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jueves, 19 de marzo de 2026

La IA no va de tecnología

La semana pasada asistí a un evento sobre Inteligencia Artificial aplicada a Recursos Humanos y salí con una idea bastante clara: estamos poniendo demasiado foco en la tecnología y poco en lo que realmente marca la diferencia.

Las herramientas están ahí. Cada vez son más accesibles, más potentes y más fáciles de usar. Pero eso, por sí solo, no transforma nada. Como mucho, acelera lo que ya existe.

Uno de los mensajes que más se repitió fue que la IA sin cambio cultural tiene un impacto limitado. Y creo que efectivamente, esa es una de las claves. Muchas organizaciones están incorporando IA sobre procesos que ya existían, sin cuestionarlos demasiado y eso tiene un recorrido corto. Volvemos a lo de siempre, implementamos esto "porque todos lo hacen, porque es la moda", sin plantearnos que este cambio no es una simple herramienta o algo que pase de moda, sino un nuevo paradigma que revoluciona y transforma lo existente.


El cambio real viene cuando te obligas a replantear cómo trabajas, cuando dejas de preguntarte “cómo encajo la IA” y empiezas a preguntarte “qué debería dejar de hacer como hasta ahora”. Y claro, es ahí donde aparece la dificultad.

No estamos hablando solo de procesos, sino de personas que deben adaptarse a un cambio cultural en todos los niveles. Estamos hablando de líderes que tienen que tomar decisiones en entornos nuevos sin haber sido preparados para ello. Estamos hablando de equipos que tienen que adaptarse mientras gestionan incertidumbre. Y estamos hablando de una organización que, en muchos casos, no ha terminado de explicar bien el “para qué” de todo esto.

Salir de la zona de confort y entrar en una zona de incertidumbre no es cómodo, y mucho menos cuando nos sacan prácticamente de manera obligada, como ya nos ocurrió con la pandemia del coronavirus. Como ya dije entonces, sigo creyendo que muchas resistencias no tienen que ver con lo nuevo (en este caso la IA), sino con la falta de claridad y de transparencia.

En el evento también se habló mucho de bienestar y de cómo la IA puede ayudarnos a anticipar problemas como el burnout o el absentismo. Y es cierto, el potencial es enorme. Pero aquí introduciría un matiz: no todo es predecible y la IA nos va a dar el dato, pero éste no sustituye la conversación. La IA nos va a ayudar a detectar patrones, pero no a entender completamente lo que le pasa a una persona, por ello la afirmación de que el factor humano sigue siendo imprescindible.

En definitiva, estaremos de acuerdo que en la parte más operativa, el impacto ya es evidente: procesos más ágiles, mejor acceso a la información, decisiones más rápidas. Pero adoptar no es lo mismo que transformar y el impacto real llegará cuando se cambien las decisiones, no mientras se implantan herramientas. Y esto implica lo que ya sabemos que no va a ser cómodo, y no es otra cosa que la de dejar de hacer ciertas cosas como se hacían antes.

La sensación que me queda es que la IA no va de tecnología. Va de cómo decidimos trabajar, liderar y relacionarnos a partir de ahora, porque la IA puede ayudarnos a hacer mejor muchas cosas, pero no va a sustituir el criterio, ni la confianza, ni la capacidad de entender a las personas. Y ahí, como casi siempre en Recursos Humanos, es donde realmente está la diferencia.


lunes, 15 de diciembre de 2025

Lo primero sigue siendo lo primero (pero no todos lo entienden)

Antes de comenzar, quiero compartir algo que ya hice en 2022 cuando nació mi primera hija: decidí entonces pausar temporalmente mis publicaciones y respetar el momento antes de compartirlo. Esta vez, con el nacimiento de mi segunda hija, ha sido la segunda vez que he tomado la misma decisión. Por eso, mi pausa temporal en publicar en el blog, porque como dije entonces, y repito hoy: lo primero sigue siendo lo primero.

Han pasado ya bastantes meses desde que escribí la entrada ‘Lo primero es lo primero’ en la que hablaba del nacimiento de mi primera hija, de la falta de tiempo, de la necesidad de poner prioridades claras y de cómo la vida, en un momento dado, te coloca frente a un espejo y te recuerda lo verdaderamente importante. Desde entonces, muchas cosas han cambiado, entre ellas que hace apenas unos días he vuelto a ser padre. Y una vez más, todo se recoloca. La familia sigue ahí, en lo más alto de la lista. Y uno mismo también. Pero esta vez, además de vivirlo en lo personal, me he visto reflexionando aún más desde lo profesional, sobre cómo las empresas, y quienes estamos dentro de ellas, seguimos teniendo una tarea pendiente: entender que las personas somos personas antes que empleados.

