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jueves, 19 de febrero de 2015

Mente emocional y mente racional ¿cuál es mejor?

Tenemos dos maneras de tomar decisiones: la emocional y la racional. La primera se basa en la mente que siente mientras que la segunda se basa en la mente que piensa.

Todo un entresijo de acciones y reacciones que tiene un sustento biológico protagonizado por un lado por la amígdala, situada en el lóbulo temporal de nuestro cerebro y clave en el sistema neural de las emociones, y por otro lado por el neocórtex, que recubre nuestro lóbulo frontal y es el encargado del análisis y del pensamiento.

La mente emocional, la que actúa de manera rápida y sin reflexión, es muy útil cuando se trata de responder ante situaciones en las que la supervivencia es lo más importante. En situaciones de peligro nuestro cerebro debe reaccionar de manera emocional, pues la respuesta debe ser rápida en el tiempo. La mente racional, en cambio, es la que nos permitirá meditar las consecuencias que pueda acarrear el actuar de un modo u otro y, en función de nuestros intereses, nos permitirá optar por aquella conducta que nos parezca más acertada.

En muchas ocasiones ocurre que la amígdala empieza a responder antes que el neocórtex, que es el encargado de analizar la información y barajar las diferentes posibilidades antes de ordenar a nuestro cuerpo que ejecute una respuesta. La anticipación en la respuesta por parte de la amígdala hace que muchas reacciones emocionales ocurran sin ninguna participación consciente y esto hace que quien actúa bajo este supuesto considere sus convicciones como absolutamente ciertas; es por ello que se hace tan complicado poder razonar con alguien que está emocionalmente dominado.

Sabiendo que las acciones que surgen de la mente emocional acarrean esta sensación de certeza especialmente fuerte y sabiendo también que la mente racional es la que nos permite ser más analíticos, entenderemos por qué muchas veces cuando la mente racional empieza a reaccionar es cuando nos preguntamos "por qué o para qué lo hice", sin entender nosotros mismos nuestro propio comportamiento.



En el ámbito empresarial, por ejemplo, la mente racional es la que debe gobernar para poder dar con las decisiones más acertadas. Sentarte con tu jefe y decirle lo que realmente piensas sería una reacción emocional en la que quedas totalmente al desnudo ante las consecuencias que ello pudiera tener. Sin embargo, la intervención del cerebro racional antes que el emocional te permitirá reflexionar sobre cuál es la mejor respuesta que le puedes dar a tu jefe si quieres tener las consecuencias más o menos controladas.

Como vemos, tanto la mente emocional como la mente racional son buenas y son malas en función del momento y situación en las que impere una sobre la otra. Lo ideal sería decidir cuál utilizar en cada momento, pero muchas veces no tenemos tiempo para pensar en ello y muchas otras ambas se difuminan de tal forma que uno ya no tiene la nitidez necesaria para diferenciarlas y elegir la más idónea para la situación que se presenta. Convendrás conmigo que a veces somos totalmente rehenes de nuestra propia mente y que lo más difícil es encontrar el equilibrio, que se convierte sin duda en la clave para que se lleve a cabo el comportamiento más acertado.

lunes, 17 de marzo de 2014

La psicofisiología de nuestras emociones

A diferencia del resto de animales, el ser humano tiene la capacidad de poder experimentar una situación de estrés ante la ausencia de un estímulo. Mientras que un ciervo experimenta estrés en el momento que siente la presencia de un cazador que le está a punto de disparar, el ser humano es capaz de activar el mismo proceso estresante sólo por el hecho de pensar que tiene a alguien apuntándole con un arma o que en un futuro alguien le disparará, aunque en ese momento se encuentre en el sofá de su casa. Así actúa el poder de nuestra mente.

El cuerpo del ciervo dedicará toda su energía para activar los músculos necesarios que le hagan huir de la situación y en décimas de segundo echará a correr. Del mismo modo el cuerpo de la persona dedicará toda su energía para intentar huir de esa situación estresante, dejando de lado otras necesidades menos importantes para más adelante (comer, descansar, el cuidado personal, el sexo, la vida social…). En el primer caso, el del ciervo, la dedicación de la energía que hace su cuerpo durará unos minutos, hasta que haya desaparecido la amenaza o hasta que el cazador haya terminado con su vida. En el segundo, la persona puede estar días, semanas incluso meses en esa dedicación enérgica por una amenaza que ni siquiera ha percibido en real sino que es fruto de su imaginación.

La complejidad psicológica del ser humano puede llevarle a enfermar y a experimentar un periodo de estrés continuo que derive en depresión o en una situación estresante que complique su salud.

Los seres humanos somos tan complicados que también llegamos a confundir en muchas ocasiones el amor y el odio. Ambas emociones son muy diferentes en cuanto al comportamiento al que nos lleva, pero se activan en el mismo lugar del cerebro. Son dos emociones tan afines fisiológicamente hablando que en el caso de dos amantes no podríamos saber si están haciendo el amor o apuñalándose, conociendo sólo sus constantes hormonales y sus reacciones fisiológicas (frecuencia cardíaca y tensión arterial). A diferencia del resto de animales, los seres humanos tenemos las emociones mezcladas; podemos amar y odiar al mismo tiempo a alguien, como dice Robert Sapolsky (científico y escritor estadounidense), por eso no podemos ser como los perros, cuyo amor al amo está puramente basado en la lealtad.

La resiliencia es una capacidad fundamental para la gestión y control de las emociones, al menos hasta el nivel de no caer en la propia confusión permanente que te pueda derivar a la enfermedad mental. Una mente estructurada y una inteligencia emocional trabajada y desarrollada te permitirán mejorar tu capacidad de resiliencia y, en definitiva, tu salud y calidad de vida.

De nuevo, un artículo en el que reafirmo lo que dije en el primero que escribí: no podemos negar que los humanos estamos hechos de emociones.


La IA ya entró en las empresas. La pregunta es si la usamos con criterio

En las conversaciones con colegas de RRHH y otras áreas (legal, IT…) aparece cada vez con más frecuencia una pregunta: ¿cómo estamos prepara...