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lunes, 2 de enero de 2023

"Lo primero es lo primero": una reflexión sobre familia y trabajo

Es la primera vez en 10 años que estoy tanto tiempo sin publicar una entrada en este blog. Concretamente, 7 meses desde la última que publiqué en el mes de mayo. Antes, semanal o mensualmente, iba publicando diferentes reflexiones, a pesar de que últimamente es cierto que ya disponía de mucho menos tiempo para sentarme y redactar. En esta ocasión, la falta de tiempo es de nuevo la causa, pero siendo sinceros también es que en mi lista de prioridades todo ha bajado como mínimo un escalón porque en el más alto ahora está mi hija. En junio fui padre y, como siempre digo a mis compañeros de trabajo, “lo primero es lo primero”. Y sobre esto voy a hablar en este post, no sin antes felicitar a mis lectores este nuevo año que espero venga cargado de buenos momentos y noticias.

De las 168 horas que tiene una semana, 40 nos las tiramos en el trabajo, pongamos que otras 40 durmiendo y de la mitad que nos queda debemos sacar tiempo para estar con la familia, hacer vida social, practicar actividades de ocio, comer, comprar, médicos, bancos, gestiones varias y para mimarnos a nosotros mismos. Lo cierto es que a la mayoría de las personas nos falta tiempo para abarcarlo todo y es el momento de tomar decisiones y marcar prioridades.


A esta realidad se le añade otra y es que somos la misma persona allá donde nos hallemos o hagamos lo que estemos haciendo y, por ende, es prácticamente imposible desconectar de una situación para conectar al 100% en otra. Se puede trabajar mucho en ello, pero siempre vamos a arrastrar estados anímicos de un contexto a otro y de un rol a otro, por mucho que queramos evitarlo. Ojalá todo fuera tan fácil como a la vez que ficho la entrada en mi puesto de trabajo, desconectar el interruptor de los problemas que tenga en mi vida personal, o al fichar la salida, desconectar el interruptor de los marrones que me haya tenido que comer en mi jornada laboral.

El poco tiempo y la imposibilidad de desconexión completa entre las esferas en las que nos movemos hace que, en muchas ocasiones, debamos tener clara nuestra lista de prioridades y tratar de poner el foco en aquello que más feliz nos haga o que más nos esté ayudando en un determinado momento de nuestra vida, para tratar de diluir y olvidar lo que nos estresa o nos descoloca emocionalmente.

Cuando un empleado me dice que tiene un problema en casa o, como en mi caso este año, una nueva y buena noticia, siempre les digo lo mismo: “atiende a ello, lo primero es lo primero”. Obviamente, no se está dando manga ancha a un deterioro en el rendimiento laboral, sino que se le da el permiso para que esté tranquilo si en determinado momento va a necesitar flexibilidad para poder sobrellevar la nueva situación.

El trabajo y la familia, por centrarnos en dos de los contextos que más suelen importarnos a las personas, se hacen cada vez más compatibles gracias a los derechos (retribuidos y no retribuidos) que se nos otorgan a los trabajadores para poder dedicar más tiempo a la casa. Cada vez son más las empresas que apuestan por la flexibilidad laboral y la conciliación de la vida laboral y familiar, permitiendo trabajar desde casa, realizar reuniones de manera virtual o mejorando horarios y huyendo del presentismo innecesario que tan importante había sido en décadas pasadas.

Pero que las empresas, las leyes y la sociedad estén cada vez más abiertas a esta conciliación no es suficiente. Nosotros también debemos aprender a conciliar el trabajo con la vida familiar y para ello es necesario saber organizarse, gestionar la frustración al ver inviable el llegar a todo y ser capaz de encontrar momentos de autocuidado en los que tengamos la posibilidad de desconectar tanto del trabajo como de la familia para centrarnos en nosotros mismos.

Por lo tanto, sí, lo repito, “lo primero es lo primero”, pero para ponerlo en práctica debemos ser capaces de planificarnos, poner objetivos y metas realistas, marcar tiempos y horarios, aceptar que no siempre vamos a llegar a todo, delegar siempre que sea posible en otras personas aquellas cosas que me ocupan tiempo y quizás no son necesarias que yo mismo lidere en todo momento, adaptar nuestra fuerza interior de cada momento a las exigencias que se nos presentan y adaptar también nuestro desgaste energético a las diferentes etapas laborales o familiares por las que vamos pasando con el paso del tiempo.

Como se suele decir… “Nadie está demasiado ocupado, es solo cuestión de prioridades”

lunes, 30 de mayo de 2022

Barreras al cambio en las organizaciones

El éxito de una empresa depende entre otros factores de la capacidad y de la rapidez en desarrollar e implantar proyectos de una forma eficiente y en el momento justo. Llevamos ya unos cuantos años escuchando y admitiendo que todo está cambiando demasiado rápido y que esa velocidad que estamos tomando en nuestro día a día, así como la impaciencia que cada vez más nos contamina y con la que ya prácticamente “nacen” las nuevas generaciones, hacen que la supervivencia de las empresas dependa de los rápido y eficaces que seamos a la hora de ejecutar cualquier acción que se considere.