A veces parece que hay que recordarlo como si fuera una novedad: nadie trabaja por el placer de asistir a reuniones o enviar informes. Trabajamos por lo que hay fuera del trabajo. Por nuestras familias, por nuestros hijos, por nuestros mayores, por nuestras pasiones, por tener un futuro más tranquilo. Y sin embargo, se sigue premiando lo contrario: quien más horas echa, quien se queda hasta el final, quien sacrifica más de su vida personal. Como si eso fuera sinónimo de compromiso. Como si dejarte la piel fuera un fin en sí mismo, y no algo que uno hace cuando siente que está en un lugar donde merece la pena hacerlo.

Cada vez oigo más hablar de conciliación. Es una palabra que se está desgastando de tanto usarla mal. Porque no es conciliación dejarte salir media hora antes un día puntual y pensar que con eso ya está pagada la deuda. Tampoco lo es trabajar desde casa si eso implica estar más disponible que nunca. Y mucho menos lo es cuando después hay miradas, comentarios o silencios incómodos si alguien decide priorizar su vida personal. Eso no es conciliación. Es poner una tirita a una herida que necesita puntos de sutura.

Conciliar de verdad implica respeto. Respeto por el tiempo de las personas, por sus ciclos vitales, por sus necesidades emocionales, por su salud mental. Conciliar no es hacer favores, es crear un entorno donde nadie tenga que pedir permiso para vivir. Hay empresas que lo están entendiendo, que empiezan a hacer cambios reales, que confían, que permiten flexibilidad sin letra pequeña, que entienden que una reunión puede esperar pero un momento con tu familia, no. Pero aún quedan muchas empresas que siguen confundiendo control con gestión, exigencia con productividad, y obediencia con compromiso.

Cuando un empleado se siente cuidado, respetado y valorado también en su esfera personal, es cuando de verdad empieza a comprometerse. Y lo hace de una forma genuina, porque no somos compartimentos estancos que podamos separar fácilmente. Lo que pasa en casa se viene al trabajo, y lo que pasa en el trabajo se va a casa. Por eso, cuando alguien tiene un buen día en lo laboral, eso también repercute en su vida personal, y al revés.

Como dije entonces, todos tenemos las mismas 168 horas a la semana. La diferencia está en cómo lo usamos y qué lugar damos a cada cosa. Lo primero sigue siendo lo primero. Y por mucho que duela escucharlo a veces desde las direcciones o propiedades de las compañías, lo primero casi nunca es el trabajo. Es tu hija o hijo, tu pareja, tu salud, tu paz mental. Y quien no entienda eso, probablemente está condenando a su equipo a vivir con el freno de mano puesto. Trabajar bien no es solo cumplir objetivos. Trabajar bien es hacerlo desde un lugar donde uno se sienta cómodo, valorado y, sobre todo, humano.


viernes, 28 de abril de 2023

"La vaca, el pajarito y el gato": una fábula con triple moraleja

Soy de esos que cuando no tiene sueño y se acuesta en la cama esperando a que la ovejita empiece a balar, voy navegando por las redes sociales y pasando de una publicación que te lleva a otra y así sucesivamente, hasta que siento que el móvil está a punto de estamparse contra mi cara; ¡¡momento de dormir!!

Anoche, siguiendo esta dinámica, pude leer una graciosa fábula que me lleva a escribir la reflexión de hoy. En realidad, esta fábula no tiene detrás solamente una, sino hasta 3 moralejas diferentes y me sentí identificado por lo vivido y por lo visto en los más de 20 años de experiencia profesional que acarreo ya a mis espaladas.

La fábula decía así:

"Un pajarito estaba volando hacia el sur para huir del invierno. Pero hacía tanto frío que se congeló y cayó en medio de un prado. Mientras estaba tendido en la hierba llegó una vaca que se le cagó encima. El pajarito se quedó hundido en la mierda de la vaca, pero pronto se dio cuenta de que era muy cálida. ¡Lo estaba calentando! Se quedó allí dentro, tumbado y feliz, y empezó a silbar de felicidad. Un gato que pasaba por allí lo oyó y se acercó a investigar. Siguiendo los silbidos, encontró al pajarito enterrado, lo sacó de allí dentro y se lo comió"

Tenemos la mala costumbre de creernos lo que otros nos cuentan sobre un tercero sin darle la oportunidad de conocerle. Confiamos muy rápido en unos sin apenas conocerles y, a la vez, desconfiamos mucho de otros cuando hemos escuchado críticas sobre ellos. Nos encanta prejuzgar por lo que dicen, hacen o nos cuentan de los demás… Y está demostrado que la mayoría de las veces metemos la pata hasta el fondo, porque de quien confiamos (el gato), nos acabamos llevando la gran sorpresa; de quien fuimos críticos y pensamos que fueron malas personas (la vaca), nos acabamos dando cuenta que tampoco lo fueron tanto y lo hicieron por nuestro bien o como mínimo sin toda la maldad que presupusimos; y porque no sopesamos las consecuencias de nuestros propios actos (el silbido del pajarito) y en vez de pensar dos veces lo que tenemos que decir, la impulsividad nos puede y acabamos perdiendo, por no haber sido lo suficientemente proactivos y habernos adelantado a lo que se nos podría venir encima, en vez de pensar sólo en el aquí y el ahora.


