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martes, 30 de marzo de 2021

Cuando la felicidad está en ti y no eres capaz de verla

Recién estrenada la primavera quisiera dedicar este artículo a una de las emociones que más solemos relacionar con esta estación del año: la felicidad.

En realidad, la felicidad no es una emoción en sí, sino un estado compuesto por varias emociones, pero desatinadamente tendemos a hacer un efecto halo y generalizamos toda una secuencia de emociones, primando aquella o aquellas más positivas, razón por la cual solemos decir que una persona es o está feliz. Pero realmente una persona feliz también tiene emociones no tan positivas a lo largo del día y, aunque puedan ser efímeras, pueden llegar a invadirle puntualmente de tristeza, por ejemplo, al escuchar una noticia en televisión, de miedo, al no recibir respuesta a una llamada telefónica que realiza a su hijo, de rabia, al darse cuenta que se ha olvidado de felicitar por el cumpleaños a un amigo, etc… Las emociones, desde la más positiva hasta la más negativa, siguen existiendo prácticamente a diario en nuestro interior por muy predominante que pueda ser sólo una de ellas.

Lo mismo que ocurre con la salud, con la satisfacción y con el bienestar, la felicidad debería ser el estado natural del ser humano, porque lo antinatural realmente es la enfermedad, la insatisfacción, el malestar, la tristeza y el sufrimiento. Por ello, creo que es justo partir de la base de que todo el mundo es feliz y de que es la percepción que cada uno hace de esa felicidad la que realmente determina su estado emocional. Estas percepciones, muy diferentes entre personas, son las que a veces nos juegan malas pasadas, porque tendemos a darle mucha más importancia a todo lo negativo y acabamos eclipsando esa felicidad de la que podríamos estar gozando de manera más natural, sin perseguir constantemente la perfección.

Aunque debo reconocer que esto no es fácil y requiere de trabajo consciente, soy de los que opinan que siempre podemos ver el vaso medio lleno. El hecho de decidir si el vaso está medio lleno o está medio vacío es una opción, una decisión, y no una simple realidad.

Erróneamente, solemos creer que seremos felices cuando las cosas nos vayan bien, pero tampoco sabemos cuándo eso va a ser así y ni siquiera somos capaces de poner una fecha y una hora a la que las cosas nos vayan a ir bien. Y, aunque fuéramos capaces de ello, seríamos incapaces de saber si entre el momento actual y esa hora y esa fecha en la que nos hemos marcado, pudiera haber algún imprevisto que nos estropeara cualquier plan. Por eso es importante aprovechar cada momento presente y pensar que, si ahora estoy feliz, es el instante de disfrutarlo. Nuestro sistema de creencias tiene una gran errata que es la de pensar que la felicidad depende de circunstancias y de factores externos, los cuales ya por definición son difíciles o casi imposibles de poder predecir y controlar. En cambio, los factores internos, los que dependen solamente de nosotros, sí podemos moldearlos y acercarlos más a nuestros intereses. De ahí, vuelvo a lo que me estaba refiriendo más arriba, que pensamos que la felicidad llegará cuando las cosas empiecen a ir bien, pero en realidad deberíamos vivir en el pensamiento de que las cosas van a ir bien cuando aprendamos a ser felices por nosotros mismos y, para ello, es necesario un alto nivel de autoconocimiento y de desarrollo personal.

Para hacerlo un poco más gráfico, vamos a pensar que tenemos dos escenarios: un escenario de humo, de preocupación constante, en el que nos estamos preocupando constantemente de todo aquello que no depende directamente de nosotros, es decir, de factores externos; y un escenario de cemento, firme y estable, donde podemos pisar fuerte sin miedo, es decir, donde podremos decidir sobre todo aquello que tenemos a nuestro alcance, por ejemplo, cómo nos vemos a nosotros mismos, qué es lo que nos gusta, qué prioridad le damos a las cosas… Y es justamente en este escenario en el que nos tenemos que mover, porque este escenario es un escenario donde podremos hacer un uso de nuestra mente voluntario y consciente, que nos va a permitir gestionar nuestras propias emociones sin depender de lo que los otros o las circunstancias decidan.

Como decía Mahatma Gandhi, “Cuida tus pensamientos, porque se volverán palabras. Cuida tus palabras, porque se transformarán en acciones. Cuida tus acciones, porque se convertirán en hábitos. Cuida tus hábitos, porque forjarán tu carácter. Cuida tu carácter, porque determinará tu destino y tu destino será tu vida”, es decir, cuidemos nuestros pensamientos, porque en función de cómo los cuidemos vamos a vivir de una manera o vamos a vivir de otra. En definitiva, si de verdad queremos cambiar el mundo para que parezca y sea más feliz, empecemos por nosotros mismos.

miércoles, 3 de febrero de 2021

La inteligencia emocional en el liderazgo

Cuando imparto un curso de liderazgo, el primer debate teórico que suelo abrir se centra en encontrar las diferencias clave entre lo que significa “ser un/a jefe” y “ser un/a líder”. Por ello, en este artículo, comienzo del mismo modo para poder enmarcar el análisis de la inteligencia emocional del líder.

