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lunes, 15 de diciembre de 2025

Lo primero sigue siendo lo primero (pero no todos lo entienden)

Antes de comenzar, quiero compartir algo que ya hice en 2022 cuando nació mi primera hija: decidí entonces pausar temporalmente mis publicaciones y respetar el momento antes de compartirlo. Esta vez, con el nacimiento de mi segunda hija, ha sido la segunda vez que he tomado la misma decisión. Por eso, mi pausa temporal en publicar en el blog, porque como dije entonces, y repito hoy: lo primero sigue siendo lo primero.

Han pasado ya bastantes meses desde que escribí la entrada ‘Lo primero es lo primero’ en la que hablaba del nacimiento de mi primera hija, de la falta de tiempo, de la necesidad de poner prioridades claras y de cómo la vida, en un momento dado, te coloca frente a un espejo y te recuerda lo verdaderamente importante. Desde entonces, muchas cosas han cambiado, entre ellas que hace apenas unos días he vuelto a ser padre. Y una vez más, todo se recoloca. La familia sigue ahí, en lo más alto de la lista. Y uno mismo también. Pero esta vez, además de vivirlo en lo personal, me he visto reflexionando aún más desde lo profesional, sobre cómo las empresas, y quienes estamos dentro de ellas, seguimos teniendo una tarea pendiente: entender que las personas somos personas antes que empleados.

A veces parece que hay que recordarlo como si fuera una novedad: nadie trabaja por el placer de asistir a reuniones o enviar informes. Trabajamos por lo que hay fuera del trabajo. Por nuestras familias, por nuestros hijos, por nuestros mayores, por nuestras pasiones, por tener un futuro más tranquilo. Y sin embargo, se sigue premiando lo contrario: quien más horas echa, quien se queda hasta el final, quien sacrifica más de su vida personal. Como si eso fuera sinónimo de compromiso. Como si dejarte la piel fuera un fin en sí mismo, y no algo que uno hace cuando siente que está en un lugar donde merece la pena hacerlo.

Cada vez oigo más hablar de conciliación. Es una palabra que se está desgastando de tanto usarla mal. Porque no es conciliación dejarte salir media hora antes un día puntual y pensar que con eso ya está pagada la deuda. Tampoco lo es trabajar desde casa si eso implica estar más disponible que nunca. Y mucho menos lo es cuando después hay miradas, comentarios o silencios incómodos si alguien decide priorizar su vida personal. Eso no es conciliación. Es poner una tirita a una herida que necesita puntos de sutura.

Conciliar de verdad implica respeto. Respeto por el tiempo de las personas, por sus ciclos vitales, por sus necesidades emocionales, por su salud mental. Conciliar no es hacer favores, es crear un entorno donde nadie tenga que pedir permiso para vivir. Hay empresas que lo están entendiendo, que empiezan a hacer cambios reales, que confían, que permiten flexibilidad sin letra pequeña, que entienden que una reunión puede esperar pero un momento con tu familia, no. Pero aún quedan muchas empresas que siguen confundiendo control con gestión, exigencia con productividad, y obediencia con compromiso.

Cuando un empleado se siente cuidado, respetado y valorado también en su esfera personal, es cuando de verdad empieza a comprometerse. Y lo hace de una forma genuina, porque no somos compartimentos estancos que podamos separar fácilmente. Lo que pasa en casa se viene al trabajo, y lo que pasa en el trabajo se va a casa. Por eso, cuando alguien tiene un buen día en lo laboral, eso también repercute en su vida personal, y al revés.

Como dije entonces, todos tenemos las mismas 168 horas a la semana. La diferencia está en cómo lo usamos y qué lugar damos a cada cosa. Lo primero sigue siendo lo primero. Y por mucho que duela escucharlo a veces desde las direcciones o propiedades de las compañías, lo primero casi nunca es el trabajo. Es tu hija o hijo, tu pareja, tu salud, tu paz mental. Y quien no entienda eso, probablemente está condenando a su equipo a vivir con el freno de mano puesto. Trabajar bien no es solo cumplir objetivos. Trabajar bien es hacerlo desde un lugar donde uno se sienta cómodo, valorado y, sobre todo, humano.


lunes, 2 de enero de 2023

"Lo primero es lo primero": una reflexión sobre familia y trabajo

Es la primera vez en 10 años que estoy tanto tiempo sin publicar una entrada en este blog. Concretamente, 7 meses desde la última que publiqué en el mes de mayo. Antes, semanal o mensualmente, iba publicando diferentes reflexiones, a pesar de que últimamente es cierto que ya disponía de mucho menos tiempo para sentarme y redactar. En esta ocasión, la falta de tiempo es de nuevo la causa, pero siendo sinceros también es que en mi lista de prioridades todo ha bajado como mínimo un escalón porque en el más alto ahora está mi hija. En junio fui padre y, como siempre digo a mis compañeros de trabajo, “lo primero es lo primero”. Y sobre esto voy a hablar en este post, no sin antes felicitar a mis lectores este nuevo año que espero venga cargado de buenos momentos y noticias.

