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miércoles, 26 de enero de 2022

Cuando el estrés debe empezarnos a preocupar

¿No tienes la sensación de que los “eneros” siempre son estresantes después de unos días de descanso de Navidad? ¿No tienes la sensación de que la llamada “cuesta de enero” se ve endurecida por una situación de cambio de ritmo continuo en muchos ámbitos? ¿Y no tienes la sensación de que a todo esto se le añade la incertidumbre prácticamente diaria que nos está ocasionando esta pandemia?



Quizás estamos en uno de los momentos más oportunos del año, y probablemente también de la última década, para hablar del estrés. Un estado que nos sobrepasa y sobre el que tenemos que actuar a tiempo para que no se convierta en un mal peor e irreversible.

En este blog hablo de personas, pero también de personas en el mundo laboral. Es por ello, que me centraré especialmente en el estrés laboral, aunque totalmente se puede aplicar a cualquier tipología de estrés en cualquier otro contexto de nuestras vidas.

Las empresas, entendiendo a estas como el conjunto de empleados y empleadas, desde la Dirección hasta los operarios, debemos buscar soluciones a la gestión del estrés para asegurar el trabajo en un entorno sano y saludable. Como decía antes, además de ser un mes oportuno para tratar este tópico, nos encontramos en un momento ideal para poder hacer esta gestión del estrés, ya que estamos todavía en un tiempo de pandemia que puede alargarse mucho más allá de lo esperado y ya que estamos ante un estrés extra debido a toda la incertidumbre que hoy en día nos rodea en todos los ámbitos.

Los cambios en la empresa, que en este contexto se ven además afectados por la incertidumbre sanitaria, social, política, económica…, suelen provocar tensiones que acaban derivando a estrés. Las organizaciones son cada vez más líquidas, es decir, que los roles están cada vez más intercalados, creando más confusión, originando la creación de órdenes contradictorias y generando caos en todos los estamentos de la empresa.

Antes de continuar, se me viene una duda que debiera haber planteado al comienzo. Estamos hablando del estrés, pero ¿tenemos claro qué es el estrés?


Podríamos decir de él que es un estado que nos produce malestar, que viene provocado por algo externo y que es un fenómeno que nos afecta biológica, psicológica y socialmente.

Más allá de esta obviedad, cabe decir que el estrés debe existir siempre en la especie humana, del mismo modo que en los demás animales. Pero debe existir en unos niveles de tolerancia asumibles, ya que se trata de un mecanismo biológico que está diseñado para la supervivencia. Por ello, aunque lo veamos con una connotación negativa, lo cierto es que su origen no lo es, sino que siempre ha existido para asegurarnos la capacidad de supervivencia y adaptación.

Sea cual sea el motivo que nos esté provocando estrés, la realidad es que existe un desequilibrio entre las demandas y nuestros recursos para afrontarlas. Por ello, para afrontar esta situación, tendremos que ser capaces de realizar un esfuerzo de adaptación, de cambio de conducta, de adquisición de una nueva habilidad, de aceptación, de renuncia… al hecho causante, que nos permita rebajar nuestro nivel de estrés.

En este esfuerzo, sin duda, aparecerán las emociones que ayudarán o interrumpirán el proceso de afrontamiento. Si ocurre que el proceso se prolonga en demasía, el malestar continuará provocando el estrés, mientras que si somos capaces de superar ese malestar con creces, éste quedará revertido y lo veremos como una motivación y un nuevo “chute” de energía con el que salimos reforzados de una situación a priori negativa.

Si nos vemos superados y decidimos acudir a la ayuda profesional para mitigar nuestro estado de estrés, el profesional va a poder ayudarnos a reorientar nuestra manera de pensar y actuar, va a ser nuestro coach en este proceso por el que le estamos consultando, pero no va a poder quitarnos el estrés como podría quitarnos una muela. Dependerá en gran medida, por no decir en toda, del cómo nosotros gestionemos las principales fuentes que nos causan el malestar originario del estrés, que en el entorno laboral podría ser: mucho o poco trabajo, poca consideración social del empleo, poco sueldo, inseguridad y precariedad, dificultad para conciliar la vida personal y profesional, etc…

Llegados a este punto y como conclusión, por no alargar más este tema que nos daría para mucho, debemos ser conscientes que tenemos el control de la situación en nuestras manos antes de que el malestar se eternice y dé lugar a estrés, ansiedad, depresión… Es posible cambiar la perspectiva y esto es una elección nuestra, sobre la que evidentemente podremos apoyarnos de otras personas y de profesionales, pero siempre partiendo de la base de que el cambio comienza en uno mismo.

lunes, 13 de diciembre de 2021

10 tendencias en la gestión de RRHH en época de pandemia

El último informe que realizó la auditoría Deloitte sobre las 10 tendencias en la gestión de recursos humanos fue en 2017, prácticamente 3 años antes de que comenzase la pandemia del coronavirus que nos ha cambiado a todos la forma de vivir, de ver la vida y, obviamente, en la manera de gestionar las empresas.

