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jueves, 17 de agosto de 2023

Felicidad laboral: 5 claves para un entorno de trabajo gratificante

No es la primera vez que escribo sobre qué es aquello que nos hace felices en el trabajo. Partiendo de las premisas de que cada persona es un mundo, y, por lo tanto, sus motivaciones son diferentes, de que cada momento de la vida nos marca unos objetivos a alcanzar y, en consecuencia, lo que hoy considero que me pueda hacer feliz quizás no sea lo que piense en un futuro, y de que el nivel de felicidad ante un mismo estímulo es totalmente diferente entre personas, por lo que la teoría de “café para todos” no tiene sentido, voy a tratar de estandarizar las claves que pueden servir para conseguir un mayor porcentaje de gente feliz en el conglomerado empresarial.

La búsqueda de la felicidad en el trabajo es una aspiración universal que ha cobrado mayor relevancia en la actualidad. A medida que las empresas evolucionan, se han dado cuenta de que la felicidad de sus empleados no solo influye en su productividad, sino que también crea un ambiente propicio para la innovación y el crecimiento. En esta línea, presento 5 aspectos clave, que bien podrían ocupar un artículo cada uno de ellos, que contribuyen a la felicidad en el trabajo:

1. Reconocimiento al trabajo: la importancia de sentirse valorado

Los empleados anhelan sentir que su trabajo es apreciado y reconocido por sus superiores y compañeros. Un simple agradecimiento, un reconocimiento público o incluso recompensas tangibles pueden tener un impacto duradero en la motivación y el compromiso de un empleado. El reconocimiento no solo refuerza la autoestima, sino que también fomenta un sentido de pertenencia y compromiso con la empresa.

2. Aprendizaje continuo: crecimiento profesional y personal

Siendo un defensor empedernido de la formación, no puedo dejar de mencionar este aspecto clave que apuesta por el desarrollo profesional y personal de cualquier trabajador. La formación permite a los empleados mejorar sus habilidades, enfrentar nuevos desafíos y mantenerse motivados. Además, contribuyen una oportunidad para mejorar otras muchas habilidades de manera indirecta como son la comunicación y el trabajo en equipo, entre otras.

3. Reparto del poder y del liderazgo: cultivando una cultura participativa

Un entorno laboral en el que el poder y el liderazgo se comparten de manera equitativa genera una sensación de pertenencia y valor entre los empleados. No me refiero en este punto a delegar la jefatura, ni mucho menos el liderazgo, que por definición es más intangible, sino a la asignación de la dirección de proyectos puntuales a diferentes personas del equipo de trabajo para fomentar una cultura participativa, donde las voces de todos sean escuchadas y donde las decisiones se tomen de manera colaborativa, promoviendo la transparencia y reduciendo las jerarquías rígidas. Esto no solo mejora la satisfacción laboral, sino que también puede dar lugar a soluciones más innovadoras y eficaces, a la vez que permite detectar potencial escondido entre los empleados, el cual puede contribuir a una proyección futura dentro de la organización.

4. Interés genuino por las personas: crear conexiones significativas

La felicidad en el trabajo no solo se trata de tareas y responsabilidades, sino también de relaciones humanas. Las organizaciones que promueven un ambiente en el que se valora a las personas por encima de los roles que desempeñan, fomentan la empatía. Establecer conexiones entre compañeros y superiores no solo mejora el ambiente laboral, sino que también contribuye a un sentido de propósito compartido.

5. Equilibrio entre valores, misión y visión: unidad en la diversidad

Cuando los valores, la misión y la visión de la empresa se alinean con los valores personales y metas de los empleados, se crea un terreno fértil para la satisfacción laboral. Sentirse parte de un propósito más grande y saber que se contribuye a algo significativo puede aumentar la sensación de realización. Las empresas que comunican claramente su propósito y demuestran cómo cada empleado contribuye a él, fortalecen el sentido de identidad y felicidad en el trabajo. Si los valores, la misión, la visión y, en definitiva, la cultura empresarial está claramente expuesta, se va a lograr fortalecer las alianzas con quienes se sienten en armonía, a la vez que se va a permitir a los demás el buscar una salida profesional diferente hacia un entorno donde la alineación entre los valores personales y los de la empresa sea más completa. Esto, aunque en ocasiones nos lleve a pensar que es una puerta abierta para la salida del talento, se debe ver como una manera natural de rotación que beneficiará personalmente al empleado y que beneficiará a la empresa, pues de nada sirve mantener personas que no compartan la estrategia empresarial por la que se ha apostado.