Esta fábula viene a resumir de manera simpática, a la vez que escatológica, estas realidades de las que muchas veces hemos sido parte involucrada y de las que muchas otras hemos sido meros observadores.

Antes de exponer las tres moralejas que se desprenden, trato de dar 3 consejos:

  • Intenta valorar las críticas que te hagan siempre de manera constructiva y no ponerte directamente a la defensiva. A veces sólo hay que hacer un pequeño esfuerzo de empatía y escucha activa para darse cuenta de que lo que otros te dicen es para ayudarte y no para atacarte ni hundirte. Ni el malo es tan malo...
  • Trata de conocer a la persona antes de prejuzgar y dejarte contaminar por comentarios que sobre ella puedas escuchar. Después, ya serás tú mismo quien valore si merece la pena seguir la relación o si, por el contrario, lo que te dijeron era totalmente cierto. Acuérdate que de gente tóxica y de la que mal meten contra otros están las empresas llenas y, a veces, nos fiamos más de estos que son quienes nos acaban dando la patada. ...ni el bueno tan bueno.


  • Procura poner en práctica técnicas como la meditación para calmarte y tratar de no ser impulsivo y visceral, pues muchas veces se pierde la razón por la boca y una situación que podría haber quedado en anecdótica o algo delicada, se convierte en un desastre difícil de reparar después. Quien mucho habla, mucho yerra.

Y ahora sí, sobre estos tres consejos, las 3 moralejas de la fábula:

1.    No todo aquel que te tira mierda encima es tu enemigo.

2.    No todo aquel que te saca de la mierda es tu amigo.

3.    Y si estás de mierda hasta el cuello, mantén el pico cerrado.



viernes, 28 de mayo de 2021

La conciliación, un 'must' en las ofertas de trabajo

Hace ya bastantes años que la “conciliación” es uno de los conceptos clave en las ofertas de empleo más atractivas, además de uno de los más valorados por los candidatos y las candidatas que buscan empleo. Aunque hoy en día la conciliación debería estar accesible para cualquier persona, independientemente del género, edad y posición jerárquica dentro de una empresa, todavía existen grandes carencias en el ofrecimiento y el acceso a este “casi derecho” que deberíamos tener todas las personas. Sin excluir a otras, ha sido en gran parte gracias a las nuevas generaciones y a sus principales prioridades de vida, que la búsqueda de la conciliación como principio y valor en las organizaciones se ha ido imponiendo poco a poco en el entramado laboral de las sociedades modernas.

Pero conciliar, no significa la posibilidad de entrar media hora antes o después al puesto de trabajo para recuperarla en la salida; conciliar significa mucho más. Es establecer estructuras y sistemas de apoyo adecuados que permitan compatibilizar los diferentes roles que las personas han decidido asumir en su entorno laboral, personal, familiar, social, etc.

Ha llegado el momento de ir más allá de la pura definición del término conciliación. Se ha ido haciendo bastante evidente, y hasta cierto punto se ha entrado en bucle, el asumir que en las últimas décadas las mujeres se han incorporado de forma masiva al mercado de trabajo y que los roles tradicionales de género han ido cambiando. En ocasiones, cuando hablamos de conciliación, parece que ésta se aplique exclusivamente a la mujer, como "un favor" que las empresas le están haciendo para poder llegar las otras tareas familiares. Sin embargo, gracias a la lucha continua en defensa de la igualdad, poco a poco se va asumiendo que la conciliación debe ir orientada por igual a mujeres y hombres, quienes de manera natural deben asumir el rol de padre/madre o amo/a de casa en el entorno familiar, al igual que el de jefe/a o director/a en el entorno laboral.

Conciliar, como todo, conlleva para las empresas ventajas e inconvenientes, pero a diferencia de lo que se pueda pensar globalmente, las ventajas superan y eclipsan con creces cualquier inconveniente que podamos plantearnos.

Las principales ventajas para una empresa que ofrece conciliación son la atracción y retención del talento, competitividad en el mercado laboral, mejora del clima laboral y reducción del absentismo, así como repercusión positiva en términos de productividad e imagen corporativa.

Los inconvenientes que podríamos pensar para una empresa que apueste por ella, podrían ser los derivados de la implantación, de los costes de cumplimiento de la legislación y de los costes de tiempo para poner en marcha políticas de conciliación.

