Mostrando entradas con la etiqueta fuerza interior. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fuerza interior. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de julio de 2024

El poder de la voluntad: una experiencia personal reciente

Hace apenas unos días culminé un Máster Universitario en Sostenibilidad y Responsabilidad Social Corporativa. Me tomé este reto como algo personal y lo viví no como un logro cualquiera, pues traté de ser más ambicioso de lo que me recomendaban los tutores y conseguí lo que me propuse: completar el programa diseñado para dos años en tan solo uno. Este logro, fruto de la perseverancia y la dedicación, me permite reflexionar en este post sobre tres aspectos fundamentales que forman parte de mi yo y sobre los que ya he dedicado algunos artículos en este blog: la fuerza de voluntad, la necesidad de renovarse y superarse y la importancia de encontrar nexos para darle sentido a las cosas y hacerlas más fácil de lo que en un primer momento parecen.

1. La fuerza de la voluntad

Desde el primer día que me propuse terminar el máster en un año, sabía que no sería una tarea sencilla. La carga académica, las investigaciones para superar las asignaturas y los proyectos profesionales y familiares, además de todos los compromisos sociales, demandaban una gestión del tiempo impecable. Cada madrugada estudiando, cada fin de semana dedicado a trabajos y cada renuncia a momentos de ocio fueron pruebas de la fuerza de voluntad necesaria para alcanzar esta meta. Este esfuerzo constante me demostró una vez más que la voluntad humana puede superar los desafíos más exigentes cuando existe una meta clara y un propósito firme.

2. La renovación y la superación personal como progreso

En el dinámico mundo actual, la renovación no es solo deseable, sino imprescindible. La decisión de matricularme en este máster fue motivada por una nueva responsabilidad profesional y el deseo de actualizarme y adquirir nuevas competencias en un campo que está redefiniendo el futuro de las empresas y la sociedad. La sostenibilidad y la RSC no solo representan una tendencia creciente, sino una necesidad urgente para lograr un mundo más justo y equilibrado. A través de este programa, no solo he ampliado mis conocimientos, sino que también he renovado mi perspectiva sobre cómo puedo contribuir de manera significativa al desarrollo sostenible.

La superación personal es una travesía continua que requiere un compromiso diario. Completar este máster en un año ha sido una manifestación tangible de mi compromiso con la mejora constante. Cada obstáculo superado, cada nueva habilidad adquirida y cada conocimiento asimilado son pasos hacia un yo mejorado, que suponen la base para mejorar después lo que hay fuera de mí. La autoexigencia y la determinación son ingredientes esenciales para no solo cumplir, sino superar las expectativas propias y ajenas.

3. La importancia de buscar el sentido de las cosas

Uno de los aspectos más gratificantes de este viaje ha sido encontrar puntos de convergencia entre mi profesión en el mundo de los recursos humanos y el propio temario del máster. He descubierto que la sostenibilidad y la RSC son campos íntimamente relacionados con los RRHH, ya que la gestión responsable y sostenible de una empresa depende en gran medida de cómo se maneja a su personal. La integración de políticas de sostenibilidad y RSC en las prácticas de RRHH promueve un ambiente laboral ético, fomenta el bienestar de los empleados y contribuye al desarrollo de una cultura corporativa comprometida con el impacto social y ambiental positivo.

A través de este máster, he adquirido herramientas y conocimientos que me permiten implementar estrategias de sostenibilidad en la gestión de personal, desde la contratación de talento alineado con los valores de la empresa hasta el diseño de programas de formación y desarrollo que promuevan la responsabilidad social. Este nexo entre sostenibilidad, RSC y RRHH me ha permitido trabajar con mayor entusiasmo y eficacia en proyectos que no solo tienen un impacto positivo, sino que también me llenan de satisfacción personal.

Para finalizar el post quiero resumir mi experiencia a modo de reflexiones y tips que quizás puedan también ayudarte ante un reto ambicioso como el que hoy comparto.

1. Define tus metas claramente: tener un objetivo claro es fundamental. La claridad en tus metas te dará dirección y te ayudará a mantenerte enfocado.

2. Gestiona tu tiempo eficazmente: la gestión del tiempo es clave para equilibrar las responsabilidades académicas, profesionales y personales. Utiliza herramientas de planificación y priorización.

