miércoles, 12 de septiembre de 2018

Hablemos de felicidad (por Euclides Kilo Ardila)

Comparto con vosotros este artículo que me ha resultado interesante.


Alcanzar las metas deseadas nos hace felices. Pero, más allá de cumplir objetivos, habría que decir que el concepto propiamente dicho de felicidad es relativo. De alguna forma todo depende de una condición interna o subjetiva de satisfacción y de alegría de cada persona.


En mi caso, más allá del dinero, tener empleo, los propios reconocimientos profesionales que pueda alcanzar y el bienestar de mi familia, veo en la salud a mi principal tesoro. ¡No me imagino trabajando ni con un asomo de gripa!


No obstante, para otros ser feliz va más allá. Muchos encuentran en las cosas suntuarias o en lo material una especie de ‘sofá de comodidades’ que le podrían despejar el camino rumbo a su percepción de felicidad.
Otros se esfuerzan por ascender en la empresa, unos más diseñan sus propias fuentes de ingresos, hay quienes prefieren viajar y no faltan los que ven en los amores de sus vidas las mejores esencias de sus estados felices.
Obviamente hay otras cosas que nos hacen sentir bien: gozar de la compañía de nuestros seres queridos, estar sin ataduras, tener en dónde vivir y disfrutar de una estabilidad emocional podrían complementar este concepto.
Menciono este tema porque leí los escuetos resultados de un sondeo aplicado a varios ciudadanos y me sorprendió ver que muchos de los entrevistados, 58% para ser más exactos, dijeron que si pudieran calificar su grado de felicidad de 1 a 5 solo se pondrían una calificación promedio de 3. ¡Nota bajita!
Escasamente el 4% de los entrevistados dio una respuesta de 5, mientras que el 38% aseguró estar ‘rajado’ en este crucial tema.
Es más, en ese sondeo, del alto porcentaje que dijo sacar mala calificación, el 20% de la gente entrevistada expresó que se siente muy triste; mientras que el restante 18% se atrevió a calificar de infeliz su actual situación.
¿Qué hay detrás de estos indicadores de infelicidad?
Tal vez muchos de estos indicadores constituyen un reflejo de que la gente hoy día le apuesta más a una vida llena de plata, lujos y poder que a una vida sencilla.
A lo largo de la historia los sabios de todas las culturas han repetido que el secreto de la felicidad no radica en conseguir más, sino en desear menos. No se trata de ser un resignado empedernido, sino de entender que la sencillez puede llegar a ser la mejor estrategia que alguien pueda seguir.
Detrás de los resultados estadísticos de felicidad emitidos por los ciudadanos encuestados, en la intimidad de las respuestas la gente debería inclinarse a las cosas básicas o prácticas.
Sea como sea, hacer feliz a la gente hoy parece una tarea algo complicada. Eso se ve incluso en las oficinas: Antes los empresarios pensaban que era suficiente con aumentar el ingreso salarial de las personas para que estuvieran mejor. Hoy le apuestan a estimular al empleado y a garantizar sus necesidades básicas para mantenerlo feliz en sus puestos laborales. No se gana mucho, pero se vive estable.
Total: La felicidad no es solo riqueza, poder o ambición; es más un asunto de calidad de vida. También es un tema de decisión y, en ese orden de ideas, usted elige qué es lo que quiere hacer con su vida.

Euclides Kilo Ardila
11 de Septiembre de 2018
http://www.vanguardia.com/

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