En la
mayoría de las empresas, el iceberg de la cultura tóxica está a la vista solo
parcialmente. Lo que generalmente se observa son los síntomas: renuncia
silenciosa, alta rotación y empleados desmotivados. Sin embargo, debajo de la
superficie de este iceberg se esconden las causas subyacentes, que pueden ser
mucho más perjudiciales para la salud organizacional: rumorología, expectativas
poco realistas, falta de oportunidades de crecimiento, sobrecarga de trabajo,
cultura de culpabilización, managers incompetentes, estancamiento salarial,
mala comunicación, sentirse poco valorado, falta de flexibilidad y cultura de
burnout son solo algunos de los elementos invisibles que contribuyen a un
ambiente laboral tóxico.
Los departamentos de RRHH tenemos la responsabilidad no solo de abordar los síntomas visibles, sino también de trabajar activamente para erradicar las raíces profundas de esta cultura. Esto requiere un enfoque integral que combine políticas claras y estructuradas con un liderazgo capacitado que supervise su cumplimiento.
En
esta línea, se hace evidente la importancia de tener políticas de RRHH bien
definidas y la figura de un/a “director/a de orquesta” que, además de gestionar
esas políticas, desarrolle a los mandos intermedios y directivos para prevenir
que las "sorpresas" relacionadas con el absentismo y el mal clima
laboral continúen ocurriendo.
El
primer paso, por lo tanto, para evitar que una cultura tóxica se enraíce en una
organización es establecer políticas claras y definidas en todas las áreas
relacionadas con el bienestar y el desarrollo de los empleados. Estas políticas
deben estar alineadas con la visión y misión de la empresa, asegurando que
todas las prácticas dentro del entorno laboral sean coherentes y estén
orientadas a crear un ambiente inclusivo, justo y motivador. Algunas de estas
políticas son:
- Comunicación interna, que erradique la falta de comunicación, uno de los principales factores que contribuye a la rumorología y al malestar.
- Desarrollo y formación, pues el estancamiento salarial y la falta de oportunidades de crecimiento son fuentes comunes de desmotivación.
- Bienestar laboral, que se alinee con el bienestar físico y mental de los empleados. Las políticas de salud ocupacional, flexibilidad laboral y prevención del burnout son esenciales para proteger el equilibrio entre la vida personal y profesional.
- Reconocimiento y recompensas, basada en el rendimiento y la contribución al equipo, necesarias para mantener la motivación alta y prevenir el sentimiento de sentirse poco valorado.
- Gestión del desempeño, que asegure de manera justa, transparente y constructiva que los empleados están alineados con los objetivos organizacionales.
Las
políticas de RRHH son esenciales, pero de nada sirven si no se implementan
correctamente o si no están respaldadas por un liderazgo adecuado. La dirección general de la empresa debería respaldar a la de recursos humanos en que se
asegure el cumplimiento de las políticas y éste debería respaldar a su vez a los mandos y demás directivos, desarrollándoles para que comprendan la importancia de la cultura
organizacional y su rol en la gestión de la misma.
Cuando las políticas de RRHH no se implementan correctamente o los líderes no están capacitados para gestionarlas, la consecuencia es clara: el absentismo aumenta, la rotación de personal es elevada y el clima laboral se deteriora. Estos factores no solo impactan en la productividad, sino que también incrementan los costos asociados con la selección, la contratación y la formación de nuevos empleados.
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