3. Cultiva la fuerza de voluntad: la perseverancia y la dedicación son esenciales para superar los desafíos. Mantén tu motivación alta recordando constantemente el propósito y celebrando cada pequeño logro en el camino.

4. Comprométete con la superación personal continua: el desarrollo personal es un viaje sin fin. Cada nuevo desafío superado y cada habilidad adquirida son pasos hacia una mejor versión de ti mismo.

5. Busca el sentido en tus acciones: encontrar el propósito en lo que haces no solo te dará satisfacción personal, sino que también aumentará tu eficacia y compromiso con tus proyectos.

6. Encuentra puntos de convergencia: las conexiones entre diferentes áreas de tu vida y trabajo generan sinergias poderosas que te permiten tener un mayor impacto y satisfacción en tus proyectos.

lunes, 2 de enero de 2023

"Lo primero es lo primero": una reflexión sobre familia y trabajo

Es la primera vez en 10 años que estoy tanto tiempo sin publicar una entrada en este blog. Concretamente, 7 meses desde la última que publiqué en el mes de mayo. Antes, semanal o mensualmente, iba publicando diferentes reflexiones, a pesar de que últimamente es cierto que ya disponía de mucho menos tiempo para sentarme y redactar. En esta ocasión, la falta de tiempo es de nuevo la causa, pero siendo sinceros también es que en mi lista de prioridades todo ha bajado como mínimo un escalón porque en el más alto ahora está mi hija. En junio fui padre y, como siempre digo a mis compañeros de trabajo, “lo primero es lo primero”. Y sobre esto voy a hablar en este post, no sin antes felicitar a mis lectores este nuevo año que espero venga cargado de buenos momentos y noticias.

De las 168 horas que tiene una semana, 40 nos las tiramos en el trabajo, pongamos que otras 40 durmiendo y de la mitad que nos queda debemos sacar tiempo para estar con la familia, hacer vida social, practicar actividades de ocio, comer, comprar, médicos, bancos, gestiones varias y para mimarnos a nosotros mismos. Lo cierto es que a la mayoría de las personas nos falta tiempo para abarcarlo todo y es el momento de tomar decisiones y marcar prioridades.


A esta realidad se le añade otra y es que somos la misma persona allá donde nos hallemos o hagamos lo que estemos haciendo y, por ende, es prácticamente imposible desconectar de una situación para conectar al 100% en otra. Se puede trabajar mucho en ello, pero siempre vamos a arrastrar estados anímicos de un contexto a otro y de un rol a otro, por mucho que queramos evitarlo. Ojalá todo fuera tan fácil como a la vez que ficho la entrada en mi puesto de trabajo, desconectar el interruptor de los problemas que tenga en mi vida personal, o al fichar la salida, desconectar el interruptor de los marrones que me haya tenido que comer en mi jornada laboral.

El poco tiempo y la imposibilidad de desconexión completa entre las esferas en las que nos movemos hace que, en muchas ocasiones, debamos tener clara nuestra lista de prioridades y tratar de poner el foco en aquello que más feliz nos haga o que más nos esté ayudando en un determinado momento de nuestra vida, para tratar de diluir y olvidar lo que nos estresa o nos descoloca emocionalmente.

Cuando un empleado me dice que tiene un problema en casa o, como en mi caso este año, una nueva y buena noticia, siempre les digo lo mismo: “atiende a ello, lo primero es lo primero”. Obviamente, no se está dando manga ancha a un deterioro en el rendimiento laboral, sino que se le da el permiso para que esté tranquilo si en determinado momento va a necesitar flexibilidad para poder sobrellevar la nueva situación.

El trabajo y la familia, por centrarnos en dos de los contextos que más suelen importarnos a las personas, se hacen cada vez más compatibles gracias a los derechos (retribuidos y no retribuidos) que se nos otorgan a los trabajadores para poder dedicar más tiempo a la casa. Cada vez son más las empresas que apuestan por la flexibilidad laboral y la conciliación de la vida laboral y familiar, permitiendo trabajar desde casa, realizar reuniones de manera virtual o mejorando horarios y huyendo del presentismo innecesario que tan importante había sido en décadas pasadas.

Pero que las empresas, las leyes y la sociedad estén cada vez más abiertas a esta conciliación no es suficiente. Nosotros también debemos aprender a conciliar el trabajo con la vida familiar y para ello es necesario saber organizarse, gestionar la frustración al ver inviable el llegar a todo y ser capaz de encontrar momentos de autocuidado en los que tengamos la posibilidad de desconectar tanto del trabajo como de la familia para centrarnos en nosotros mismos.