La jefatura es una posición jerárquica dentro del organigrama de la empresa que administra y mantiene a un equipo de trabajo. El cargo que asume el jefe es una réplica de aquellos a quienes tuvo como referente en el pasado (a veces una copia de la versión que suma y, por desgracia, en otras ocasiones, una copia de la versión negativa). El jefe se concentra en procesos y su principal arma es el control, el orden de tareas y la visión cortoplacista. El liderazgo, sin embargo, puede estar o no dibujado en el organigrama como una figura con mando, pero lo asume sin duda una persona que innova, desarrolla y trabaja mano a mano como uno más en el equipo al que lidera. El líder se concentra en las personas, inspira confianza, sabe delegar y su visión es a largo plazo.

Partiendo, ahora sí, de esta definición y hablando concretamente de la Inteligencia Emocional, tomaremos como punto de inicio la premisa de que si queremos compromiso, necesitaremos personas que ilusionen, y esto sólo lo hacen los líderes.

Para saber ilusionar a otros, primero tenemos que ser capaces de estar ilusionados nosotros mismos. Para saber gestionar las emociones de los demás, primero tendremos que saber gestionar las propias. Por ello, si el jefe quiere ser líder tendrá que dedicar mucho tiempo a conocerse a sí mismo, a analizar sus puntos fuertes y sus carencias con las que dedicarles el tiempo necesario para llegar a controlarlas y mejorarlas.

El liderazgo emocional trabaja en estas dos direcciones: primero en la de autocontrol y, después, en la de soporte al control emocional de los demás. Además, de saber utilizar un tratamiento individualizado para cada miembro del equipo sin perder nunca de vista la estrategia global de la actividad que se está llevando a cabo.


Con esto, podemos afirmar que el liderazgo es inteligencia emocional en más de un 80%. Es evidente, por lo tanto, la importancia que tiene saber colocar en los puestos estratégicos de una organización a personas que cumplan esta afirmación o, al menos, que sean moldeables para que, con formación y apoyo, consigan ser personas inteligentes emocionalmente hablando. No interesa una organización cuya estructura jerárquica esté basada en nombramientos por venta, antigüedad o amiguismo, sino una estructura de mandos que además de jefes sean líderes.

Personas con ilusión y pasión por lo que hacen, proactivas y que sepan adelantarse a los acontecimientos, que sepan comunicar (sobre todo escuchar), que tengan iniciativa, sentido de la justicia y la equidad, compromiso y facilidad por delegar y, muy importante, sentido del humor, serán buenos y buenas candidatas para ocupar puestos de mandos en cualquier estructura organizativa.



lunes, 4 de junio de 2018

JUNIO: Fue en la capital de los Países Bajos donde Ana Frank demostró su resiliencia


En esta ocasión os voy a hablar de la Resiliencia como capacidad que tenemos los seres humanos de sacar lo positivo en situaciones que realmente no lo son. Pero antes dejadme que os hable de los Países Bajos; país en el que enmarcaré este concepto psicológico.

El Reino de los Países Bajos se sitúa en el noroeste de Europa con una superficie de 41mil km2de los cuales el 18.40% es agua. Tiene una población alrededor de los 17 millones de habitantes y han estado habitados desde la última glaciación. Tierras conquistadas en el s.I a.C. por los romanos, saqueadas por los vikingos durante los s.IX y XI y bajo el dominio español hasta su independencia en 1648, tras la Guerra de los ochenta años. Pero sin duda uno de sus golpes más duros y recientes ocurrió durante la II Guerra Mundial (1939-1945). Aunque se declararon neutrales, Alemania lanzó un ataque contra los Países Bajos conquistando la mayor parte del país y persiguiendo a los judíos, quienes fueron declarados enemigos del estado. Es en este periodo y concretamente en su capital, Ámsterdam, donde se ubica una de las historias más conocidas: la de Ana Frank, la niña judía que tuvo que vivir escondida junto a su hermana, sus padres y cuatro personas más en una dependencia secreta de un edificio de oficinas frente al canal Prinsengracht de la capital holandesa.

Casa de Ana Frank, en Prinsengracht 263-267


Canal Prinsengracht




Si habéis leído su Diario o conocéis su historia, entenderéis por qué hablo de Ana Frank como un claro ejemplo de persona resiliente.

Pero antes, ¿qué es la resiliencia?

Para los que nunca hayáis escuchado esta palabra os la explicaré como me la enseñaron a mí; con una de esas metáforas que a veces ayudan a asimilar conceptos que forman parte del mapa abstracto de la mente humana.

“Pensad en una goma, que la estiráis para adecuarla alrededor de un objeto, pero cuando la dejáis suelta vuelve a su estado y forma original. Pensad también en una esponja, que la presionáis para escurrir el agua que ha absorbido, pero que al soltarla vuelve a tener su misma forma inicial”

Esto es la resiliencia, la capacidad de adaptarnos a una situación adversa y salir de ella “airosos”, en el sentido de poder volver a ser la misma persona que fuimos, aunque obviamente con un aprendizaje extra que ya nadie nos puede quitar. La resiliencia es, por lo tanto, una capacidad que puede tener un componente innato, pero que en realidad se adquiere y refuerza a través de la experiencia y las vivencias que uno tiene a lo largo de su vida y el cómo éstas le influyen y las afronta. 