En conclusión, aunque la felicidad dependerá de las premisas que comentaba en el primer párrafo de este artículo, al adoptar estos aspectos clave, las organizaciones pueden ayudar a transformar la manera en que sus empleados experimentan el trabajo y, en última instancia, impulsar el éxito colectivo.

martes, 8 de junio de 2021

Las expectativas, un arma de doble filo para nuestra felicidad

No es la primera vez que hablo en este espacio sobre la Felicidad como meta. Las personas, de manera prácticamente mecánica e inconsciente, tendemos a ponernos objetivos en nuestra vida que nos permitan ser más felices una vez alcanzados, sin darnos cuenta que muchas veces los objetivos no son suficientemente realistas o, más concretamente, sin cerciorarnos que aun alcanzándolos quizás la felicidad no sea la recompensa que obtengamos.

Cuando pensamos en la felicidad o cuando hablamos de ella, la mayoría de las veces lo hacemos en futuro, como si nunca la hubiéramos experimentado con plenitud o como si alguna vez se nos escapó y tuvimos que empezar nuestra persecución tras ella para volver a tenerla. En otras ocasiones, se habla de ella en pasado, como algo que tuvimos tiempo atrás, pero que algún acontecimiento hizo que se quedase inmóvil y anclada en un punto mientras que nosotros avanzábamos hacia el presente sin ella, por lo que en estos casos todavía se hace más difícil, por no decir imposible, considerar que podremos retroceder en el tiempo a por ella.

Estemos en un sentimiento de expectativas enfocadas en un futuro o lo estemos en un estado de apatía y tristeza por ver cómo la felicidad se nos fue de la manos quedando en un tiempo pasado, debemos hacer un trabajo consciente para entender que la felicidad ni se quedó anclada tiempo atrás ni nos está esperando en el yo del futuro. La felicidad es mucho más que eso, es algo abstracto, difuso y pasivo que siempre está ahí esperando a que alguien la agarre y la haga suya.

La felicidad está presente en el aquí y en el ahora y sólo depende de nosotros el querer verla, apreciarla y disfrutarla. Si pensamos en ella como una meta o como algo que tenemos que alcanzar, difícilmente conseguiremos disfrutarla nunca, porque será muy difícil que lleguemos algún día a estar plenamente conformes con lo que tenemos. Si el pobre cree que la felicidad la alcanzará cuando sea rico y algún día fuese agraciado con un gran premio, esa felicidad sería efímera y pronto se daría cuenta que de nuevo necesitaría otra cosa para ser feliz. Si el trabajador cree que la felicidad la alcanzará cuando se jubile, probablemente llegará ese día y observará que la felicidad no estaba ahí esperándole como había imaginado. Si otra persona considera que la felicidad la va a conseguir cuando cree una familia, llegado el momento, también se dará cuenta que la felicidad todavía sigue estando por delante de él. Porque la persona rica, la trabajadora y la soltera, cuando hayan conseguido su objetivo desearán ser más jóvenes, desearán tener cerca a alguien que perdieron o desearán gozar de una salud que ya no tienen… y así seguirán sin ser felices.

La persona que quería ser rica, la que quería jubilarse y la que quería hacer una familia, eran personas que ya tenían la felicidad a su lado cuando comenzaron a plantearse esos objetivos, pero que simplemente no supieron verla. Tras haber alcanzado sus objetivos, en la mayoría de casos además objetivos materiales, la felicidad puede asomar durante un corto tiempo, pero pronto verán como vuelve a desvanecerse y tendrán nuevos objetivos a alcanzar para poder volver a experimentarla. Y es así como muchísimas personas malgastan sus años de vida siguiendo la estela de la felicidad sin llegar nunca a vivir junto a ella.