Remitiéndome a ese informe de 2017 en el que se habla de una nueva era de cambios constantes en las organizaciones, que afecta directamente a los departamentos de RRHH y a todas aquellas personas que gestionan equipos, se tratan una serie de puntos que engloban lo que ellos denominan la “Cuarta Revolución Industrial” o la “era del Gran Cambio” en la que lo digital, lo global y los nuevos modelos de negocio son los protagonistas.

Veamos uno a uno esos 10 puntos y cómo, en poco más de tres años, cada uno de ellos se ha visto moldeado y justificado por una pandemia y, bajo mi punto de vista, también desplazados y reorientados como si del choque de dos meteoritos se tratase.


1. Hacia la organización del futuro

Se referían en esta primera tendencia a cómo las organizaciones habían cambiado su manera de trabajar respecto a como lo hacían 10 años atrás. La agilidad juega un papel clave al igual que el trabajo en equipo y por proyectos. Nuevas capacidades como la negociación, la resiliencia y el pensamiento sistemático son las necesarias para un buen liderazgo. Líderes que deben actuar ahora con rapidez y eficiencia y que deben ser capaces de definir unos objetivos claros y cuantificables para sus equipos. Es evidente que la agilidad jugó un papel fundamental aquel 14 de marzo de 2020 cuando el Gobierno de España, al igual que muchos otros gobiernos de otros estados, tomó la decisión de confinarnos en nuestros hogares desde donde tendríamos que continuar (en caso de ser posible) con nuestra actividad profesional, pero de manera telemática. Sin agilidad, sin rapidez, sin trabajo en equipo y sin cierto pensamiento y práctica futurísticos, las empresas lo tenían realmente crudo para organizar de un día para otro tal revolución.

2. Carreras profesionales y formación

Las nuevas tecnologías y la aparición constante de nuevas herramientas digitales fuerzan a las compañías a ofrecer oportunidades de aprendizaje y desarrollo continuo. Nos encontramos con una situación extraordinaria y más duradera de la que nos pensábamos en un principio; con la pandemia las organizaciones han tenido que dinamizar la formación de sus empleados para que pudieran continuar de la manera más natural posible con sus funciones de un modo eficiente. Teams, Zoom, webinars, formaciones online, videoconferencias y el uso obligatorio del email en gestiones que antes se hacían exclusivamente de manera presencial, requerían de cierta capacitación principalmente para aquellas personas menos habituadas a lo digital. Además, aunque esto de lo digital y tecnológico tarde o temprano iba a caer por su propio peso en todas las empresas, en esta ocasión, se vio acelerada esta necesidad de la noche a la mañana.

3. Adquisición del talento

La imagen de marca que proyecta una empresa debe ser atractiva para atraer al mejor talento. El employer branding es esencial para atraer la atención de clientes, empleados y potenciales candidatos. Durante la pandemia, el uso de las redes sociales corporativas se vio claramente incrementado ante la imposibilidad de visitar clientes, de realizar entrevistas presenciales a nuevos candidatos o de tener contacto personal con nuestros propios compañeros de trabajo. Esta situación hizo necesario recurrir a las redes sociales para poder estar de alguna forma más informados y unidos que nunca, proyectando una imagen nueva acorde a la realidad que estábamos y estamos todavía viviendo.

4. La experiencia del empleado

En esta tendencia, el informe refiere al difícil reto del departamento de recursos humanos para comprender y mejorar la experiencia de sus empleados, especialmente de los Millennials. No debemos olvidar que una buena experiencia para los empleados se traduce en una buena experiencia para los clientes. Durante la pandemia, los departamentos de RRHH tuvieron que idear estrategias de comunicación interna y de manejo emocional, orientados a todos sus empleados, especialmente a aquellos más inquietos y acostumbrados a un mundo cambiante, realmente activo y donde prima la inmediatez. Me refiero principalmente a esos jóvenes a quienes se les estaban haciendo pequeñas las cuatro paredes en las que estaban confinados abordando su trabajo y sin la posibilidad de realizar prácticamente todo tipo de actividades de ocio al aire libre y con las personas de su entorno. El llegar a conseguir hacer real un apoyo emocional más allá de lo laboral a los empleados se convirtió en una experiencia positiva para ellos, que sin duda no olvidarán fácilmente y aportará beneficios de marca e identidad para las empresas que lo practicaron.

