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martes, 30 de abril de 2024

Correr una maratón: una metáfora perfecta para entender los Recursos Humanos

El domingo pasado estuve en Madrid corriendo la que ya es mi 7ª maratón. Correr una maratón es más que correr una carrera de 10km o incluso más que una media maratón. Es más que correr 30km. Y no hablo de distancias, algo que es evidente.

Correr los más de 42km que tiene esta modalidad, y hacerlo además en un terreno con desniveles al que los runners llamamos “rompepiernas”, como es el caso de Madrid, es un viaje que desafía los límites físicos, mentales y emocionales de una persona.

Desde la preparación meticulosa durante semanas hasta el esfuerzo agotador durante la carrera misma, cada etapa de la maratón presenta paralelismos sorprendentes con los principios fundamentales de la gestión de Recursos Humanos.

Al ser RRHH mi área y al venir de esta carrera, quería hoy explicar cómo correr una maratón se asemeja a diversos aspectos de este ámbito laboral:

La preparación. Al igual que en la gestión de personas, una preparación exhaustiva es fundamental para el éxito. Esto implica establecer metas claras, desarrollar estrategias efectivas y adquirir las habilidades necesarias para enfrentar los desafíos que están por venir. Normalmente, es importante no pensar en la meta final, sino en pequeñas metas que se irán alcanzando durante el recorrido y que se encaminan hacia la consecución final de la tarea.

El muro y la resistencia. El temido "muro" en una maratón es ese punto en el que el cansancio y el dolor parecen insuperables, normalmente ocurre hacia el km 30-35, cuando nuestro organismo cambia el sistema de obtener energía, utilizando las reservas de grasa, lo cual se traduce en una intensa fatiga muscular que hace que muchos corredores decidan retirarse de la competición. Haciendo el paralelismo con RRHH, se asemejaría a los obstáculos y desafíos de larga duración y sin pausas que enfrentan los equipos en el entorno laboral. La capacidad de resistencia, tanto física como mental, es crucial para superar este obstáculo y alcanzar el éxito.


Mentalidad cortoplacista. Como decía antes, es importante no centrarse en la meta final desde el inicio de la carrera, porque se vislumbra muy lejana. Dividir la maratón en submetas más pequeñas es similar a establecer hitos y objetivos a corto plazo en la gestión de RRHH. Esta estrategia ayuda a mantener la motivación y a medir el progreso de manera más efectiva, aprendiendo de los errores, rectificando a tiempo y motivándote cada vez que consigues superar una parte del largo camino.

Esperanza y perseverancia. En los momentos de sufrimiento y agotamiento durante una maratón, la esperanza y la perseverancia son cualidades esenciales para continuar avanzando. De manera similar, en el ámbito de los recursos humanos, la capacidad de mantener la motivación y la determinación frente a la adversidad es fundamental para superar los desafíos.

Apoyo y motivación externa. Los avituallamientos (geles, fruta, agua, isotónico…) proporcionan a los corredores el combustible necesario para mantener la energía y el rendimiento. De igual manera, el aliento y el apoyo de los espectadores a lo largo del recorrido pueden impulsarte a superar tus propios límites. En RRHH, el apoyo y los recursos disponibles para los empleados desempeñan un papel similar al garantizar que estén equipados con las herramientas y el apoyo necesarios para alcanzar sus metas. De manera similar, el reconocimiento y la felicitación en el lugar de trabajo pueden motivar a los empleados a dar lo mejor de sí mismos y a perseguir la excelencia.

Recompensa y satisfacción. Es cierto que al cruzar los 42km195m te sientes completamente exhausto, pero cruzar la línea de meta conlleva una sensación de logro y satisfacción inexplicable. Del mismo modo, en recursos humanos, alcanzar los objetivos establecidos y ver el impacto positivo en la organización brinda una gratificación profunda y duradera.


En ambos casos nos encontramos con una carrera de fondo, donde desde la preparación y la resistencia hasta la recompensa y el apoyo, cada aspecto de esta experiencia épica refleja la complejidad y la importancia de cultivar un entorno que fomente el crecimiento, la motivación y el éxito de todos los involucrados.

miércoles, 27 de diciembre de 2023

Renovando el espíritu laboral con el comienzo de un nuevo año

La llegada del fin de año no solo nos sumerge en el espíritu festivo, sino que también ofrece una oportunidad para reflexionar sobre nuestra trayectoria laboral y considerar nuevos horizontes profesionales en el año que está a punto de comenzar. Este período nos permite revisar mentalmente los aciertos y los errores cometidos durante este último año que probablemente nos habrá pasado de manera fugaz, pero estará lleno de momentos y experiencias que de alguna manera nos han ido marcando tanto negativa como positivamente.

Es en estos momentos de cierre de ciclo y comienzo de uno nuevo, la reflexión se convierte en una poderosa herramienta para recargar energías, replantear metas y reevaluar el rumbo profesional. Aquí radica la importancia de detenernos y examinar si estamos alineados con nuestras pasiones, metas y valores profesionales.