La felicidad hay que disfrutarla y hay que verla de otra forma. Hay que saber que está en todo momento a nuestro alrededor, a veces en mayor presencia, otras veces de una manera menos evidente, pero hay que saber encontrarla. Sin duda, las expectativas que nos generamos son las que juegan un papel fundamental cuando hablamos de la felicidad. El hecho de tener expectativas muy ambiciosas puede destruir nuestra posibilidad de experimentar felicidad, por la complejidad de alcanzarlas.

La felicidad suele ser proporcional a nuestro nivel de aceptación e inversamente proporcional a nuestras expectativas, es decir, cuando nuestras expectativas son poco realistas o no tienen en cuenta contratiempos que puedan acontecer, podemos recibir un inesperado jarro de agua fría y alejarnos de la tan ansiada felicidad debido a la frustración experimentada.

Existen numerosas expectativas poco realistas que solemos utilizar constantemente y prácticamente sin darnos cuenta:

“La vida debería ser justa”. Hay que aceptar que la vida no lo es. Hay personas que tienen buena suerte y personas que no la tienen y, por lo tanto, de nosotros dependerá dónde fijamos ese nivel de aceptación para que nuestras expectativas no sean inalcanzables y no sigamos esperando que “la justicia” juegue a nuestro favor.

“Todo saldrá bien”. Nos lo decimos a menudo y es una forma de motivarnos, pero no debemos creernos al 100% esta frase. No podemos confundirnos, porque si algo no sale bien, de nuevo, volveremos a frustrarnos.

“La gente debería entenderme y comportarse bien conmigo”. Otra de las cosas que tenemos que aceptar en esta vida es que no podemos caer bien a todo el mundo. Habrá personas a las que caigamos bien y personas a las que no les caigamos bien. Aceptando esto, seremos mucho más felices.

Y como estas podríamos poner diferentes ejemplos de expectativas a las que solemos dar especial importancia. La clave para poder ser felices está en el ajuste que hagamos sobre nuestras expectativas y para ello debemos saber controlarlas, aceptar más la incertidumbre e intentar vivir las situaciones en el presente sin anticipar el resultado del futuro, el cual podría ser muy diferente al esperado.

También debemos ser conscientes de que hay expectativas más realistas y otras que no lo son tanto, porque en función del grado de posibilidad de que las circunstancias estén a la altura de nuestras expectativas, nuestro nivel de aceptación de lo malo que pueda ir ocurriendo, nos ayudará a caer más o menos en picado en ese abismo de la frustración.

Puede ser también bueno comunicar y compartir las expectativas con los demás, porque también pueden ser una ayuda que nos permitan muchas veces bajar los pies a tierra y darnos cuenta de que lo que estamos esperando puede ser demasiado utópico.

Finalmente, va a ser muy importante tener un plan B que también nos resulte válido. Como hemos comentado, puede haber contratiempos que nos desvíen bastante de la meta que queremos conseguir y un plan alternativo puede ser beneficioso para sentirnos realizados y con los objetivos cumplidos.

Está claro que trabajar más en el “yo”, en la autoreflexión y en la inteligencia emocional, que incluye habilidades como la tolerancia a la frustración, por ejemplo, trae considerables ventajas, entre ellas, y para mí la más importante, la de disfrutar más del momento presente, llegando a ser felices desde ya.

martes, 30 de marzo de 2021

Cuando la felicidad está en ti y no eres capaz de verla

Recién estrenada la primavera quisiera dedicar este artículo a una de las emociones que más solemos relacionar con esta estación del año: la felicidad.

En realidad, la felicidad no es una emoción en sí, sino un estado compuesto por varias emociones, pero desatinadamente tendemos a hacer un efecto halo y generalizamos toda una secuencia de emociones, primando aquella o aquellas más positivas, razón por la cual solemos decir que una persona es o está feliz. Pero realmente una persona feliz también tiene emociones no tan positivas a lo largo del día y, aunque puedan ser efímeras, pueden llegar a invadirle puntualmente de tristeza, por ejemplo, al escuchar una noticia en televisión, de miedo, al no recibir respuesta a una llamada telefónica que realiza a su hijo, de rabia, al darse cuenta que se ha olvidado de felicitar por el cumpleaños a un amigo, etc… Las emociones, desde la más positiva hasta la más negativa, siguen existiendo prácticamente a diario en nuestro interior por muy predominante que pueda ser sólo una de ellas.