5. Hacia un nuevo modelo de gestión: Performance Management

La manera de evaluar a los empleados ha cambiado radicalmente en los últimos años. Esa tendencia sigue en proceso de cambio y actualización, con la necesidad de reentrenar a los líderes que deben evaluar el trabajo de sus equipos fijándose ya no sólo en los logros individuales, que siguen siendo importantes, sino también en cómo participan en las tareas colectivas. Si el equipo gana el empleado gana y la empresa gana. Aplicándolo a la pandemia, de nuevo se hace evidente que el trabajo en equipo fue y está siendo primordial para que las empresas y quienes allí trabajan sufran lo mínimo e incluso logren salir reforzadas. Las evaluaciones y el premio que se derive de la consecución de metas deberá contener, por lo tanto, objetivos tanto individuales como grupales.

6. Cambios en el modelo de liderazgo

Los nuevos líderes necesitan tener habilidades diferentes a las de generaciones anteriores. Al cambiar el modelo de trabajo de un modelo más individualista a uno más de trabajo en equipo y por proyectos, el reto del líder es ahora mantener a la gente conectada, promoviendo una cultura de aprendizaje colectivo y de mejora continua. Los nuevos líderes, además de muchas otras habilidades, deben saber desenvolverse con agilidad en el campo digital. Por ello, durante esta época de teletrabajo, los líderes con capacidades digitales más avanzadas lo están teniendo mucho más fácil para intentar estrechar la brecha de distancia existente en las relaciones personales con sus equipos y para lograr ser más creativos e innovadores en diferentes aspectos del día a día que antes se realizaban de manera presencial, por ejemplo las reuniones, los team buildings, formaciones, reconocimientos, sanciones, etc.

7. La digitalización del departamento de RRHH

Los departamentos de recursos humanos juegan un papel crucial para ayudar a la transformación digital de una empresa. Son los encargados de validar la idoneidad del líder en su puesto de trabajo, valorando que aúne las características y habilidades necesarias para afrontar una época cada vez más digital y tecnológica, acentuada especialmente en época de distanciamiento social, teletrabajo y eliminación de prácticamente toda la documentación y burocracia en formato papel, aportando en esta línea un plus hacia los nuevos modelos de negocio en pro a la concienciación de la educación medioambiental.

8. Analista web: uno de los perfiles más demandados

En línea con el resto de tendencias, la transformación digital da lugar a un nuevo perfil profesional: el analista web. Las organizaciones tratan ahora de buscar soluciones digitales que permitan medir, analizar y utilizar la información para comprender en profundidad las diferentes partes de los procesos de operaciones. Ya no solo en época de pandemia, aunque obviamente con la imposición de un modelo de trabajo a distancia se ve acentuado, los directivos necesitan disponer de una gran combinación de datos que les ayuden a comprender qué es lo que realmente les está dando resultados y dónde existen las mayores fugas sobre las que habrá que intervenir para mejorar. El perfil controller o analista va a ser clave para el manejo de datos (clientes, proveedores, mercado, competencia, tendencias, empleados…) y para la toma de decisiones por parte de los equipos directivos.

9. Estrategias de diversidad e inclusión

Los cambios políticos, demográficos, sociales, económicos… así como la convivencia en un mismo lugar de trabajo de distintas generaciones, requieren de políticas de inclusión en las empresas. La buena gestión de este tipo de políticas impactará positivamente sobre la marca, el rendimiento y los objetivos corporativos. Los planes de igualdad, por ejemplo, están a la orden del día y con ellos la necesidad de utilizar procesos y herramientas de medición para identificar posibles brechas salariales en función del género. Una medida que en España ha entrado por lo legal y que se acerca a las estrategias de inclusión que se defienden en esta novena tendencia del informe de Deloitte. Las organizaciones, para justificar diferentes decisiones que han tenido que tomar de manera precipitada durante la época de pandemia, como por ejemplo la aplicación de expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) o incluso despidos y modificaciones en las condiciones salariales o en el % de jornada de los empleados, han tenido que remodelar su cultura con reglas basadas en la transparencia, mediante la cual demostrar con números y datos el porqué de las decisiones tomadas, asegurando en todo momento la imparcialidad a la hora de penalizar o beneficiar en estas decisiones a unos empleados sobre otros.