Por lo tanto, sí, lo repito, “lo primero es lo primero”, pero para ponerlo en práctica debemos ser capaces de planificarnos, poner objetivos y metas realistas, marcar tiempos y horarios, aceptar que no siempre vamos a llegar a tododelegar siempre que sea posible en otras personas aquellas cosas que me ocupan tiempo y quizás no son necesarias que yo mismo lidere en todo momento, adaptar nuestra fuerza interior de cada momento a las exigencias que se nos presentan y adaptar también nuestro desgaste energético a las diferentes etapas laborales o familiares por las que vamos pasando con el paso del tiempo.

Como se suele decir… “Nadie está demasiado ocupado, es solo cuestión de prioridades

miércoles, 28 de abril de 2021

La gestión emocional del tiempo

Vivimos en un mundo acelerado en el cual siempre vamos con prisas, impaciencias y exigencias externas y propias. El “aquí y ahora” no sólo es un dicho que sirva para definir un momento bien aprovechado en el presente, por ejemplo cuando estamos viajando, sino que también nos sirve para definir la exigencia a la que como sociedad nos estamos acostumbrando. Voy a comprar algo y lo quiero “aquí y ahora”, no puedo esperar a que me lo pidan y venir a recogerlo otro día, así que voy a otro lugar o decido comprarlo por Amazon que será más rápido; estoy esperando la respuesta a un email y la necesito “aquí y ahora”, si no tendré que descolgar el teléfono para solicitar la contestación directamente… y así, nos estamos habituando a vivir, en una sociedad altamente consumista que, además, nos consume a nosotros mismos.

Estar a un lado o al otro de esta exigencia hace que cada día se nos presente como una nueva carrera de fondo, en la que la velocidad juega un papel muy importante, porque así nos lo piden nuestros clientes, nuestros proveedores, nuestra familia, amigos e incluso nosotros mismos. Pero además de la velocidad, debemos ser capaces de tener una alta resistencia para poder soportar como mínimo las 12 horas de actividad que nos esperan por delante. Y, por supuesto, tenemos que acertar lo máximo posible e intentar que todo salga bien, evitando cualquier error que nos haga perder tiempo y gastar más energía, mermando tanto la velocidad como la resistencia con la que hemos empezado la jornada. Como vemos, esto se convierte normalmente en un ciclo en el que al final quienes salimos perdiendo somos nosotros mismos. El estrés por no llegar a todos lados, la frustración por no cumplir las expectativas, la falta de reconocimiento y recompensa por las tareas bien hechas… provocan insomnio, alteraciones emocionales, problemas psicosociales… de los que a veces nos damos cuenta demasiado tarde.

Para añadir un último ingrediente a todo este cóctel atómico, además… ¡queremos ser felices! Y como os podéis imaginar, un cóctel en el que se mezclan carrera de fondo, estrés, frustración, cambio emocional y la búsqueda constante de la felicidad, es prácticamente una combinación y una misión imposible.

Cuando esto ya ha llegado a un punto fuera de nuestro alcance, todo puede volverse frustrante y entramos en ese momento en el que se nos aparecen dos vocecitas, una junto a un oído que nos dice “Stop” y otra junto al otro oído que nos dice “Continúa, no les falles”. Ésta, la que quiere quedar bien con todo el mundo, y la otra, la que piensa más en nosotros mismos por encima de los demás. Y, en este caso, ni una ni otra tiene más o menos razón, ni una ni otra busca hacernos mal, sino todo lo contrario, ambas tratan de ayudarnos a su manera. Lo ideal, en estos casos, será hacer caso de ambas y ser capaces de buscar el equilibrio entre sus mensajes, evitando el consumo excesivo de energía y consiguiendo llegar a una posible solución de todo este caos: saber determinar qué tareas son prioritarias por encima de cuáles son urgentes será la clave, porque de urgentes seguramente van a ser la mayoría.

