miércoles, 11 de noviembre de 2015

Análisis psicológico de "El maravilloso mago de Oz"

"El maravilloso mago de Oz" es una de esas historias que nos muestra diferentes aspectos de la personalidad humana que requieren de nuestra atención y trabajo interior permanente y continuo. El trabajo personal, que en muchas ocasiones olvidamos por estar ocupados en otras cosas, es el que nos va a permitir madurar y estar preparados ante las adversidades que puedan acontecer en nuestras vidas.

Encontrar el equilibrio entre lo emocional y lo racional es esencial para poder afrontar nuestros miedos y para ser fuertes en situaciones que lo requieren, permitiéndonos además echar un capote a aquellas personas de nuestro entorno que la precisen.


Este cuento con 115 años de historia narra las aventuras de Dorothy y su perro Toto, que son arrastrados por un ciclón desde Kansas hasta el país de los Munckins. Para poder volver a su casa Dorothy tiene que seguir un camino de baldosas amarillas que le llevan hasta Ciudad Esmeralda, donde el poderoso Mago de Oz podrá devolverla a Kansas. Por el camino va haciendo amigos que le acompañan en su viaje con el propósito de pedir también al Mago algunos favores: el espantapájaros deseoso de tener un cerebro, el hombre de hojalata, un corazón y el león cobarde, que acude al Mago para pedirle valor. Cada uno tiene un motivo para ir a Ciudad Esmeralda, pero ¿cuál de ellos es más importante?

Lo principal de esta historia no es determinar quién tiene más o menos urgencia en conseguir lo que desea o cuál de esos deseos es más urgente, porque seguramente ninguno nos pondríamos de acuerdo en el orden de prioridades. Esto es así porque cada uno tenemos unos motivos que pueden ser muy importantes, incluso vitales para nosotros, pero no tienen porqué serlo para los demás. Lo realmente importante es saber respetar la importancia que cada uno le da a lo que le pasa, piensa o anhela, porque es ahí donde imperan valores como la empatía, la humildad, la solidaridad…

Además de esta primera conclusión que podríamos extraer de la moraleja de este cuento, existe una segunda que subyace en el viaje a través de las baldosas amarillas, las cuales representan el camino de la vida, del cambio y de la evolución de las capacidades internas del ser humano. Esta segunda idea nos lleva a concluir que muchas veces las cosas más importantes las tenemos por mucho que no sepamos verlas. Cuando los personajes llegan a Ciudad Esmeralda y se encuentran con el Mago se percatan de que éste es un impostor y no puede concederles sus deseos. Pero el Mago usa su psicología para hacerles ver que lo que están pidiendo, en realidad, ya lo poseen. A lo largo del camino todos han realizado un trabajo personal y han hecho uso de aquello que quieren ir a pedir al mago. El espantapájaros ha ido tomando decisiones y aportando brillantes ideas sin ni siquiera haber sido consciente de ello. El hombre de hojalata ha estado apoyando al grupo, demostrando la parte emocional que supone no tener por falta de corazón. El león ha ido demostrando poco a poco su valor, combatiendo su falta de seguridad en sí mismo y su cobardía. Y Dorothy, que en Kansas estaba cansada del mundo gris en el que vivía con sus tíos, ha sabido apreciar el valor de la familia y el calor del hogar cuando se ha visto apartada de ello.

La moraleja nos enseña que la mayoría de las veces depositamos en los demás lo que en realidad es responsabilidad nuestra. Los personajes del cuento depositan en el Mago la responsabilidad de hacerles felices cuando éste les conceda lo que piden: volver a casa, un cerebro, un corazón o valentía; pero en realidad es responsabilidad de cada uno de ellos el trabajo interior para conseguir lo que desean. Además, con una visión integradora, todos los personajes pueden ser partes de uno solo: el espantapájaros representando a la mente, el hombre de hojalata a las emociones, el león al miedo que nos paraliza en muchos momentos y la protagonista a la voluntad y la conciencia de valorar lo que tenemos antes de que sea demasiado tarde. Los demás personajes representarían los agentes externos; así por ejemplo, las Brujas buenas y malas serían aquellas personas que nos ayudan y aquellas que nos obstaculizan en nuestro día a día o el Mago sería el ser superior al que creemos un gurú y salvador, pero que llegado el momento costaría determinar su verdadera existencia, porque habiendo conseguido lo que nos proponíamos, en definitiva, volvemos al punto inicial, es decir, a la afirmación irrefutable de que sin un trabajo individual es imposible alcanzar nuestra felicidad, porque nadie excepto nosotros mismos puede obsequiarnos con ella.

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