Pero como decíamos, las políticas de conciliación no siempre suponen un coste añadido. No hay que olvidar que aquellas medidas que a priori sí suponen una inversión económica para la organización, también suponen un retorno de la inversión en un medio y largo plazo al hablar de claros beneficios en la motivación de los empleados y empleadas que van a mejorar su rendimiento y, con ello, la productividad.

Las empresas de hoy en día deben tener cierta actitud sensible hacia esta cuestión, porque también las empresas forman parte de la gran red social, e igual que la escuela tiene que educar a los niños y niñas en cuestión de igualdad, también lo deben hacer las empresas.

La falta de corresponsabilidad y la existencia de trabas para conciliar la vida personal, familiar y laboral, contribuyen a una discriminación laboral, muchas veces de manera inconsciente, que hace que existan, por ejemplo, esas diferencias salariales entre mujeres y hombres que han llevado a los Gobiernos a establecer leyes para erradicarlas. Es por ello, que uno de los valores fundamentales en cualquier organización de hoy en día debería ser la igualdad entre sus empleados y empleadas, orientada a ofrecer las mismas posibilidades salariales, de promoción, de conciliación, de flexibilidad horaria, etc.

Ha quedado totalmente obsoleto el pensamiento de que la vida personal y familiar de los empleados pertenece al ámbito privado y que las organizaciones no tienen que hacer nada con ello. La evolución de las políticas de igualdad, la incorporación de la mujer al mundo laboral y el talento existente obviamente en cualquiera de los dos géneros, hace abrir la mente y por eso cada vez hay más organizaciones preocupadas por la vida personal de sus plantillas. Cualquier persona dentro de la organización, incluida la Dirección, debería sentir la necesidad de equilibrar su vida profesional con la personal. De no ser así, y pensar únicamente en las cifras de negocio, estaríamos ante un grave problema, ya que se estaría descuidando una de las partes más importantes de la vida que es la personal, en la que se incluye la familia y el disfrute del tiempo libre, por poner sólo un par de ejemplos. No olvidemos nunca que, ante todo, somos personas.

martes, 12 de enero de 2021

Reinventarse es volver a nacer, pero con experiencia

Si algo tiene de especial este 2021 que acabamos de estrenar es la conjunción de miles de millones de personas pidiendo un único deseo: salud.

Atrás acabamos de dejar uno de los años más difíciles en la historia de la humanidad, en el que una pandemia ha encontrado hueco en prácticamente todos los rincones del planeta, aniquilando a centenares de personas por donde ha pasado, rompiendo con la vida social que hasta entonces llevábamos, también quebrantando las economías familiares, empresariales y sociales…, por señalar sólo algunos ejemplos.

Han sido 9 meses de pérdida de libertades, de mucha incertidumbre, de miedo a perder la salud propia y la de nuestros seres queridos, de cierta irresponsabildad, pero de mucha colaboración por la gran mayoría de los ciudadanos, de muchos sobreesfuerzos por parte de los sanitarios, los cuerpos de seguridad, limpieza, servicios esenciales,… y de lucha por encontrar una vacuna que permita frenar las curvas de contagio, las víctimas y el caos ocasionado por este virus.

Por ahora, en plena tercera ola en Europa y en crecimiento continuo desde que todo comenzó en países como Brasil o Estados Unidos, disponemos por fin de una vacuna que nos da un ápice de esperanza para afrontar un 2021 que tampoco tiene pinta de que será fácil.

Al deseo único de “salud” que todos pedimos a este nuevo año se unen las ganas por mejorar, por salir del túnel, por seguir manteniendo la esperanza y el optimismo, sin perder en ningún momento tampoco la salud mental, que nos permitirá afrontar resilientemente todos estos inconvenientes con los que día tras día nos estamos encontrando.

Tanto positivismo inyectado en la sociedad no debe ser malo y, por ello, quiero seguir en esta línea defendiendo que, aunque los meses venideros sigan siendo difíciles, encontraremos la manera de remontar y salir reforzados de una crisis sanitaria mundial que nos tiene descolocados. Posteriormente, tocará también salir reforzados de la crisis económica que ya se empieza a sentir en muchos sectores en particular y en la economía mundial en general, pero por desgracia, de éstas, ya estamos más acostumbrados a salir y tenemos más bases y herramientas para lograr hacerles frente.

Cambiando de tema, pero en relación a las consecuencias que la Covid está teniendo en todos los ámbitos de las personas, me toca ahora presentar cuál va a ser el nuevo giro que “Nosotros: las personas” va a tener a partir de este nuevo año. Este blog, que comenzó en 2012 como “Nosotros: las personas en la empresa” y que cuatro años después, a principios de 2017, pasó a llamarse simplemente “Nosotros: las personas”, cumple ahora 8 años en los que se han publicado más de 350 artículos, de los cuales unos 200 son publicaciones propias y el resto compartidas de otros autores, pero todos ellos referidos a temáticas que nos tocan de pleno en nuestras vidas: reflexiones sobre la autoayuda, los valores, las empresas, los equipos de trabajo, la comunicación..., en definitiva, cómo todo nos afecta en lo más hondo de nuestro ser y cómo esa afectación a la vez se interrelaciona con otras personas, con las que interactuamos en los diferentes contextos en los que vivimos.