Abro un paréntesis para hacer una analogía con uno de mis hobbies en el ámbito deportivo que es correr. El running ha llegado a mi vida más tarde que pronto, porque antes yo era más acuático, pero al fin de cuentas, con cualquier deporte podríamos hacer un símil como el siguiente. He tenido la oportunidad, o mejor dicho la osadía, de correr algunas maratones, 42 kilómetros 195 metros desde que pisas la línea de salida hasta que consigues alcanzar la meta. En una maratón se necesita velocidad, aunque no es lo más importante a no ser que luches por ser parte de la élite, mucha resistencia y preparación, pero sobre todo mucha cabeza. Básicamente, porque llega un momento en esa carrera, concretamente entre los kilómetros 30 y 35, que para todos aquellos que os dedicáis a correr sabéis que se le llama “el muro”, en el que uno mismo construye una especie de muro mental al que muchos corredores no son capaces de vencer y deciden abandonar en ese punto la competición. Existe un motivo fisiológico que explica la existencia de este muro y se basa en que el cuerpo ha consumido durante la carrera toda la reserva de glucógeno y es más o menos el momento en el que empieza a buscar energía en la reserva de grasa, una reserva mucho menos eficaz para soportar un esfuerzo físico continuo. Este cambio del organismo coincide con un momento en el que mentalmente estás agotado y ambas cosas hacen que te vengas abajo, pero cuanto más preparado estés mentalmente para ese momento, cuanto más te hayas concienciado de que ese momento va a llegar, más fuerza mental vas a poner en marcha para sobrepasar ese tramo crítico y afrontar el resto de kilómetros con un nuevo chute de energía, llegando a culminar la carrera seguramente con una sonrisa.

Podemos ver cómo en esta realidad en la que vivimos tan parecida a una maratón diaria, debemos intentar priorizar lo realmente importante y tratar que las tareas no se conviertan siempre en urgencias y fuegos que apagar. Debemos aprender a ser asertivos y decir “no” y debemos aprender a perdonarnos si no conseguimos alcanzar algún objetivo. Es importante conseguir canalizar nuestra autoexigencia y dominarla, sin que ella consiga dominarnos a nosotros mismos, y sólo de esta manera seremos capaces de llegar a esa meta a la que antes llamaba felicidad, que al fin de cuentas es lo que todos más deseamos.

Muchas veces hemos escuchado que el exceso de análisis nos lleva a la parálisis y así es, algo totalmente extrapolable a una maratón y a un día cualquiera en los que nos vemos inmersos en una rutina de vértigo. Ya tenemos suficientes tareas como para añadir además la de analizar absolutamente todo, ¿no creéis?. Pensar demasiado en las situaciones en las que ya estamos inmersos, sólo nos va a llevar a una parálisis y a un desgaste de energía mental que va a repercutir en nuestra energía física, necesaria para continuar ejerciendo las tareas con garantías de éxito. Llegará un momento en el que el tiempo irá en nuestra contra y en el que una pelota de exigencias se irá convirtiendo poco a poco en una gran bola de prisas, urgencias, errores y frustraciones. Por ello, la importancia de planificar, de ser proactivos, de evitar analizar demasiado las cosas, perdiendo oportunidades y convirtiéndonos en personas tan perfeccionistas que acabemos errando constantemente. Es importante establecer plazos, tener clara cuál es la meta, pero no obsesionarse con ella, no pensar tanto en ese kilómetro 42, sino en pequeños logros como pueden ser los kilómetros 10, 21 y el salto del propio “muro”, tras el cual alcanzar con éxito la meta con una sonrisa ya será prácticamente un hecho.

jueves, 2 de abril de 2020

ABRIL: Lo que el Camello nos demuestra con su Resiliencia

Marzo ha sido un mes espantoso para todo el planeta. Una amenazante pandemia se ha apoderado de nuestras vidas y no quedan prácticamente rincones en el mundo donde no exista el miedo que este virus está ocasionando. Abril, no va a ser menos espantoso. Nos encontramos, siendo optimistas, en el ojo del huracán de esta pandemia mundial ocasionada por el Coronavirus y, nuestro tiempo de confinamiento en casa continuará a lo largo de las próximas semanas como lo ha estado en las anteriores. Por ello, esa fuerza desconocida que cada uno de nosotros estamos siendo capaces de sobrellevar y, con ella, mantener de una manera sana y estable nuestra rutina diaria, es la que me lleva a hablar este mes de la resiliencia.

