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viernes, 27 de febrero de 2026

Team building: cuando la distancia no es excusa

Hacer un team building no es “hacer actividades”. Tampoco es llenar una agenda con dinámicas simpáticas para romper el hielo. Cuando un equipo, y en el caso que os cuento hoy sobre la empresa en la que trabajo con sedes en distintas ciudades, decide invertir tiempo en este tipo de experiencias, en realidad está decidiendo revisar cómo se relaciona, cómo se comunica y cómo se construye confianza de puertas hacia dentro, para poder después proyectarlo hacia el exterior del área.

Soy director de un departamento de recursos humanos en el cual la distancia forma parte de la ecuación. No todos compartimos oficina, no todos coincidimos en el café, no todos podemos leer el lenguaje corporal ni resolver tensiones en una conversación improvisada. Trabajar en remoto exige una intencionalidad mayor: lo que en presencial se da de forma espontánea, a distancia hay que diseñarlo. Y esto no es negativo, sino retador.

Era necesario. Mi equipo estaba pidiendo algo a voces, yo también, y por eso en pocos días se organizó un team building en el que, en poco más de una jornada de trabajo acompañados por el equipo de Actitudes2.0 desde Colombia, hemos logrado algo que a veces no se consigue ni en meses de reuniones operativas: conexión emocional real.


Y esa es la clave. No se trataba de “hacer actividades”, sino de provocar determinadas conversaciones, de abrir espacios donde cada persona pudiera mostrarse más allá del rol y donde el resto pudiera escuchar sin la prisa del día a día. Lo que se pretendía extraer no eran resultados tangibles inmediatos, sino algo más profundo: confianza, empatía, cohesión y sentido de pertenencia.

En un departamento de RRHH con presencia en Barcelona, Madrid y Valencia, la distancia no solo es geográfica; también puede convertirse, si no se gestiona bien, en emocional. Estas sesiones nos han obligado a parar, a escucharnos con intención. También a reconocer talentos, trayectorias, motivaciones y vulnerabilidades. Y cuando eso ocurre, cambia el clima, porque dejamos de interpretar conductas desde la sospecha y empezamos a hacerlo desde la comprensión.

Lo que realmente se ha trabajado ha sido la capacidad de conexión. La habilidad de traducir lo personal en valor profesional. La escucha activa, la creatividad más puramente personal aplicada al entorno laboral, la confianza para exponerse y la generosidad para dar feedback constructivo.

Pero, sobre todo, se ha trabajado la cohesión.

En esta jornada, la sensación de distancia ha desaparecido, porque emocionalmente hemos empezado a sentirnos parte del mismo espacio. La pantalla ha dejado de ser barrera para convertirse en puente.

A nivel personal, he de reconocer que esta experiencia me ha ayudado a confirmar una convicción importante: la cultura no depende del metro cuadrado compartido, sino de la calidad de las conversaciones que generamos. Y esas conversaciones pueden diseñarse, facilitarse y sostenerse también en remoto.

En este caso, además, si se puede formar, dinamizar y cohesionar a un equipo desde otro país con este nivel de impacto, entonces el argumento de la distancia que tanto resuena en los de la vieja escuela pierde fuerza.

Cierto es que un team building no resuelve todas las tensiones estructurales de un equipo, pero sí crea un punto de inflexión. Un antes y un después en la manera en que nos miramos y nos hablamos. Y cuando mejora la forma en que nos relacionamos, mejora el clima. Cuando mejora el clima, disminuyen las fricciones innecesarias. Y cuando disminuyen las fricciones, aumenta la eficiencia y el compromiso.

La gran conclusión es sencilla: la distancia no determina la cohesión; la determina el liderazgo y la intención. Si decidimos generar espacios de conexión auténtica, incluso en formato teleformación y con sedes en distintas ciudades, el equipo responde.