Para afrontar adversidades, para salir reforzado de éstas y para conseguir llevar una vida tranquila y normal a partir del acontecimiento adverso se requiere tener muy trabajados otros aspectos de la Inteligencia emocional, entre ellos:

Autocontrol: capacidad de dominar las propias emociones, pensamientos, comportamientos... 
"Querida Kitty: Hace sol, el cielo está de un azul profundo, hace una brisa hermosa y tengo unos enormes deseos de...¡de todo! Deseos de hablar, de ser libre, de ver a mis amigos, de estar sola. Tengo tantos deseos de...¡de llorar! Siento en mí una sensación como si fuera a estallar, y sé que llorar me aliviaría. Pero no puedo. Estoy intranquila, voy de una habitación a la otra, respiro por la rendija de una ventana cerrada, siento que mi corazón palpita como si me dijera '¡Cuándo cumplirás mis deseos!'. Creo que siento en mí la primavera, siento el despertar de la primavera, lo siento en el cuerpo y en el alma. Tengo que contenerme para comportarme de manera normal, estoy totalmente confusa, no sé que leer, qué escribir, qué hacer, solo sé que ardo en deseos... Tu Ana" 
(Diario de Ana Frank. 12 de febrero de 1944)
Autoconocimiento: conocerse a uno mismo, saber cuáles son los puntos fuertes y las áreas de mejora... 
"Sé perfectamente cómo me gustaría ser y cómo soy... por dentro, pero lamentablemente solo yo pienso que soy así. Y esa quizá sea, no, seguramente es, la causa de que yo misma me considere una persona feliz por dentro, y de la gente que me considere una persona feliz por fuera" 
(Diario de Ana Frank. 1 de agosto de 1944)
Motivación: encontrar aquello que te gusta, que te apasiona y te empuja a hacerlo con mayor implicación. 
"Ahora otro tema: hace mucho que sabes que mi mayor deseo es llegar a ser periodista y más tarde una escritora famosa. Habrá que ver si algún día podré llevar a cabo este delirio (?!) de grandeza, pero temas hasta ahora no me faltan. De todos modos, cuando acabe la guerra quisiera publicar un libro titulado La casa de atrás; aún está por ver si resulta, pero mi diario podrá servir de base" 
(Diario de Ana Frank. 11 de mayo de 1944)
Confianza: esperanza firme para que algo suceda. 
"Solo espero una cosa: que se odio a los judíos sea pasajero, que los holandeses en algún momento demuestren ser lo que son en realidad, que no vacilen en su sentimiento de justicia, ni ahora ni nunca, ¡porque esto de ahora es injusto!" 
(Diario de Ana Frank. 22 de mayo de 1944)
Optimismo: juzgar las cosas y los acontecimientos desde la parte más positiva 
"Querida Kitty: ¡Me han vuelto las esperanzas, por fin las cosas resultan! Sí, de verdad, ¡todo marcha viento en popa! ¡Noticias bomba! Ha habido un atentado contra Hitler y esta vez no han sido los comunistas judíos o los capitalistas ingleses, sino un germanísimo general alemán, que es conde y joven además" 
(Diario de Ana Frank. 21 de julio de 1944)
Voluntad: deseo o intención para hacer algo. 
"Sé lo que quiero, tengo una meta, una opinión formada, una religión y un amor. Que me dejen ser yo misma, y me daré por satisfecha. Sé que soy una mujer, una mujer con fuerza interior y con mucho valor. Si Dios me da la vida, llegaré más lejos de lo que mamá ha llegado jamás, no seré insignificante, trabajaré en el mundo y para la gente. ¡Y ahora sé que lo primero que hace falta es valor y alegría!" 
(Diario de Ana Frank. 11 de abril de 1944)
Aceptación: aceptar la realidad, plantarle cara y seguir hacia delante. 

"Hemos vuelto a tomar conciencia del hecho de que somos judíos encadenados, encadenados a un único lugar, sin derechos, con miles de obligaciones. Los judíos no podemos hacer valer nuestros sentimientos, tenemos que tener valor y ser fuertes, tenemos que cargar con todas las molestias y no quejarnos, tenemos que hacer lo que está a nuestro alcance y confiar en Dios. Algún día esta horrible guerra habrá terminado, algún día volveremos a ser personas y no solamente judíos" 
(Diario de Ana Frank. 11 de abril de 1944)

A pesar de su trágica vida por ser de familia judía, de tener que estar escondida en una casa-zulo en el corazón de Ámsterdam y, tras ser descubierta, tener que permanecer en los campos de concentración de Auschwitz (Polonia) y Bergen-Belsen (Alemania), Ana Frank tuvo la fuerza necesaria para hacer frente a esas adversidades, superarlas de algún modo y transformarlas en algo positivo: las líneas de su Diario. 

Tras una biblioteca se encuentra la puerta de entrada al "anexo"
donde Ana y su familia vivieron durante la ocupación alemana,
desde el 9 de julio de 1942 hasta el 4 de agosto de 1944,
cuando fueron descubiertos y capturados 

Aunque no pudo conseguirlo personalmente, Ana siempre tuvo la ilusión de publicarlo y convertirse en una gran escritora. Esa ilusión, ese sentido que ella le daba a la vida, le ayudó a lograr ser una persona con alta capacidad de resiliencia. 

Sin que ella pudiera verlo, su Diario ha sido traducido a 70 idiomas y supera los 30 millones en ventas.

Ya han pasado 11 años de esta foto, pero es la única 
que conservo de aquella visita a la Casa de Ana Frank.
Os invito a leer su Diario. ¡Yo ya lo hice! :)

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jueves, 1 de febrero de 2018

FEBRERO: Polonia, el lugar donde me encontré conmigo mismo

Este mes de febrero os quiero hablar de mi primer viaje en solitario a Polonia, donde de manera totalmente improvisada tuve mi primera oportunidad de encontrarme conmigo mismo y poner en práctica el difícil reto del Autoconocimiento.