10. La transformación de los puestos de trabajo

Con la digitalización de los procesos, la robótica, la inteligencia artificial y la tecnología, las organizaciones se ven obligadas a rediseñar sus puestos de trabajo. Mientras algunos llevan años dramatizando con las consecuencias negativas de la tecnología, se está comprobando que la utilización de herramientas ayuda a crear nuevos puestos de trabajo especializados e incrementan la productividad. De nuevo, una evidencia que demuestra que, gracias a esta digitalización de trabajos y de perfiles, muchas empresas han sabido readaptarse rápidamente en una época en la que la tecnología se ha convertido en el único medio para poder desmembrar la piña (físicamente hablando) que existía en una empresa, que ahora se ha visto en la necesidad de trabajar a distancia y con herramientas puramente digitales. Con esta tendencia en la que las herramientas y la tecnología suplen a las personas en aquellas tareas que pueden ser automatizadas, los esfuerzos humanos pueden centrarse ahora más que nunca en la experiencia del cliente externo e interno y en una propuesta de valor de la organización a la sociedad.

martes, 20 de abril de 2021

Gente tóxica: saber convivir con ella tomando distancia

Hace un año se escuchaba que las personas estábamos cambiando, que nos habíamos vuelto más “humanos”, que el lado bueno de la gente había aflorado para quedarse,… y esto se explicaba como la gran noticia, en la que se difundía que, a partir de una pandemia, nos habíamos vuelto más solidarios, más empáticos y que habría más amor y más felicidad. 

Puede ser, y no lo niego, que en parte fuese verdad. Incluso lo hemos visto en televisión, en la calle, en los vecindarios y en los hospitales… pero esto es algo puntual y efímero, común a todas las catástrofes. Después de un ataque terrorista o de una catástrofe natural, por ejemplo, las personas hemos respondido y nos hemos vuelto realmente más sensibles, con emociones a flor de piel y con gestos realmente altruistas y empáticos. La gran diferencia con respecto a la situación actual es que estas catástrofes tienen un inicio y un fin más o menos corto en el tiempo y afectan a un lugar o a un colectivo muy concreto, mientras que la pandemia, además de ser mucho más mediática, afecta a todo un planeta y tiene una duración muchísimo más larga, por lo que estos gestos empáticos, altruistas y llenos de emociones que nos unen se ven multiplicados y son mucho más duraderos.

Con esta introducción que está a la orden del día, quiero hablar esta vez de un tema que se aborda en muchos seminarios y en muchos libros que es el de la Gente Tóxica. No nos engañemos, la gente tóxica siempre ha existido y seguirá haciéndolo por muchas pandemias o catástrofes que ocurran. Es inherente a la especie humana y, principalmente, es debido a que somos distintos unos de otros y no existen dos personalidades idénticas.

Una persona tóxica, según la definición más extremista, es una persona que no ha madurado emocionalmente, insegura, quizás egoísta, que necesita estar al lado de alguien (su víctima) para entablar una relación absorbente, la cual le va a permitir descargar esas frustraciones, convirtiendo a esa víctima en una especie de terapia particular y gratuita.

Quitando un poco de crueldad y diabolismo a esta definición, yo prefiero quedarme con que, en mayor o menor grado, todos llegamos a ser tóxicos para alguien, desde el momento en que consideramos a la gente tóxica como aquella con la que, después de haber estado cierto tiempo, nos llegamos a sentir estresados, nerviosos, frustrados, tristes… Para nosotros, esas personas tienen cierta toxicidad que nos hacen sentir así.

Si habéis leído libros o artículos que traten sobre la toxicidad de las personas, seguramente hayáis encontrado diferentes tipologías de personas tóxicas e incluso habréis sido capaces de ponerles nombre y apellido; razón por la cual es fácil entender que todos tenemos a nuestro alrededor personas tóxicas con las que convivimos en el día a día. A modo de resumen, los tipos más definidos son:

  • Gente autoritaria: que normalmente en la empresa coincide con la figura del jefe. Suelen ser personas inseguras y por eso incitan el miedo hacia los subordinados, jugando con sus necesidades para que no hagan locuras que puedan ir en su contra y poder así seguir conservando su puesto de trabajo.
  • Gente envidiosa: aquella que no es feliz porque siempre quieren lo que los demás tienen.
  • Gente pesimista: que siempre ven todo de manera negativa. Son a los que se les llama (y me encanta esta metáfora) “vampiros emocionales”, porque tienen esa habilidad de absorber todo el color que tienen quienes les rodean, transformando la realidad en un cuadro en blanco y negro.
  • Gente descalificadora: que disfruta menospreciando y desestabilizando emocionalmente a los demás. Primeramente son amigos o parecen serlo, pero después van a utilizar toda la información que tengan para desvalorizarte en el momento que ellos lo necesiten.
  • Gente neurótica: que suelen ser personas inseguras, muy perfeccionistas egoístas… y que acaban absorbiendo tu energía.
  • Gente manipuladora: que normalmente es más difícil de detectar porque parecen ser personas complacientes. Si les decimos las cosas sinceramente se pueden sentir atacadas y van a acabar dando la vuelta a la tortilla, de manera que te sientas tú culpable y acabes pidiéndoles perdón.
  • Gente sociopsicópata: es la personalidad tóxica más peligrosa, porque son personas impulsivas que no sienten remordimientos cuando hacen daño a los demás. Buscan alcanzar un objetivo sin importar a quien se lleven por el camino.

Pero también podríamos encontrar gente chantajista, narcisista, dependiente…

Y, sobre todo, nunca olvidemos, que cualquiera de nosotros podemos estar incluidos en uno o varios de estos tipos de personas tóxicas, dependiendo a quién preguntásemos.

¿Cuál o cuáles son nuestras armas para hacer frente a una persona tóxica?

Tenemos diferentes opciones, aunque la mejor sería la de huir, es decir, no mantener ningún tipo de relación con esa persona y apartarla de nuestro camino. Pero esto no siempre es posible, porque la persona tóxica puede estar en nuestra familia o puede ser un compañero de trabajo. En estos casos tenemos que intentar utilizar nuestra caja de herramientas de la inteligencia emocional. Lo más importante de todo y primero es tener claro quiénes son y en qué me afecta el tenerles a mi lado. A partir de ahí tenemos que hacer uso de la herramienta que mejor se adapte a esa situación y persona, por ejemplo la asertividad para no acceder a todas sus peticiones, pero sin ser contundentes en la negativa y acabar hiriéndoles, cosa que podría repercutir negativamente hacia nosotros tras verse atacados. Otra opción sería la de utilizar nuestra fuerza interior, partiendo de la base de que es mucho más fuerte de aquella fuerza que nos quiera imponer el elemento tóxico, por ejemplo, ante una persona pesimista, siempre podremos darle mucho más valor a nuestro positivismo, el cual neutralizará la negatividad que nos llega. Como se dice, 'cada maestrillo tiene su librillo', y al fin de cuentas lo importante es saber encontrar la mejor fórmula de entre nuestras posibilidades con el fin de alejarnos lo máximo posible de la toxicidad. Es de señalar en este punto que, independientemente de qué herramienta utilicemos, ante cualquier situación límite que nos podamos encontrar es necesario siempre denunciar.

Como decía antes, nosotros también podemos ser gente tóxica para otros sin saberlo. Cuando a una persona no la estamos haciendo sentir cómoda por la razón que sea, para esa persona somos gente tóxica y, con ello, quiero quitarle un poco de maldad a la persona tóxica por la razón de que a veces de manera inconsciente uno es tóxico sin saberlo. Mirándolo desde el punto de vista más pragmático, todos tenemos un poco de pesimismo, un poco de dependencia hacia otros, algo de narcisismo… y no pasa nada, lo problemático comienza cuando sobrepasamos ciertos límites.

En definitiva, que no nos vendan la película de que la gente se va a volver más buena, solidaria, altruista, empática y menos tóxica. Todos guardamos en nuestro interior estas cualidades (algunos más en el interior que otros) y todos somos capaces de sacar nuestro lado más amable y más humano ante situaciones que realmente lo requieren, pero esto no quiere decir que de la noche al día vamos a vivir en un mundo mejor.

martes, 13 de abril de 2021

Estamos rodeados de personas que están bajo el "Efecto Dunning-Kruger"

Si de algo estamos siendo testigos en estos últimos meses, principalmente en numerosos espacios de televisión, es que la gente opina de todo sin tener ni idea. Todo el mundo se cree experto en temas de vacunación, de protección ante la Covid y, en general, en temas de pandemia. Y cuando digo todo el mundo, no me refiero exclusivamente a la gente del pueblo, sino que me refiero sobre todo a los políticos, a los periodistas y a todos esos presentadores y presentadoras de televisión y de realities que nunca estudiaron medicina (muchos de ellos ni siquiera estudiaron una carrera universitaria) y, sin embargo, creen saber más que los virólogos, los médicos y los especialistas en pandemias.

Esto tiene un nombre: el Efecto Dunning-Kruger, que básicamente se resume en que cuanto menos sabemos, más creemos saber.