Y cuando responde, la distancia deja de notarse. No hay excusa entonces para no permitirnos disfrutar de este tipo de experiencias.



lunes, 28 de abril de 2025

España y Barcelona, epicentros del talento global

El nuevo informe Decoding Global Talent 2024, de BCG lo deja algo claro: España y, en especial, Barcelona, están en el radar global del talento. Pero ojo, que no todo es tan sencillo como atraer, también hay que saber retener.

Este estudio es la fuente de datos más grande del mundo sobre las preferencias de los trabajadores en cuanto a dónde y cómo quieren trabajar. Está basado en una muestra de más de 150.000 personas encuestadas en 188 países durante los últimos 10 años.

Esta semana estuve en el evento que organizó InfoJobs en sus oficinas en Barcelona para debatir justo sobre eso: qué está pasando en el mercado laboral, cómo se está moviendo el talento y qué papel jugamos desde RRHH para responder a estos desafíos.

Barcelona se cuela en el 8º puesto del ranking de ciudades más atractivas para trabajar en el extranjero, compartiendo ranking con gigantes como Londres o Nueva York, lo que nos habla de un magnetismo real: clima, vida social, buena conexión internacional y un ecosistema laboral en crecimiento la hacen brillar.


Por su parte, España vuelve al top 10 de países preferidos para trabajar, después de haber perdido puntos durante la pandemia, que nos afectó tan negativamente, donde directamente desapareció de ranking. La calidad de vida sigue siendo un imán (lo dice el 75% de los encuestados), junto a nuestra cultura abierta y ese equilibrio tan buscado entre trabajo y vida personal.

Latinoamérica nos mira con especial interés por idioma, por cultura, por cercanía. Muchos argentinos, chilenos y mexicanos ven en España una oportunidad para desarrollarse sin partir de cero. Ahora bien, los españoles no están tan lanzados a irse fuera: solo un 8% busca trabajo en el extranjero, frente a un 23% global. Y ese 8% está básicamente compuesto por jóvenes y perfiles tecnológicos, sostenibles o enfocados a inteligencia artificial.

Uno de los puntos críticos del evento fue el referido a atraer talento internacional cuando los procesos burocráticos lo frenan. Muchos asistentes lo compartíamos: “Tenemos candidatos que podrían incorporarse mañana… si no fuera por los papeles.” Aquí hay una tarea urgente: España necesita modernizar sus mecanismos para que el talento que quiere venir pueda quedarse. Y no hablamos solo de trámites, sino de cómo integramos y desarrollamos a esos perfiles.

El 66% de los profesionales españoles estarían dispuestos a trabajar en remoto para empresas extranjeras. Y ese número no es casual. El teletrabajo ya no es un parche postpandemia, es una puerta abierta al mundo. Una que puede ser clave para la internacionalización del talento local.

En resumen: tenemos potencial, pero nos falta velocidad. España y Barcelona tienen ingredientes únicos: estilo de vida, diversidad, creatividad, talento… Pero si queremos estar realmente en el centro del nuevo mapa laboral, hay que facilitar más, acompañar mejor y adaptar nuestros procesos a esta nueva realidad.

Y para finalizar, se abre la gran pregunta: ¿Tu empresa está preparada para atraer y gestionar talento global? ¿Tus procesos están pensados para un mundo sin fronteras?

lunes, 20 de enero de 2025

La extinción del teletrabajo: ¿acierto o error?

El teletrabajo, que se consolidó como una de las grandes transformaciones laborales durante la pandemia, parece estar enfrentando un retroceso significativo en España. Según el informe KPMG CEOOutlook 2023, el 78% de los consejeros delegados de las principales compañías españolas creen que en 2026 el modelo presencial habrá recuperado completamente su predominancia. Esta tendencia, que también ha afectado recientemente a los funcionarios del gobierno español con la pérdida de dos días semanales de teletrabajo, me hace abrir en el artículo de hoy un debate sobre si estas decisiones son un acierto o un error, tanto desde el punto de vista de los empleados como de las empresas.