La reflexión laboral podrá adoptar diversas formas:

  • Reevaluación de Metas Profesionales: ¿Estamos persiguiendo las metas que nos inspiran realmente? Es un momento para cuestionar si nuestras aspiraciones profesionales siguen siendo las mismas o si ha llegado el momento de replantearlas. Quizás estoy en la empresa que quiero, pero no en el puesto que me apasiona, ¿por qué no proponer un cambio interno?
  • Consideración de un Cambio Profesional: En ocasiones, la reflexión nos lleva a considerar cambios más significativos, como la búsqueda de un nuevo empleo, un cambio de sector o incluso el emprendimiento. Este período puede ser propicio para explorar nuevas oportunidades que nos motiven y nos desafíen de manera positiva. No hay que tener miedo de sacar la cabeza de la empresa y ver qué se cuece por ahí en vez de estar quejándome constantemente y retroalimentando la insatisfacción.

  • Evaluación de Logros y Aprendizajes: Mirar hacia atrás y reconocer los logros alcanzados a lo largo del año es crucial. Además, es igualmente valioso analizar los desafíos superados y los aprendizajes adquiridos. Esta retrospectiva permite identificar fortalezas y áreas de mejora. A veces, no es un cambio radical lo que se necesita, sino un cambio en la perspectiva, la cual nos permitirá seguir donde estamos, pero con un enfoque más experimentado y proactivo.

Es crucial establecer objetivos claros y realistas para el año venidero. Esta planificación puede incluir el desarrollo de habilidades, la búsqueda de oportunidades de crecimiento o la definición de pasos concretos hacia un cambio profesional deseado.

 

El proceso de reflexión laboral en esta época no solo se trata de contemplar lo que ha sido, sino de visualizar lo que puede ser. Es un momento para el autoconocimiento, la exploración de nuevas posibilidades y el compromiso con un futuro profesional más gratificante y alineado con nuestras aspiraciones.

Recordemos que cada cambio, por pequeño o grande que sea, comienza con la reflexión y la voluntad de llevar a cabo acciones que nos acerquen a nuestras metas profesionales.

Que esta temporada sea el punto de partida para un año nuevo cargado de motivación, positividad y logros profesionales. Feliz Año Nuevo!

martes, 8 de junio de 2021

Las expectativas, un arma de doble filo para nuestra felicidad

No es la primera vez que hablo en este espacio sobre la Felicidad como meta. Las personas, de manera prácticamente mecánica e inconsciente, tendemos a ponernos objetivos en nuestra vida que nos permitan ser más felices una vez alcanzados, sin darnos cuenta que muchas veces los objetivos no son suficientemente realistas o, más concretamente, sin cerciorarnos que aun alcanzándolos quizás la felicidad no sea la recompensa que obtengamos.

Cuando pensamos en la felicidad o cuando hablamos de ella, la mayoría de las veces lo hacemos en futuro, como si nunca la hubiéramos experimentado con plenitud o como si alguna vez se nos escapó y tuvimos que empezar nuestra persecución tras ella para volver a tenerla. En otras ocasiones, se habla de ella en pasado, como algo que tuvimos tiempo atrás, pero que algún acontecimiento hizo que se quedase inmóvil y anclada en un punto mientras que nosotros avanzábamos hacia el presente sin ella, por lo que en estos casos todavía se hace más difícil, por no decir imposible, considerar que podremos retroceder en el tiempo a por ella.

Estemos en un sentimiento de expectativas enfocadas en un futuro o lo estemos en un estado de apatía y tristeza por ver cómo la felicidad se nos fue de la manos quedando en un tiempo pasado, debemos hacer un trabajo consciente para entender que la felicidad ni se quedó anclada tiempo atrás ni nos está esperando en el yo del futuro. La felicidad es mucho más que eso, es algo abstracto, difuso y pasivo que siempre está ahí esperando a que alguien la agarre y la haga suya.

La felicidad está presente en el aquí y en el ahora y sólo depende de nosotros el querer verla, apreciarla y disfrutarla. Si pensamos en ella como una meta o como algo que tenemos que alcanzar, difícilmente conseguiremos disfrutarla nunca, porque será muy difícil que lleguemos algún día a estar plenamente conformes con lo que tenemos. Si el pobre cree que la felicidad la alcanzará cuando sea rico y algún día fuese agraciado con un gran premio, esa felicidad sería efímera y pronto se daría cuenta que de nuevo necesitaría otra cosa para ser feliz. Si el trabajador cree que la felicidad la alcanzará cuando se jubile, probablemente llegará ese día y observará que la felicidad no estaba ahí esperándole como había imaginado. Si otra persona considera que la felicidad la va a conseguir cuando cree una familia, llegado el momento, también se dará cuenta que la felicidad todavía sigue estando por delante de él. Porque la persona rica, la trabajadora y la soltera, cuando hayan conseguido su objetivo desearán ser más jóvenes, desearán tener cerca a alguien que perdieron o desearán gozar de una salud que ya no tienen… y así seguirán sin ser felices.

