para ellas mismas.

Por este motivo, volviendo a la empresa, concretamente al liderazgo de los mandos, una nueva cualidad necesaria en los líderes de hoy es la de saber gestionar conflictos y la de saber hacer de psicólogo y coach con las personas que gestiona. Estas nuevas cualidades son las que van a permitir diferenciar al jefe (entendido como gestor de personas basado en el mando y control), figura más relacionada con las culturas del siglo pasado, del líder (entendido como orientador y gestor del cambio), figura que resulta imprescindible en las empresas que quieran estar en el pódium de su sector y en las empresas referentes del mercado en las que cualquier persona quisiera poder entrar a trabajar.


martes, 12 de enero de 2021

Reinventarse es volver a nacer, pero con experiencia

Si algo tiene de especial este 2021 que acabamos de estrenar es la conjunción de miles de millones de personas pidiendo un único deseo: salud.

Atrás acabamos de dejar uno de los años más difíciles en la historia de la humanidad, en el que una pandemia ha encontrado hueco en prácticamente todos los rincones del planeta, aniquilando a centenares de personas por donde ha pasado, rompiendo con la vida social que hasta entonces llevábamos, también quebrantando las economías familiares, empresariales y sociales…, por señalar sólo algunos ejemplos.

Han sido 9 meses de pérdida de libertades, de mucha incertidumbre, de miedo a perder la salud propia y la de nuestros seres queridos, de cierta irresponsabildad, pero de mucha colaboración por la gran mayoría de los ciudadanos, de muchos sobreesfuerzos por parte de los sanitarios, los cuerpos de seguridad, limpieza, servicios esenciales,… y de lucha por encontrar una vacuna que permita frenar las curvas de contagio, las víctimas y el caos ocasionado por este virus.

Por ahora, en plena tercera ola en Europa y en crecimiento continuo desde que todo comenzó en países como Brasil o Estados Unidos, disponemos por fin de una vacuna que nos da un ápice de esperanza para afrontar un 2021 que tampoco tiene pinta de que será fácil.

Al deseo único de “salud” que todos pedimos a este nuevo año se unen las ganas por mejorar, por salir del túnel, por seguir manteniendo la esperanza y el optimismo, sin perder en ningún momento tampoco la salud mental, que nos permitirá afrontar resilientemente todos estos inconvenientes con los que día tras día nos estamos encontrando.

Tanto positivismo inyectado en la sociedad no debe ser malo y, por ello, quiero seguir en esta línea defendiendo que, aunque los meses venideros sigan siendo difíciles, encontraremos la manera de remontar y salir reforzados de una crisis sanitaria mundial que nos tiene descolocados. Posteriormente, tocará también salir reforzados de la crisis económica que ya se empieza a sentir en muchos sectores en particular y en la economía mundial en general, pero por desgracia, de éstas, ya estamos más acostumbrados a salir y tenemos más bases y herramientas para lograr hacerles frente.

Cambiando de tema, pero en relación a las consecuencias que la Covid está teniendo en todos los ámbitos de las personas, me toca ahora presentar cuál va a ser el nuevo giro que “Nosotros: las personas” va a tener a partir de este nuevo año. Este blog, que comenzó en 2012 como “Nosotros: las personas en la empresa” y que cuatro años después, a principios de 2017, pasó a llamarse simplemente “Nosotros: las personas”, cumple ahora 8 años en los que se han publicado más de 350 artículos, de los cuales unos 200 son publicaciones propias y el resto compartidas de otros autores, pero todos ellos referidos a temáticas que nos tocan de pleno en nuestras vidas: reflexiones sobre la autoayuda, los valores, las empresas, los equipos de trabajo, la comunicación..., en definitiva, cómo todo nos afecta en lo más hondo de nuestro ser y cómo esa afectación a la vez se interrelaciona con otras personas, con las que interactuamos en los diferentes contextos en los que vivimos.

Estos 8 años han dado como resultado la publicación de ocho ebooks de descarga gratuita, a través de la propia web del blog, que recogen todas estas reflexiones y, de los cuales, los últimos 4 han estado vinculados a diferentes analogías relacionadas con condimentos culinarios, con países, con personalidades famosas y con animales, de quienes hemos sido capaces de contextualizar cada una de las temáticas tratadas.

