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miércoles, 23 de febrero de 2022

Del limbo a la experticia y de ésta de nuevo al limbo

Durante estas semanas me encuentro impartiendo cursos in company y a todos los grupos participantes, que en esta ocasión son mandos intermedios, les dedico unos minutos para explicarles la importancia de realizar formaciones y la necesidad de ello, independientemente de la experiencia profesional que uno tenga e independientemente, también, de que uno ya haya pasado por varios cursos de formación a lo largo de su carrera profesional.

Quiero compartir con vosotros en este post lo que les explico en estas sesiones. 

Comienzo diciéndoles que el reciclaje formativo no deberíamos verlo como una opción y mucho menos como una obligación, sino que deberíamos verlo como una necesidad y una oportunidad de mejora.

Continúo explicándoles algo que todos ya saben y es que los tiempos en los que vivimos cambian a ritmos vertiginosos. La digitalización, que fue una novedad hace unas décadas, ahora también cambia a un ritmo acelerado. No te ha dado prácticamente tiempo a conocer una herramienta digital ¡que ya ha aparecido otra mucho más actualizada y potente! Las formas de trabajar, las de liderar equipos, las necesidades de las personas a las que estamos liderando, las exigencias de nuestros clientes, las del mercado y las de la sociedad… por no decir la cantidad de imprevistos que nos podemos ir encontrando en el camino, como por ejemplo, la pandemia...

Todo esto hace que, si seguimos trabajando acorde a los estándares de la formación que en su momento recibimos, va a llegar un momento en el que esta manera de trabajar ya no va a ser válida y, por ello, se hace necesario que reciclemos y actualicemos nuestros conocimientos, activando a la vez aquellos que algún día dejamos en el olvido y puliendo ciertas praxis que no son del todo correctas. En definitiva, se hace necesario poner en práctica lo que todos decimos y sabemos que es que ¡siempre podemos mejorar!

Para hacer la explicación más gráfica, les dibujo en el atril un modelo compuesto por dos ejes y cuatro cuadrantes. En el eje horizontal, la inconsciencia y la consciencia; en el vertical, la incompetencia y la competencia.

Antes de entrar al aula de formación, la gran mayoría (por no decir todos) están en el primer cuadrante: el de la inconsciencia y el de la incompetencia. Están todos en el limbo, en el limbo de la felicidad incluso, porque ninguno de ellos es consciente de que son incompetentes. No saben que no saben, y siguen viviendo en un "mundo happy".

Desde el primer instante en el que comienza el instructor a dar nuevos contenidos y se van haciendo conscientes de su ignorancia, es cuando entran en el segundo cuadrante. En un estado de crisis que les hace ser conscientes de su incompetencia.

Pero no hay nada de qué preocuparse en este punto. Siendo conscientes de ello y teniendo la voluntad necesaria por subsanar esta ignorancia, en breve pasarán al tercer cuadrante, el que les va a permitir ser competentes mediante la práctica, durante la cual serán conscientes de cómo tienen que hacer las cosas para lograr el éxito. Atrás habrán dejado el limbo y la crisis; se encuentran ahora en el momento del aprendizaje.

Finalmente, con la práctica, los nuevos hábitos se van a ir automatizando e interiorizando y, con ello, pasarán al cuarto cuadrante, el de la inconsciencia y el de la competencia. Serán inconscientemente competentes y ya no tendrán que estar pensando constantemente en cómo tienen que hacer las cosas, porque las habrán interiorizado y ya las estarán haciendo correctamente. Se han convertido en expertos de la materia.

Ahora llega el momento en que les recuerdo, y vuelvo al principio de la charla, que el hecho de que se conviertan en expertos no quiere decir que lo vayan a ser siempre, pues todos esos cambios acelerados a los que hacía referencia al principio van a hacer que la manera de trabajar que hoy realizan con experticia y de una manera inconsciente, dejará de ser válida en un futuro si no ha habido de nuevo un reciclaje formativo. Siendo así, volverían sin darse apenas cuenta al cuadrante del limbo.

Es mediante este esquema del aprendizaje que les argumento y les explico el porqué es importante la formación continua y os aseguro que consigo abrir los ojos y la mente a más de uno. Principalmente, a los más veteranos, que suelen ser los más escépticos a la formación, arraigados al pensamiento único de “llevo muchos años trabajando en esta empresa y ahora va a venir este jovenzuelo (bueno, ya no tanto!!) a darme lecciones de cómo tengo que trabajar”. Creo que consigo así mi propósito: lograr que aprendan a desaprender para aprender mejor.



martes, 29 de junio de 2021

Sobre egocentrismo y bienestar emocional

En el último post hacíamos referencia al concepto de sufrimiento como “opción” ante el de dolor, que es menos controlable por nuestra parte y llega a ser una imposición para todos nosotros en diferentes momentos de nuestras vidas.