La persona que quería ser rica, la que quería jubilarse y la que quería hacer una familia, eran personas que ya tenían la felicidad a su lado cuando comenzaron a plantearse esos objetivos, pero que simplemente no supieron verla. Tras haber alcanzado sus objetivos, en la mayoría de casos además objetivos materiales, la felicidad puede asomar durante un corto tiempo, pero pronto verán como vuelve a desvanecerse y tendrán nuevos objetivos a alcanzar para poder volver a experimentarla. Y es así como muchísimas personas malgastan sus años de vida siguiendo la estela de la felicidad sin llegar nunca a vivir junto a ella.

La felicidad hay que disfrutarla y hay que verla de otra forma. Hay que saber que está en todo momento a nuestro alrededor, a veces en mayor presencia, otras veces de una manera menos evidente, pero hay que saber encontrarla. Sin duda, las expectativas que nos generamos son las que juegan un papel fundamental cuando hablamos de la felicidad. El hecho de tener expectativas muy ambiciosas puede destruir nuestra posibilidad de experimentar felicidad, por la complejidad de alcanzarlas.

La felicidad suele ser proporcional a nuestro nivel de aceptación e inversamente proporcional a nuestras expectativas, es decir, cuando nuestras expectativas son poco realistas o no tienen en cuenta contratiempos que puedan acontecer, podemos recibir un inesperado jarro de agua fría y alejarnos de la tan ansiada felicidad debido a la frustración experimentada.

Existen numerosas expectativas poco realistas que solemos utilizar constantemente y prácticamente sin darnos cuenta:

“La vida debería ser justa”. Hay que aceptar que la vida no lo es. Hay personas que tienen buena suerte y personas que no la tienen y, por lo tanto, de nosotros dependerá dónde fijamos ese nivel de aceptación para que nuestras expectativas no sean inalcanzables y no sigamos esperando que “la justicia” juegue a nuestro favor.

“Todo saldrá bien”. Nos lo decimos a menudo y es una forma de motivarnos, pero no debemos creernos al 100% esta frase. No podemos confundirnos, porque si algo no sale bien, de nuevo, volveremos a frustrarnos.

“La gente debería entenderme y comportarse bien conmigo”. Otra de las cosas que tenemos que aceptar en esta vida es que no podemos caer bien a todo el mundo. Habrá personas a las que caigamos bien y personas a las que no les caigamos bien. Aceptando esto, seremos mucho más felices.

Y como estas podríamos poner diferentes ejemplos de expectativas a las que solemos dar especial importancia. La clave para poder ser felices está en el ajuste que hagamos sobre nuestras expectativas y para ello debemos saber controlarlas, aceptar más la incertidumbre e intentar vivir las situaciones en el presente sin anticipar el resultado del futuro, el cual podría ser muy diferente al esperado.

También debemos ser conscientes de que hay expectativas más realistas y otras que no lo son tanto, porque en función del grado de posibilidad de que las circunstancias estén a la altura de nuestras expectativas, nuestro nivel de aceptación de lo malo que pueda ir ocurriendo, nos ayudará a caer más o menos en picado en ese abismo de la frustración.

Puede ser también bueno comunicar y compartir las expectativas con los demás, porque también pueden ser una ayuda que nos permitan muchas veces bajar los pies a tierra y darnos cuenta de que lo que estamos esperando puede ser demasiado utópico.

Finalmente, va a ser muy importante tener un plan B que también nos resulte válido. Como hemos comentado, puede haber contratiempos que nos desvíen bastante de la meta que queremos conseguir y un plan alternativo puede ser beneficioso para sentirnos realizados y con los objetivos cumplidos.

Está claro que trabajar más en el “yo”, en la autoreflexión y en la inteligencia emocional, que incluye habilidades como la tolerancia a la frustración, por ejemplo, trae considerables ventajas, entre ellas, y para mí la más importante, la de disfrutar más del momento presente, llegando a ser felices desde ya.

miércoles, 28 de abril de 2021

La gestión emocional del tiempo

Vivimos en un mundo acelerado en el cual siempre vamos con prisas, impaciencias y exigencias externas y propias. El “aquí y ahora” no sólo es un dicho que sirva para definir un momento bien aprovechado en el presente, por ejemplo cuando estamos viajando, sino que también nos sirve para definir la exigencia a la que como sociedad nos estamos acostumbrando. Voy a comprar algo y lo quiero “aquí y ahora”, no puedo esperar a que me lo pidan y venir a recogerlo otro día, así que voy a otro lugar o decido comprarlo por Amazon que será más rápido; estoy esperando la respuesta a un email y la necesito “aquí y ahora”, si no tendré que descolgar el teléfono para solicitar la contestación directamente… y así, nos estamos habituando a vivir, en una sociedad altamente consumista que, además, nos consume a nosotros mismos.

Estar a un lado o al otro de esta exigencia hace que cada día se nos presente como una nueva carrera de fondo, en la que la velocidad juega un papel muy importante, porque así nos lo piden nuestros clientes, nuestros proveedores, nuestra familia, amigos e incluso nosotros mismos. Pero además de la velocidad, debemos ser capaces de tener una alta resistencia para poder soportar como mínimo las 12 horas de actividad que nos esperan por delante. Y, por supuesto, tenemos que acertar lo máximo posible e intentar que todo salga bien, evitando cualquier error que nos haga perder tiempo y gastar más energía, mermando tanto la velocidad como la resistencia con la que hemos empezado la jornada. Como vemos, esto se convierte normalmente en un ciclo en el que al final quienes salimos perdiendo somos nosotros mismos. El estrés por no llegar a todos lados, la frustración por no cumplir las expectativas, la falta de reconocimiento y recompensa por las tareas bien hechas… provocan insomnio, alteraciones emocionales, problemas psicosociales… de los que a veces nos damos cuenta demasiado tarde.