Para los que no la conozcáis, muy muy resumido os digo que la República de Polonia es un país situado en el centro de Europa y con una población superior a los 38 millones de personas, que cuenta con una cultura de más de 1000 años de antigüedad. Su capital es Varsovia, precisamente la última parada de esta aventura en solitario.

Empiezo por el principio pues es la mejor forma de que entendáis cómo a veces lo que uno no pretende, acaba sucediendo y resulta una experiencia súper enriquecedora.

Nunca me había planteado viajar en solitario hasta que pocas horas antes del vuelo con destino a Cracovia mi amigo me informa que había sido ingresado para hacerse unas pruebas tras sentir un malestar repentino. 

La primera idea fue la de cancelar el viaje, al fin de cuentas las reservas de hoteles se podían anular sin coste y el vuelo tampoco había sido demasiado caro. Recuerdo aquella tarde de viernes como una tarde de locura: primero decidiendo que no iba, pero después de visitar a mi amigo en el hospital y comprobar que estaba bien, y bajo su insistencia en que no dejara de ir a ese viaje, me puse en contacto con otros amigos para ver si alguno estaba dispuesto a aprovechar esta escapada de 3 ó 4 días. Avisando con tan poca antelación esto fue misión imposible. Volví a decidir que no iba, pero finalmente, sentí un empujón que me hizo llegar a casa, coger la maleta y salir directo al aeropuerto sin saber si iba a alcanzar mi vuelo.

Mes de febrero, en plena ola siberiana a unos -8ºC; mi primera parada: Cracovia. Llego al hotel, me siento extraño, dos camas, dos juegos de toallas, dos packs de bienvenida… y yo allí solo. Me tumbo en la cama, miro hacia el techo escuchando mi música y me digo: “Álex, let’s go!”.

"Álex, let's go!"
Salgo a la calle, siempre con mi música, mi compañera de viaje, camino por un paisaje nevado, visitando la ciudad y descubriendo sus preciosos rincones. Trato de perderme por sus calles, parques, haciendo fotos a todo lo que veo y pensando en todo lo que me había pasado meses atrás… cambiando de emoción según el recuerdo y la canción del momento, pero cogiendo fuerzas y esperanza cada vez que volvía a poner los pies en el suelo y volvía al presente. 

Nuevas oportunidades, nuevos retos, nuevas experiencias, nuevas personas en mi vida… ¿por qué tenía que ser negativo? Me habían arrancado y sacado de mi zona de confort, del mismo modo que sacan una zanahoria del huerto cuando hacen la cosecha, y ahora era el momento de plantar cara a la nueva realidad y aprovechar una nueva oportunidad, que estaba dispuesto a hacerla mía y mucho mejor que en la etapa ya pasada.

Por el camino me iba encontrando con gente que también viajaba sola, mucha más de la que imaginaba. Uno nunca es consciente cuando está viajando con otras personas de la cantidad de aventureros y aventureras en solitario que se mueven cada día por el mundo.

Estando en Cracovia visité Zakopan, ¡qué precioso pueblo al sur de Polonia en la frontera con Eslovaquia!. Allí sí que me sentí en mi salsa, perdido en un paisaje hipernevado y disfrutando de la soledad de aquella naturaleza de cuento.


"No se piensa en el verano cuando cae la nieve" (foto tomada en Zakopane)

Al día siguiente visité el peor sitio que a fecha de hoy he podido visitar: el campo de concentración de Auschwitz, al que decidí llamarlo la mayor vergüenza de la humanidad. Allí mis emociones se dispararon, empaticé con todas y cada una de las personas que estuvieron allí sufriendo hasta morir en condiciones lamentables y crueles, sólo porque tenían una forma diferente de pensar a los que en aquel momento tenían el máximo poder. Me di cuenta que las cosas que me habían pasado a mí eran nimiedades comparadas a las que aquellas pobres personas habían tenido que soportar en aquellos pabellones.


La mayor vergüenza de la humanidad (Auschwitz II)

En Polonia me di cuenta que toda mi vida había estado equivocado al pensar que me conocía a la perfección. De hecho, creo que nunca me había pasado tantas horas seguidas conmigo a solas, pensando quién era, de dónde venía, dónde estaba y dónde quería llegar. Si no me conocía a mí mismo de la manera que debiera, ¿cómo iba a pretender que otros lo hicieran?, ¿por qué me debía sentir molesto al ver que otros no eran capaces de darme un buen consejo?. Me di cuenta también que había sido injusto con las nuevas personas que semanas atrás habían decidido picar a mi puerta. En realidad, estaba siendo injusto con todas ellas, pero también conmigo mismo, pues me estaba perdiendo nuevas oportunidades. Me dispuse a volver de este viaje sin volver a cometer ese error, aceptando de los demás el ofrecimiento que me hacían, porque al fin de cuentas no eran responsables de los errores que otros habían podido cometer conmigo. Y, ¿sabéis qué?, ¡volví y lo conseguí!.

