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miércoles, 31 de julio de 2024

El poder de la voluntad: una experiencia personal reciente

Hace apenas unos días culminé un Máster Universitario en Sostenibilidad y Responsabilidad Social Corporativa. Me tomé este reto como algo personal y lo viví no como un logro cualquiera, pues traté de ser más ambicioso de lo que me recomendaban los tutores y conseguí lo que me propuse: completar el programa diseñado para dos años en tan solo uno. Este logro, fruto de la perseverancia y la dedicación, me permite reflexionar en este post sobre tres aspectos fundamentales que forman parte de mi yo y sobre los que ya he dedicado algunos artículos en este blog: la fuerza de voluntad, la necesidad de renovarse y superarse y la importancia de encontrar nexos para darle sentido a las cosas y hacerlas más fácil de lo que en un primer momento parecen.

1. La fuerza de la voluntad

Desde el primer día que me propuse terminar el máster en un año, sabía que no sería una tarea sencilla. La carga académica, las investigaciones para superar las asignaturas y los proyectos profesionales y familiares, además de todos los compromisos sociales, demandaban una gestión del tiempo impecable. Cada madrugada estudiando, cada fin de semana dedicado a trabajos y cada renuncia a momentos de ocio fueron pruebas de la fuerza de voluntad necesaria para alcanzar esta meta. Este esfuerzo constante me demostró una vez más que la voluntad humana puede superar los desafíos más exigentes cuando existe una meta clara y un propósito firme.

2. La renovación y la superación personal como progreso

En el dinámico mundo actual, la renovación no es solo deseable, sino imprescindible. La decisión de matricularme en este máster fue motivada por una nueva responsabilidad profesional y el deseo de actualizarme y adquirir nuevas competencias en un campo que está redefiniendo el futuro de las empresas y la sociedad. La sostenibilidad y la RSC no solo representan una tendencia creciente, sino una necesidad urgente para lograr un mundo más justo y equilibrado. A través de este programa, no solo he ampliado mis conocimientos, sino que también he renovado mi perspectiva sobre cómo puedo contribuir de manera significativa al desarrollo sostenible.

La superación personal es una travesía continua que requiere un compromiso diario. Completar este máster en un año ha sido una manifestación tangible de mi compromiso con la mejora constante. Cada obstáculo superado, cada nueva habilidad adquirida y cada conocimiento asimilado son pasos hacia un yo mejorado, que suponen la base para mejorar después lo que hay fuera de mí. La autoexigencia y la determinación son ingredientes esenciales para no solo cumplir, sino superar las expectativas propias y ajenas.

3. La importancia de buscar el sentido de las cosas

Uno de los aspectos más gratificantes de este viaje ha sido encontrar puntos de convergencia entre mi profesión en el mundo de los recursos humanos y el propio temario del máster. He descubierto que la sostenibilidad y la RSC son campos íntimamente relacionados con los RRHH, ya que la gestión responsable y sostenible de una empresa depende en gran medida de cómo se maneja a su personal. La integración de políticas de sostenibilidad y RSC en las prácticas de RRHH promueve un ambiente laboral ético, fomenta el bienestar de los empleados y contribuye al desarrollo de una cultura corporativa comprometida con el impacto social y ambiental positivo.

A través de este máster, he adquirido herramientas y conocimientos que me permiten implementar estrategias de sostenibilidad en la gestión de personal, desde la contratación de talento alineado con los valores de la empresa hasta el diseño de programas de formación y desarrollo que promuevan la responsabilidad social. Este nexo entre sostenibilidad, RSC y RRHH me ha permitido trabajar con mayor entusiasmo y eficacia en proyectos que no solo tienen un impacto positivo, sino que también me llenan de satisfacción personal.

Para finalizar el post quiero resumir mi experiencia a modo de reflexiones y tips que quizás puedan también ayudarte ante un reto ambicioso como el que hoy comparto.

1. Define tus metas claramente: tener un objetivo claro es fundamental. La claridad en tus metas te dará dirección y te ayudará a mantenerte enfocado.

2. Gestiona tu tiempo eficazmente: la gestión del tiempo es clave para equilibrar las responsabilidades académicas, profesionales y personales. Utiliza herramientas de planificación y priorización.

3. Cultiva la fuerza de voluntad: la perseverancia y la dedicación son esenciales para superar los desafíos. Mantén tu motivación alta recordando constantemente el propósito y celebrando cada pequeño logro en el camino.

4. Comprométete con la superación personal continua: el desarrollo personal es un viaje sin fin. Cada nuevo desafío superado y cada habilidad adquirida son pasos hacia una mejor versión de ti mismo.

5. Busca el sentido en tus acciones: encontrar el propósito en lo que haces no solo te dará satisfacción personal, sino que también aumentará tu eficacia y compromiso con tus proyectos.