Estos 8 años han dado como resultado la publicación de ocho ebooks de descarga gratuita, a través de la propia web del blog, que recogen todas estas reflexiones y, de los cuales, los últimos 4 han estado vinculados a diferentes analogías relacionadas con condimentos culinarios, con países, con personalidades famosas y con animales, de quienes hemos sido capaces de contextualizar cada una de las temáticas tratadas.

Estas temáticas anuales, con sus respectivos temas mensuales, dejarán parte a una tercera reinvención del blog en la que, a partir de este año, publicaré sobre reflexiones y temáticas habituales basadas en la experiencia personal / profesional, principalmente, en mi sector de actividad: recursos humanos, sin olvidar nunca que detrás de eso a lo que ponemos la etiqueta “recursos humanos”, estamos hablando de personas concretas, con nombre, apellidos e historias, mucho más allá de un simple número de empleado en cualquier empresa.


Seguiremos aportando a este espacio que, aunque cueste de apreciar a primera vista, lleva mucho trabajo y dedicación detrás para dotarlo de contenido, creatividad e interés de cara a vosotros, quienes me seguís, leéis y alentáis a escribir, al menos, durante un año más.

Gracias a todos por vuestra atención y bienvenidos a quienes os incorporáis por primera vez a este espacio dedicados a todos nosotros, a todas las personas.

Feliz 2021!

Álex

martes, 2 de abril de 2019

ABRIL: Will Smith, el tío más feliz de la pequeña y gran pantalla


La felicidad es el tema que va a ocupar espacio en ‘Nosotros: las personas’ durante este mes de abril. Y como no podía ser de otra manera cuando pienso en un personaje famoso que inspire felicidad, me viene a la cabeza el tío más feliz que veía en TV cada mediodía cuando salía del colegio y llegaba a casa a comer: el Príncipe de Bel-Air.

En efecto, Will Smith es el personaje que acompaña al tema del mes. Willard Carroll Smith, Jr. es un actor y rapero estadounidense que ha tenido éxito en ambas facetas artísticas. Alcanzó su fama precisamente durante los 90 con la serie de televisión ‘The Fresh Prince of Bel-Air’, ‘El Príncipe de Bel-Air’ en la versión española. A mitad de los 90 pasó de la pequeña a la gran pantalla, actuando en películas taquilleras como ‘Dos policías rebeldes’, ‘Independence Day’, ‘Men in Black’, ‘Yo, robot’ o ‘En busca de la felicidad’, entre otras, y fue nominado tanto en los Premios Óscar como en los Globo de Oro.


A Will Smith le hemos visto en numerosas ocasiones en el programa de la televisión española ‘El hormiguero’, como invitado. En 2013, adquirió los derechos para EEUU de este programa. Y, siempre el humor, la sonrisa y el “buen rollo” le acompañan.

Sobre la última de las películas que he mencionado antes, ‘En busca de la felicidad’ (2006) se cuenta la historia basada en hechos reales de Chris Gardner, un padre indigente que llegó a ser multimillonario en la década de los 80. Esta película habla del afán de superación y del no rendirse nunca, acompañado siempre de un buen saber estar, una excelente educación, calidad de servicio y entrega, coraje, sacrificio, confianza, ilusión y positivismo.


Y es que la felicidad… ¿qué es la felicidad mas que un estado de utopía abstracto e inalcanzable como tal?. Esta sería mi pregunta y a la vez respuesta sobre el término que todos perseguimos e intentamos definir durante nuestros años en este mundo. Nadie sería capaz de definirla correctamente y, en cambio, todos sabrían explicarla teniendo razón… porque la felicidad es un ente abstracto que cada uno la interpreta, la percibe y la vive (o no) a su manera.

Un indigente, un anciano, un barrendero, un niño sin recursos que vive en el África subshariana o un paciente de la unidad de oncología de un hospital infantil pueden ser igual o más felices que los que ocupan las primeras posiciones del Forbes, el director general de una gran compañía, el niño que vive en el centro de Mónaco o en Bervely Hills o el que disfruta de unas vacaciones esquiando en las pistas de Zermatt en Suiza.

La felicidad es un estado momentáneo que tiene un efecto de subida y otro de bajada claramente definidos. Acuérdate de un momento en el que hayas tenido una gran sorpresa, seguro que te has sentido la persona más feliz del mundo ¿cuánto tiempo dura esa sensación?, ¿minutos, quizás horas?... pero después ya vuelves a “no ser tan feliz como te gustaría” y a seguir buscando esa zanahoria de la felicidad que tienes ahí delante de por vida y que nunca logras coger.