“La clave para gestionar a otros de manera efectiva es manejarse uno mismo primero. Cuanto más conoces de ti mismo, más puedes relacionarte con los demás, desde una posición de confianza, seguridad en uno mismo y fortaleza” (Hendrie Weisinger)

Autoconocerse es la capacidad de autoanalizarse y entender cómo uno es, cómo piensa, el porqué de sus emociones, cómo reacciona y cuáles son sus defectos y virtudes. Esto es necesario para que uno llegue a ser capaz de controlar sus propias emociones, conseguir poner al corazón firme y pensar y actuar con la cabeza. Al fin de cuentas, el corazón es un niño mimado que siempre quiere salirse con la suya y te arrastra para conseguirlo cueste lo que cueste. La cabeza, siendo la madre del niño, debe saber decir no, debe ser asertiva y debe ser capaz de mirar más allá de la acción, valorar las consecuencias y decidir si dar vía libre o no al corazón en función de cómo se vislumbren los resultados una vez la acción haya sido ejecutada.

La buena noticia del autoconocimiento es que nos ayuda a tener un buen autocontrol, nos ayuda a gestionar y lidiar nuestras emociones y sufrir un poco menos para dar espacio a la felicidad, que al fin de cuentas es de lo que se trata.

Y la mejor noticia es que esto lo puedes practicar, lo puedes aprender y una vez interiorizado te será de utilidad para próximas etapas de tu vida. Además, te va a ayudar a comprender mejor a los otros, a ver cuáles son sus deseos y necesidades y a hacer todo lo posible para aportarles ayuda, estabilidad o incluso felicidad, si en tus manos cabe esa posibilidad.

Cada persona necesita su tiempo, su lugar y una situación en la que poder lograr experimentar con esta herramienta llamada “autoconomiento”. En mi caso, debo admitir que me bastaron unos pocos días en Polonia, haciendo lo que más me gusta que es viajar y sintiéndome totalmente libre de disfrutar del aquí y del ahora que yo estaba decidiendo en cada momento.


Esta foto es para mí la foto del viaje, la que refleja ese momento de calma en el que yo estaba conmigo a solas

Cierro este artículo explicando que después de Polonia hubo más viajes en solitario, cortos en días, pero intensos en experiencia. Esta vez planificados, necesarios para mi desconexión, mi reflexión y para seguir creciendo como persona. Si crees que te va a ser de ayuda, te reto a que lo pruebes tú también. Las personas que me han hecho caso me agradecen siempre la recomendación.

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miércoles, 11 de noviembre de 2015

Análisis psicológico de "El maravilloso mago de Oz"

"El maravilloso mago de Oz" es una de esas historias que nos muestra diferentes aspectos de la personalidad humana que requieren de nuestra atención y trabajo interior permanente y continuo. El trabajo personal, que en muchas ocasiones olvidamos por estar ocupados en otras cosas, es el que nos va a permitir madurar y estar preparados ante las adversidades que puedan acontecer en nuestras vidas.

Encontrar el equilibrio entre lo emocional y lo racional es esencial para poder afrontar nuestros miedos y para ser fuertes en situaciones que lo requieren, permitiéndonos además echar un capote a aquellas personas de nuestro entorno que la precisen.


Este cuento con 115 años de historia narra las aventuras de Dorothy y su perro Toto, que son arrastrados por un ciclón desde Kansas hasta el país de los Munckins. Para poder volver a su casa Dorothy tiene que seguir un camino de baldosas amarillas que le llevan hasta Ciudad Esmeralda, donde el poderoso Mago de Oz podrá devolverla a Kansas. Por el camino va haciendo amigos que le acompañan en su viaje con el propósito de pedir también al Mago algunos favores: el espantapájaros deseoso de tener un cerebro, el hombre de hojalata, un corazón y el león cobarde, que acude al Mago para pedirle valor. Cada uno tiene un motivo para ir a Ciudad Esmeralda, pero ¿cuál de ellos es más importante?

Lo principal de esta historia no es determinar quién tiene más o menos urgencia en conseguir lo que desea o cuál de esos deseos es más urgente, porque seguramente ninguno nos pondríamos de acuerdo en el orden de prioridades. Esto es así porque cada uno tenemos unos motivos que pueden ser muy importantes, incluso vitales para nosotros, pero no tienen porqué serlo para los demás. Lo realmente importante es saber respetar la importancia que cada uno le da a lo que le pasa, piensa o anhela, porque es ahí donde imperan valores como la empatía, la humildad, la solidaridad…

Además de esta primera conclusión que podríamos extraer de la moraleja de este cuento, existe una segunda que subyace en el viaje a través de las baldosas amarillas, las cuales representan el camino de la vida, del cambio y de la evolución de las capacidades internas del ser humano. Esta segunda idea nos lleva a concluir que muchas veces las cosas más importantes las tenemos por mucho que no sepamos verlas. Cuando los personajes llegan a Ciudad Esmeralda y se encuentran con el Mago se percatan de que éste es un impostor y no puede concederles sus deseos. Pero el Mago usa su psicología para hacerles ver que lo que están pidiendo, en realidad, ya lo poseen. A lo largo del camino todos han realizado un trabajo personal y han hecho uso de aquello que quieren ir a pedir al mago. El espantapájaros ha ido tomando decisiones y aportando brillantes ideas sin ni siquiera haber sido consciente de ello. El hombre de hojalata ha estado apoyando al grupo, demostrando la parte emocional que supone no tener por falta de corazón. El león ha ido demostrando poco a poco su valor, combatiendo su falta de seguridad en sí mismo y su cobardía. Y Dorothy, que en Kansas estaba cansada del mundo gris en el que vivía con sus tíos, ha sabido apreciar el valor de la familia y el calor del hogar cuando se ha visto apartada de ello.