Para añadir un último ingrediente a todo este cóctel atómico, además… ¡queremos ser felices! Y como os podéis imaginar, un cóctel en el que se mezclan carrera de fondo, estrés, frustración, cambio emocional y la búsqueda constante de la felicidad, es prácticamente una combinación y una misión imposible.

Cuando esto ya ha llegado a un punto fuera de nuestro alcance, todo puede volverse frustrante y entramos en ese momento en el que se nos aparecen dos vocecitas, una junto a un oído que nos dice “Stop” y otra junto al otro oído que nos dice “Continúa, no les falles”. Ésta, la que quiere quedar bien con todo el mundo, y la otra, la que piensa más en nosotros mismos por encima de los demás. Y, en este caso, ni una ni otra tiene más o menos razón, ni una ni otra busca hacernos mal, sino todo lo contrario, ambas tratan de ayudarnos a su manera. Lo ideal, en estos casos, será hacer caso de ambas y ser capaces de buscar el equilibrio entre sus mensajes, evitando el consumo excesivo de energía y consiguiendo llegar a una posible solución de todo este caos: saber determinar qué tareas son prioritarias por encima de cuáles son urgentes será la clave, porque de urgentes seguramente van a ser la mayoría.

Abro un paréntesis para hacer una analogía con uno de mis hobbies en el ámbito deportivo que es correr. El running ha llegado a mi vida más tarde que pronto, porque antes yo era más acuático, pero al fin de cuentas, con cualquier deporte podríamos hacer un símil como el siguiente. He tenido la oportunidad, o mejor dicho la osadía, de correr algunas maratones, 42 kilómetros 195 metros desde que pisas la línea de salida hasta que consigues alcanzar la meta. En una maratón se necesita velocidad, aunque no es lo más importante a no ser que luches por ser parte de la élite, mucha resistencia y preparación, pero sobre todo mucha cabeza. Básicamente, porque llega un momento en esa carrera, concretamente entre los kilómetros 30 y 35, que para todos aquellos que os dedicáis a correr sabéis que se le llama “el muro”, en el que uno mismo construye una especie de muro mental al que muchos corredores no son capaces de vencer y deciden abandonar en ese punto la competición. Existe un motivo fisiológico que explica la existencia de este muro y se basa en que el cuerpo ha consumido durante la carrera toda la reserva de glucógeno y es más o menos el momento en el que empieza a buscar energía en la reserva de grasa, una reserva mucho menos eficaz para soportar un esfuerzo físico continuo. Este cambio del organismo coincide con un momento en el que mentalmente estás agotado y ambas cosas hacen que te vengas abajo, pero cuanto más preparado estés mentalmente para ese momento, cuanto más te hayas concienciado de que ese momento va a llegar, más fuerza mental vas a poner en marcha para sobrepasar ese tramo crítico y afrontar el resto de kilómetros con un nuevo chute de energía, llegando a culminar la carrera seguramente con una sonrisa.

Podemos ver cómo en esta realidad en la que vivimos tan parecida a una maratón diaria, debemos intentar priorizar lo realmente importante y tratar que las tareas no se conviertan siempre en urgencias y fuegos que apagar. Debemos aprender a ser asertivos y decir “no” y debemos aprender a perdonarnos si no conseguimos alcanzar algún objetivo. Es importante conseguir canalizar nuestra autoexigencia y dominarla, sin que ella consiga dominarnos a nosotros mismos, y sólo de esta manera seremos capaces de llegar a esa meta a la que antes llamaba felicidad, que al fin de cuentas es lo que todos más deseamos.

Muchas veces hemos escuchado que el exceso de análisis nos lleva a la parálisis y así es, algo totalmente extrapolable a una maratón y a un día cualquiera en los que nos vemos inmersos en una rutina de vértigo. Ya tenemos suficientes tareas como para añadir además la de analizar absolutamente todo, ¿no creéis?. Pensar demasiado en las situaciones en las que ya estamos inmersos, sólo nos va a llevar a una parálisis y a un desgaste de energía mental que va a repercutir en nuestra energía física, necesaria para continuar ejerciendo las tareas con garantías de éxito. Llegará un momento en el que el tiempo irá en nuestra contra y en el que una pelota de exigencias se irá convirtiendo poco a poco en una gran bola de prisas, urgencias, errores y frustraciones. Por ello, la importancia de planificar, de ser proactivos, de evitar analizar demasiado las cosas, perdiendo oportunidades y convirtiéndonos en personas tan perfeccionistas que acabemos errando constantemente. Es importante establecer plazos, tener clara cuál es la meta, pero no obsesionarse con ella, no pensar tanto en ese kilómetro 42, sino en pequeños logros como pueden ser los kilómetros 10, 21 y el salto del propio “muro”, tras el cual alcanzar con éxito la meta con una sonrisa ya será prácticamente un hecho.

lunes, 13 de enero de 2020

ENERO: Lo que el Ánsar nos enseña sobre el Trabajo en equipo

Si bien es cierto que en muchas ocasiones necesitamos caminar solos para trabajar diferentes habilidades personales y aprender de la experiencia, es prácticamente indiscutible afirmar que necesitamos a los demás a nuestro lado para aunar sinergias que nos permitan alcanzar objetivos de una manera más fácil, rápida y, en definitiva, eficaz. Comienzo de esta manera el que será el tema de este artículo y de todo el mes de enero: el trabajo en equipo.