Estas temáticas anuales, con sus respectivos temas mensuales, dejarán parte a una tercera reinvención del blog en la que, a partir de este año, publicaré sobre reflexiones y temáticas habituales basadas en la experiencia personal / profesional, principalmente, en mi sector de actividad: recursos humanos, sin olvidar nunca que detrás de eso a lo que ponemos la etiqueta “recursos humanos”, estamos hablando de personas concretas, con nombre, apellidos e historias, mucho más allá de un simple número de empleado en cualquier empresa.


Seguiremos aportando a este espacio que, aunque cueste de apreciar a primera vista, lleva mucho trabajo y dedicación detrás para dotarlo de contenido, creatividad e interés de cara a vosotros, quienes me seguís, leéis y alentáis a escribir, al menos, durante un año más.

Gracias a todos por vuestra atención y bienvenidos a quienes os incorporáis por primera vez a este espacio dedicados a todos nosotros, a todas las personas.

Feliz 2021!

Álex

lunes, 4 de mayo de 2020

MAYO: Lo que el Salmón nos instruye sobre la salida de la Zona de Confort

¿Quién me ha robado el mes de abril? es el título de una de las canciones más conocidas de Joaquín Sabina que lanzó a finales de los años 80 y que cobra todo el sentido en este mes que acabamos de dejar atrás.

Abril ha sido un mes en el que ese ser microscópico llamado coronavirus, que empezó a trastocar a medio mundo durante los meses de febrero y marzo, ha llegado a conquistar prácticamente la totalidad del planeta, obligando a la humanidad a romper con todo, a salir de su rutina en todos y cada unos de los ámbitos: el personal, el familiar, el laboral… absolutamente todos. Por esto, durante el mes de mayo, cuando la mayoría de países están ya iniciando la desescalada del desconfinamiento por tramos y franjas que permitirán caminar hacia la “nueva normalidad” (como la han bautizado los gobiernos), quiero dedicar este espacio a hablar sobre la zona de confort.

Pero, una vez más antes de empezar a reflexionar sobre la temática, os quiero presentar a un nuevo animal que nos demuestra que salir de la zona de confort no siempre es negativo, incluso en ocasiones se convierte en algo necesario como es su caso. Este mes vamos a hablar del Salmón.


El salmón es un pez marino y de agua dulce que, además de ser uno de los peces más cotizados por su valor alimenticio y sus huevas con las que se hace el sucedáneo de caviar, forma parte del grupo de peces diádromos, es decir, peces migratorios que viajan entre el agua dulce y el agua salada. De hecho, el salmón nace en aguas dulces, viaja hasta aguas saladas y vuelve al lugar donde nació para reproducirse. El salmón tiene cuerpo alargado, mandíbulas grandes y color azul grisáceo. Su cola es alargada y flexible, lo que le permite alcanzar velocidades de 50km/h y recorrer unos 20.000km en los océanos. En su etapa inicial se le conoce como alevín y se alimenta básicamente de insectos terrestres y acuáticos. En su etapa adulta, se alimenta de otros peces y suele alcanzar los 9kg, aunque dependiendo del hábitat en el que se encuentre podría llegar hasta los 45kg. Pero lo que más caracteriza al salmón frente a otros peces es su proceso de reproducción durante los entre 3 y 8 años que suele durar su ciclo de vida. Después de recorrer miles de km a lo largo de su vida hacia el mar, vuelve a las aguas dulces del lugar donde nació, nadando en sentido ascendente de los ríos y sorteando todo tipo de obstáculos. Una vez allí suele hacer una serie de nidos, en cada uno de los cuales desovará entre 500 y 1000 huevos, realizando unas 7 puestas en total, que tratará de incubar durante aproximadamente dos meses hasta que llega el momento de su muerte.

La vida del salmón es un claro ejemplo de entradas y salidas constantes de las zonas de confort en las que habita. Una primera zona de aguas dulces donde nace, una segunda zona de aguas saladas donde crece y, de nuevo, una tercera zona de las aguas dulces donde empezó su vida. Todo ello le supone una serie de adaptaciones progresivas durante esos viajes, que tiene que poder asimilar y afrontar si desea llegar a cumplir sus objetivos de vida. 


¿Qué entendemos por zona de confort?. Ésta la podemos definir como aquel espacio físico y/o mental en el que no arriesgamos, donde nos sentimos cómodos, sin miedos ni ansiedades, pero también en el que no crecemos. 