El teletrabajo ofrecía una solución práctica y flexible a los retos laborales derivados de la pandemia, facilitando la conciliación de la vida personal y profesional y mejorando la productividad en muchos casos. Sin embargo, los datos muestran un cambio de paradigma. Cuando la pandemia empezó a sonar ya lejana, el porcentaje de empresas españolas que permitían el teletrabajo disminuyó considerablemente en un solo año, y las últimas decisiones del gobierno español confirman una apuesta decidida por la presencialidad, al menos en el ámbito público. 

Una de las principales razones de las empresas para limitar el teletrabajo es el temor a la pérdida de la cultura corporativa y a la falta de comunicación efectiva, aunque también queda en el aire si lo que realmente sucede es que muchos empresarios siguen liderando desde el control y necesitan tener a la vista a sus empleados en todo momento. Como psicólogo y experto en Recursos Humanos considero que, si bien es cierto que el teletrabajo puede erosionar el sentimiento de pertenencia, disminuir la implicación de los empleados y mermar la calidad de la comunicación derivada de la ausencia de interacciones personales, he podido comprobar y experimentar que los días de trabajo remoto suelen ser más productivos que los presenciales, lejos de las interrupciones y distracciones constantes en el entorno de oficina, suponiendo además una dosis de mayor satisfacción laboral y disminución de la rotación en la plantilla de la empresa.

Desde la perspectiva de los empleados, el regreso a la oficina genera divisiones. Aunque el modelo híbrido es el preferido por más de la mitad de los trabajadores españoles, según el Estudiode Retos y Tendencias en RRHH 2024 de Pluxee, la vuelta al modelo presencial plantea serios desafíos para la conciliación. Un 72% de los encuestados considera que la falta de teletrabajo es la principal barrera para lograr un equilibrio entre la vida personal y profesional. Además, un 54% de los profesionales se siente insatisfecho con sus opciones de conciliación, y el descontento crece especialmente entre los Millennials y la Generación Z, quienes valoran la flexibilidad laboral como un factor clave. Este descontento podría impulsar un aumento en la intención de cambiar de empleo, especialmente entre los trabajadores más jóvenes, un segmento demográfico que ya muestra altas tasas de movilidad laboral.

A nivel global, la situación del teletrabajo es dispar. Mientras que en Estados Unidos los modelos híbridos y remotos se consolidan, en Europa parece prevalecer una mayor preferencia por la presencialidad. Esta tendencia podría deberse a diferencias culturales y a la estructura organizativa de las empresas. En España, por ejemplo, la importancia del contacto personal y el estilo de liderazgo tradicional podrían estar influyendo en el regreso masivo a las oficinas. Parece que atrás van quedando también las apuestas del Estado por el teletrabajo como práctica favorecedora del plan de ahorro energético.

En resumen, el debate sobre la desaparición del teletrabajo en España y otros países plantea un dilema complejo. Por un lado, las empresas buscan preservar la cultura corporativa, fomentar la colaboración y garantizar la comunicación efectiva. Por otro lado, los empleados valoran la flexibilidad, la conciliación y la productividad asociadas al teletrabajo. Mientras que algunas empresas estadounidenses parecen haber encontrado un equilibrio en los modelos híbridos, en España el camino hacia un consenso parece más incierto. Personalmente, me da la sensación de que actuamos más por caprichos directivos y estilos de liderazgo más clásicos de los líderes empresariales de las grandes compañías, que son las que más aportan a la economía del país, que realmente por los beneficios que pueda tener la práctica del teletrabajo, tanto para las empresas como para los empleados. Siempre, eso sí, con la premisa de que la clave está en encontrar soluciones híbridas que permitan a las organizaciones mantener su competitividad y cohesión interna, sin sacrificar el bienestar y la satisfacción de sus trabajadores.