Antiguamente todo se medía, se valoraba y se tomaba mucho tiempo para llegar a una decisión definitiva, pero el tiempo ahora aprieta y, si entramos en el análisis excesivo de los proyectos, acabaremos llegando tarde y nuestra competencia ya nos llevará unos pasos de ventaja. Equivocarse no es tan problemático siempre y cuando seamos rápidos y ágiles en corregir el error y ponernos manos a la obra para subsanarlo, implementando una acción más exitosa.

Normalmente, las organizaciones están distribuidas por departamentos que reportan directamente a un director general, que es quien debe confiar en que cada área tenga la suficiente autonomía para tomar las riendas de las acciones y de los proyectos que se deben llevar a cabo. La función del CEO es coordinar a estos departamentos, impulsarlos a crear y a trabajar en redes totalmente dependientes los unos de los otros y también el empujarles a tomar decisiones drásticas ante personas o situaciones que también lo son para los intereses de la empresa.

Por su parte, la función de los responsables de los departamentos y de los equipos a quienes coordinan es trabajar en esta rapidez que se nos exige en el mercado laboral, con el fin de ser siempre de los primeros en aportar valor a nuestra compañía interna y externamente.

Sobre el papel y sobre la teoría es muy fácil hablar de lo ideal en el funcionamiento de la organización modelo en la actualidad, pero en la práctica hay diferentes factores y barreras que chocan con los cambios en las empresas, los cuales van por lo general acordes a los cambios que se estén produciendo en la sociedad y en el mercado laboral. Analicemos algunas de estas barreras:

INFLEXIBILIDAD. Para comenzar, las personas deben ser totalmente flexibles y olvidarse del “esto se ha hecho siempre así”, centrándose en el momento presente y adaptando cualquier cambio que se proponga implementar, primero aceptándolo y, seguidamente, creyendo y apostando por él de una manera incondicional.

CHOQUE GENERACIONAL. A esto se añade la dificultad del gap generacional entre diferentes empleados en una misma estructura organizacional, pues claramente vamos a observar una generación más vieja que suele apostar por lo estático y una más joven que quizás abogue por lo dinámico, por lo colaborativo y por todo lo que envuelva a las nuevas tecnologías.


FALTA DE IMPLICACIÓN. Otro de los obstáculos que nos podemos encontrar tiene que ver con la implicación del equipo de trabajo. Éste debe asumir completamente los nuevos procesos, porque van a ser su hilo conductor para el trabajo que va a realizar y por ello debería participar también en la creación y en la toma de decisiones sobre esos procesos y no dejarlos únicamente en manos de los jefes que fueron designados por la empresa. Es posible que todavía los cargos intermedios no estén ocupados por esos perfiles de las generaciones más jóvenes, pero son precisamente ellos quienes tienen mucho que aportar a la creación e implantación de procesos que están en vanguardia.

DES(IN)FORMACIÓN. Sin duda, cuando hablamos de rapidez y eficacia, las habilidades juegan un papel fundamental y, por ello, la formación continua es muy importante para que todos entiendan cuáles son los objetivos y los motivos del constante cambio y de la toma de decisiones, a veces precipitada e incluso aparentemente contradictoria. Sin entender esto probablemente se caiga en la desmotivación y en el detrimento y deterioro del trabajo realizado, al ver que los esfuerzos dedicados han sido en vano. Informar y formar a los empleados de los ejes estratégicos es crucial para que todos remen hacia un mismo objetivo.

DESPLANIFICACIÓN. Finalmente, debemos tener muy claro que existe o debería existir una planificación sobre las acciones que se van a llevar a cabo. Que estas tengan que ser de rápida ejecución no quiere decir que estén desorganizadas ni tomadas a la ligera, sino que debe haber una planificación previa que marque la ruta a seguir para que todos acepten desde un buen inicio que la ruta puede ir tomando diferentes caminos o atajos si la situación lo requiriese.


martes, 31 de agosto de 2021

Tips para afrontar el temido 'Síndrome Postvacacional'

Nos encontramos de pleno en esos días en los que la gran mayoría volvemos a nuestra rutina laboral y tratamos, como cada año, de hacerlo con la mejor de nuestras caras y con las baterías cargadas al 100%. Paralelamente a esto, comenzamos también a escuchar en los medios y en nuestras propias conversaciones experiencias y opiniones sobre el temido “Síndrome postvacacional”.

Sobre éste lo primero que tenemos que decir es que no es una enfermedad, sino que es un trastorno adaptativo absolutamente normal que no únicamente ocurre tras un periodo vacacional, sino que puede ocurrir también en la reincorporación al mundo laboral después de una baja larga que haya significado un cambio brusco en nuestras rutinas.

Según los expertos, el síndrome postvacacional no debería durar más de una quincena y, si no fuese así, quizás sería conveniente tratarlo con algún profesional, pues probablemente subyacería a este estado anímico algún otro trastorno que estuviera pasando desapercibido.