Permanecer mucho tiempo en la zona de confort lleva a la apatía, a la desmotivación, al sinsentido y a la negación ante cualquier nueva idea o necesidad de asumir riesgos.

Durante estas últimas semanas se está dando un fenómeno un tanto curioso y es que, a diferencia de lo que suele ser habitual, millones de personas nos hemos visto sacadas a la fuerza de nuestra zona de confort sin que en ningún caso haya sido por decisión propia. Aunque salir de la zona de confort puede estar motivado por decisión propia o por decisión ajena, suele ocurrir de manera individualizada o en determinados grupos o comunidades, pero no a gran escala mundial como está ocurriendo.

Además, se da otra curiosidad y es que, después de tantas semanas de confinamiento, la mayoría de nosotros hemos creado una nueva zona de confort en nuestras casas, en nuestros nuevos espacios limitados, en los que hemos construido nuestra oficina de trabajo, la escuela de los niños, nuestros rincones de bricolaje y cocina e incluso nuestros gimnasios. Nos sentimos incómodos al salir a los espacios públicos, solitarios, con mil y una medidas de protección, con distanciamiento social impuesto, vigilados más que nunca por los cuerpos de seguridad… y, en definitiva, deseando volver a nuestras casas, donde ahora se halla nuestra nueva zona de confort. 

Pero además, sabiendo que en breve, con la desescalada del desconfinamiento, vamos a volver a recuperar poco a poco la zona de confort que nos arrebataron, siendo conscientes además de que ya no será como la conocíamos.

Para afrontar todo este cóctel mental tenemos que estar haciendo una gestión emocional extremadamente activa y constante y más si antes, en algún momento del pasado, no la habíamos empezado a trabajar, porque de lo contrario en un corto o medio plazo podría acarrearnos serios problemas y miedos que trastocarían nuestro día a día.

Por todo ello, remarco la importancia que tiene experimentar salidas de la zona de confort durante nuestras vidas. Algunas razones son:
  1. Ayuda a prepararte para tiempos difíciles, principalmente para aquellos en los que abandonar la zona de confort no es decisión propia.
  2. Elaboras y pones en práctica nuevas herramientas y recursos.
  3. También te vuelves más creativo y productivo, porque te desenvuelves con nuevos estímulos, nuevos aprendizajes y en nuevos contextos en los que experimentas un alto deseo de realizar las cosas bien.
  4. Te permite ganar autoconfianza y crecimiento personal.

Debemos, por lo tanto, sentirnos ahora partícipes de un ciclo de entradas y salidas constantes de diferentes zonas de confort en las que nuestra visión va a tener que ser lo más positiva, realista y transformadora posible. Donde debemos entender que van a existir debilidades y amenazas (vulnerabilidad al contagio, amenaza de perder nuestro trabajo, nuestra comodidad…), pero también fortalezas y oportunidades (nuevos escenarios, nuevos aprendizajes, fortalecimiento de nuestra resiliencia e inteligencia emocional…). Debemos entender que de la crisis sanitaria y económica en la que nos encontramos, cabe espacio para salir fortalecidos y aprovechando nuevas oportunidades que se nos van a abrir y en las que debemos tratar de convertir cualquier emoción negativa en algo positivo: el miedo en valentía, la ira en creación, la tristeza en compañía…

Es importante un buen manejo de nuestras emociones en un momento en el que estamos saltando de agua dulce a agua salada para volver a un agua dulce que habrá cambiado a como la conocíamos, al menos durante los primeros meses.

EL AUTÉNTICO AUTODESCUBRIMIENTO COMIENZA DONDE TERMINA TU ZONA DE CONFORT (Adam Braun)

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jueves, 2 de abril de 2020

ABRIL: Lo que el Camello nos demuestra con su Resiliencia

Marzo ha sido un mes espantoso para todo el planeta. Una amenazante pandemia se ha apoderado de nuestras vidas y no quedan prácticamente rincones en el mundo donde no exista el miedo que este virus está ocasionando. Abril, no va a ser menos espantoso. Nos encontramos, siendo optimistas, en el ojo del huracán de esta pandemia mundial ocasionada por el Coronavirus y, nuestro tiempo de confinamiento en casa continuará a lo largo de las próximas semanas como lo ha estado en las anteriores. Por ello, esa fuerza desconocida que cada uno de nosotros estamos siendo capaces de sobrellevar y, con ella, mantener de una manera sana y estable nuestra rutina diaria, es la que me lleva a hablar este mes de la resiliencia.