Lo mismo que ocurre con la salud, con la satisfacción y con el bienestar, la felicidad debería ser el estado natural del ser humano, porque lo antinatural realmente es la enfermedad, la insatisfacción, el malestar, la tristeza y el sufrimiento. Por ello, creo que es justo partir de la base de que todo el mundo es feliz y de que es la percepción que cada uno hace de esa felicidad la que realmente determina su estado emocional. Estas percepciones, muy diferentes entre personas, son las que a veces nos juegan malas pasadas, porque tendemos a darle mucha más importancia a todo lo negativo y acabamos eclipsando esa felicidad de la que podríamos estar gozando de manera más natural, sin perseguir constantemente la perfección.

Aunque debo reconocer que esto no es fácil y requiere de trabajo consciente, soy de los que opinan que siempre podemos ver el vaso medio lleno. El hecho de decidir si el vaso está medio lleno o está medio vacío es una opción, una decisión, y no una simple realidad.

Erróneamente, solemos creer que seremos felices cuando las cosas nos vayan bien, pero tampoco sabemos cuándo eso va a ser así y ni siquiera somos capaces de poner una fecha y una hora a la que las cosas nos vayan a ir bien. Y, aunque fuéramos capaces de ello, seríamos incapaces de saber si entre el momento actual y esa hora y esa fecha en la que nos hemos marcado, pudiera haber algún imprevisto que nos estropeara cualquier plan. Por eso es importante aprovechar cada momento presente y pensar que, si ahora estoy feliz, es el instante de disfrutarlo. Nuestro sistema de creencias tiene una gran errata que es la de pensar que la felicidad depende de circunstancias y de factores externos, los cuales ya por definición son difíciles o casi imposibles de poder predecir y controlar. En cambio, los factores internos, los que dependen solamente de nosotros, sí podemos moldearlos y acercarlos más a nuestros intereses. De ahí, vuelvo a lo que me estaba refiriendo más arriba, que pensamos que la felicidad llegará cuando las cosas empiecen a ir bien, pero en realidad deberíamos vivir en el pensamiento de que las cosas van a ir bien cuando aprendamos a ser felices por nosotros mismos y, para ello, es necesario un alto nivel de autoconocimiento y de desarrollo personal.

Para hacerlo un poco más gráfico, vamos a pensar que tenemos dos escenarios: un escenario de humo, de preocupación constante, en el que nos estamos preocupando constantemente de todo aquello que no depende directamente de nosotros, es decir, de factores externos; y un escenario de cemento, firme y estable, donde podemos pisar fuerte sin miedo, es decir, donde podremos decidir sobre todo aquello que tenemos a nuestro alcance, por ejemplo, cómo nos vemos a nosotros mismos, qué es lo que nos gusta, qué prioridad le damos a las cosas… Y es justamente en este escenario en el que nos tenemos que mover, porque este escenario es un escenario donde podremos hacer un uso de nuestra mente voluntario y consciente, que nos va a permitir gestionar nuestras propias emociones sin depender de lo que los otros o las circunstancias decidan.

Como decía Mahatma Gandhi, “Cuida tus pensamientos, porque se volverán palabras. Cuida tus palabras, porque se transformarán en acciones. Cuida tus acciones, porque se convertirán en hábitos. Cuida tus hábitos, porque forjarán tu carácter. Cuida tu carácter, porque determinará tu destino y tu destino será tu vida”, es decir, cuidemos nuestros pensamientos, porque en función de cómo los cuidemos vamos a vivir de una manera o vamos a vivir de otra. En definitiva, si de verdad queremos cambiar el mundo para que parezca y sea más feliz, empecemos por nosotros mismos.

miércoles, 27 de enero de 2021

La flexibilidad de pensamiento, clave para ser un empleado eficaz

La flexibilidad de pensamiento, entendida como la capacidad de pensar que ante una situación hay diferentes formas de ver las cosas y de darles respuesta, es clave en el mundo en el que vivimos; un mundo en el que todo está hiperrelacionado y conectado.