A estas alturas todos conocéis lo que esta palabra significa, ya sea porque desde hace unos años se ha puesto de moda, ya sea porque habéis leído artículos anteriores en este blog en el que hablaba sobre ella o ya sea porque no la conocéis de manera teórica aún, pero estoy convencido que sí de manera práctica.

La definición que más me gusta para explicar la resiliencia es acudir a la metáfora de la “goma de pollo”. Una goma elástica tiene la capacidad de extenderse hasta cierto límite si sobre ella se ejerce una presión o estiramiento, permanecer en ese estado durante cierto tiempo y volver a su estado original sin apenas haber sufrido cambios. Si en vez de pensar en una goma elástica, pensamos en un trozo de vidrio, probablemente ante la presión este vidrio acabe reventando y ya no habrá manera de que vuelva a su estado original. Es por ello, que la goma elástica es un claro ejemplo de la resiliencia, esa cualidad que también tenemos las personas para resistir y rehacernos en situaciones traumáticas.

Antes de seguir ahondando sobre la resiliencia os quiero presentar uno de los animales más resilientes que conocemos: el Camello


El camello es un mamífero rumiante que se alimenta de arbustos, dátiles, hierba y grano como el trigo y la avena, es originario del continente americano. Migró a Europa y África gracias a las glaciaciones, por lo que no solamente ha sido un animal que se ha adaptado a paisajes desérticos. Su piel es seca y árida y presenta gruesos callos en el pecho y rodillas que le permiten soportar el peso cuando se arrodilla, descansa y se levanta. Puede soportar cargas de hasta 450kg y correr entre 40 y 65km/h. El periodo de gestación dura 13 meses y normalmente tienen una sola cría cada dos años, que suele estar cerca de su madre hasta que cumple los 5 años. El camello adulto puede llegar a pesar unos 700kg y tener una altura de 1.85m y 2.15m en la parte de la joroba, la cual almacena grasa y tejido fibroso que constituyen una reserva alimentaria para épocas de escasez. Es capaz de ingerir más de 100 litros de agua de una sola vez y puede desplazarse sin volver a beber durante más de 10 días. Su esperanza de vida está entre los 40 y 50 años.


Normalmente, cuando pensamos en personas resilientes nos vienen a la cabeza aquellas que han superado una enfermedad grave, la muerte de un ser querido o una experiencia muy traumática en su vida. Sin embargo, la resiliencia va mucho más allá y se puede aplicar perfectamente a esta situación de crisis en la que nos encontramos y que, al no tratarse explícitamente de una crisis financiera, sino sanitaria, todos sin excepción estamos expuestos a ella. El confinamiento y cuarentena, que la mayoría de países han impuesto por Decreto Ley, nos está obligando a buscar alternativas a tener que ir a trabajar, a poder aprovechar nuestro tiempo libre con ciertas actividades, poder visitar a nuestros amigos y familiares, salir a comprar o a pasear, viajar, acudir a consulta médica de la manera habitual, poder despedir a nuestros seres queridos cuando abandonan este mundo, en definitiva, nos está obligando a adaptarnos a todo!!

La resiliencia no es una cualidad que nos viene de fábrica como a la goma elástica, sino que la vamos desarrollando a lo largo de nuestra vida casi de una manera inconsciente cuando nos vemos sometidos a presiones y situaciones inesperadas, incómodas o traumáticas. Pasado el estado inicial de shock, la mente humana empieza a crear estrategias para poner metas en el horizonte, poder adaptarse a la nueva situación y así lograr, después, una pronta recuperación o incluso salir reforzado e iniciar una nueva etapa en la vida, pues probablemente las cosas hayan cambiado a como las conocíamos y vivíamos antes de esa experiencia. Exactamente igual que el camello, que ha sido capaz de adaptarse tanto a climas desérticos como a aquellos puramente invernales. 


