En las conversaciones con colegas de
RRHH y otras áreas (legal, IT…) aparece cada vez con más frecuencia una
pregunta: ¿cómo estamos preparando a nuestros equipos para trabajar con
inteligencia artificial? ¿lo estamos haciendo? ¿y lo hacemos bien?
La pregunta es pertinente porque muchas
empresas ya están utilizando IA. A veces de forma planificada, pero en otras
ocasiones de una manera mucho más informal: alguien la utiliza para redactar un
correo, otra persona para resumir una reunión, preparar una presentación o
analizar información.
Y probablemente lo más interesante es
que, en muchas ocasiones, la empresa no sabe exactamente cómo se está
utilizando la IA dentro de su propia organización… y, por lo tanto,
desconociendo qué riesgos puede estar corriendo.
Durante mucho tiempo hemos hablado de transformación digital como un proceso liderado por la empresa. Con la inteligencia artificial está ocurriendo algo diferente. La tecnología ha llegado directamente a los puestos de trabajo. Y esto cambia bastante las cosas. Porque el problema no es que las personas utilicen IA, sino que el problema aparece cuando la utilizan sin criterio.
No creo que la solución pase por
prohibir herramientas que ya forman parte de la realidad profesional de muchas
personas. Tampoco por permitir que cada empleado utilice cualquier herramienta
de cualquier manera. No todo es negro o blanco y, entre ambos extremos, existe
algo mucho más razonable y sencillo que es formar a las personas para que sepan
cuándo utilizar IA, cómo utilizarla y cuáles son sus límites.
Creo que aquí existe cierta confusión.
¡Y he de reconocer que yo también estuve confundido!
Cuando hablamos de formación en IA
pensamos rápidamente en herramientas, prompts y aplicaciones. Pero la
alfabetización en inteligencia artificial va mucho más allá. Tiene que ver con
entender qué puede hacer una herramienta, qué riesgos tiene, cómo validar sus
respuestas y qué información podemos o no podemos introducir. Y, sobre todo,
con entender que no todas las personas necesitan saber lo mismo.
Si bien es cierto que en una empresa
todos podemos iniciar una capacitación desde un mismo punto, en poco tiempo,
cada área, cada departamento, cada empleado, pueden estar tomando velocidades
diferentes.
No necesita la misma formación un equipo
comercial que un departamento de RRHH. Tampoco un directivo que una persona que
utiliza IA para tareas administrativas. Por eso no tiene demasiado sentido
hacer un único curso para toda la plantilla y pensar que el problema queda
resuelto.
La pregunta debería ser: ¿Qué necesita
saber cada persona para utilizar la IA de forma adecuada en su trabajo?
Hay que tener en cuenta que la respuesta
que pueda darnos una IA no siempre es una buena respuesta. Una herramienta
puede responder rápidamente, escribir correctamente y presentar la información
de una manera aparentemente convincente. Y, sin embargo, puede equivocarse. Y a
estas alturas ya todos deberíamos saber que la IA también comete errores.
Por eso una de las capacidades que
deberíamos desarrollar en los equipos no es únicamente la de preguntar mejor.
Es la capacidad de revisar mejor.
La IA puede ayudarnos a trabajar más
rápido, pero la responsabilidad sobre el resultado continúa siendo nuestra. Por
eso, no me cansaré de decir que la IA, hoy por hoy, es una aliada, una
ayudante, pero no una sustituta de nuestro puesto ni rol en la organización. Y,
mirando más hacia mi ombligo, considero que esto es especialmente importante
cuando hablamos de decisiones relacionadas con personas. Porque, por ejemplo, no
es lo mismo pedir a una herramienta que nos ayude a preparar una presentación
que utilizarla en un proceso de selección o para analizar información de
empleados. En estos casos, el criterio profesional sigue siendo imprescindible.
Cuando la Comisión Europea plantea
precisamente la alfabetización en IA desde la perspectiva de que las medidas de
formación deben adaptarse a los conocimientos, experiencia y contexto de las
personas que utilizan estos sistemas, debemos preguntarnos algo más allá de si
nuestra empresa ya formó al equipo en IA. Debemos preguntarnos si sabemos qué
herramientas de IA está utilizando nuestra plantilla, para qué las está
utilizando, si existen criterios compartidos sobre lo que se puede y no se
puede hacer, si se conocen los riesgos existentes, etc…
Si algunas respuestas son “no”,
probablemente todavía exista bastante trabajo por hacer. Y no porque la empresa
esté haciendo las cosas mal, sino porque estamos ante una tecnología que está
cambiando a una velocidad enorme.
El objetivo no debería ser convertir a
toda la organización en experta en inteligencia artificial. El objetivo debería
ser que cada persona sepa utilizar la IA que necesita, entienda sus límites y
sea capaz de tomar buenas decisiones cuando trabaja con ella. Y esta
capacitación no debe verse como un gasto desde las posiciones directivas,
porque no lo son, porque el gasto será cuando tengamos un susto con la
Administración por no haber hecho las cosas como deberíamos haberlas hecho.
Además, en temas de formación, al menos aquí en España, podemos acogernos a los
mecanismos de formación programada y bonificación de FUNDAE cuando cumplen los
requisitos establecidos. Por lo tanto, ¡no hay excusas!
En mi experiencia reciente como Director
de RRHH, y gracias a nuestros aliados y partners en soluciones formativas de
Actitudes 2.0, llevamos esta idea al terreno de la formación práctica,
adaptando el aprendizaje a las personas, los equipos y las situaciones reales
en las que la IA ya está empezando a formar parte del trabajo. Y la experiencia
ha sido grata, porque partíamos de la misma base: alfabetizar en IA no consiste
en enseñar a utilizar una herramienta, sino que
consiste en preparar a las personas para trabajar mejor con una nueva
realidad.



Qué buen artículo, muy necesario, crítico, reflexivo y además refrescante para tanto ruido que existe hoy sobre la IA. Se percibe la experiencia y la inteligencia con la que tú Alex, asumes este tema porque no es cuestión de sumar herramientas, sino de saber el por qué, el para qué y que así exista una verdadera apropiación. ¡De estos artículos son los que hacen falta para viralizarse, gracias por el aporte amigo!
ResponderEliminar¡Muchísimas gracias por tu comentario y por dedicar unos minutos a leer el artículo! Comparto totalmente esa idea: el verdadero reto no es incorporar más herramientas, sino ayudar a las personas a entender para qué utilizarlas, cuándo aportan valor y dónde siguen siendo imprescindibles el criterio y la experiencia humana.
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