Un pensamiento de múltiples opciones, que huya de la rigidez, va a hacernos mejores en nuestro día a día como empleados, como líderes, como jefes y, por supuesto, como personas. Debemos ser capaces de abandonar pensamientos y expresiones del “blanco o negro”, del “bueno o malo”, del “todo o nada”, del “a mi manera o ya sabes lo que hay”, del “tú no sabes y yo sí”… para trabajar en un matiz de grises y de punto intermedios, una filosofía de pensamiento y de trabajo más adecuada a los tiempos que corren.

Los extremos nunca fueron buenos, aunque en épocas pasadas se admitían y formaban parte del quehacer diario de cualquier empresa, en la que los jefes utilizaban el poder y mando y hacían que los empleados realizaran lo que ellos les ordenaban. El cambio generacional, la globalización, el mirar y copiar lo que otros hacen y les funciona,… nos ha permitido ir abandonando poco a poco esos modelos rígidos y buscar cada vez más una mayor cercanía entre rendimiento y satisfacción en el puesto de trabajo.

Hoy sabemos que si no estamos satisfechos con lo que hacemos, no rendimos como deberíamos, pero también sabemos que el mundo laboral no se acaba en las cuatro paredes de nuestra empresa, sino que podremos encontrar la satisfacción deseada en cualquier otro lugar, mejorando de esta manera nuestro rendimiento, nuestro reconocimiento y, a la vez, nuestra autorrealización (según Maslow, es el logro máximo de la satisfacción humana, el desarrollo del potencial humano, la aceptación de sí mismo, en definitiva, la felicidad). 

Lo evidente, que antes costaba de apreciar, es que la satisfacción está vinculada directamente a la motivación y al desempeño de la tarea. No podemos esperar buenos rendimientos si la manera de dirigir a nuestros equipos falla, del mismo modo que no podremos esperar satisfacción laboral si la manera de responder a mi tarea no cumple un mínimo de las expectativas del empresario. Es una relación bidireccional en cuya base se encuentra el modelo win-win. Por todo esto, es importante no tener pensamientos rígidos, saber empatizar con las personas que nos rodean, entender el porqué pueden estar actuando de cierto modo o haber cambiado la actitud y, una vez hecho este ejercicio de flexibilidad cognitiva, tomar las actuaciones que se consideren más acertadas para mejorar la situación que se esté dando.



lunes, 3 de agosto de 2020

AGOSTO: Lo que el Capibara nos hace reflexionar con su ejemplo de Tolerancia en el reino animal

Por desgracia siempre ha estado entre nosotros, y en pleno s.XXI, a pesar de las catástrofes que nos vienen por todos lados (naturales y climáticas, sanitarias, económicas, bélicas…), el ser humano sigue siendo incapaz de erradicar el verdadero dardo envenedado de la intolerancia. Y, aunque sobre ella voy a debatir y reflexionar durante este mes de agosto que estamos iniciando, no lo voy a hacer desde la connotación negativa; por ello, la temática del mes será la de la tolerancia.

Para seguir con la analogía animal que durante este año dedico en este blog a cada tema, para hablar de la tolerancia quiero que aprendamos hoy del que se dice es el ser más tolerante del reino animal: el Capibara.


El capibara, que recibe otros nombres según el país donde habita, es el roedor de mayor tamaño que existe en nuestro planeta. Vive en los bosques y sabanas tropicales hasta casi los 2.000 metros sobre el nivel del mar. Tiene una cabeza pequeña en comparación con su cuerpo macizo y pesado, que puede llegar a los 65kg. Su pelaje es cobrizo y sus patas cortas, con cuatro dedos las anteriores y tres las posteriores. Habita normalmente en Sudamérica, en las cuencas del río Orinoco, del Amazonas y del Río de la Plata, desde el este de Venezuela y la Guayana hasta Uruguay, Paraguay y el norte de Argentina. Los capibaras son animales prácticamente crepusculares, que pasan la mayor parte del calor del día en agujeros en el barro o dentro de las aguas, pudiendo estar sumergidos hasta 5 minutos. Viven en grupos, constituidos por la pareja y las crías, aunque también pueden convivir con otros adultos y formar grupos de entre 6 y 20 ejemplares, liderados por un macho dominante que suele ocupar esta posición durante varios años. Se alimentan principalmente de hierbas y plantas acuáticas, y como otros roedores practican la coprofagia o ingestión ocasional de sus propios excrementos, de los que obtienen nutrientes. Las hembras suelen reproducirse una vez al año y tienden a tener entre 2 y 8 crías. Su esperanza de vida ronda los 8-10 años. Sus principales depredadores son los pumas, jaguares, anacondas y caimanes. El hombre los caza por su piel y su carne y, en algunos casos, pueden ser cazados para domesticarlos y utilizarlos como animales de compañía.