lunes, 2 de enero de 2023

"Lo primero es lo primero": una reflexión sobre familia y trabajo

Es la primera vez en 10 años que estoy tanto tiempo sin publicar una entrada en este blog. Concretamente, 7 meses desde la última que publiqué en el mes de mayo. Antes, semanal o mensualmente, iba publicando diferentes reflexiones, a pesar de que últimamente es cierto que ya disponía de mucho menos tiempo para sentarme y redactar. En esta ocasión, la falta de tiempo es de nuevo la causa, pero siendo sinceros también es que en mi lista de prioridades todo ha bajado como mínimo un escalón porque en el más alto ahora está mi hija. En junio fui padre y, como siempre digo a mis compañeros de trabajo, “lo primero es lo primero”. Y sobre esto voy a hablar en este post, no sin antes felicitar a mis lectores este nuevo año que espero venga cargado de buenos momentos y noticias.

De las 168 horas que tiene una semana, 40 nos las tiramos en el trabajo, pongamos que otras 40 durmiendo y de la mitad que nos queda debemos sacar tiempo para estar con la familia, hacer vida social, practicar actividades de ocio, comer, comprar, médicos, bancos, gestiones varias y para mimarnos a nosotros mismos. Lo cierto es que a la mayoría de las personas nos falta tiempo para abarcarlo todo y es el momento de tomar decisiones y marcar prioridades.


A esta realidad se le añade otra y es que somos la misma persona allá donde nos hallemos o hagamos lo que estemos haciendo y, por ende, es prácticamente imposible desconectar de una situación para conectar al 100% en otra. Se puede trabajar mucho en ello, pero siempre vamos a arrastrar estados anímicos de un contexto a otro y de un rol a otro, por mucho que queramos evitarlo. Ojalá todo fuera tan fácil como a la vez que ficho la entrada en mi puesto de trabajo, desconectar el interruptor de los problemas que tenga en mi vida personal, o al fichar la salida, desconectar el interruptor de los marrones que me haya tenido que comer en mi jornada laboral.

El poco tiempo y la imposibilidad de desconexión completa entre las esferas en las que nos movemos hace que, en muchas ocasiones, debamos tener clara nuestra lista de prioridades y tratar de poner el foco en aquello que más feliz nos haga o que más nos esté ayudando en un determinado momento de nuestra vida, para tratar de diluir y olvidar lo que nos estresa o nos descoloca emocionalmente.

Cuando un empleado me dice que tiene un problema en casa o, como en mi caso este año, una nueva y buena noticia, siempre les digo lo mismo: “atiende a ello, lo primero es lo primero”. Obviamente, no se está dando manga ancha a un deterioro en el rendimiento laboral, sino que se le da el permiso para que esté tranquilo si en determinado momento va a necesitar flexibilidad para poder sobrellevar la nueva situación.

El trabajo y la familia, por centrarnos en dos de los contextos que más suelen importarnos a las personas, se hacen cada vez más compatibles gracias a los derechos (retribuidos y no retribuidos) que se nos otorgan a los trabajadores para poder dedicar más tiempo a la casa. Cada vez son más las empresas que apuestan por la flexibilidad laboral y la conciliación de la vida laboral y familiar, permitiendo trabajar desde casa, realizar reuniones de manera virtual o mejorando horarios y huyendo del presentismo innecesario que tan importante había sido en décadas pasadas.

Pero que las empresas, las leyes y la sociedad estén cada vez más abiertas a esta conciliación no es suficiente. Nosotros también debemos aprender a conciliar el trabajo con la vida familiar y para ello es necesario saber organizarse, gestionar la frustración al ver inviable el llegar a todo y ser capaz de encontrar momentos de autocuidado en los que tengamos la posibilidad de desconectar tanto del trabajo como de la familia para centrarnos en nosotros mismos.

Por lo tanto, sí, lo repito, “lo primero es lo primero”, pero para ponerlo en práctica debemos ser capaces de planificarnos, poner objetivos y metas realistas, marcar tiempos y horarios, aceptar que no siempre vamos a llegar a todo, delegar siempre que sea posible en otras personas aquellas cosas que me ocupan tiempo y quizás no son necesarias que yo mismo lidere en todo momento, adaptar nuestra fuerza interior de cada momento a las exigencias que se nos presentan y adaptar también nuestro desgaste energético a las diferentes etapas laborales o familiares por las que vamos pasando con el paso del tiempo.