A estas alturas todos conocéis lo que esta palabra significa, ya sea porque desde hace unos años se ha puesto de moda, ya sea porque habéis leído artículos anteriores en este blog en el que hablaba sobre ella o ya sea porque no la conocéis de manera teórica aún, pero estoy convencido que sí de manera práctica.

La definición que más me gusta para explicar la resiliencia es acudir a la metáfora de la “goma de pollo”. Una goma elástica tiene la capacidad de extenderse hasta cierto límite si sobre ella se ejerce una presión o estiramiento, permanecer en ese estado durante cierto tiempo y volver a su estado original sin apenas haber sufrido cambios. Si en vez de pensar en una goma elástica, pensamos en un trozo de vidrio, probablemente ante la presión este vidrio acabe reventando y ya no habrá manera de que vuelva a su estado original. Es por ello, que la goma elástica es un claro ejemplo de la resiliencia, esa cualidad que también tenemos las personas para resistir y rehacernos en situaciones traumáticas.

Antes de seguir ahondando sobre la resiliencia os quiero presentar uno de los animales más resilientes que conocemos: el Camello. 


El camello es un mamífero rumiante que se alimenta de arbustos, dátiles, hierba y grano como el trigo y la avena, es originario del continente americano. Migró a Europa y África gracias a las glaciaciones, por lo que no solamente ha sido un animal que se ha adaptado a paisajes desérticos. Su piel es seca y árida y presenta gruesos callos en el pecho y rodillas que le permiten soportar el peso cuando se arrodilla, descansa y se levanta. Puede soportar cargas de hasta 450kg y correr entre 40 y 65km/h. El periodo de gestación dura 13 meses y normalmente tienen una sola cría cada dos años, que suele estar cerca de su madre hasta que cumple los 5 años. El camello adulto puede llegar a pesar unos 700kg y tener una altura de 1.85m y 2.15m en la parte de la joroba, la cual almacena grasa y tejido fibroso que constituyen una reserva alimentaria para épocas de escasez. Es capaz de ingerir más de 100 litros de agua de una sola vez y puede desplazarse sin volver a beber durante más de 10 días. Su esperanza de vida está entre los 40 y 50 años.


Normalmente, cuando pensamos en personas resilientes nos vienen a la cabeza aquellas que han superado una enfermedad grave, la muerte de un ser querido o una experiencia muy traumática en su vida. Sin embargo, la resiliencia va mucho más allá y se puede aplicar perfectamente a esta situación de crisis en la que nos encontramos y que, al no tratarse explícitamente de una crisis financiera, sino sanitaria, todos sin excepción estamos expuestos a ella. El confinamiento y cuarentena, que la mayoría de países han impuesto por Decreto Ley, nos está obligando a buscar alternativas a tener que ir a trabajar, a poder aprovechar nuestro tiempo libre con ciertas actividades, poder visitar a nuestros amigos y familiares, salir a comprar o a pasear, viajar, acudir a consulta médica de la manera habitual, poder despedir a nuestros seres queridos cuando abandonan este mundo, en definitiva, nos está obligando a adaptarnos a todo!!

La resiliencia no es una cualidad que nos viene de fábrica como a la goma elástica, sino que la vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida casi de una manera inconsciente cuando nos vemos sometidos a presiones y situaciones inesperadas, incómodas o traumáticas. Pasado el estado inicial de shock, la mente humana empieza a crear estrategias para poner metas en el horizonte, poder adaptarse a la nueva situación y así lograr, después, una pronta recuperación o incluso salir reforzado e iniciar una nueva etapa en la vida, pues probablemente las cosas hayan cambiado a como las conocíamos y vivíamos antes de esa experiencia. Exactamente igual que el camello, que ha sido capaz de adaptarse tanto a climas desérticos como a aquellos puramente invernales. 