 ¿Qué aspectos me van a ayudar durante estos días de confinamiento a ser más resiliente?
  1. Vivimos en un momento en el que nos estamos poniendo a prueba a nosotros mismos (Autoconocimiento). Estamos siendo conscientes de muchas capacidades que éramos incapaces de valorar (tolerancia a la frustración de haber roto agendas, paciencia con quienes estamos compartiendo espacio, control emocional al no poder estar al lado de quienes queremos…) y también de habilidades (hacemos deporte en casa cuando antes lo hacíamos en el gimnasio, en la calle o simplemente no hacíamos, nos ha dado por cocinar, por hacer bricolaje, por darle patadas a un rollo de papel higiénico…).
  2. También estamos en una pausa que nos permite reflexionar sobre cosas que nunca antes teníamos tiempo de hacer (Reflexión): valorar la importancia de los pequeños detalles, echar en falta cosas que antes pasaban desapercibidas en nuestro día a día…
  3. Por supuesto, estamos reestableciendo el contacto con nuestros allegados y con los que no lo son (Socialización). Aunque parece contradictorio que en una situación de confinamiento se hable de socializarse con otros, lo estamos consiguiendo a través de las redes sociales, videollamadas, publicaciones, challenges…
  4. Cómo no, estamos estableciendo planes a futuro (Marcarse objetivos), pues estamos pensando en que “cuando todo vuelva a la normalidad” vamos a viajar, a quedar para cenar, pasear, visitar a personas que teníamos descuidadas…
  5. Y, aunque también parece contradictorio, estamos aprendiendo a disfrutar del confinamiento (Positivismo), pues estamos intentando hacer productivo nuestro encierro en cada momento, basándonos en un pensamiento positivo con mensajes internos y también compartidos como el famoso “todo va a salir bien”.
  6. Finalmente, aunque podríamos alargar esta lista, estamos sintiendo el dolor y la alegría de quienes están más allá de nuestras cuatro paredes (Empatía), aplaudiendo cada tarde a nuestros sanitarios, personal de supermercados, seguridad, limpieza…, poniéndonos en la piel de esas familias que están pasando por momentos terribles al no poder despedir a quienes acaban de perder, también en la piel de quienes están sufriendo el contagio de este virus, de quienes lo están superando y de todas y cada una de las historias que estos días inundan las noticias y las redes sociales de todo el planeta.
Como el camello, estamos pasando por ese desierto en el que no tenemos agua que beber ni arbustos que comer. Estamos aprovechando nuestras reservas pasadas almacenadas en nuestras “jorobas” (inteligencia emocional) para poder seguir avanzando por ese arduo camino que nos conduce de nuevo a ese lugar donde poder hacer nuestros días más llevaderos, no sin antes detenernos en algún oasis donde poder recuperar energía y fuerza para proseguir con el camino. Tenemos que ser conscientes de que este periodo de confinamiento acabará, pero que nuestra rutina no volverá de la noche a la mañana y necesitaremos un tiempo prudencial para poder volver a nuestras vidas sin preocuparnos constantemente por una amenaza vírica en cualquier lugar por el que nos movamos. Por ello, es importante, ser resilientes, porque cuando volvamos a nuestro estado natural, debemos ser capaces de readaptarnos hasta conseguir como mínimo ser los mismos y, aún mucho mejor, llegar a ser nuestra mejor versión, habiendo adquirido nuevos valores, nuevas capacidades y habilidades durante estos difíciles días en los que nos encontramos.
 
LOS MALOS TIEMPOS TIENEN UN VALOR CIENTÍFICO. SON OCASIONES QUE UN BUEN ALUMNO NO SE PERDERÍA (Ralph Waldo Emerson)

Mucho ánimo, mucha salud y recuerda #quedateencasa #stayathome!! 

Otros artículos relacionados con la "Resiliencia":

martes, 2 de julio de 2019

JULIO: Juana de Arco, la campesina cuya fuerza interior sigue visible 600 años después


Durante los primeros seis meses de este año hemos estado tratando algunos de los principales temas de este blog en relación a personalidades famosas de nuestros tiempos. A partir de este mes de julio y durante el segundo semestre de 2019, haré lo propio con personajes que ya no tenemos físicamente entre nosotros, pero que por algunas razones siguen estando presentes en la actualidad y, por su marca personal, son embajadores de aspectos concretos que iremos tratando en cada temática mensual.

Este mes lo dedicaremos a la fuerza interior, la cual todos poseemos, pero no todos hemos logrado descubrir. Antes de entrar a fondo en la temática, presentar al personaje que demostró haberla descubierto y con ella haber tenido la capacidad de resistir a momentos y situaciones verdaderamente difíciles. Ella es la famosa Juana de Arco.