Como se suele decir… “Nadie está demasiado ocupado, es solo cuestión de prioridades”

lunes, 13 de diciembre de 2021

10 tendencias en la gestión de RRHH en época de pandemia

El último informe que realizó la auditoría Deloitte sobre las 10 tendencias en la gestión de recursos humanos fue en 2017, prácticamente 3 años antes de que comenzase la pandemia del coronavirus que nos ha cambiado a todos la forma de vivir, de ver la vida y, obviamente, en la manera de gestionar las empresas.

Remitiéndome a ese informe de 2017 en el que se habla de una nueva era de cambios constantes en las organizaciones, que afecta directamente a los departamentos de RRHH y a todas aquellas personas que gestionan equipos, se tratan una serie de puntos que engloban lo que ellos denominan la “Cuarta Revolución Industrial” o la “era del Gran Cambio” en la que lo digital, lo global y los nuevos modelos de negocio son los protagonistas.

Veamos uno a uno esos 10 puntos y cómo, en poco más de tres años, cada uno de ellos se ha visto moldeado y justificado por una pandemia y, bajo mi punto de vista, también desplazados y reorientados como si del choque de dos meteoritos se tratase.


1. Hacia la organización del futuro

Se referían en esta primera tendencia a cómo las organizaciones habían cambiado su manera de trabajar respecto a como lo hacían 10 años atrás. La agilidad juega un papel clave al igual que el trabajo en equipo y por proyectos. Nuevas capacidades como la negociación, la resiliencia y el pensamiento sistemático son las necesarias para un buen liderazgo. Líderes que deben actuar ahora con rapidez y eficiencia y que deben ser capaces de definir unos objetivos claros y cuantificables para sus equipos. Es evidente que la agilidad jugó un papel fundamental aquel 14 de marzo de 2020 cuando el Gobierno de España, al igual que muchos otros gobiernos de otros estados, tomó la decisión de confinarnos en nuestros hogares desde donde tendríamos que continuar (en caso de ser posible) con nuestra actividad profesional, pero de manera telemática. Sin agilidad, sin rapidez, sin trabajo en equipo y sin cierto pensamiento y práctica futurísticos, las empresas lo tenían realmente crudo para organizar de un día para otro tal revolución.

2. Carreras profesionales y formación

Las nuevas tecnologías y la aparición constante de nuevas herramientas digitales fuerzan a las compañías a ofrecer oportunidades de aprendizaje y desarrollo continuo. Nos encontramos con una situación extraordinaria y más duradera de la que nos pensábamos en un principio; con la pandemia las organizaciones han tenido que dinamizar la formación de sus empleados para que pudieran continuar de la manera más natural posible con sus funciones de un modo eficiente. Teams, Zoom, webinars, formaciones online, videoconferencias y el uso obligatorio del email en gestiones que antes se hacían exclusivamente de manera presencial, requerían de cierta capacitación principalmente para aquellas personas menos habituadas a lo digital. Además, aunque esto de lo digital y tecnológico tarde o temprano iba a caer por su propio peso en todas las empresas, en esta ocasión, se vio acelerada esta necesidad de la noche a la mañana.

3. Adquisición del talento

La imagen de marca que proyecta una empresa debe ser atractiva para atraer al mejor talento. El employer branding es esencial para atraer la atención de clientes, empleados y potenciales candidatos. Durante la pandemia, el uso de las redes sociales corporativas se vio claramente incrementado ante la imposibilidad de visitar clientes, de realizar entrevistas presenciales a nuevos candidatos o de tener contacto personal con nuestros propios compañeros de trabajo. Esta situación hizo necesario recurrir a las redes sociales para poder estar de alguna forma más informados y unidos que nunca, proyectando una imagen nueva acorde a la realidad que estábamos y estamos todavía viviendo.