Relacionado con ese sufrimiento, que en ocasiones experimentamos en demasía y retroalimentado por nosotros mismos, hoy quiero hablar sobre el egocentrismo, causa última del sufrimiento humano.

La mayor parte de los problemas y conflictos que mantenemos los unos con los otros son debido al egocentrismo. Con él, además, nos es muy difícil desarrollar la proactividad, porque solemos reaccionar de una forma mucho más impulsiva cuando sucede aquello que no nos gusta que suceda. El egocentrismo y el mirarnos a nuestro ombligo hace que seamos incapaces de predecir o valorar el medio/largo plazo (incluso en ocasiones el corto), haciendo imposible ser proactivos y prepararnos para asimilar cualquier contratiempo que pueda acontecer.

Constantemente queremos que la realidad se adecúe a nuestros deseos y expectativas y cuando esto no ocurre, que suele ser la mayoría de las veces porque hay muchos factores externos que influyen, nos causa gran malestar y sufrimiento. En estos casos, en vez de darnos cuenta de que la manera en que vivimos estos desbarajustes depende principalmente de nosotros mismos, resulta más fácil asumir el rol de víctima y culpar a los demás o a la vida. Y así, mientras no seamos conscientes del error, seguiremos actuando por los siglos de los siglos. Cobra aquí sentido aquello que muchas veces decimos de que el ser humano es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, aunque creo que más bien el ser humano es el único animal que tropieza no dos, sino muchísimas veces con la misma piedra y encima le echa la culpa a la piedra.

Para aprender a ser menos egocéntricos, como en todo aprendizaje, primero debemos desaprender y aceptar que los demás son como son y que las circunstancias no siempre van a ir a favor de nuestras expectativas. Es así como aprenderemos a saber conducir entre los diferentes obstáculos que se nos presentan diariamente. Aceptar que las cosas no sean como queremos no significa estar de acuerdo, tampoco quiere decir que haya que reprimirse ni resignarse, sino simplemente dejar de reaccionar impulsivamente para intentar hacer frente a cada situación y, en la medida de lo posible, tener una visión más realista a medio y largo plazo para poder ser más proactivos.

Esto tampoco quiere decir que tengamos que cambiar para contentar a los demás, sino que tenemos que cambiar para contentarnos a nosotros mismos, porque estamos encerrados en un círculo vicioso en el que las emociones negativas como el miedo, la ira y la tristeza tienen protagonismo y acaban siendo la antesala de patologías severas e importantes como por ejemplo la depresión.

Afortunadamente, es posible dejar de ser reactivos para empezar a ser proactivos y éste es uno de los objetivos del autoconocimiento y del desarrollo personal. Es cuestión de comprender los “porqués” y de entrenar los “cómos”. Será así, cuando seamos capaces de comprender que nuestra experiencia no tiene tanto que ver con lo que nos pasa, sino con la interpretación que hacemos y, haremos posible que la proactividad aflore más fácilmente.

Como conclusión, decir que el autoconocimiento, aunque pueda parecer a primera impresión puro egoísmo, no es un fin en sí mismo, sino que es una manera de aprender a ser felices por nosotros mismos y un medio que nos permite conocernos más en profundidad para poder ponernos en orden mentalmente, poder estar bien con nosotros mismos y poder estarlo después con los demás.



martes, 30 de marzo de 2021

Cuando la felicidad está en ti y no eres capaz de verla

Recién estrenada la primavera quisiera dedicar este artículo a una de las emociones que más solemos relacionar con esta estación del año: la felicidad.

En realidad, la felicidad no es una emoción en sí, sino un estado compuesto por varias emociones, pero desatinadamente tendemos a hacer un efecto halo y generalizamos toda una secuencia de emociones, primando aquella o aquellas más positivas, razón por la cual solemos decir que una persona es o está feliz. Pero realmente una persona feliz también tiene emociones no tan positivas a lo largo del día y, aunque puedan ser efímeras, pueden llegar a invadirle puntualmente de tristeza, por ejemplo, al escuchar una noticia en televisión, de miedo, al no recibir respuesta a una llamada telefónica que realiza a su hijo, de rabia, al darse cuenta que se ha olvidado de felicitar por el cumpleaños a un amigo, etc… Las emociones, desde la más positiva hasta la más negativa, siguen existiendo prácticamente a diario en nuestro interior por muy predominante que pueda ser sólo una de ellas.