Se trata de un sesgo cognitivo, psicológicamente hablando, que se basa en sobreestimar las habilidades, las capacidades y el conocimiento que se tiene sobre un tema. No sólo las personas que lo padecen se limitan a dar una opinión, que sería totalmente lícito y respetable, sino que tratan de imponer sus ideas como si fueran verdades absolutas. Y es ahí donde radica el problema.

¿Pero por qué Efecto Dunning-Kruger? Os lo cuento. En 1990 se hizo famosa una historia que acontece en Pittsburgh en el estado de Pennsylvania (Estados Unidos), en la que un hombre de 44 años atraca dos bancos a plena luz del día, sin cubrirse la cara, y obviamente es identificado y detenido. En su declaración, explica que se había aplicado zumo de limón en la cara porque era una sugerencia que le habían hecho un par de amigos para volverse invisible ante las grabaciones. La historia llega a oídos de un profesor de psicología, el doctor David Dunning, que junto a su colega Kruger deciden realizar un estudio sobre el caso, en el que determinan que a mayor competencia, más infravaloramos las propias competencias y conocimientos, es decir, cuanto más expertos somos en algo menos importancia y valor le damos a nuestro conocimiento. Por el contrario, las personas incompetentes, son más incapaces de detectar y de reconocer su incompetencia y no suelen reconocer tampoco la competencia de los demás.

La ignorancia y, principalmente, el ser inconsciente de ella es la peor combinación que puede tener una persona, pues va a intentar imponer su verdad y quitar la razón a quienes realmente son competentes en la materia. Son personas inconscientemente incompetentes, que no van a salir de las telarañas del efecto Dunning-Kruger hasta que sean conscientes de su incompetencia. Añadir consciencia a la incompetencia es el principio para poder avanzar hacia el aprendizaje sobre una materia de la que no se tiene ni la menor idea para, poco a poco, conseguir competencia en ella. Tomar consciencia de la incompetencia propia nos permite ser más autocríticos, aceptar nuestras lagunas y respetar la opinión de los demás sin tratar de descalificarles y restarles credibilidad.

Mientras todos estos políticos, periodistas y tertulianos no entren en la consciencia, seguiremos siendo espectadores del ridículo circo de opinión que trata de liarnos y generarnos incertidumbre constante sobre un delicado tema como es una pandemia que ya se ha llevado a casi 3 millones de personas en todo el mundo.

martes, 12 de enero de 2021

Reinventarse es volver a nacer, pero con experiencia

Si algo tiene de especial este 2021 que acabamos de estrenar es la conjunción de miles de millones de personas pidiendo un único deseo: salud.

Atrás acabamos de dejar uno de los años más difíciles en la historia de la humanidad, en el que una pandemia ha encontrado hueco en prácticamente todos los rincones del planeta, aniquilando a centenares de personas por donde ha pasado, rompiendo con la vida social que hasta entonces llevábamos, también quebrantando las economías familiares, empresariales y sociales…, por señalar sólo algunos ejemplos.

Han sido 9 meses de pérdida de libertades, de mucha incertidumbre, de miedo a perder la salud propia y la de nuestros seres queridos, de cierta irresponsabildad, pero de mucha colaboración por la gran mayoría de los ciudadanos, de muchos sobreesfuerzos por parte de los sanitarios, los cuerpos de seguridad, limpieza, servicios esenciales,… y de lucha por encontrar una vacuna que permita frenar las curvas de contagio, las víctimas y el caos ocasionado por este virus.

Por ahora, en plena tercera ola en Europa y en crecimiento continuo desde que todo comenzó en países como Brasil o Estados Unidos, disponemos por fin de una vacuna que nos da un ápice de esperanza para afrontar un 2021 que tampoco tiene pinta de que será fácil.

Al deseo único de “salud” que todos pedimos a este nuevo año se unen las ganas por mejorar, por salir del túnel, por seguir manteniendo la esperanza y el optimismo, sin perder en ningún momento tampoco la salud mental, que nos permitirá afrontar resilientemente todos estos inconvenientes con los que día tras día nos estamos encontrando.

Tanto positivismo inyectado en la sociedad no debe ser malo y, por ello, quiero seguir en esta línea defendiendo que, aunque los meses venideros sigan siendo difíciles, encontraremos la manera de remontar y salir reforzados de una crisis sanitaria mundial que nos tiene descolocados. Posteriormente, tocará también salir reforzados de la crisis económica que ya se empieza a sentir en muchos sectores en particular y en la economía mundial en general, pero por desgracia, de éstas, ya estamos más acostumbrados a salir y tenemos más bases y herramientas para lograr hacerles frente.