Ciertamente, no existe ningún estudio científico que corrobore que los capibaras se lleven bien con todos los animales; de hecho es muy probable que ante sus depredadores naturales prefieran no probar suerte en términos de amistad. Pero sí es cierto que en internet y en las redes sociales, estos animales han adquirido la fama de ser los animales más sociables y los que mejor se llevan con otras especies. Podemos encontrar numerosas fotos que así lo demuestran.


Lo importante no es discutir si son o no los más sociables, sino que el quid de la cuestión, y en lo que se centra la temática de este post, es reflexionar sobre la tolerancia. Las personas podemos ser y somos muy diferentes en cualquier aspecto sobre el que paremos nuestra atención y, ahí está la magia de la diversidad, de los valores humanos, del respeto, de la capacidad de convivencia más allá de las creencias, razas, orientaciones sexuales, clases sociales… Una magia que, desgraciadamente, aún no ha aflorado como debiera en gran parte de nuestra sociedad. Durante los últimos años, el mundo ha sido testigo de terribles ataques terroristas motivados por ideologías políticas y religiosas que chocan entre sí; apenas hace dos meses, en mayo, en plena pandemia del Covid-19, el mundo se echaba a la calle para protestar por el asesinato racista por parte de un policía de George Floyd en Mineápolis; hace una semana la prensa se hacía eco de un caso de homofobia en un hospital de Buenos Aires, en el que se rechazaba la sangre de un donante por ser homosexual; y estos son sólo algunos ejemplos de la falta de tolerancia que habita como uno más entre nosotros. Una verdadera pandemia a la que se podía poner remedio con la unidad y con el foco en una solución global, pero a la que los países, los gobiernos y, en definitiva, a muchas personas no parece importarnos demasiado mientras no nos toque de cerca.

La tolerancia, definida como la “actitud de quien respeta las opiniones, ideas o actitudes de las demás personas aunque no coincidan con las propias” debería ser la asignatura más importante durante toda la educación escolar en cualquier lugar del mundo. Es cierto que muchas familias educan a sus hijos bajo el valor de la tolerancia, lo veo, se ve, se palpa en generaciones más jóvenes, pero no es suficiente. La tolerancia debiera ser cosa de todos: de la escuela, de la familia, de los políticos, de los líderes religiosos, de los influencers… sólo así, unidos, encontraríamos la vacuna para minimizar los efectos de una pandemia que lleva generación tras generación contagiándonos y a la que mínimos esfuerzos se le ha dedicado.

La tolerancia debiera empezar por reforzar muchos otros aspectos de la inteligencia emocional, como son la escucha activa, la empatía, la humildad… porque sólo así, escuchando y entendiendo el porqué de los demás (de los que en un principio parecen nuestros rivales, nuestros enemigos, "los diferentes"), poniéndonos después en el lugar de ellos para quizás lograr comprenderles, siendo capaces de ver que el poder nos corrompe y nos hace infelices y que la vida es mucho más que todo eso, mucho más fácil de lo que nosotros la hacemos… sólo así, lograremos ser más tolerantes y lograremos ser más fuertes para afrontar otros temas de importancia vital que escapan de nuestras manos, como son esas crisis naturales y sanitarias a las que al principio hacía referencia.

EN LA PRÁCTICA DE LA TOLERANCIA, NUESTRO ENEMIGO ES NUESTRO MEJOR MAESTRO (Dalai Lama)

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lunes, 2 de marzo de 2020

MARZO: Lo que el Quokka nos transmite sobre la Felicidad

Arrancamos este mes de marzo con una nueva temática y un nuevo animal del que vamos a aprender algo, como mínimo a reflexionar sobre el tópico que vamos a tratar. Este mes, en el hemisferio norte de la Tierra, comienza oficialmente una de las estaciones más colorida del año: la primavera. Por su condición de ser la estación en la que las flores empiezan a brotar, los animales se aparean y la luz del día empieza a brillar con más fuerza, este mes propongo hablar de la felicidad.