 ¿Qué aspectos me van a ayudar durante estos días de confinamiento a ser más resiliente?
  1. Vivimos en un momento en el que nos estamos poniendo a prueba a nosotros mismos (Autoconocimiento). Estamos siendo conscientes de muchas capacidades que éramos incapaces de valorar (tolerancia a la frustración de haber roto agendas, paciencia con quienes estamos compartiendo espacio, control emocional al no poder estar al lado de quienes queremos…) y también de habilidades (hacemos deporte en casa cuando antes lo hacíamos en el gimnasio, en la calle o simplemente no hacíamos, nos ha dado por cocinar, por hacer bricolaje, por darle patadas a un rollo de papel higiénico…).
  2. También estamos en una pausa que nos permite reflexionar sobre cosas que nunca antes teníamos tiempo de hacer (Reflexión): valorar la importancia de los pequeños detalles, echar en falta cosas que antes pasaban desapercibidas en nuestro día a día…
  3. Por supuesto, estamos reestableciendo el contacto con nuestros allegados y con los que no lo son (Socialización). Aunque parece contradictorio que en una situación de confinamiento se hable de socializarse con otros, lo estamos consiguiendo a través de las redes sociales, videollamadas, publicaciones, challenges…
  4. Cómo no, estamos estableciendo planes a futuro (Marcarse objetivos), pues estamos pensando en que “cuando todo vuelva a la normalidad” vamos a viajar, a quedar para cenar, pasear, visitar a personas que teníamos descuidadas…
  5. Y, aunque también parece contradictorio, estamos aprendiendo a disfrutar del confinamiento (Positivismo), pues estamos intentando hacer productivo nuestro encierro en cada momento, basándonos en un pensamiento positivo con mensajes internos y también compartidos como el famoso “todo va a salir bien”.
  6. Finalmente, aunque podríamos alargar esta lista, estamos sintiendo el dolor y la alegría de quienes están más allá de nuestras cuatro paredes (Empatía), aplaudiendo cada tarde a nuestros sanitarios, personal de supermercados, seguridad, limpieza…, poniéndonos en la piel de esas familias que están pasando por momentos terribles al no poder despedir a quienes acaban de perder, también en la piel de quienes están sufriendo el contagio de este virus, de quienes lo están superando y de todas y cada una de las historias que estos días inundan las noticias y las redes sociales de todo el planeta.
Como el camello, estamos pasando por ese desierto en el que no tenemos agua que beber ni arbustos que comer. Estamos aprovechando nuestras reservas pasadas almacenadas en nuestras “jorobas” (inteligencia emocional) para poder seguir avanzando por ese arduo camino que nos conduce de nuevo a ese lugar donde poder hacer nuestros días más llevaderos, no sin antes detenernos en algún oasis donde poder recuperar energía y fuerza para proseguir con el camino. Tenemos que ser conscientes de que este periodo de confinamiento acabará, pero que nuestra rutina no volverá de la noche a la mañana y necesitaremos un tiempo prudencial para poder volver a nuestras vidas sin preocuparnos constantemente por una amenaza vírica en cualquier lugar por el que nos movamos. Por ello, es importante, ser resilientes, porque cuando volvamos a nuestro estado natural, debemos ser capaces de readaptarnos hasta conseguir como mínimo ser los mismos y, aún mucho mejor, llegar a ser nuestra mejor versión, habiendo adquirido nuevos valores, nuevas capacidades y habilidades durante estos difíciles días en los que nos encontramos.
 
LOS MALOS TIEMPOS TIENEN UN VALOR CIENTÍFICO. SON OCASIONES QUE UN BUEN ALUMNO NO SE PERDERÍA (Ralph Waldo Emerson)

Mucho ánimo, mucha salud y recuerda #quedateencasa #stayathome!! 

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lunes, 4 de junio de 2018

JUNIO: Fue en la capital de los Países Bajos donde Ana Frank demostró su resiliencia


En esta ocasión os voy a hablar de la Resiliencia como capacidad que tenemos los seres humanos de sacar lo positivo en situaciones que realmente no lo son. Pero antes dejadme que os hable de los Países Bajos; país en el que enmarcaré este concepto psicológico.

El Reino de los Países Bajos se sitúa en el noroeste de Europa con una superficie de 41mil km2, de los cuales el 18.40% es agua. Tiene una población alrededor de los 17 millones de habitantes y han estado habitados desde la última glaciación. Tierras conquistadas en el s.I a.C. por los romanos, saqueadas por los vikingos durante los s.IX y XI y bajo el dominio español hasta su independencia en 1648, tras la Guerra de los ochenta años. Pero sin duda uno de sus golpes más duros y recientes ocurrió durante la II Guerra Mundial (1939-1945). Aunque se declararon neutrales, Alemania lanzó un ataque contra los Países Bajos conquistando la mayor parte del país y persiguiendo a los judíos, quienes fueron declarados enemigos del estado. Es en este periodo y concretamente en su capital, Ámsterdam, donde se ubica una de las historias más conocidas: la de Ana Frank, la niña judía que tuvo que vivir escondida junto a su hermana, sus padres y cuatro personas más en una dependencia secreta de un edificio de oficinas frente al canal Prinsengracht de la capital holandesa.