4. La experiencia del empleado

En esta tendencia, el informe refiere al difícil reto del departamento de recursos humanos para comprender y mejorar la experiencia de sus empleados, especialmente de los Millennials. No debemos olvidar que una buena experiencia para los empleados se traduce en una buena experiencia para los clientes. Durante la pandemia, los departamentos de RRHH tuvieron que idear estrategias de comunicación interna y de manejo emocional, orientados a todos sus empleados, especialmente a aquellos más inquietos y acostumbrados a un mundo cambiante, realmente activo y donde prima la inmediatez. Me refiero principalmente a esos jóvenes a quienes se les estaban haciendo pequeñas las cuatro paredes en las que estaban confinados abordando su trabajo y sin la posibilidad de realizar prácticamente todo tipo de actividades de ocio al aire libre y con las personas de su entorno. El llegar a conseguir hacer real un apoyo emocional más allá de lo laboral a los empleados se convirtió en una experiencia positiva para ellos, que sin duda no olvidarán fácilmente y aportará beneficios de marca e identidad para las empresas que lo practicaron.

5. Hacia un nuevo modelo de gestión: Performance Management

La manera de evaluar a los empleados ha cambiado radicalmente en los últimos años. Esa tendencia sigue en proceso de cambio y actualización, con la necesidad de reentrenar a los líderes que deben evaluar el trabajo de sus equipos fijándose ya no sólo en los logros individuales, que siguen siendo importantes, sino también en cómo participan en las tareas colectivas. Si el equipo gana el empleado gana y la empresa gana. Aplicándolo a la pandemia, de nuevo se hace evidente que el trabajo en equipo fue y está siendo primordial para que las empresas y quienes allí trabajan sufran lo mínimo e incluso logren salir reforzadas. Las evaluaciones y el premio que se derive de la consecución de metas deberá contener, por lo tanto, objetivos tanto individuales como grupales.

6. Cambios en el modelo de liderazgo

Los nuevos líderes necesitan tener habilidades diferentes a las de generaciones anteriores. Al cambiar el modelo de trabajo de un modelo más individualista a uno más de trabajo en equipo y por proyectos, el reto del líder es ahora mantener a la gente conectada, promoviendo una cultura de aprendizaje colectivo y de mejora continua. Los nuevos líderes, además de muchas otras habilidades, deben saber desenvolverse con agilidad en el campo digital. Por ello, durante esta época de teletrabajo, los líderes con capacidades digitales más avanzadas lo están teniendo mucho más fácil para intentar estrechar la brecha de distancia existente en las relaciones personales con sus equipos y para lograr ser más creativos e innovadores en diferentes aspectos del día a día que antes se realizaban de manera presencial, por ejemplo las reuniones, los team buildings, formaciones, reconocimientos, sanciones, etc.

7. La digitalización del departamento de RRHH

Los departamentos de recursos humanos juegan un papel crucial para ayudar a la transformación digital de una empresa. Son los encargados de validar la idoneidad del líder en su puesto de trabajo, valorando que aúne las características y habilidades necesarias para afrontar una época cada vez más digital y tecnológica, acentuada especialmente en época de distanciamiento social, teletrabajo y eliminación de prácticamente toda la documentación y burocracia en formato papel, aportando en esta línea un plus hacia los nuevos modelos de negocio en pro a la concienciación de la educación medioambiental.

8. Analista web: uno de los perfiles más demandados

En línea con el resto de tendencias, la transformación digital da lugar a un nuevo perfil profesional: el analista web. Las organizaciones tratan ahora de buscar soluciones digitales que permitan medir, analizar y utilizar la información para comprender en profundidad las diferentes partes de los procesos de operaciones. Ya no solo en época de pandemia, aunque obviamente con la imposición de un modelo de trabajo a distancia se ve acentuado, los directivos necesitan disponer de una gran combinación de datos que les ayuden a comprender qué es lo que realmente les está dando resultados y dónde existen las mayores fugas sobre las que habrá que intervenir para mejorar. El perfil controller o analista va a ser clave para el manejo de datos (clientes, proveedores, mercado, competencia, tendencias, empleados…) y para la toma de decisiones por parte de los equipos directivos.