Cuando escucho a alguien decir que no es feliz siempre doy el mismo consejo… no mires todo de manera global, piensa y céntrate en lo pequeño: salir a pasear, a correr, escuchar el canto de los pájaros mientras das una vuelta, el sonido de las olas al romper en la orilla del mar, un delicioso café en tu terraza preferida, la lectura de un libro, una conversación con tu madre,… cualquier momento es válido para sentirse feliz. Ésa y no otra es la auténtica felicidad, la tienes ahí, a tu alcance en cada momento. Sólo depende de ti que quieras agarrarla y disfrutarla durante un efímero instante.

"Money and success don't change people; they merely amplify what is already there"

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lunes, 5 de noviembre de 2018

NOVIEMBRE: La tolerancia vista en el caso de Christiania, un barrio independiente en el corazón de Dinamarca


Si nos ponemos a pensar en países que suelen estar en el top 10 de la mayoría de tópicos positivos como son la situación economía, la felicidad y el bienestar de los ciudadanos, el sistema educativo y sanitario, los buenos hábitos de vida saludable, los menores índices de corrupción… siempre nos encontramos con que Dinamarca está entre ellos. País que acabo de visitar por primera vez apenas hace unos días y que constituye el marco donde reflexionaré sobre el tema de este mes: la tolerancia.
Antes, conozcamos un poco del país que en su tiempo tuvo el poder de toda Escandinavia. El Reino de Dinamarca es el país más meridional de los países nórdicos con una superficie de 43.094km2 y una población que no alcanza los 6 millones de habitantes, siendo su capital, Copenhague, la ciudad más poblada. Aunque se piensa que estuvo habitada hace unos 120.000 años, los restos arqueológicos más antiguos que se han encontrado datan del 12.500 a.C. Hasta la llegada del cristianismo, Dinamarca estuvo ocupada por los vikingos (siglos VIII-XI), periodo en el que tuvo un gran poder llegando a conquistar incluso Inglaterra. Durante los siglos siguientes, las relaciones entre los reyes y la Iglesia fueron conflictivas, hasta que en el s.XIV la reina Margarita I contrajo matrimonio con Haakon VI de Noruega en un intento de unir los dos reinos y Suecia. Durante el reinado de la monarca, las actuales Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia, Islandia, Groenlandia y las Islas Feroes estuvieron unidas en lo que se conocía como la Unión de Kalmar, que estuvo vigente hasta el siglo XVI. A partir de ahí, numerosas derrotas danesas, principalmente durante la época napoleónica, fueron quitando el ostentoso poder territorial de Dinamarca, convirtiéndola en la actualidad en el más pequeño de los países nórdicos.

En este reciente viaje a Dinamarca he visitado algunas poblaciones de la isla de Selandia como son Helsingør, Hillerød y la propia Copenhague. Por todos es sabido que la famosa estatua de la Sirenita de Copenhague es la atracción más famosa y visitada de la ciudad, pero personalmente lo que más me llamó la atención fue la segunda atracción más visitada y quizás menos conocida hasta que investigas un poco más a fondo. Se trata de llamada ciudad libre de Christiania. 


Aquí todavía en la Unión Europea y en Dinamarca,
a punto de cruzar la puerta de acceso a Christiania
Este barrio, en pleno centro de Copenhague, ocupa un antiguo terreno militar de 34 hectáreas. Con total impunidad, pero de manera ordenada, este barrio “independiente” tiene sus propias leyes desde 1971. Actualmente, viven ahí unas 1000 personas que se autogobiernan, se autoabastecen y no pagan impuestos. No se consideran daneses y ni siquiera miembros de la Unión Europea. En Christiania todo lo que comen lo cultivan ellos, tienen su propia cerveza, se generan su propia energía y la venta y consumo de drogas blandas está a la orden del día y a la vista del turista que pasea por sus calles y cuya única norma de acceso es no sacar la cámara de fotos (excepto en los lugares donde se indique lo contrario).


Izquierda arriba: una de las calles de Christiania.
Izquierda abajo: cartel de salida de Christiania, donde indica que vuelves a entrar de nuevo a la Unión Europea
Derecha: una de las fachadas de los barracones de Christiania

Y la pregunta que todos nos hacemos, ¿cómo un país tan ejemplar como Dinamarca consiente tener en pleno corazón de su capital una ciudad sin ley?. Pues gustará más o menos al gobierno danés, pero aquí tenemos un claro ejemplo de la tolerancia, un valor que se define como la consideración o respeto hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras, obviamente siempre que no causen un perjuicio al bienestar personal. En este caso, es evidente que los daneses no deben ver muy perjudicial la existencia de Christiania, si ésta ya va camino de cumplir los 50 años.