Cambiando de tema, pero en relación a las consecuencias que la Covid está teniendo en todos los ámbitos de las personas, me toca ahora presentar cuál va a ser el nuevo giro que “Nosotros: las personas” va a tener a partir de este nuevo año. Este blog, que comenzó en 2012 como “Nosotros: las personas en la empresa” y que cuatro años después, a principios de 2017, pasó a llamarse simplemente “Nosotros: las personas”, cumple ahora 8 años en los que se han publicado más de 350 artículos, de los cuales unos 200 son publicaciones propias y el resto compartidas de otros autores, pero todos ellos referidos a temáticas que nos tocan de pleno en nuestras vidas: reflexiones sobre la autoayuda, los valores, las empresas, los equipos de trabajo, la comunicación..., en definitiva, cómo todo nos afecta en lo más hondo de nuestro ser y cómo esa afectación a la vez se interrelaciona con otras personas, con las que interactuamos en los diferentes contextos en los que vivimos.

Estos 8 años han dado como resultado la publicación de ocho ebooks de descarga gratuita, a través de la propia web del blog, que recogen todas estas reflexiones y, de los cuales, los últimos 4 han estado vinculados a diferentes analogías relacionadas con condimentos culinarios, con países, con personalidades famosas y con animales, de quienes hemos sido capaces de contextualizar cada una de las temáticas tratadas.

Estas temáticas anuales, con sus respectivos temas mensuales, dejarán parte a una tercera reinvención del blog en la que, a partir de este año, publicaré sobre reflexiones y temáticas habituales basadas en la experiencia personal / profesional, principalmente, en mi sector de actividad: recursos humanos, sin olvidar nunca que detrás de eso a lo que ponemos la etiqueta “recursos humanos”, estamos hablando de personas concretas, con nombre, apellidos e historias, mucho más allá de un simple número de empleado en cualquier empresa.


Seguiremos aportando a este espacio que, aunque cueste de apreciar a primera vista, lleva mucho trabajo y dedicación detrás para dotarlo de contenido, creatividad e interés de cara a vosotros, quienes me seguís, leéis y alentáis a escribir, al menos, durante un año más.

Gracias a todos por vuestra atención y bienvenidos a quienes os incorporáis por primera vez a este espacio dedicados a todos nosotros, a todas las personas.

Feliz 2021!

Álex

jueves, 4 de junio de 2020

JUNIO: Lo que la Hormiga nos enseña al aplicar el Individualismo para autoprotegerse

Apenas hace un mes hablábamos de la importancia de lograr gestionar correctamente las salidas de nuestras zonas de confort que vamos construyendo a lo largo de nuestras vidas. Concretamente, conocíamos cómo era la vida del Salmón para poder explicar y entender la necesidad de esta gestión principalmente emocional. A principios de mayo empezábamos a conocer en España el plan de desescalada, referido a cómo salir del confinamiento al que durante el mes de abril y parte de marzo nos habíamos visto sometidos por la invasión de la pandemia del coronavirus. Hoy, principios de junio, España se encuentra, como muchos otros países, en plena desescalada, teniendo zonas en las que las libertades se empiezan a recuperar, aunque con bastantes cambios a como las conocíamos apenas 3 meses atrás.
Por ello, este mes, quiero centrarme en lo que quizás más nos está costando aceptar, incluso siendo conscientes que cualquier infracción o acto incívico puede volver a llevarnos a un rebrote del virus que nos vuelva a confinar en nuestras casas. Me refiero, a las “normas” que contiene este plan de desescalada vinculado a franjas horarias, edades y zonas, añadiendo a todo esto restricción de movimientos y de espacios (prohibición de viajar, de ir al gimnasio, a un espectáculo, a un restaurante con un grupo de amigos, de entrar en un comercio sin pensar en llevar mascarilla o ponerte gel antiséptico en las manos, sin poder disfrutar de la piscina o de la playa, sin poder ir a visitar a los abuelos a sus residencias, etc…). El plan de desescalada conlleva implícita la misma norma que tuvimos durante el confinamiento: apelar al individualismo lo máximo que se pueda para protegernos del contagio. Y para hablar de este concepto sociológico, el individualismo, voy a presentaros a un animal que bien podría haber cabido en un post relacionado con el trabajo en equipo, pero que lo incluyo aquí debido a una de sus facetas que nos viene como anillo al dedo para aprender sobre el tema que hoy nos ocupa. Este animal es la Hormiga.