Lo mismo que ocurre con la salud, con la satisfacción y con el bienestar, la felicidad debería ser el estado natural del ser humano, porque lo antinatural realmente es la enfermedad, la insatisfacción, el malestar, la tristeza y el sufrimiento. Por ello, creo que es justo partir de la base de que todo el mundo es feliz y de que es la percepción que cada uno hace de esa felicidad la que realmente determina su estado emocional. Estas percepciones, muy diferentes entre personas, son las que a veces nos juegan malas pasadas, porque tendemos a darle mucha más importancia a todo lo negativo y acabamos eclipsando esa felicidad de la que podríamos estar gozando de manera más natural, sin perseguir constantemente la perfección.

Aunque debo reconocer que esto no es fácil y requiere de trabajo consciente, soy de los que opinan que siempre podemos ver el vaso medio lleno. El hecho de decidir si el vaso está medio lleno o está medio vacío es una opción, una decisión, y no una simple realidad.

Erróneamente, solemos creer que seremos felices cuando las cosas nos vayan bien, pero tampoco sabemos cuándo eso va a ser así y ni siquiera somos capaces de poner una fecha y una hora a la que las cosas nos vayan a ir bien. Y, aunque fuéramos capaces de ello, seríamos incapaces de saber si entre el momento actual y esa hora y esa fecha en la que nos hemos marcado, pudiera haber algún imprevisto que nos estropeara cualquier plan. Por eso es importante aprovechar cada momento presente y pensar que, si ahora estoy feliz, es el instante de disfrutarlo. Nuestro sistema de creencias tiene una gran errata que es la de pensar que la felicidad depende de circunstancias y de factores externos, los cuales ya por definición son difíciles o casi imposibles de poder predecir y controlar. En cambio, los factores internos, los que dependen solamente de nosotros, sí podemos moldearlos y acercarlos más a nuestros intereses. De ahí, vuelvo a lo que me estaba refiriendo más arriba, que pensamos que la felicidad llegará cuando las cosas empiecen a ir bien, pero en realidad deberíamos vivir en el pensamiento de que las cosas van a ir bien cuando aprendamos a ser felices por nosotros mismos y, para ello, es necesario un alto nivel de autoconocimiento y de desarrollo personal.

Para hacerlo un poco más gráfico, vamos a pensar que tenemos dos escenarios: un escenario de humo, de preocupación constante, en el que nos estamos preocupando constantemente de todo aquello que no depende directamente de nosotros, es decir, de factores externos; y un escenario de cemento, firme y estable, donde podemos pisar fuerte sin miedo, es decir, donde podremos decidir sobre todo aquello que tenemos a nuestro alcance, por ejemplo, cómo nos vemos a nosotros mismos, qué es lo que nos gusta, qué prioridad le damos a las cosas… Y es justamente en este escenario en el que nos tenemos que mover, porque este escenario es un escenario donde podremos hacer un uso de nuestra mente voluntario y consciente, que nos va a permitir gestionar nuestras propias emociones sin depender de lo que los otros o las circunstancias decidan.

Como decía Mahatma Gandhi, “Cuida tus pensamientos, porque se volverán palabras. Cuida tus palabras, porque se transformarán en acciones. Cuida tus acciones, porque se convertirán en hábitos. Cuida tus hábitos, porque forjarán tu carácter. Cuida tu carácter, porque determinará tu destino y tu destino será tu vida”, es decir, cuidemos nuestros pensamientos, porque en función de cómo los cuidemos vamos a vivir de una manera o vamos a vivir de otra. En definitiva, si de verdad queremos cambiar el mundo para que parezca y sea más feliz, empecemos por nosotros mismos.

miércoles, 5 de septiembre de 2018

SEPTIEMBRE: En Mónaco me pregunté si sería más feliz con tanta riqueza a mi alcance

Este mes voy a tratar uno de esos temas que tantas veces nos hemos planteado y que ha supuesto objeto de estudios liderados por economistas, sociólogos y psicólogos. Me refiero a la relación existente entre el dinero y la felicidad.