Y para ejemplificar el trabajo en equipo voy a hablar del Ánsar. Este animal, comúnmente conocido como ganso u oca, es un ave migratoria acuática similar al pato, pero de tamaño y peso mayor. Mide entre 74 y 91cm y suele pesar entre 2,5 y 5kg. Su plumaje tiende a ser marrón grisáceo y el vientre de color blanco. Habita en las zonas costeras y humedales de casi toda Europa y Asia. Es un animal fiel, eligiendo a su pareja a los 3 años de edad y no abandonándola hasta la muerte. La hembra suele poner unos 5 huevos que incuba durante 1 mes. Los polluelos son cuidados por ambos progenitores durante aproximadamente un par de meses, aunque estos se quedan al lado de sus padres hasta la siguiente época de cría. Cuando llega el invierno migran hacia zonas más cálidas, pudiendo desplazarse a más de 5.000km y superar los 2.000km diarios. Los gansos vuelan en bandadas que forman una V, de manera que el ganso anterior ayuda al posterior con el movimiento de sus alas, permitiendo que el esfuerzo del ave que va detrás se reduzca hasta un 70%.


Como habréis podido imaginar esta última característica del ganso es la que me ayuda a explicar la temática propuesta en este artículo. Cuando el ganso decide volar solo, rápidamente se da cuenta que necesita al grupo para poder desplazarse al destino deseado. Sin el resto de la bandada, y sin esa forma de V, el ganso sería incapaz de soportar el esfuerzo que requiere volar durante más de 17 horas al día. Sin duda, una característica propia de esta especie que nos permite reflexionar sobre la facilidad y rapidez en alcanzar objetivos comunes cuando colaboramos entre nosotros, haciéndolo además con un mejor grado de logro y menor esfuerzo.


Trabajar en equipo, a pesar de las dificultades y conflictos que pueda implicar, nos va a permitir desarrollar ciertas habilidades como la empatía y la colaboración, además de fomentar valores o aspectos como el de la pertenencia al grupo, la coherencia, la fidelidad y la consecución de un objetivo al que todos, independientemente de nuestras diferencias, queremos llegar lo antes posible y de la manera más fácil. Esta no es más que la respuesta a la teoría del "1+1 no son 2". 

Si queremos seguir aprendiendo lo que representa el trabajo en equipo, no tenemos más que seguir fijándonos en el comportamiento de los gansos:

1. Cuando el ganso que vuela primero se cansa, retrocede posiciones para que otro ganso ocupe el lugar del líder y colabore en que el ritmo de la bandada no se aminore. En los equipos de trabajo la figura del líder puede ir cambiando de manera natural sin que ello suponga conflictos, sino que permite mantener viva la fortaleza del grupo al dejar descansar al que hasta ese momento lo había estado dirigiendo.
2. Cuando un ganso decide salir de la linea formada por el grupo, a no ser que sea por enfermedad u otra razón, observamos cómo rápidamente acelera su vuelo para volver al lugar que le corresponde, pues es consciente que en grupo es la única manera de llegar a la meta fijada con total garantía de éxito y eficacia.
3. Cuando un ganso enferma o es abatido, se ve incapacitado para seguir el ritmo de sus compañeros. En ese momento, se sale del grupo y otros dos gansos le van a estar acompañando hasta que sea capaz de volar nuevamente o muera. Los mejores equipos los forman aquellos que se apoyan entre sí y ponen en práctica aspectos de la inteligencia emocional.
4. Los gansos utilizan más de 10 sonidos diferentes para comunicarse. Está claro que la comunicación en un equipo es primordial.


EL TALENTO GANA PARTIDOS, PERO EL TRABAJO EN EQUIPO GANA CAMPEONATOS (Michael Jordan)

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martes, 6 de marzo de 2018

MARZO: ¿Sabes quién fue Bastet?, en Egipto logré ver su magia


Desde niño me había fascinado el mundo egipcio. Esas grandes pirámides, tantos Dioses a los que adorar, tanto oro y riqueza, sus desiertos cruzados por un Nilo bordeado de abundante vegetación… y supongo que también me fue gustando cada vez más al tratarse de uno de los primeros temas en las asignaturas de Historia e Historia del Arte durante casi toda la primaria y secundaria. Porque por alguna razón a medida que en esas clases avanzábamos en el tiempo y llegaban las Guerras Mundiales, la Monarquía en Europa..., el arte Modernista o el Contemporáneo, sinceramente ya todo me aburría. ¡A pesar de que esos temas daban a entender que las vacaciones de verano estaban a la vuelta de la esquina!