6. Encuentra puntos de convergencia: las conexiones entre diferentes áreas de tu vida y trabajo generan sinergias poderosas que te permiten tener un mayor impacto y satisfacción en tus proyectos.

miércoles, 28 de abril de 2021

La gestión emocional del tiempo

Vivimos en un mundo acelerado en el cual siempre vamos con prisas, impaciencias y exigencias externas y propias. El “aquí y ahora” no sólo es un dicho que sirva para definir un momento bien aprovechado en el presente, por ejemplo cuando estamos viajando, sino que también nos sirve para definir la exigencia a la que como sociedad nos estamos acostumbrando. Voy a comprar algo y lo quiero “aquí y ahora”, no puedo esperar a que me lo pidan y venir a recogerlo otro día, así que voy a otro lugar o decido comprarlo por Amazon que será más rápido; estoy esperando la respuesta a un email y la necesito “aquí y ahora”, si no tendré que descolgar el teléfono para solicitar la contestación directamente… y así, nos estamos habituando a vivir, en una sociedad altamente consumista que, además, nos consume a nosotros mismos.

Estar a un lado o al otro de esta exigencia hace que cada día se nos presente como una nueva carrera de fondo, en la que la velocidad juega un papel muy importante, porque así nos lo piden nuestros clientes, nuestros proveedores, nuestra familia, amigos e incluso nosotros mismos. Pero además de la velocidad, debemos ser capaces de tener una alta resistencia para poder soportar como mínimo las 12 horas de actividad que nos esperan por delante. Y, por supuesto, tenemos que acertar lo máximo posible e intentar que todo salga bien, evitando cualquier error que nos haga perder tiempo y gastar más energía, mermando tanto la velocidad como la resistencia con la que hemos empezado la jornada. Como vemos, esto se convierte normalmente en un ciclo en el que al final quienes salimos perdiendo somos nosotros mismos. El estrés por no llegar a todos lados, la frustración por no cumplir las expectativas, la falta de reconocimiento y recompensa por las tareas bien hechas… provocan insomnio, alteraciones emocionales, problemas psicosociales… de los que a veces nos damos cuenta demasiado tarde.

Para añadir un último ingrediente a todo este cóctel atómico, además… ¡queremos ser felices! Y como os podéis imaginar, un cóctel en el que se mezclan carrera de fondo, estrés, frustración, cambio emocional y la búsqueda constante de la felicidad, es prácticamente una combinación y una misión imposible.

Cuando esto ya ha llegado a un punto fuera de nuestro alcance, todo puede volverse frustrante y entramos en ese momento en el que se nos aparecen dos vocecitas, una junto a un oído que nos dice “Stop” y otra junto al otro oído que nos dice “Continúa, no les falles”. Ésta, la que quiere quedar bien con todo el mundo, y la otra, la que piensa más en nosotros mismos por encima de los demás. Y, en este caso, ni una ni otra tiene más o menos razón, ni una ni otra busca hacernos mal, sino todo lo contrario, ambas tratan de ayudarnos a su manera. Lo ideal, en estos casos, será hacer caso de ambas y ser capaces de buscar el equilibrio entre sus mensajes, evitando el consumo excesivo de energía y consiguiendo llegar a una posible solución de todo este caos: saber determinar qué tareas son prioritarias por encima de cuáles son urgentes será la clave, porque de urgentes seguramente van a ser la mayoría.

Abro un paréntesis para hacer una analogía con uno de mis hobbies en el ámbito deportivo que es correr. El running ha llegado a mi vida más tarde que pronto, porque antes yo era más acuático, pero al fin de cuentas, con cualquier deporte podríamos hacer un símil como el siguiente. He tenido la oportunidad, o mejor dicho la osadía, de correr algunas maratones, 42 kilómetros 195 metros desde que pisas la línea de salida hasta que consigues alcanzar la meta. En una maratón se necesita velocidad, aunque no es lo más importante a no ser que luches por ser parte de la élite, mucha resistencia y preparación, pero sobre todo mucha cabeza. Básicamente, porque llega un momento en esa carrera, concretamente entre los kilómetros 30 y 35, que para todos aquellos que os dedicáis a correr sabéis que se le llama “el muro”, en el que uno mismo construye una especie de muro mental al que muchos corredores no son capaces de vencer y deciden abandonar en ese punto la competición. Existe un motivo fisiológico que explica la existencia de este muro y se basa en que el cuerpo ha consumido durante la carrera toda la reserva de glucógeno y es más o menos el momento en el que empieza a buscar energía en la reserva de grasa, una reserva mucho menos eficaz para soportar un esfuerzo físico continuo. Este cambio del organismo coincide con un momento en el que mentalmente estás agotado y ambas cosas hacen que te vengas abajo, pero cuanto más preparado estés mentalmente para ese momento, cuanto más te hayas concienciado de que ese momento va a llegar, más fuerza mental vas a poner en marcha para sobrepasar ese tramo crítico y afrontar el resto de kilómetros con un nuevo chute de energía, llegando a culminar la carrera seguramente con una sonrisa.

Podemos ver cómo en esta realidad en la que vivimos tan parecida a una maratón diaria, debemos intentar priorizar lo realmente importante y tratar que las tareas no se conviertan siempre en urgencias y fuegos que apagar. Debemos aprender a ser asertivos y decir “no” y debemos aprender a perdonarnos si no conseguimos alcanzar algún objetivo. Es importante conseguir canalizar nuestra autoexigencia y dominarla, sin que ella consiga dominarnos a nosotros mismos, y sólo de esta manera seremos capaces de llegar a esa meta a la que antes llamaba felicidad, que al fin de cuentas es lo que todos más deseamos.