Jeanne d’Arc, conocida también como la Doncella de Orleans, nació en el norte de Francia en 1412. Fue una joven campesina que con 17 años guió al Ejército francés en la Guerra de los Cien Años contra Inglaterra. Si bien no logró acabar con el conflicto entre franceses e ingleses, Juana de Arco logró cambiar la mentalidad de los franceses, quienes se creían inferiores a los ingleses. Su fuerza interior y resistencia le permitieron afrontar las dificultades con optimismo, dejando sola a su familia a muy corta edad para poder cumplir su misión, liberar a los oprimidos y hacer justicia por el rey de su país, Carlos VII. Fue capaz de trasladar su creencia y potencia personal a los demás, consiguiendo liderar a más de 5 mil hombres para liberar Orleans de las fuerzas inglesas. Logró sobrellevar el ser capturada, vendida y juzgada por sus enemigos, siendo obligada a retractarse para no ser ejecutada de sus afirmaciones sobre la voz de Dios que siempre dijo había escuchado siendo pequeña y que le habían guiado su lucha. Pero Juana rehusó de esta obligación y ratificó lo que ella creía y lo que había vivido, aunque ello le costase la vida. Murió en 1431, a los 19 años, tras ser entregada a los ingleses y siendo condenada por la Inquisición como hereje y quemada viva.


La fuerza interior está en nosotros y es fácil identificar si la tenemos o no desarrollada. Nace del autoconocimiento, que a su vez permite desarrollar la autoestima, esa valoración y percepción que uno es capaz de hacer de sí mismo, y que debiera ser positiva, en la que se detectan los puntos fuertes y las áreas de mejora y se traduce en un afán por mejorar y en la satisfacción de uno mismo. La autoestima no es innata, se debe desarrollar a lo largo de la vida y está influenciada por el contexto. Tiene un componente cognitivo (lo que pienso), uno afectivo (lo que siento) y uno conductual (lo que hago). Cuanto más alienados estén estos componentes, más coherencia existirá y más satisfacción habrá con el propio yo. La fuerza interior está, por lo tanto, estrechamente ligada a la autoestima. Una persona tiene desarrollada su fuerza interior cuando es capaz de vivir consigo misma, de forma coherente y armoniosa, siendo capaz de afrontar cualquier situación que se salga de esa armonía sin perder el control de sus emociones.

Por todo ello, tener una gran fuerza interior requiere conocer y manejar las propias emociones, saber afrontar situaciones adversas, no anclarse en el pasado y tomarlo sólo como experiencia para mejorar, no esperar a que otros hagan lo que uno desearía y seguir siempre adelante.


Personalmente, considero que la clave para tener desarrollada la fuerza interior en un modo que podríamos definir como “aceptable”, radica en intentar mantener ese equilibrio entre lo que sentimos, decimos y hacemos. Las personas que sienten algo diferente a lo que hacen o dicen, o las que simplemente hacen algo distinto a lo que dicen o piensan, seguramente no tengan esa sensación interna de paz y bienestar que les pueda permitir “dormir tranquilas”. A veces motivados por “el qué dirán”, a veces por no ser “políticamente incorrectos”, actuamos de una manera que probablemente nos lleve a un estado de frustración y arrepentimiento posterior, en ocasiones lamentándonos de no poder volver atrás para subsanar el error cometido. Como decíamos más arriba, esta conducta ya del pasado debería ayudarnos sólo para aprender en los actos futuros, en ningún momento deberíamos anclarnos en ella y vivir en el arrepentimiento. Tanto la autoestima como la fuerza interior son capacidades que las personas poseemos y podemos ir moldeando a lo largo de nuestras vidas, en las que tanto la experiencia como la determinación van a ser claves en ese proceso de cambio constante.

Juana de Arco, en ningún momento y bajo ninguna de las adversidades que sufrió a lo largo de su corta vida tuvo dudas en desequilibrar su propia balanza. Lo que sentía y pensaba le llevaron a seguir actuando de la misma manera hasta el final de sus días. No sabremos si fue totalmente acertado en los tiempos que corrían, cuando la Inquisición era muy radical con sus condenas, pero lo que sí sabemos es que Juana tenía una autoestima y una fuerza interior altamente desarrolladas y que son claramente evidentes incluso siglos después de su muerte.


"No tengo miedo, nací para hacer esto"

La IA ya entró en las empresas. La pregunta es si la usamos con criterio

En las conversaciones con colegas de RRHH y otras áreas (legal, IT…) aparece cada vez con más frecuencia una pregunta: ¿cómo estamos prepara...