La tolerancia es un valor que tanto en el mundo personal como en el ámbito profesional tenemos que trabajar para evitar, primero, malestar interno y personal y para potenciar, después, el buen clima con aquellos que nos rodean y con los que compartimos momentos y proyectos.

Igual con la familia o los vecinos, los compañeros de trabajo no se eligen (a no ser que seas el Director General de la compañía). Simplemente, te ha tocado compartir con ellos tu espacio, tu tiempo y muchas situaciones en las que la unión del grupo/equipo va a ser necesaria y determinante para afrontar problemas y retos. ¿Qué mejor manera que la de hacerlo bajo el paraguas de este gran valor al que se le llama tolerancia?

Sólo trabajando internamente este valor e inculcándolo a quienes nos tienen como referente, conseguiremos una sociedad más íntegra y fácil, un trabajo más colaborativo, coordinado, productivo y con unos proyectos elaborados de la manera más eficiente. En definitiva, un mundo mejor, más colorido, donde todos los colores, formas y estilos puedan tener cabida.
Uno de los pocos espacios donde está permitido sacar la cámara de fotos

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miércoles, 1 de febrero de 2017

FEBRERO: El azafrán y la humildad, dos conceptos de mucho valor

En Enero hemos utilizado el Pimentón como especia que, sin ser el ingrediente principal, da color a los platos, del mismo modo que el Positivismo da color a nuestras vidas.

El recurso metafórico del Pimentón como Positivismo lo traslado al mes de Febrero con otra especia muy importante para colorear algunos platos, pero también muy importante por ser la especia más cara del mundo. Su precio en España es superior a los 3.000€ el kilo.
 




El Azafrán es una especia que se obtiene de los estigmas secos de la flor del Crocus. Su precio es tan elevado por la dificultad de su cultivo y recolección, sólo basta pensar que para obtener medio kilo de azafrán se necesitan 40 kilos de estas flores. El oro rojo, como también se le conoce,  se cultiva en Irán, Italia, Francia, Marruecos y la Península Ibérica. Su aroma es fuerte y exótico, y es el ingrediente que da color a la paella, pudiendo combinar también a la perfección con arroces, pescados y pollo.



 
Con toda esta información, podemos hacernos una idea del valor que tiene esta especia mucho más allá de su uso como condimento en la cocina. Llega pues el momento de seguir explicando el porqué elijo el azafrán como especia para este mes de febrero.

Durante los próximos meses hablaremos de trabajo en equipo, de marca personal, de comunicación interpersonal, etc… pero nada de esto sería posible o, mejor dicho, nada de esto sería sincero, sin el valor más importante de todos los valores humanos: la humildad.


El azafrán, especia con un precio de oro, que combina bien con prácticamente cualquier plato,  cuyo cultivo requiere delicadeza, y cuya existencia probada de su uso culinario y medicinal data más allá del año 2300 a.C., es la especia perfecta para explicar la humildad. Un valor humano de mucho valor, valga la redundancia, que combina a la perfección con cualquier interacción social en la que pensemos, que requiere cultivo y poso para que llegue a ser parte de nuestra personalidad y cuya importancia podemos trasladarla también a años remotos, pues siendo humilde, cualquiera fue, es y será capaz de alcanzar sus logros y desarrollar su crecimiento personal.

Ser humilde es, primero de todo, ser consciente de nuestros propios méritos, pero también de nuestras limitaciones. La arrogancia que muestran muchas personas, principalmente las que ostentan cargos o bienes económicos muy por encima de los nuestros, es lo que en este artículo podríamos denominar el falso azafrán, el colorante amarillento que no sirve ni para tintar el agua.

Debemos ser conscientes que nunca acaba el camino del aprendizaje, por mucha experiencia que llevemos a nuestras espaldas o por mucha responsabilidad que se nos haya dado en una empresa, en una nación o en cualquier comunidad. Todas las personas estamos dotadas de talento, de experiencias vividas, de sabiduría que podremos compartir con otros, creando redes de conocimiento mucho más potentes que el conocimiento que pueda tener una sola persona por muy experta que sea.

Hay ciertas personas (seguro que conoces varias) que cuando la vida le sonríe de manera continuada y que todo se lo han dado prácticamente hecho, olvidan el esfuerzo que conlleva el cultivo de los valores, su mantenimiento y la delicadeza de su recolección. Se convierten en seres impacientes, arrogantes y soberbios, que sólo se dan cuenta de su falta cuando la vida les juega en contra y son conocedores de que nadie está ahí para atenderles.