Y vamos con la eterna pregunta, ¿Qué es la felicidad?... y mi eterna respuesta con otra pregunta ¿Qué es para ti la felicidad?.

No debemos pretender encontrar un significado válido para todas las personas, porque cada persona va a entender la felicidad de una manera distinta, porque cada uno de nosotros somos felices de formas muy diferentes ante un mismo estímulo, porque la felicidad no depende sólo de un factor y porque el resultado de la suma de todos esos factores externos e internos que influyen en el grado de felicidad nunca va a ser el mismo para todos nosotros.

Pero antes de reflexionar un poco más allá sobre este estado llamado felicidad, quiero presentaros al Quokka, una especie de marsupial que nos recuerda a un canguro del tamaño de un gato. Este animal es considerado el animal más feliz del mundo, debido probablemente a su alto grado de sociabilidad y a su peculiar apertura de boca y curvatura de hocico que recuerda constantemente nuestra sonrisa. El quokka es un animal hervíboro y puede estar largos periodos de tiempo sin beber, haciéndolo a través de las hojas y bayas de las que se alimenta. Es principalmente nocturno y su hábitat está en pequeñas islas de la costa australiana occidental. Se reproducen un par de veces por año y las hembras llevan a sus crías en la bolsa marsupial durante unos 11 meses. La mala noticia es que se encuentra en peligro de extinción (su familia ronda los 12.000 ejemplares), debido esto a su gran depredador, el zorro, y a la deforestación por parte del hombre.


Volviendo al tema que nos toca, y teniendo claro que ninguna definición que busquemos y encontremos sobre la felicidad va a ser más acertada que la propia que queramos elaborar, me dispongo a dar una definición que a mí me ha servido y que he ido rehaciendo a lo largo de mi vida, porque al fin de cuentas la experiencia nos ayuda a darle más realismo a todo aquello que quisiéramos tener como “lo ideal”.

Lo que tengo claro, antes de lanzarme a contestar la eterna pregunta que me hacía al principio de este artículo, es que si llegara a pensar que la felicidad es una meta a la que tengo que llegar para sentirme genial, estupendo, pleno y vital… mejor me dedicase a pensar que la vida es una auténtica mierda, porque esa meta es inalcanzable por cientos de años que lograse vivir. Por ello, bajando del idealismo y poniendo pies en tierra, afirmo que para mí la felicidad es un estado mental y emocional pasajero ante circunstancias que nos acompañan a lo largo de la vida. Es más, hace ya un tiempo me dispuse a ir rehaciendo esta definición y sustituir las palabras “estado mental y emocional” por actitud. Es decir, quedaría algo así como, “para mí la felicidad es la actitud que le ponemos a las circunstancias que nos acompañan durante nuestra vida”. Si la circunstancia la considero negativa, seguramente le asigne tanta tristeza que difícilmente sea capaz de ver los colores vivos de la felicidad. Si la circunstancia es bajo mi punto de vista perfecta, especial y positiva, seguramente mi actitud hacia la misma sea tal que consiga curvar mi hocico y dibujar una amable sonrisa, consiguiendo trasladar dicha emoción hasta lo más dentro de mi propio ser.

Por ello, aunque todos vamos a tener circunstancias en un extremo y en otro (también fifty-fifty) pues lo mejor que podemos hacer es trabajar nuestros rasgos, actitudes y acciones que nos acerquen a ese estado de felicidad “constante” y “aparente” aunque realmente no se ubique siempre en el extremo más positivo. Recordemos que las emociones son contagiosas y que el círculo que nos rodea sea vicioso (negativo) o virtuoso (positivo) va a depender en gran medida de nosotros. Si voy con una actitud positiva y sonriendo por la vida, en vez de ir de mala gana y con cara de amargura y tristeza, es probable que la gente que me rodea también se sienta contagiada por esa actitud y actúe en consecuencia, haciendo que la primavera acompañe el clima social de ese entorno en el que me encuentro.

Hagamos una prueba. ¿Verdad que si miras al quokka es muy probable que sonrías?. No es más que ese contagio del que hablo.