Las hormigas son una familia de insectos con el nivel más alto de organización social que se da en determinados animales. Existen más de 150.000 especies conocidas y habitan en todos los continentes excepto en la Antártida y algunas grandes islas como Groenlandia e Islandia. Como el resto de insectos, las hormigas cuentan con exoesqueleto (esqueleto externo que recubre, protege y soporta el cuerpo del animal) y tienen una visión pobre o nula, orientándose con sus dos antenas que detectan sustancias químicas, corrientes de aire y vibraciones. Las hormigas tienen 6 patas y, en algunas especies, las reinas y machos tienen alas. La mayor parte son depredadoras, carroñeras o herbívoras. Viven en colonias, que pueden llegar a ser longevas, en las que la reina puede vivir hasta 30 años, mientras que las obreras viven entre 1 y 3 años. Los machos apenas viven unas semanas. Se comunican entre ellas por medio de feromonas (secreción de sustancias químicas), se defienden atacando mediante mordiscos o picando y son capaces de formar ejércitos para la lucha. Lo que más llama la atención de las hormigas es su capacidad de organización y su especialización en tareas que van encaminadas a alcanzar un mismo objetivo. Además, y vinculándolo al tema que nos concierne en esta ocasión, son capaces de autoaislarse cuando se enferman para no contagiar a las hormigas sanas, quienes evitan el contacto con ellas, pero a la vez las protegen manteniendo distanciamiento y reforzando la protección de la reina y de las “hormigas enfermeras”. Según un estudio publicado en la revista Proceedings of the RoyalSociety B, este comportamiento reduce la mortalidad de las hormigas enfermas de un 80% a un 10%.


Me quedo con estas últimas líneas descriptivas de la hormiga. En tiempos de coronavirus, como la hormiga, hemos sido más o menos capaces de organizarnos, especializarnos en determinadas tareas y encaminar muchos de nuestros actos hacia un mismo objetivo: vencer la pandemia. Pero además, decimos que las hormigas son capaces de autoaislarse y protegerse cuando existe un riesgo que las hace enfermar y podría acabar con la colonia. Éste es sin duda el aspecto clave al que ahora nos instan todos nuestros gobiernos y expertos en sanidad y epidemiología con el fin de vencer al virus y evitar cualquier rebrote que pueda devolvernos a las medidas estrictas de confinamiento y privación de libertades a las que hemos sido sometidos estas últimas semanas.

Si en la hormiga es innata esta cualidad de autoprotección, a nosotros nos la tienen que recomendar, repetir e incluso obligar mediante el uso de la Ley. Quizás deberíamos ser conscientes que la hormiga no lo hace por capricho, sino por necesidad de protección para asegurar la supervivencia. Nada lejos del propósito que nosotros deberíamos perseguir, el de evitar más muertes, proteger a nuestros más vulnerables (principalmente, los ancianos) y mantener para ello el distanciamiento social que nos asegure una disminución importante del riesgo de contagio. Desgraciadamente, en los últimos días vemos pequeños colectivos que para nada tienen claro estos riesgos y actúan incívicamente poniendo en riesgo la salud de todo el mundo. Es cierto que son una minoría, pero lo suficiente como para propagar un virus prácticamente desconocido y sobre el que por ahora no tenemos una vacuna.

Durante estos meses, el personal sanitario, entre otros profesionales, ha estado formado por las hormigas enfermeras que han estado velando por las víctimas de este virus. Ahora, nos toca a nosotros ser responsables y mantener el distanciamiento y el individualismo necesario para conseguir el objetivo único de vencer la pandemia y volver a nuestra añorada normalidad.

Para finalizar, sólo añadir que, si bien es cierto que en muchas ocasiones se habla de los efectos negativos del individualismo, que va en contra de la propia naturaleza humana que nos caracteriza por ser seres sociales que necesitamos relacionarnos con los demás para sentirnos queridos e integrados en un grupo, ahora, en estos tiempos que corren, tenemos que intentar restar importancia a esos aspectos negativos del individualismo y hacer un esfuerzo de potenciación del mismo para poder salvarnos y llegar a ser una sociedad altamente efectiva como éramos antes de esta pandemia. Para ello, las alternativas a la no socialización las podemos encontrar a través de la tecnología, de la que últimamente estamos haciendo un uso claramente exponencial, pero también en el respeto de todas las medidas que se están implementando para facilitarnos la ardua tarea de distanciarnos de los demás por un tiempo.

EL INDIVIDUALISMO NO ES TANTO UN FIN COMO UN CAMINO, NO EL MEJOR, SINO EL ÚNICO (Friedrich Hebbel)

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