Sólo las personas humildes consiguen calar en los demás, independientemente de la posición jerárquica, social o económica que estos tengan. Imaginemos en un contexto empresarial la figura de aquel jefe que “cae bien” a todos o casi todos los empleados de la organización. Seguramente, se trate de una persona respetuosa, con cierto carisma, inteligente, cuidadosa, detallista, pero seguro que también es una persona humilde, porque sin este valor, ninguno de los otros tendría efecto positivo. Cuando el jefe no es alguien querido, aunque aparentemente y de cara a la galería parezca todo lo contrario, se da la situación que existen factores como el miedo o el interés que coaccionan a sus “falsos seguidores” a que lo sean. En este caso, cualquier desavenencia en la vida del jefe, será la oportunidad perfecta para que se muestre la verdadera cara de la moneda, porque será evidente que quienes supuestamente le apoyaron se habrán esfumado como humo en el viento.

Estamos hartos de ver cómo una repentina fortuna, la fama o el poder hace de personas aparentemente normales, personas arrogantes y sin atisbo de humildad. Seguramente, sus padres les educaron en valores (por supuesto, también en humildad), les enseñaron que cualquier persona les podría enseñar cosas, que cualquiera merecería ser escuchado y ayudado, etc. pero una situación afortunada como las arriba comentadas les cegó por completo en el valor más importante del ser humano.

Para finalizar, quisiera compartir con vosotros este cuento con moraleja del poeta venezolano Aquiles Nazoa que habla sobre la soberbia y arrogancia como caminos que van en contra de cualquiera que elija esta opción frente a la opción más sensata que es la de la humildad.

La Ratoncita Presumida

Hace ya bastantes años,
doscientos años tal vez,
por escapar de los gatos
y de las trampas también,
unos buenos ratoncitos
se colaron en un tren
y a los campos se marcharon
para nunca más volver.

Andando, andando y andando
llegaron por fin al pie
de una montaña llamada
la montaña “Yo-no-sé”,
y entonces dijo el más grande:
lo que debemos hacer
es abrir aquí una cueva
y quedarnos de una vez
porque como aquí no hay gatos
aquí viviremos bien.

Trabaja que te trabaja
tras roer y roer
agujereando las cuevas
se pasaron más de un mes
hasta que una hermosa cueva
lograron por fin hacer
con kioskos, jardín y gradas
como si fuera un chalet.

Había entre los ratones,
que allí nacieron después,
una ratica más linda
que la rosa y el clavel.
Su nombre no era ratona,
como tal vez supondréis,
pues la llamaban Hortensia
que es un nombre de mujer.

Y era tan linda tan linda
que parecía más bien
una violeta pintada
por un niño japonés:
que parecía hecha de plata
por el color de su piel
y su colita una hebra
de lana para tejer.


Pero era muy orgullosa
y así ocurrió que una vez
se le acercó un ratoncito
que allí vivía también
y que alzándose en dos patas,
temblando como un papel,
le pidió a la ratoncita
que se casara con él.

¡Qué ratón tan parejero!
-dijo ella con altivez-.
Vaya a casarse con una
que esté a su mismo nivel,
pues yo para novio aspiro,
aquí donde usted me ve,
a un personaje que sea
más importante que usted.

Y saliendo a la pradera
le habló al Sol gritando: ¡Jeeey!
Usted que es tan importante,
porque del mundo es el rey,
venga a casarse conmigo
pues yo soy digna de ser
la esposa de un personaje
de la importancia de usted.

Más importante es la nube
-dijo el Sol con sencillez-
pues me tapa en el verano
y en el invierno también.
Y contestó la ratica:
Pues que le vamos a hacer…
Si es mejor que usted la nube
con ella me casaré.

Mas la nube al escucharla,
habló y le dijo a la vez:
Más importante es el viento
que al soplar me hace correr.
Entonces -dijo la rata-
entonces ya sé que hacer,
si el viento es más importante
voy a casarme con él.

Mas la voz ronca del viento
se escuchó poco después
diciéndole a la ratona:
Ay Hortensia, ¿sabe usted?,
mejor que yo es la montaña
aquella que allí se ve,
porque detiene mi paso
lo mismo que una pared.

Si mejor es la montaña 
con ella me casaré
-contestó la ratoncita-,
y a la montaña se fue.
Mas la montaña le dijo:
¿Yo importante? ¡Je, je,je!
Mejores son los ratones
los que viven a mis pies,
aquellos que entre mis rocas
tras de roer y roer,
construyeron la cuevita,
de donde ha salido usted.

Entonces la ratoncita
volvió a su casa otra vez
y avergonzada y llorando
buscó al ratoncito aquel
a quien un día despreciara
por ser tan chiquito él.

¡Oh, perdóname Alfredito!
-gimió cayendo a sus pies-,
por pequeño y por humilde
un día te desprecié,
pero ahora he comprendido,
y lo he comprendido bien,
que en el mundo los pequeños
son importantes también.

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