9. Estrategias de diversidad e inclusión

Los cambios políticos, demográficos, sociales, económicos… así como la convivencia en un mismo lugar de trabajo de distintas generaciones, requieren de políticas de inclusión en las empresas. La buena gestión de este tipo de políticas impactará positivamente sobre la marca, el rendimiento y los objetivos corporativos. Los planes de igualdad, por ejemplo, están a la orden del día y con ellos la necesidad de utilizar procesos y herramientas de medición para identificar posibles brechas salariales en función del género. Una medida que en España ha entrado por lo legal y que se acerca a las estrategias de inclusión que se defienden en esta novena tendencia del informe de Deloitte. Las organizaciones, para justificar diferentes decisiones que han tenido que tomar de manera precipitada durante la época de pandemia, como por ejemplo la aplicación de expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) o incluso despidos y modificaciones en las condiciones salariales o en el % de jornada de los empleados, han tenido que remodelar su cultura con reglas basadas en la transparencia, mediante la cual demostrar con números y datos el porqué de las decisiones tomadas, asegurando en todo momento la imparcialidad a la hora de penalizar o beneficiar en estas decisiones a unos empleados sobre otros.

10. La transformación de los puestos de trabajo

Con la digitalización de los procesos, la robótica, la inteligencia artificial y la tecnología, las organizaciones se ven obligadas a rediseñar sus puestos de trabajo. Mientras algunos llevan años dramatizando con las consecuencias negativas de la tecnología, se está comprobando que la utilización de herramientas ayuda a crear nuevos puestos de trabajo especializados e incrementan la productividad. De nuevo, una evidencia que demuestra que, gracias a esta digitalización de trabajos y de perfiles, muchas empresas han sabido readaptarse rápidamente en una época en la que la tecnología se ha convertido en el único medio para poder desmembrar la piña (físicamente hablando) que existía en una empresa, que ahora se ha visto en la necesidad de trabajar a distancia y con herramientas puramente digitales. Con esta tendencia en la que las herramientas y la tecnología suplen a las personas en aquellas tareas que pueden ser automatizadas, los esfuerzos humanos pueden centrarse ahora más que nunca en la experiencia del cliente externo e interno y en una propuesta de valor de la organización a la sociedad.

viernes, 3 de julio de 2020

JULIO: Lo que el Perro nos demuestra con su fiel y eterna Accesibilidad

Con esto de haber tenido que cambiar nuestros hábitos en prácticamente todas las situaciones que formaban parte de nuestra cotidianidad antes de la pandemia del Covid19, en lo que respecta al ámbito laboral, y más concretamente al teletrabajo, hemos tenido que reconvertir nuestras conductas adaptándolas a las nuevas situaciones e intentando no perder la esencia de nuestros puestos de trabajo.

Quizás me explico mejor poniendo algunos ejemplos. El confinamiento llevó a la mayoría de comercios al cierre total de su actividad cara al cliente, que estaba acostumbrado dentro de unos horarios a encontrar accesible el establecimiento donde comprarse ropa, artesanía, donde hacerse una sesión de belleza, etc... También, el confinamiento, limitó el disfrute de ciertas actividades de ocio como ir al gimnasio o al cine y, por supuesto, limitó la facilidad de acceso que en las empresas podían tener los empleados entre sí, con la jefatura y con ciertos departamentos y despachos a los que poder entrar cuando hubiese una necesidad puntual de consulta, asesoramiento, petición, etc. ¿Cómo hemos tenido que reajustarnos para que estos servicios no hayan echado realmente su cierre al 100% en la actividad y sólo haya quedado durante varias semanas y meses cerrada la actividad presencial?