Muchas veces hemos escuchado que el exceso de análisis nos lleva a la parálisis y así es, algo totalmente extrapolable a una maratón y a un día cualquiera en los que nos vemos inmersos en una rutina de vértigo. Ya tenemos suficientes tareas como para añadir además la de analizar absolutamente todo, ¿no creéis?. Pensar demasiado en las situaciones en las que ya estamos inmersos, sólo nos va a llevar a una parálisis y a un desgaste de energía mental que va a repercutir en nuestra energía física, necesaria para continuar ejerciendo las tareas con garantías de éxito. Llegará un momento en el que el tiempo irá en nuestra contra y en el que una pelota de exigencias se irá convirtiendo poco a poco en una gran bola de prisas, urgencias, errores y frustraciones. Por ello, la importancia de planificar, de ser proactivos, de evitar analizar demasiado las cosas, perdiendo oportunidades y convirtiéndonos en personas tan perfeccionistas que acabemos errando constantemente. Es importante establecer plazos, tener clara cuál es la meta, pero no obsesionarse con ella, no pensar tanto en ese kilómetro 42, sino en pequeños logros como pueden ser los kilómetros 10, 21 y el salto del propio “muro”, tras el cual alcanzar con éxito la meta con una sonrisa ya será prácticamente un hecho.

lunes, 23 de mayo de 2016

La verdadera definición de la palabra "Riqueza"

Hoy he buscado en el diccionario la palabra “Rico/a” y como primera acepción he encontrado la siguiente:

1. adj. “Adinerado, hacendado o acaudalado”

No contento con la definición he buscado la palabra “Riqueza”:

1. f. “Abundancia de bienes y cosas preciosas”

...y como aún me he quedado menos conforme, me permito escribir la siguiente reflexión.

Cuando sólo se habla de riqueza en términos económicos me pongo enfermo. ¿De verdad se sigue pensando que ser rico es sinónimo de tener mucho dinero? Os voy a demostrar que eso no es siempre así.

En mi entorno profesional estoy cansado de ver ejecutivos septuagenarios que ostentan cierto poder dentro de las organizaciones y, aun no siendo los propietarios del negocio, siguen trabajando a pesar de su avanzada edad. No cabe duda de que personas que llevan prácticamente medio siglo en activo están cobrando sueldos muy elevados comparado con los salarios cutres que la mayoría tenemos hoy en día, pero sus ansias de seguir cobrando sueldos de futbolista al final de cada ejercicio les impide retirarse y dejar paso a las nuevas generaciones.

Me imagino la vida de estas personas con apenas unas horas libres al día; las justas para cenar, mientras piensan en la agenda del día siguiente quedándose dormidos en el sofá mientras ven las noticias. Cuando llegan las vacaciones, si es que las disfrutan al completo, estarán en la piscina de un hotel en bañador y con el teléfono corporativo atendiendo cualquier llamada y pendientes de lo que ocurre en sus empresas, pensando que sin ellos éstas se van a ir al traste.

Cuando un susto cardíaco o cuando sus cuerpos dicen basta y la vida les invita a abandonar la burbuja profesional en la que han estado viviendo durante tantos años, se encuentran que no saben hacer prácticamente nada en casa, en la calle, con ¿amigos?... Algunos de ellos caen realmente enfermos, otros directamente dicen adiós a este mundo y otros pocos consiguen salir de ese pozo para comenzar a vivir, dándose cuenta que tienen una gran riqueza cada vez que echan un vistazo a sus cuentas bancarias y a sus acciones, pero que en realidad son mucho más pobres de lo que nunca pudieron imaginar.

Apenas les queda tiempo, el poco que les queda no saben cómo disfrutarlo, se dan cuenta de que la vida se les ha pasado y que ya es imposible volver atrás. Sólo les queda reconocer que fueron muy ricos, como lo somos la mayoría cuando somos personas jóvenes y vitales, pero no supieron darse cuenta a tiempo que la riqueza disminuye cada día que pasa. Sólo les queda entender que se equivocaron al escoger la definición de la palabra “riqueza”. Se quedaron anclados con la definición literal del diccionario.

Y ahora, ¿puedes pensar en riqueza de otra manera? ¡Yo lo tengo muy claro! Cierto es que existen unos mínimos económicos que nos deben permitir satisfacer nuestras necesidades básicas. Los sobreingresos económicos a costa de la inversión de nuestro tiempo sólo nos van a hacer ser los más ricos en nuestra muerte, pero nos quedaremos muy lejos de haber sido ricos durante la vida, pues no habremos sabido aprovecharla a pesar de haber tenido la gran oportunidad de hacerlo.



El estrés laboral no se elimina, se gestiona

Hay una idea que me parece especialmente importante cuando hablamos de estrés laboral y es la de que no podemos pretender que las personas t...