La moraleja nos enseña que la mayoría de las veces depositamos en los demás lo que en realidad es responsabilidad nuestra. Los personajes del cuento depositan en el Mago la responsabilidad de hacerles felices cuando éste les conceda lo que piden: volver a casa, un cerebro, un corazón o valentía; pero en realidad es responsabilidad de cada uno de ellos el trabajo interior para conseguir lo que desean. Además, con una visión integradora, todos los personajes pueden ser partes de uno solo: el espantapájaros representando a la mente, el hombre de hojalata a las emociones, el león al miedo que nos paraliza en muchos momentos y la protagonista a la voluntad y la conciencia de valorar lo que tenemos antes de que sea demasiado tarde. Los demás personajes representarían los agentes externos; así por ejemplo, las Brujas buenas y malas serían aquellas personas que nos ayudan y aquellas que nos obstaculizan en nuestro día a día o el Mago sería el ser superior al que creemos un gurú y salvador, pero que llegado el momento costaría determinar su verdadera existencia, porque habiendo conseguido lo que nos proponíamos, en definitiva, volvemos al punto inicial, es decir, a la afirmación irrefutable de que sin un trabajo individual es imposible alcanzar nuestra felicidad, porque nadie excepto nosotros mismos puede obsequiarnos con ella.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Las nuevas tecnologías: ¿una vida más fácil o más peligrosa?

Quienes hemos vivido la transición hacia la nueva era de las TIC lo tenemos más fácil para comprender el tipo de reflexiones que hoy comparto con vosotros.

Antes…
En la vida personal y cotidiana…¿Recuerdas cuando salías con tus amigos y tus padres te marcaban la hora de regreso?. Durante esa tarde llevabas en tus bolsillos las llaves de casa y alguna moneda, además de tu reloj de pulsera para estar pendiente de la hora que era. Charlabas con tus amigos, ibas al cine y, si te surgía un nuevo plan por el que llegarías más tarde, buscabas una cabina  de teléfono para avisar en casa de que retrasabas la hora de llegada pactada porque habías pensado en ir a probar los sabores de la nueva heladería que acababan de abrir.
En el trabajo…En el caso de la oficina, que es donde ahora la tecnología ocupa un papel protagonista, iniciabas el día delante de tu máquina de escribir (si era electrónica ya era todo un lujo) y junto al teléfono. La jornada trascendía con llamadas, papeleras llenas de documentos erróneos, carteros que iban y venían con comunicados para tus clientes y eras totalmente ajeno a lo que ocurría en el mundo más allá de esas cuatro paredes en las que te encontrabas.
Y en la sociedad en general…Si estabas interesado en saber qué ocurría en otras ciudades o en otros lugares del mundo tenías que estar a la hora de comer escuchando atentamente las noticias y, si querías ver alguna película o programa de televisión no tenías más remedio que estar pendiente de la hora en la que se iniciaba.

Ahora…
Además de las llaves y del dinero, no te puede faltar el móvil. Poco o nada hablas con tus amigos, porque mientras estás en la cafetería o caminando por la calle lo más seguro es que todos estéis pendiente del móvil, que por supuesto también ahora se usa como reloj. En el cine te avisan que por favor apagues tu teléfono y, si vas a llegar tarde a casa, simplemente con un whatssap quedará solucionado. Ya no hay que esperar a llegar a casa para contar la experiencia del helado; tan fácil como hacerle una foto y colgarla en Facebook o Instagram, ofreciendo el acontecimiento a toda tu red de contactos o incluso a desconocidos que mediante #hastags pueden conocer los sabores que te gustan y el lugar exacto de tu ubicación.
Tu portátil, el móvil y las redes sociales son las herramientas sin las que ya no sabrías desempeñar tus funciones. Mails, llamadas, whatssaps, notificaciones en Twitter, LinkedIN… colapsan tu jornada laboral. Ahora sí que en cualquier momento a través de estos medios puedes saber qué está ocurriendo fuera de la oficina. Tu día de trabajo, en muchas ocasiones, no termina cuando fichas a la hora de salir, sino que en el transporte o incluso antes de ir a dormir pueden estar avisándote de una reunión urgente para mañana a primera hora.
También puedes estar al corriente desde prácticamente cualquier rincón del mundo y a cualquier hora de lo que está ocurriendo. Y si no puedes estar en casa a la hora de las noticias o del peliculón de la semana no tienes por qué preocuparte, tan fácil como conectarte a Internet y podrás acceder a cualquier contenido.

Reflexión…

Sin duda unas pocas situaciones de muchas que podríamos explicar ¿verdad?. Realmente, las NTIC nos han ayudado y mucho en poder ser omnipresentes, pudiendo estar en cualquier lugar y con quien queramos, aunque no sea físicamente. Pero no debemos olvidar, y aquí viene el punto en el que invito a la reflexión, que también se han convertido en nuestra peor arma, llegando a ser en ocasiones muy peligrosa.
  • Si las nuevas tecnologías te permiten conocer, enamorarte y unirte a alguien, también dan pie a que existan un mayor número de infidelidades y rupturas de pareja.
  • Si te ayudan a estar en contacto con personas que se encuentran muy lejos de ti, también te hacen distanciarte de las que en esos momentos tienes a tu lado.
  • Si te permiten más libertad laboral pues no es imprescindible estar físicamente en el puesto de trabajo, también te pueden hacer más esclavo de tu tiempo libre.
  • Si con ellas puedes explicar a cualquier persona dónde te encuentras y con quién, también esa información puede usarse en tu contra y ser aprovechada por ladrones que desvalijan tu casa con la total confianza de que te encuentras muy lejos de ella.