Casa de Ana Frank, en Prinsengracht 263-267


Canal Prinsengracht




Si habéis leído su Diario o conocéis su historia, entenderéis por qué hablo de Ana Frank como un claro ejemplo de persona resiliente.

Pero antes, ¿qué es la resiliencia?

Para los que nunca hayáis escuchado esta palabra os la explicaré como me la enseñaron a mí; con una de esas metáforas que a veces ayudan a asimilar conceptos que forman parte del mapa abstracto de la mente humana.

“Pensad en una goma, que la estiráis para adecuarla alrededor de un objeto, pero cuando la dejáis suelta vuelve a su estado y forma original. Pensad también en una esponja, que la presionáis para escurrir el agua que ha absorbido, pero que al soltarla vuelve a tener su misma forma inicial”

Esto es la resiliencia, la capacidad de adaptarnos a una situación adversa y salir de ella “airosos”, en el sentido de poder volver a ser la misma persona que fuimos, aunque obviamente con un aprendizaje extra que ya nadie nos puede quitar. La resiliencia es, por lo tanto, una capacidad que puede tener un componente innato, pero que en realidad se adquiere y refuerza a través de la experiencia y las vivencias que uno tiene a lo largo de su vida y el cómo éstas le influyen y las afronta. 

Para afrontar adversidades, para salir reforzado de éstas y para conseguir llevar una vida tranquila y normal a partir del acontecimiento adverso se requiere tener muy trabajados otros aspectos de la Inteligencia emocional, entre ellos:

Autocontrol: capacidad de dominar las propias emociones, pensamientos, comportamientos... 
"Querida Kitty: Hace sol, el cielo está de un azul profundo, hace una brisa hermosa y tengo unos enormes deseos de...¡de todo! Deseos de hablar, de ser libre, de ver a mis amigos, de estar sola. Tengo tantos deseos de...¡de llorar! Siento en mí una sensación como si fuera a estallar, y sé que llorar me aliviaría. Pero no puedo. Estoy intranquila, voy de una habitación a la otra, respiro por la rendija de una ventana cerrada, siento que mi corazón palpita como si me dijera '¡Cuándo cumplirás mis deseos!'. Creo que siento en mí la primavera, siento el despertar de la primavera, lo siento en el cuerpo y en el alma. Tengo que contenerme para comportarme de manera normal, estoy totalmente confusa, no sé que leer, qué escribir, qué hacer, solo sé que ardo en deseos... Tu Ana" 
(Diario de Ana Frank. 12 de febrero de 1944)
Autoconocimiento: conocerse a uno mismo, saber cuáles son los puntos fuertes y las áreas de mejora... 
"Sé perfectamente cómo me gustaría ser y cómo soy... por dentro, pero lamentablemente solo yo pienso que soy así. Y esa quizá sea, no, seguramente es, la causa de que yo misma me considere una persona feliz por dentro, y de la gente que me considere una persona feliz por fuera" 
(Diario de Ana Frank. 1 de agosto de 1944)
Motivación: encontrar aquello que te gusta, que te apasiona y te empuja a hacerlo con mayor implicación. 
"Ahora otro tema: hace mucho que sabes que mi mayor deseo es llegar a ser periodista y más tarde una escritora famosa. Habrá que ver si algún día podré llevar a cabo este delirio (?!) de grandeza, pero temas hasta ahora no me faltan. De todos modos, cuando acabe la guerra quisiera publicar un libro titulado La casa de atrás; aún está por ver si resulta, pero mi diario podrá servir de base" 
(Diario de Ana Frank. 11 de mayo de 1944)
Confianza: esperanza firme para que algo suceda. 
"Solo espero una cosa: que se odio a los judíos sea pasajero, que los holandeses en algún momento demuestren ser lo que son en realidad, que no vacilen en su sentimiento de justicia, ni ahora ni nunca, ¡porque esto de ahora es injusto!" 
(Diario de Ana Frank. 22 de mayo de 1944)
Optimismo: juzgar las cosas y los acontecimientos desde la parte más positiva 
"Querida Kitty: ¡Me han vuelto las esperanzas, por fin las cosas resultan! Sí, de verdad, ¡todo marcha viento en popa! ¡Noticias bomba! Ha habido un atentado contra Hitler y esta vez no han sido los comunistas judíos o los capitalistas ingleses, sino un germanísimo general alemán, que es conde y joven además" 
(Diario de Ana Frank. 21 de julio de 1944)
Voluntad: deseo o intención para hacer algo. 
"Sé lo que quiero, tengo una meta, una opinión formada, una religión y un amor. Que me dejen ser yo misma, y me daré por satisfecha. Sé que soy una mujer, una mujer con fuerza interior y con mucho valor. Si Dios me da la vida, llegaré más lejos de lo que mamá ha llegado jamás, no seré insignificante, trabajaré en el mundo y para la gente. ¡Y ahora sé que lo primero que hace falta es valor y alegría!" 
(Diario de Ana Frank. 11 de abril de 1944)
Aceptación: aceptar la realidad, plantarle cara y seguir hacia delante. 