Pues bien ¿adivináis dónde fue mi primer viaje? Hasta la fecha había viajado bastante, pero sólo por territorio español. Nunca había salido al extranjero y mucho menos a un país donde la cultura, la comida, las tradiciones y la historia eran tan diferentes a las mías.

La República Árabe de Egipto está situada en el noreste del continente africano, con una superficie de más de 1 millón de km2 y una población superior a los 93 millones de habitantes. Integra en su mayor parte el desierto del Sáhara, cruzado de norte a sur por el río Nilo, el mayor de África, con una longitud de 6853km. Egipto fue la cuna de la antigua civilización egipcia, que junto a la mesopotámica, fueron el origen de la actual cultura occidental, influyendo decisivamente en la historia de la humanidad.

Pues nada, 5000 años después de que la civilización egipcia comenzara a desarrollarse, mi promoción de la licenciatura de Psicología de la Universidad de Barcelona, decidió emprender un viaje de fin de carrera al país que tanta expectativa me había generado durante años.

Debo empezar diciendo que no me decepcionó para nada y que algún día espero volver. Pero sí puedo decir que lo que realmente me sorprendió fue algo que no cuentan los libros de historia: su gente.

Como os he dicho, fue mi primera experiencia en el extranjero, mi primera experiencia con una cultura diferente, pero también mi primera experiencia de sentir que allí éramos mis compañeros y yo las notas discordantes, pues todo se encaminaba hacia una dirección en la que nosotros íbamos absolutamente perdidos. Lo mejor que pudimos hacer fue dejarnos llevar, porque de este modo disfrutamos de la experiencia como nadie.

Cumpliendo un sueño, aunque sorprendido
por no ser lo que más me impactó de aquel maravillo país
Abu Simbel, las grandes Pirámides de Gizah, los Templos de Luxor y Karnak, el Valle de los Reyes, las estancias de Tutankamón… sí sí sí, todo muy espectacular, todo muy bonito, todo muy recomendable, pero ¿y su gente?

Cada hora que pasaba por aquellas zonas rurales, por aquellos poblados junto al Nilo y, días más tarde, por la ciudad de El Cairo me daba cuenta que en general la gente era feliz teniendo mucho menos que cualquiera de los barrios más humildes por los que antes en mi vida hubiera podido pasar.



La Felicidad, es por tanto, el tema de este mes de marzo. ¿Qué es la felicidad?, bufff ¿vaya preguntita no?. Pues tú me dirás una definición, yo te diré otra y así podríamos encontrar miles de definiciones; seguro que todas ellas cargadas de razón.

Porque la felicidad es individual y exclusiva. Cada persona vive una misma realidad de maneras tan distintas, que para una puede ser motivo suficiente para sentirse feliz y para otra puede ser un hecho insípido que apenas le genere ninguna emoción. Un ejemplo típico y tonto, pero que demuestra claramente esta evidencia: El que tiene dinero, que le toque 100€ en la lotería es algo anecdótico, pero el que apenas llega a final de mes esos 100€ le hacen estar feliz al menos durante un buen rato.

Y ya que hablo de ratos, la felicidad también es pasajera. Su efecto en la persona puede durar segundos, horas o incluso días… no me atrevería a decir mucho más, porque siempre existe alguna preocupación que rompe el estado de felicidad constante.

Y es que además, para complicarlo un poquito, cuanto mayor es el grado de felicidad más fácilmente podemos ser susceptibles de caer empicados ante un hecho inesperado, traumático o desafortunado. Así que cuidadín cuando estamos en la euforia y en el climax de la felicidad, siempre deberíamos tener muy bien anclados los pies en la tierra para que la caída no sea demasiado dolorosa.

Así de complicada es la felicidad, esa palabra tan bonita y que a todos nos gusta tanto decir y escuchar, pero que cuando la analizamos a fondo tan retorcida resulta.

Mi opinión, es que la salud, el sentirse querido (y no por todos porque es imposible, sino por aquellos a quienes también quieres), y el tener unos mínimos que permitan que lo anterior (salud y estima) estén cubiertos… para mí eso me demuestra que uno ya puede ser mínimamente feliz si así lo escoge. Porque la felicidad es una elección, no algo que nadie te vaya a dar, que puedas robar o comprar ni que venga a llamarte a la puerta de tu casa. La felicidad la tenemos ahí en muchos momentos y detalles del día a día y sólo depende de uno mismo cogerla o dejarla pasar de largo.

En Egipto, si tuviera que escoger un lugar en el que me topé de frente con la felicidad (en realidad serían varios, pero por explicaros el más impactante para mí) fue en la Ciudad de los Muertos. Se trata de un cementerio situado en el sureste del El Cairo, donde además de muertos existen personas que trabajan y viven en los mausoleos. Así es, personas que limpian y cuidan los mausoleos y a cambio, los familiares de los difuntos, les permiten disponer de un espacio donde dormir en el propio mausoleo. O simplemente, personas que fueron obligadas a abandonar sus casas en el centro de la ciudad debido a demoliciones de la renovación urbana en la década de los 50.