Y con esta lista de casos, también podríamos seguir un buen rato ¿cierto?. Porque no debemos bajar nunca la guardia y pensar sólo en la comodidad que los avances tecnológicos nos aportan, sino que también debemos ser conscientes de los riesgos que traen y de la necesidad de prevenirlos haciendo un buen uso y una buena gestión de la red de conexiones en la que nos encontramos inmersos durante las 24 horas de un día cualquiera.


jueves, 19 de febrero de 2015

Mente emocional y mente racional ¿cuál es mejor?

Tenemos dos maneras de tomar decisiones: la emocional y la racional. La primera se basa en la mente que siente mientras que la segunda se basa en la mente que piensa.

Todo un entresijo de acciones y reacciones que tiene un sustento biológico protagonizado por un lado por la amígdala, situada en el lóbulo temporal de nuestro cerebro y clave en el sistema neural de las emociones, y por otro lado por el neocórtex, que recubre nuestro lóbulo frontal y es el encargado del análisis y del pensamiento.

La mente emocional, la que actúa de manera rápida y sin reflexión, es muy útil cuando se trata de responder ante situaciones en las que la supervivencia es lo más importante. En situaciones de peligro nuestro cerebro debe reaccionar de manera emocional, pues la respuesta debe ser rápida en el tiempo. La mente racional, en cambio, es la que nos permitirá meditar las consecuencias que pueda acarrear el actuar de un modo u otro y, en función de nuestros intereses, nos permitirá optar por aquella conducta que nos parezca más acertada.

En muchas ocasiones ocurre que la amígdala empieza a responder antes que el neocórtex, que es el encargado de analizar la información y barajar las diferentes posibilidades antes de ordenar a nuestro cuerpo que ejecute una respuesta. La anticipación en la respuesta por parte de la amígdala hace que muchas reacciones emocionales ocurran sin ninguna participación consciente y esto hace que quien actúa bajo este supuesto considere sus convicciones como absolutamente ciertas; es por ello que se hace tan complicado poder razonar con alguien que está emocionalmente dominado.

Sabiendo que las acciones que surgen de la mente emocional acarrean esta sensación de certeza especialmente fuerte y sabiendo también que la mente racional es la que nos permite ser más analíticos, entenderemos por qué muchas veces cuando la mente racional empieza a reaccionar es cuando nos preguntamos "por qué o para qué lo hice", sin entender nosotros mismos nuestro propio comportamiento.



En el ámbito empresarial, por ejemplo, la mente racional es la que debe gobernar para poder dar con las decisiones más acertadas. Sentarte con tu jefe y decirle lo que realmente piensas sería una reacción emocional en la que quedas totalmente al desnudo ante las consecuencias que ello pudiera tener. Sin embargo, la intervención del cerebro racional antes que el emocional te permitirá reflexionar sobre cuál es la mejor respuesta que le puedes dar a tu jefe si quieres tener las consecuencias más o menos controladas.

Como vemos, tanto la mente emocional como la mente racional son buenas y son malas en función del momento y situación en las que impere una sobre la otra. Lo ideal sería decidir cuál utilizar en cada momento, pero muchas veces no tenemos tiempo para pensar en ello y muchas otras ambas se difuminan de tal forma que uno ya no tiene la nitidez necesaria para diferenciarlas y elegir la más idónea para la situación que se presenta. Convendrás conmigo que a veces somos totalmente rehenes de nuestra propia mente y que lo más difícil es encontrar el equilibrio, que se convierte sin duda en la clave para que se lleve a cabo el comportamiento más acertado.

miércoles, 23 de julio de 2014

Sobre coherencia y marca personal


Se suele decir que una persona es coherente cuando lo que siente, dice y hace coincide. Y en efecto estos son los tres aspectos que tienen que estar en consonancia si queremos hablar de coherencia.

Por muy buenos que sean tus valores, por muy buen orador que seas o por muy correcto que parezcas al ejecutar una acción, si los tres puntos no están alineados nunca podrás trazar una línea recta que te brinde coherencia.

Todos conocemos personas públicas y no públicas cuyos argumentos, sus mítines y su oratoria son perfectos y a priori creíbles, pero que a la hora de la verdad actúan de una manera totalmente contraria a estos valores que en su día transmitían con tanta seguridad. Estos personajes pueden llegar a tener éxito en el corto plazo, pero a la larga sus marcas personales salen escaldadas y con ellas pierden cualquier credibilidad y respeto, generando odio y rechazo por parte de quienes en su día les apoyaron.

Es por ello que aunque en el tiempo sea más lento y costoso uno siempre debe optar por trabajar la coherencia desde sus propios valores, dichos y hechos. Sólo así se asegurará la credibilidad y la firmeza en la huella que deje en los demás tanto a nivel personal como profesional.