¿Eres capaz ahora de darme tu definición de felicidad? ¿Crees que es necesario rehacer esa definición que le das? ¿Te unes al reto de contagiar a los demás de positivismo? ¡Sonríe!

LA FELICIDAD ES CONTAGIOSA ¡SEA PORTADOR! (Robert Orben)

martes, 2 de abril de 2019

ABRIL: Will Smith, el tío más feliz de la pequeña y gran pantalla


La felicidad es el tema que va a ocupar espacio en ‘Nosotros: las personas’ durante este mes de abril. Y como no podía ser de otra manera cuando pienso en un personaje famoso que inspire felicidad, me viene a la cabeza el tío más feliz que veía en TV cada mediodía cuando salía del colegio y llegaba a casa a comer: el Príncipe de Bel-Air.

En efecto, Will Smith es el personaje que acompaña al tema del mes. Willard Carroll Smith, Jr. es un actor y rapero estadounidense que ha tenido éxito en ambas facetas artísticas. Alcanzó su fama precisamente durante los 90 con la serie de televisión ‘The Fresh Prince of Bel-Air’, ‘El Príncipe de Bel-Air’ en la versión española. A mitad de los 90 pasó de la pequeña a la gran pantalla, actuando en películas taquilleras como ‘Dos policías rebeldes’, ‘Independence Day’, ‘Men in Black’, ‘Yo, robot’ o ‘En busca de la felicidad’, entre otras, y fue nominado tanto en los Premios Óscar como en los Globo de Oro.


A Will Smith le hemos visto en numerosas ocasiones en el programa de la televisión española ‘El hormiguero’, como invitado. En 2013, adquirió los derechos para EEUU de este programa. Y, siempre el humor, la sonrisa y el “buen rollo” le acompañan.

Sobre la última de las películas que he mencionado antes, ‘En busca de la felicidad’ (2006) se cuenta la historia basada en hechos reales de Chris Gardner, un padre indigente que llegó a ser multimillonario en la década de los 80. Esta película habla del afán de superación y del no rendirse nunca, acompañado siempre de un buen saber estar, una excelente educación, calidad de servicio y entrega, coraje, sacrificio, confianza, ilusión y positivismo.


Y es que la felicidad… ¿qué es la felicidad mas que un estado de utopía abstracto e inalcanzable como tal?. Esta sería mi pregunta y a la vez respuesta sobre el término que todos perseguimos e intentamos definir durante nuestros años en este mundo. Nadie sería capaz de definirla correctamente y, en cambio, todos sabrían explicarla teniendo razón… porque la felicidad es un ente abstracto que cada uno la interpreta, la percibe y la vive (o no) a su manera.

Un indigente, un anciano, un barrendero, un niño sin recursos que vive en el África subshariana o un paciente de la unidad de oncología de un hospital infantil pueden ser igual o más felices que los que ocupan las primeras posiciones del Forbes, el director general de una gran compañía, el niño que vive en el centro de Mónaco o en Bervely Hills o el que disfruta de unas vacaciones esquiando en las pistas de Zermatt en Suiza.

La felicidad es un estado momentáneo que tiene un efecto de subida y otro de bajada claramente definidos. Acuérdate de un momento en el que hayas tenido una gran sorpresa, seguro que te has sentido la persona más feliz del mundo ¿cuánto tiempo dura esa sensación?, ¿minutos, quizás horas?... pero después ya vuelves a “no ser tan feliz como te gustaría” y a seguir buscando esa zanahoria de la felicidad que tienes ahí delante de por vida y que nunca logras coger.


Cuando escucho a alguien decir que no es feliz siempre doy el mismo consejo… no mires todo de manera global, piensa y céntrate en lo pequeño: salir a pasear, a correr, escuchar el canto de los pájaros mientras das una vuelta, el sonido de las olas al romper en la orilla del mar, un delicioso café en tu terraza preferida, la lectura de un libro, una conversación con tu madre,… cualquier momento es válido para sentirse feliz. Ésa y no otra es la auténtica felicidad, la tienes ahí, a tu alcance en cada momento. Sólo depende de ti que quieras agarrarla y disfrutarla durante un efímero instante.

"Money and success don't change people; they merely amplify what is already there"

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