Pero ¿por qué nos cuesta tanto adaptarnos a la vuelta de las vacaciones? La respuesta la encontramos en nuestra percepción, a menudo inconsciente, de que el hecho de empezar vacaciones representa una opción y decisión propia en la que nosotros mismos somos quienes vamos a decidir qué hacer en cada momento de nuestros días de asueto. A qué hora nos despertaremos, a qué hora iremos a dormir, si nos apetece comer a horas inusuales, alargar la sobremesa, viajar, reunirnos con familiares y amigos, etc. Esa libertad en la decisión, sin que dependamos de un tercero con quien probablemente no haya vínculo familiar ni afectivo, nos hace vulnerables al momento de finalizar nuestras vacaciones, ya que de nuevo comenzarán a existir obligaciones y rutinas normalmente impuestas por ese tercero del que nos habíamos librado temporalmente.

Empezar de nuevo representa renunciar (repito, que es un proceso por lo general inconsciente) a nuestra total libertad para asimilar poco a poco la obligatoriedad de cumplir con horarios, normas, reuniones, distanciamiento de las personas de nuestro círculo más cercano, además de todas esas obligaciones que también forman parte del fin del periodo oficial de vacaciones (colegios, guarderías, tareas del hogar, bancos y trámites varios que durante el verano dejan de ser prioritarios).

Para poder afrontar este trastorno adaptativo sólo nos queda pensar en que va a depender exclusivamente de nosotros mismos el aceptarlo con una mejor o peor actitud. Por lo que si deseamos poder afrontar la vuelta al trabajo de la manera más positiva posible, habrá que seguir una serie de tips que nos van a ayudar a ponernos de nuevo en línea con esas obligaciones, aprovechando además que estamos con recarga de energía.

Algunos de estos consejos son:

  • Planificarse y organizarse. Sería conveniente que unos días previos a la reincorporación al puesto de trabajo comenzásemos a regular nuestros horarios de manera escalonada (horarios de despertarse, irse a dormir, comidas…)
  • Regular también nuestros hábitos alimenticios. Es decir, intentar comer en el horario que habitualmente comeremos durante nuestros descansos de jornada laboral. Intentando además regular el tipo de comida y la cantidad que nos van a permitir tener una mejor digestión, la cual influye directamente en el rendimiento y en los estados físico y emocional.
  • No olvidarnos del ocio. Es importante tener en cuenta que volver al trabajo no significa dejar el ocio sólo para los fines de semana o para las próximas vacaciones. Es necesario seguir buscando momentos para hacer lo que nos gusta y poder compartirlo con quienes deseemos.
  • El deporte sigue siendo necesario. Aunque la “operación bikini” parece que ya ha quedado atrás y no volverá a ser importante hasta la próxima primavera, no caigamos en este error y sigamos dándole al cuerpo caprichos, pero también exijámosle esfuerzos para lograr mantenerlo en forma y activo. El deporte no sólo regula el estado físico, sino también el mental, permitiendo descargar tensiones que nos pueden provocar estrés e irascibilidad que nos hagan tener malas experiencias con los demás y con nosotros mismos.
  • Resolutions are always good. Esperamos siempre a Nochevieja para hacer nuestra lista de propósitos para el nuevo año. Intentemos también hacerla ahora y tratemos de aprovechar el “nuevo curso laboral” para ponernos metas profesionales y personales en el corto y medio plazo que nos sirvan de estímulos motivantes que alcanzar.
  • Planifiquemos desconexiones intermitentes durante los próximos meses. Las vacaciones de 2021 han sido para muchas personas las más esperadas de toda su vida, después de unas vacaciones prácticamente inexistentes o con pocas posibilidades en 2020 debido a la pandemia del coronavirus. Aunque no estamos todavía en la situación que nos gustaría estar, y seguimos teniendo esperanzas para que las del 2022 sean lo más parecidas posible a las de años previos a la pandemia, hemos aprovechado cualquier ápice de libertad que las autoridades y los gobiernos nos han ido ofreciendo tras los fines de toque de queda, apertura de la hostelería, celebración de algunas fiestas… y se nos hace difícil pensar que hay que esperar un año entero para ver si entonces todo volverá a ser normal. Por eso, es importante no centrarse en un año vista y aprovechar cualquier fin de semana, puente o vacaciones de invierno para hacer una escapada y poder oxigenarnos y recargar de nuevo las baterías para continuar con la tirada hasta el próximo verano.

Seguramente existan muchas más acciones que podemos hacer para afrontar esta vuelta con positivismo, pero aquí os dejo algunos de los consejos que a mí me funcionaban antes de la pandemia y que, ahora más que nunca, los pongo en práctica con total convencimiento de que son facilitadores en estos momentos de reincorporación al trabajo.

Feliz vuelta a tod@s!

El estrés laboral no se elimina, se gestiona

Hay una idea que me parece especialmente importante cuando hablamos de estrés laboral y es la de que no podemos pretender que las personas t...