Para conseguir un trazo perfecto de tu línea recta personal tienes que comenzar por conocerte primero desde tu interior: cuáles son tus valores, qué sientes cuando haces las cosas de una manera y cuando las haces de otra, cómo te comunicas contigo mismo… porque este es realmente el trabajo más lento y el más difícil. A partir de ahí, la visibilidad de cara a los demás dependerá de tu capacidad para plasmar esos valores y esa labor de autoconocimiento en palabras y hechos y esto ya es cuestión de tener bien definidos el dónde estás y el adónde quieres llegar.

Más potente va a ser la marca personal de una persona con valores perversos y que actúe y defienda sus actos acorde a esos valores que la de una persona con valores perversos que transmita todo lo contrario y, finalmente, acabe por actuar conforme a esa perversión que tiene interiorizada. Si los valores y las acciones no coinciden con lo que uno comunica es muy probable que la estrategia de esa persona acabe por autodestruirse en cuestión de tiempo.

Cualquier curso o programa de comunicación que no empiece por la enseñanza de ciertas capacidades y habilidades para trabajar la autocrítica y el autoconocimiento, no puede tener éxito a la hora de ponerlo en práctica en una empresa o fuera de la misma. La fachada comunicativa no puede ser sólida, consistente y duradera en el tiempo si en el interior las vigas se están tambaleando a su antojo. Es mucho más sencillo transmitir estrategias comunicativas que transmitir trabajo personal hacia el interior de uno mismo, porque para conocerse uno a sí mismo se requiere constancia, tiempo, compromiso y mucha valentía, ya que a nadie le gusta ser consciente de que tiene debilidades que requieren una atención especial.

Mi consejo: "Para conocer bien a una persona, grupo u organización no escuches lo que dice, escucha lo que hace"; recuerda que las palabritas se las lleva el viento.

viernes, 4 de julio de 2014

7 capacidades para mejorar tu Inteligencia Emocional

La habilidad para percibir, entender, razonar y manejar las emociones de uno mismo y la de los demás es lo que generalmente conocemos como Inteligencia Emocional. Esta habilidad está relacionada con ciertas capacidades que determinan cómo reaccionará una persona ante sus propios sentimientos y ante los sentimientos de los otros.

Una persona emocionalmente inteligente muestra automotivación, perseverancia a pesar de las dificultades y frustraciones, autocontrol, empatía y comprensión ante las necesidades de los demás y, ante todo, mucho positivismo.

Partiendo con estas cuatro pinceladas introductorias a la inteligencia emocional no cabe duda que debemos elaborarla, potenciarla y practicarla primero internamente para, después, ser capaces de utilizarla en beneficio a quienes nos rodean. Es por ello que para ser más inteligentes a nivel emocional tenemos que hacer hincapié en estas 7 capacidades, recordando la secuencia: primero tiene que ser internamente y segundo con y para los demás.
  1. Sé empático: para poder ponerte en el lugar de los demás, primero debes saber identificar tus pensamientos y sentimientos y la fuerza que cada uno de ellos ejerce sobre las decisiones y acciones que llevas a cabo. Cuando llegues a entender que tus emociones te hacen actuar de una forma u otra estarás preparado para poder entender en qué grado cada persona puede actuar de distinta manera y verse afectada con diferente intensidad ante una misma situación.
  2. resiliente: aprende a reconocer el desencadenante de tu estrés y cómo afrontarlo ante situaciones difíciles. La capacidad para salir airoso de una situación difícil, de la cual te llevas un aprendizaje y un refortalecimiento de tu fuerza interior, es necesaria para trasladar esa misma fuerza a las personas que estén pasando por un bache emocional.
  3. Ábrete a nuevas ideas: combate tus miedos, sólo tú puedes conseguirlo. Lánzate, atrévete, prueba y sal de tu zona de confort. Descubre todo aquello que te estás perdiendo a tu alrededor y sólo cuando lo hayas intentado podrás determinar qué te gusta y qué no.
  4. Sé desinteresado: una persona egoísta carece de empatía y dirige sus conductas a su propio beneficio. El altruismo te va a permitir hacer cosas por y para los demás sin esperar nada a cambio. Nunca se sabe si algún día vas a ser tú quien de ellos necesites un empuje de ilusión.
  5. Autoconócete: atiéndete a ti mismo y conócete ¿cómo si no podrás conocer a los demás?. Está bien que sepas conocer tus puntos fuertes y tus limitaciones, de este modo es mucho más fácil entender que los demás también las tienen y no tienen por qué ser las mismas que las tuyas.
  6. Comunica: practica tus habilidades comunicativas. Tan importante es la comunicación intrapersonal como la interpersonal. Y la segunda nunca podrá ser excelente si antes la primera no se ha trabajado correctamente.
  7. Sé optimista: asumido queda que todo tiene su parte positiva y su parte negativa. Debemos aprender a hacer del limón limonada y llegar a entender que cualquier contratiempo siempre es una lección que nos permite ser cada vez más sabios.

Y recuerda que tener una inteligencia emocional bien trabajada posibilita el éxito en las relaciones humanas y profesionales, contribuye al clima constructivo en las organizaciones, potencia la creatividad y nos acerca a la felicidad en tanto nos sentimos mejor con nosotros mismos y con el feedback que de los demás recibimos.

El salario emocional debe ir ligado a la cultura empresarial (incluye test)

El salario emocional se ha convertido en uno de esos conceptos que aparecen de forma recurrente en la gestión de personas. Se menciona en va...