"Hemos vuelto a tomar conciencia del hecho de que somos judíos encadenados, encadenados a un único lugar, sin derechos, con miles de obligaciones. Los judíos no podemos hacer valer nuestros sentimientos, tenemos que tener valor y ser fuertes, tenemos que cargar con todas las molestias y no quejarnos, tenemos que hacer lo que está a nuestro alcance y confiar en Dios. Algún día esta horrible guerra habrá terminado, algún día volveremos a ser personas y no solamente judíos" 
(Diario de Ana Frank. 11 de abril de 1944)

A pesar de su trágica vida por ser de familia judía, de tener que estar escondida en una casa-zulo en el corazón de Ámsterdam y, tras ser descubierta, tener que permanecer en los campos de concentración de Auschwitz (Polonia) y Bergen-Belsen (Alemania), Ana Frank tuvo la fuerza necesaria para hacer frente a esas adversidades, superarlas de algún modo y transformarlas en algo positivo: las líneas de su Diario. 

Tras una biblioteca se encuentra la puerta de entrada al "anexo"
donde Ana y su familia vivieron durante la ocupación alemana,
desde el 9 de julio de 1942 hasta el 4 de agosto de 1944,
cuando fueron descubiertos y capturados 

Aunque no pudo conseguirlo personalmente, Ana siempre tuvo la ilusión de publicarlo y convertirse en una gran escritora. Esa ilusión, ese sentido que ella le daba a la vida, le ayudó a lograr ser una persona con alta capacidad de resiliencia. 

Sin que ella pudiera verlo, su Diario ha sido traducido a 70 idiomas y supera los 30 millones en ventas.

Ya han pasado 11 años de esta foto, pero es la única 
que conservo de aquella visita a la Casa de Ana Frank.
Os invito a leer su Diario. ¡Yo ya lo hice! :)

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lunes, 3 de abril de 2017

ABRIL: Todos somos canela

Originaria de Oriente; además de en Sri Lanka, también se cultiva en la India y en otras zonas del mundo, incluyendo todo el sur de Asia.

Proviene de la corteza interior seca de un árbol y se puede encontrar en rama o molida, siendo su sabor el que realza el gusto al pescado, al pollo, a muchos postres, frutas e incluso a las infusiones.

En abril nuestra especia va a ser la Canela, un estupendo condimento que casa a la perfección con prácticamente cualquier plato, muy utilizado en platos tradicionales como es el arroz con leche, postre tradicional de España y de muchos países latinoamericanos.


Por la polivalencia de su uso en el realzamiento del sabor de diferentes platos, independientemente que estos sean dulces, salados, incluso picantes, este mes recurro a ella para hablar precisamente de la virtud de la polivalencia, cada vez más demandada por las empresas a la hora de buscar nuevos empleados y gestionar sus recursos humanos de manera más eficaz.

Tras estos años de mayor austeridad, debida a la profunda crisis económica mundial, han sido muchas las empresas que han tenido que ajustar sus plantillas y recortar en la contratación de personal. Ello ha obligado a los departamentos de recursos humanos a hacer encajes de bolillos para que entre las personas que estaban en los equipos de trabajo siguieran saliendo las tareas propias que, muy seguramente, antes se venían realizando con mayor número de empleados.