De las 168 horas que tiene una semana, 40 nos las tiramos en el trabajo, pongamos que otras 40 durmiendo y de la mitad que nos queda debemos sacar tiempo para estar con la familia, hacer vida social, practicar actividades de ocio, comer, comprar, médicos, bancos, gestiones varias y para mimarnos a nosotros mismos. Lo cierto es que a la mayoría de las personas nos falta tiempo para abarcarlo todo y es el momento de tomar decisiones y marcar prioridades.


A esta realidad se le añade otra y es que somos la misma persona allá donde nos hallemos o hagamos lo que estemos haciendo y, por ende, es prácticamente imposible desconectar de una situación para conectar al 100% en otra. Se puede trabajar mucho en ello, pero siempre vamos a arrastrar estados anímicos de un contexto a otro y de un rol a otro, por mucho que queramos evitarlo. Ojalá todo fuera tan fácil como a la vez que ficho la entrada en mi puesto de trabajo, desconectar el interruptor de los problemas que tenga en mi vida personal, o al fichar la salida, desconectar el interruptor de los marrones que me haya tenido que comer en mi jornada laboral.

El poco tiempo y la imposibilidad de desconexión completa entre las esferas en las que nos movemos hace que, en muchas ocasiones, debamos tener clara nuestra lista de prioridades y tratar de poner el foco en aquello que más feliz nos haga o que más nos esté ayudando en un determinado momento de nuestra vida, para tratar de diluir y olvidar lo que nos estresa o nos descoloca emocionalmente.

Cuando un empleado me dice que tiene un problema en casa o, como en mi caso este año, una nueva y buena noticia, siempre les digo lo mismo: “atiende a ello, lo primero es lo primero”. Obviamente, no se está dando manga ancha a un deterioro en el rendimiento laboral, sino que se le da el permiso para que esté tranquilo si en determinado momento va a necesitar flexibilidad para poder sobrellevar la nueva situación.

El trabajo y la familia, por centrarnos en dos de los contextos que más suelen importarnos a las personas, se hacen cada vez más compatibles gracias a los derechos (retribuidos y no retribuidos) que se nos otorgan a los trabajadores para poder dedicar más tiempo a la casa. Cada vez son más las empresas que apuestan por la flexibilidad laboral y la conciliación de la vida laboral y familiar, permitiendo trabajar desde casa, realizar reuniones de manera virtual o mejorando horarios y huyendo del presentismo innecesario que tan importante había sido en décadas pasadas.

Pero que las empresas, las leyes y la sociedad estén cada vez más abiertas a esta conciliación no es suficiente. Nosotros también debemos aprender a conciliar el trabajo con la vida familiar y para ello es necesario saber organizarse, gestionar la frustración al ver inviable el llegar a todo y ser capaz de encontrar momentos de autocuidado en los que tengamos la posibilidad de desconectar tanto del trabajo como de la familia para centrarnos en nosotros mismos.

Por lo tanto, sí, lo repito, “lo primero es lo primero”, pero para ponerlo en práctica debemos ser capaces de planificarnos, poner objetivos y metas realistas, marcar tiempos y horarios, aceptar que no siempre vamos a llegar a todo, delegar siempre que sea posible en otras personas aquellas cosas que me ocupan tiempo y quizás no son necesarias que yo mismo lidere en todo momento, adaptar nuestra fuerza interior de cada momento a las exigencias que se nos presentan y adaptar también nuestro desgaste energético a las diferentes etapas laborales o familiares por las que vamos pasando con el paso del tiempo.

Como se suele decir… “Nadie está demasiado ocupado, es solo cuestión de prioridades”

El estrés laboral no se elimina, se gestiona

Hay una idea que me parece especialmente importante cuando hablamos de estrés laboral y es la de que no podemos pretender que las personas t...