La temática sobre la que vamos a reflexionar durante este mes va a ser la accesibilidad, entendida como tener acceso fácil y rápido a lo que venía siendo habitual en un comercio, un centro de ocio o el despacho del gerente en la oficina, por seguir con los ejemplos. Esa accesibilidad de manera presencial se ha visto bloqueada, pero las empresas han tenido que reinventarse para que, aunque fuese de manera virtual, siguiese existiendo.

Antes de analizar esta temática os quiero hablar del animal que utilizaré durante este mes para encuadrar la accesibilidad: el Perro, animal del que también podríamos hablar en otras temáticas como la amistad, la bondad, la inteligencia, pero que también nos va a servir para entender mejor la accesibilidad.


El perro, animal doméstico por excelencia, es un animal carnívoro del que en 2001 se estimó que en el mundo existían más de 400 millones. Se caracteriza por tener un oído y un olfato muy desarrollados muy por encima de los del ser humano. Son apreciados por su inteligencia, su sociabilidad con el entorno y su fácil adaptación a las normas en las que se desarrolla su crecimiento, siendo por ello considerado el amigo más fiel del hombre. Existen unas 400 razas, aunque existen muchísimos perros mestizos que hacen difícil determinar cuántas especies podríamos encontrar. El uso que el ser humano hace de estos animales también es muy variopinto: animales de compañía, de caza, de guía, de búsqueda y rescate, ganaderos... La longevidad media de los perros está entre los 13 y 20 años, dependiendo especialmente de la raza a la que pertenecen.

Una de las características indiscutibles de los perros es su fidelidad al hombre. La fidelidad entendida como la mejor compañía y amistad, pues, a diferencia de otros animales y seres humanos, siempre se les tiene disponibles para salir a pasear, jugar, brindarnos compañía, hacer deporte, incluso para hablar. Por ello, me sirve como animal perfecto para referirme al tema de la accesibilidad, que en ocasiones no logramos encontrar en otras personas con tanta facilidad, sinceridad, seguridad e inmediatez como sí ocurre con el perro, a pesar de que en ese momento para nosotros sea algo muy importante y urgente.


Como he introducido antes, los negocios y las personas nos hemos reinventado durante esta nueva situación para no perder la marcha en la carrera que veníamos lidiando antes de la pandemia. Los comercios han acelerado el e-commerce, los gimnasios las clases dirigidas por las redes sociales, el cine el uso de plataformas de entretenimiento virtual, las escuelas las tutorías por videoconferencia, los organismos públicos las gestiones online, los médicos sus consultas médicas a través de la web y muchos otros empleados de Pymes que han recurrido al teletrabajo para continuar con las gestiones que habitualmente realizaban de manera presencial en las oficinas. En definitiva, hemos querido no perder esa accesibilidad a nuestros clientes, pacientes, ciudadanos y, en el mundo organizacional, también a nuestros propios compañeros de trabajo, porque la comunicación es la base del buen funcionamiento de cualquier entidad y porque un bloqueo en la accesibilidad nos llevaría a una situación de desventaja respecto a nuestra competencia en nuestro sector, además de la frustración de para quienes damos servicio (ya sean clientes externos como internos).

Las empresas vuelven a ser resilientes en una nueva crisis para mantener su posición, para no dejarse pisar por la competencia y por todas aquellas organizaciones que ya tenían habilitados estos servicios online paralelamente a los offline. Nos encontramos de nuevo ante un panorama en el que si no te sabes adaptar, si no eres capaz de encontrar soluciones y alternativas y si no eres suficientemente ágil para mantener tu esencia, la ley de Darwin acaba pasando factura.

El perro estará ahí accesible para su dueño en todo lo que éste necesite. La empresa debe estarlo del mismo modo para todo lo que el cliente requiera, repito ya sea este cliente externo (el que nos compra) como interno (el empleado que vende y representa nuestra marca).

EL SIMPLE HECHO DE PRESTAR ATENCIÓN POSITIVA A LAS PERSONAS TIENE MUCHO QUE VER CON LA PRODUCTIVIDAD (Tom Peters)

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