Los chicos y chicas “para todo” han sido necesarios en la mayoría de departamentos de las empresas, que han necesitado “profesionales orquesta” capaces de realizar distintas tareas cuando éstas fueran requeridas. A partir de entonces, la polivalencia funcional ha entrado a formar parte de muchas culturas organizacionales, no sólo exigiéndose al personal técnico o base, sino también a los mandos intermedios y cargos directivos.

Siempre que se gestione de manera adecuada, la polivalencia tiene muchas ventajas pues: 
  • Agiliza los procesos y la toma de decisiones.
  • Nos predispone al cambio, que durante estos años ha sido rápido e incierto.
  • Nos permite anticiparnos y ser proactivos (precisamente el tema tratado en marzo con la metáfora entre los perfiles problem solving y la cúrcuma).
  • Potencia la resiliencia, es decir, la capacidad de las personas de recuperarse después de pasar por situaciones complicadas.
  • Anima a las personas a seguir aprendiendo y a ser más empleables, reforzando el optimismo (tema tratado en el mes de enero con la metáfora del pimentón).

Pero ser polivalente no sólo significa estar dispuesto a realizar tareas diferentes a las que, por lo general, corresponden a tu puesto de trabajo. La polivalencia requiere que las tareas se realicen con calidad y agilidad.

¿Se equivocan las empresas al incitar a sus trabajadores a ser polivalentes? 


La verdad es que no, pero las empresas deben ser conscientes que una cosa es tener a sus equipos capacitados para desempeñar diferentes tareas según la prioridad que impere en momentos determinados, y otra cosa muy diferente es cargar a una misma persona más tareas de las que en realidad puede hacerse cargo. De esta manera sólo va a conseguir dos cosas: desmotivar al empleado y perder calidad en cualquier tarea que éste lleve a cabo.

No se debe obviar que, entre los factores que más influyen en la motivación de todo trabajador, al margen de una retribución justa, es sin duda la formación ofrecida por la empresa. Por lo que si estamos pidiendo al trabajador que sea una persona polivalente, éste deberá sentirse amparado por un soporte formativo que deberemos proporcionarle como empresa. De lo contrario, el trabajador se sentirá explotado, sentirá que el beneficio de esta polivalencia sólo es para la empresa, la cual está ahorrando dinero en salario de un nuevo empleado a costa de hacerle sentir estresado y frustrado en su desempeño laboral.

Aunque no hay duda de que la capacidad de ser polivalente está ya muy bien valorada, siguen siendo necesarios los perfiles especializados, pues tiene un conocimiento profundo y focalizado en su área y son más productivos y competitivos, obteniendo mejores resultados. Esto quiere decir que todos los perfiles son buenos en función del momento y del objetivo estratégico empresarial.

Como candidato en el mercado laboral, debes tener muy claro qué tipo de perfil eres, para saber potenciarlo y venderte acorde al mismo. Recuerda que cualquiera tiene cabida en el mundo empresarial; sólo hay que dar con la empresa que busca lo que tú ofreces:
  • Perfil Canela en rama. Perfil especialista: conocedor profundo de un área técnica, que no puede desempeñar otras funciones relacionadas. Si eres de estos, potencia tu perfil de experto.
  • Perfil Canela molida. Perfil polivalente: no eres un verdadero especialista en un área concreta, pero puedes desempeñar diferentes tareas con agilidad.
  • Perfil Canela en rama y molida. Perfil especialista/polivalente: aunque eres experto en un área técnica, eres capaz de desempeñar tanto funciones relacionadas como no relacionadas, cuando sea necesario.


Para llegar a ser más polivalente hay que potenciar una serie de habilidades personales y profesionales. Aquí te listo unas cuantas:
  • Actitud de autoaprendizajE
  • Planificar una formación continua
  • Estar a la vanguardia de las NTIC
  • No temer equivocarse. Cuanto más nos equivoquemos más práctica y experiencia estaremos acumulando
  • Desarrollar un buen networking
  • Compartir ideas y conocimientos
  • Ser creativo
  • Saber gestionarse el tiempo
  • Tener habilidades para hablar en público y no tener reparo en consultar dudas
  • Potenciar la inteligencia emocional y saber dar un toque humano a tus acciones
  • Capacidad de resolver problemas de manera proactiva
  • Habilidad para tomar decisiones
  • Tener un pensamiento crítico y constructivo
  • Trabajar en equipo
  • Saber empatizar


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