La Ciudad de los Muertos, el lugar donde vivos y muertos comparten techo

La vida en un cementerio, ¿os la imagináis?. Yo no era capaz de dar crédito a lo que estaba viendo. Unos mausoleos con dos estancias, una de ellas para los muertos y otra para los que en vida compartían techo. Creo que no sabría explicar realmente cómo allí se podría vivir, lo mejor que puedo hacer es enseñaros estas fotos.


A la izquierda, la Sra. nos recibía en la primera sala del mausoleo, donde descansa el difunto. Arriba, ya en la segunda sala donde vivían, una de las hijas nos muestra unas crías de gato.

Curiosamente, dato curioso el de los gatos, pues os hago saber que Bastet fue la Diosa egipcia de la felicidad, cuya misión era proteger el hogar. Se representaba como una mujer con cabeza de gato y simbolizaba la alegría de vivir.

Y destaco la sonrisa de esa madre y sus dos hijas cuando recibieron nuestras visitas. Apenas les dimos unos bolígrafos, unos zumos, alguna moneda y poco más porque era todo lo que llevábamos encima. El taxista que nos acercó hasta allí nos explicó que con lo equivalente a 1 euro, llamémosle 1 dólar para los que me leéis desde otros países, esa familia podría vivir durante una semana entera.

No sé, pero muchos años después se me sigue erizando la piel cuando lo pienso y lo describo. El único sentimiento que me hace contrarrestar esa tristeza que uno siente al empatizar con esas pobres familias es saber que nuestra visita les alegró al menos por un momento aquel día.

"La felicidad no es una meta, tan solo es un estilo de vida"

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jueves, 11 de enero de 2018

Nuevo año, nueva temática

Una de mis grandes pasiones, que seguramente comparto con muchos de vosotros, es viajar. La experiencia de salir de mi ambiente para experimentar un cambio de aires es una de las cosas que más me ha enriquecido como persona durante los últimos años. No sé hasta qué punto ni exactamente bajo qué términos, pero me atrevería a decir que incluso mucho más de lo que mi rutina del día a día puede llegar a hacerlo.

Siento haber llegado a un momento en el que poder afirmar que el tiempo anual que dedico a viajar me está dando muchas más lecciones de las que puedo estar aprendiendo en otro tipo de actividades que, de manera rutinaria, realizo el resto del año.

Por poner porcentajes aproximados:

De los 365 días que tiene el año…
o   Un 29% (a una media de 7h) lo dedico a dormir
o   Un 6% a las comidas
o   Un 23% (contando desplazamientos) a trabajar
o   Un 7% a las redes sociales (OMG!)
o   Un 8% (1 mes) lo dedico a viajar
o  Obviamente, en el 27% restante se incluyen el resto de actividades: higiene personal, médicos, compras y ocio, ver tv, lectura, amigos, familia… y, por supuesto, preparar todo lo que conlleva ese 8% que he indicado como porcentaje dedicado a la acción propia del viaje en sí.

¿Por qué dentro del 27% de mi tiempo restante hago mención especial al que dedico a los preparativos de un viaje?


Se ha demostrado que elegir el destino, buscar información, comprar vuelos, reservar hoteles, preparar ruta… genera un estado emocional que te mantiene feliz durante mucho más tiempo del que dedicas puramente al viaje en sí. Del mismo modo que el recuerdo tras la vuelta, la huella que deja en tu memoria, mantiene la emoción mucho más allá del fin de esa aventura.



Las personas somos emociones las 24 horas del día y los 365 días del año. Estas emociones no aparecen y se van, sino que dejan cierta pisada que va a tener una durabilidad e impacto sobre la persona mucho más allá del momento o la situación concreta que la haya producido. Dependerá de cuál sea el hecho que la provocó, dependerá de si esta emoción ha sido positiva o negativa y, por supuesto, dependerá de las características personales del individuo, esa emoción será más o menos intensa y duradera.


Viajar, en mi caso y hasta la fecha, me ha aportado emociones más que positivas. Desde el momento en el que decido un destino, un compañero/a de viaje o incluso si viajo solo y valoro todo los pro y contras de esa decisión… mi cuerpo experimenta una serie de emociones que van variando a lo largo de esas semanas o meses (miedo, coraje, alegría, duda, tristeza…), pero todas en su adecuada dosis y formando cada una parte de un todo que finalmente va a determinar la valoración positiva o negativa que extraeré de la experiencia vivida.

Quiero finalizar esta introducción al 2018 haciendo una especial defensa al tópico de que viajar no es sinónimo de irse a miles de kilómetros, ni es un lujo sólo de ricos… sólo se requieren dos cosas: tiempo y ganas.


Si el 2017 he estado publicando sobre especias culinarias y aspectos relacionados con las personas, que vienen siendo temática habitual en este blog desde 2012, este año haré lo propio con 12 destinos que escogeré para cada uno de los doce meses que tenemos por delante.

Espero, como siempre, que disfrutéis de las lecturas, que opinéis tanto como os apetezca y que me hagáis llegar propuestas, comentarios o incluso artículos que elaboréis y queráis que comparta en mi espacio.

