lunes, 19 de enero de 2015

"Los ciegos y el elefante"

En la Antigüedad, vivían en la India seis hombres ciegos que pasaban las horas compitiendo entre ellos para ver quién era el más sabio.
Un día, discutiendo acerca de la forma exacta de un elefante, no conseguían ponerse de acuerdo y, como ninguno de ellos había tocado nunca uno, decidieron ir en busca de un ejemplar para así salir de dudas.
Puestos en fila, con las manos en los hombros de quien les precedía, emprendieron la marcha enfilando la senda que se adentraba en la selva. Tras una larga caminata se dieron cuenta que estaban al lado de un gran elefante. Llenos de alegría, los seis sabios ciegos se felicitaron por su suerte. Finalmente podrían resolver el dilema.
El más decidido se abalanzó sobre el elefante con tanta ilusión por tocarlo que tropezó y cayó  contra  el costado del animal.
"El elefante  –exclamó– es como una pared de barro secada al sol"
El segundo avanzó con más precaución, con las manos extendidas fue a dar con los colmillos.
"¡Sin duda la forma de este animal es como la de una lanza!"
Entonces avanzó el tercer ciego justo cuando el elefante se giró hacía él. El ciego agarró la trompa y la resiguió de arriba a abajo, notando su forma y movimiento.
"Escuchad, este elefante es como una larga serpiente"
Era el turno del cuarto sabio, que se acercó por detrás y recibió un suave golpe con la cola del animal, que se movía para asustar a los insectos. El sabio agarró la cola y la resiguió con las manos. No tuvo dudas:
"Es igual a una vieja cuerda" exclamó.
El quinto de los sabios se encontró con la oreja y dijo:
"Ninguno de vosotros ha acertado en su forma. El elefante es más bien como un gran abanico plano"
El sexto sabio, que era el más viejo, se encaminó hacia el animal con lentitud, encorvado, apoyándose en un bastón. De tan doblado que estaba por la edad pasó por debajo de la barriga del elefante y tropezó con una de sus gruesas patas.
"¡Escuchad! Lo estoy tocando ahora mismo y os aseguro que el elefante tiene la misma forma que el tronco de una gran palmera"
Satisfecha así su curiosidad, volvieron a agarrarse en sus hombros y tomaron otra vez el camino que les conducía a su casa. Sentados de nuevo bajo la palmera que les ofrecía sombra retomaron la discusión sobre la verdadera forma del elefante. Tras varias horas de discusión se dieron cuenta que no habían resuelto el dilema inicial, pues todos habían experimentado por ellos mismos cuál era la forma verdadera y creían que los demás estaban equivocados



La de “Los ciegos y el elefante” es una fábula que seguramente muchos de vosotros ya conocíais. Lo que quizás nos cueste más es pensar en la cantidad de veces en las que habremos actuado como los ciegos de esta historia.  

Esta fábula nos hace ver la incapacidad humana para conocer la totalidad de la realidad y, en muchas ocasiones, equivocarnos por completo al pensar que la única verdad la tenemos nosotros. Cuantas más opiniones existan sobre un tema más se enriquecerá el debate generado y más elaborada y acertada será la conclusión a la que finalmente se llegue. Pero para asegurar el éxito de este proceso es necesaria la intervención de ciertas variables que lo propicien. Me refiero a variables de la propia comunicación como son la escucha activa, el respeto en el turno de palabra, la capacidad de empatizar con quien está hablando, la capacidad integradora y analítica de la información, los procesos de negociación… y también de ciertos valores como son la humildad, la actitud colaborativa, la tolerancia

Es indiscutible por lo tanto que este cuento invita a la reflexión sobre la importancia de la comunicación interpersonal en los equipos de trabajo dentro de una organización. Para poder ser eficientes ante la tarea todos debemos conocer el trabajo que desempeñan los demás miembros del equipo o áreas de la empresa, porque de no ser así difícilmente podremos valorar lo que hacen o dicen y mucho menos opinar sobre ello.

Si los ciegos intentan imponer sus puntos de vista (recordemos que cada uno de ellos está en su propia verdad) nunca se llegará a un trabajo colaborativo y por lo tanto difícilmente se llegará a los objetivos esperados.

En definitiva, cuando os toque trabajar en equipo la primera norma ineludible que debe ponerse en manifiesto es el compromiso de todos los miembros de activar estos mecanismos comunicativos y de respeto mutuo a los que antes hacía mención.


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