Y, por supuesto, espero que al leer mis artículos sintáis ganas por viajar... repito que soy de los que defienden que haciéndolo crecemos como personas.


viernes, 3 de noviembre de 2017

NOVIEMBRE: Sé coherente y no cambies el sabor de la pimienta según te convenga

A sólo un mes de cerrar el propósito de 2017 de ir haciendo metáforas entre especias y los temas que habitualmente trato en mi blog, este mes os quiero presentar otro de esos condimentos que todos utilizamos en nuestra cocina.

La Pimienta es la especia más consumida en la actualidad y proviene de una planta trepadora cuyos frutos son las bayas. Cuando no están maduras y se secan, constituyen la pimienta negra de sabor intenso; más aromática es la blanca, cuyos granos sí son maduros y secos. Es un condimento que proviene del sur de la India, de la Costa de Malavar y también se cultiva en Indonesia, Malasia y Brasil.


Tendemos a relacionar el uso de la pimienta con los platos salados, pero lo cierto es que también puede ser utilizada en los dulces. Esta dicotomía en su uso es la que voy a utilizar en la metáfora de este mes de noviembre, en el que hablaré de la Coherencia.

Si con el ejemplo del uso de la pimienta en la cocina estamos hablando de una situación “más salada” versus una “más dulce” y, en ambas, se puede utilizar por igual el mismo condimiento sin que éste haya sufrido alteraciones, con la Coherencia me referiré al mismo símil, en el que sin que ésta tenga que sufrir alteraciones, siga utilizándose tanto en las duras como en las maduras.

Antes de entrar más a fondo en este símil, explicar que la Coherencia es aquella condición en la que una persona piensa, dice y actúa del mismo modo. En el momento que esta cadena se ve alterada, desaparece la Coherencia. Tenemos nuestro sistema político completamente incoherente (hablo del español, aunque seguramente los que me leáis desde otros países estaréis en una situación similar de gobiernos y gobernantes nada coherentes), para que con este ejemplo veáis mucho más rápido a dónde quiero llegar.


Para triunfar en el medio-largo plazo, la Coherencia es primordial. Siguiendo con el ejemplo de la política, cuando un candidato nos dice con aparente credibilidad lo que piensa y lo que va a hacer y la mayoría le apoya el día de las elecciones, pero después se demuestra que hace algo totalmente opuesto a lo que prometió, es cuestión de tiempo que el pueblo le eche a patadas del mandato (excepto en casos de gobiernos corruptos, que por desgracia también los hay y abundan, pero que ya son tema aparte). Por lo tanto, ¿triunfaron?, sí, pero en el corto plazo; su incoherencia posterior les sacó del lugar donde hubieran querido seguir. Lo mismo nos ocurre a cualquiera de nosotros en otros contextos: un jefe que promete y nunca da, una empresa que te hace un plan de carrera que nunca se cumple, una marca personal que se crea con una forma de hacer y un objetivo y al final pretende llegar a ese objetivo con acciones muy diferentes a las acordadas, etc.

Pero muchas veces, guardar la coherencia no es tan fácil (o no nos lo ponen fácil), aunque esto no es excusa para que lo tomemos al pie de la letra y nos sirva para justificarnos. Siempre existe un camino alternativo que acabe por hacer posible una coordinación entre lo que uno piensa, dice y hace.

¿Qué podemos hacer para ser coherentes?
  • Identificar aquellos valores y principios en los que creemos y sobre los que construimos nuestra guía de vida.
  • Identificar acciones que vayan acorde a estos valores y principios.
  • Explicar, cuando así convenga, qué piensas y sientes (valores y principios) y qué vas a hacer (acciones) acorde a ellos.
  • Ejecutar las acciones tal y como prometiste y continuar por ese camino.
  • ...y tener que claro que si no te dejan seguir estas instrucciones, simplemente estás en el lugar que no te toca y rodeado de las personas equivocadas. Cambia! No tengas miedo! Siéntete cómodo allá donde tengas que estar. 
En este orden, serás capaz de ser coherente y que tu mundo exterior y el cómo te ven los demás (marca personal) sea igual a tu mundo interior y el cómo te consideras a ti mismo (autoconcepto).

Recuerda que siempre vas a cosechar aquello que hayas sembrado. Si siembras coherencia, recogerás buen fruto. En caso contrario, éste estará podrido y ya será tarde para arrepentirte.

La pimienta puede acompañar perfectamente tanto una ensalada y un plato de bacalao como tartaletas de chocolate y unas fresas con caramelo. Pero sea cual sea el plato que acompañe es el mismo condimento (conservando su esencia y sin ningún tipo de aditivo o variación) y sigue cumpliendo la misma función, la de condimentar con su característico sabor el plato.



Por tanto, es importante que actuemos como la pimienta. A pesar de que el viento sople a nuestro favor o sople en contra, tratemos de luchar por lo que creemos, por lo que prometimos y dijimos íbamos a hacer y por hacerlo. No nos dejemos llevar por la dirección y fuerza del viento y acabemos convirtiéndonos en una veleta.

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