Pero antes de abordar esta temática, quiero presentaros el destino que propongo como contexto para enmarcarla que no puede ser otro que Mónaco. El Principado de Mónaco está ubicado en la conocida como Riviera Francesa, haciendo frontera con Francia y cerca de la frontera franco-italiana. Con una superficie de 2km2 y una población de 38.400 habitantes, ocupa el 2º puesto como estado más pequeño del mundo tras la Ciudad del Vaticano y el primero por densidad de población. Desde el siglo XIII la familia Grimaldi tiene el poder como príncipes del país y, a pesar de no ser estado miembro de la Unión Europea, comparte con muchos países de Europa la moneda del Euro desde el año 2002.

En apenas 2km cuadrados viven cerca de 40mil personas. Mónaco es el 2º estado más pequeño del mundo y ocupa el primer puesto en el ranking mundial con mayor densidad de población.

Por empezar el tema con datos, el último Informe Global de Riqueza de 2017 concluye que la mitad de la riqueza global está en manos del 0,7% de la población. Diez años después de la crisis financiera global, el patrimonio del segmento de población más rico del mundo sigue aumentando y, con ello, la desigualdad. El debate que abro en este caso ya no es esta objetividad que nos dan los números, sino la subjetividad de responder a la cuestión de si la riqueza es sinónimo de felicidad.

Partidario siempre de no generalizar, pues las generalizaciones siempre conllevan excepciones y equivocaciones, sí es cierto que somos testigos de muchos casos en los que hay gente rica y a la vez infeliz. Del mismo modo, personas que apenas tienen para comer y un techo donde dormir, transmiten una felicidad que nunca sabes realmente de dónde son capaces de sacarla.

Existen muchos casos de personas que han llegado hasta el punto del suicidio tras dudar entre si quienes le rodean son realmente amigos o interesados. Y es que la felicidad puede tener un componente económico, pero sin duda también lo tiene en sentirse querido, en tener a alguien a quien querer, en tener salud y en poder disfrutar del tiempo libre. En ocasiones, se llega a olvidar que las cosas más importantes de la vida, aquellas que pueden hacerte realmente feliz, son gratis y provienen del interior de uno mismo, no precisamente de los bienes que posee.

Desde el punto de vista más psicológico, que es realmente del que soy profesional y puedo hablar con mayor fundamento, existe un umbral en el que el dinero pierde importancia. La habituación, que es el término psicológico que explica este hecho, es el proceso mediante el cual dejamos a prestar atención a ciertos estímulos a los que nos vamos acostumbrando o que dejan de darnos el placer que ocasionaban al inicio. En una situación de pobreza, cualquier incremento en la renta va a redundar en un mayor grado de felicidad. Sin embargo, alcanzados unos ingresos que garantizan un nivel de vida óptimo, los aumentos en la renta posteriores van perdiendo esa sensación de bienestar y felicidad.

Cuando paseas por las calles de Mónaco, por su puerto, por los alrededores del Casino, quedas impresionado por la riqueza que se exhibe en los comercios, en los yates y en los coches de lujo. También, por supuesto, en las personas que presumen y lucen de su poder adquisitivo por las calles monaguescas. Quizás, quienes vivan en esos niveles no sean conscientes, pero los que callejeamos como turistas curiosos y no pertenecemos a esa clase social, percibimos tanto lujo como algo que no pertenece a nuestra galaxia, incluso diría yo que hasta en cierto modo como un estilo de vida que nos incomoda.


El Casino de Montecarlo es uno de los atractivos turísticos más notables, frente a él
se hace ostento del lujo y de la riqueza que caracteriza la forma vida en el Principado.

Sea cual sea la sensación experimentada por el observador, ya sea en Mónaco, en cualquier otro lugar con similares niveles de riqueza o simplemente a través de la prensa o la televisión, la pregunta que muchos nos hacemos y que yo me hice continuamente cuando paseaba entre tanta ostentación era ¿sería yo más feliz de lo que soy ahora viviendo en esta otra galaxia?


¿Realmente sería yo más feliz teniendo este Ferrari que mi Ford Fiesta? :D

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jueves, 12 de abril de 2018

ABRIL: Coco me lleva a recordar un acto de bondad en México

Recientemente, se estrenó en la gran pantalla la película animada Coco, inspirada en la festividad mexicana del Día de los Muertos y ganadora de dos Premios Óscar como Mejor película animada y como Mejor canción original "Recuérdame".
Estados Unidos de México, como oficialmente se le llama, es el destino que elijo para este mes de abril. Con una superficie de casi 2 millones de km2 y con una población de 124 millones de habitantes, México tiene una historia que se remonta a más de 14.000 años de antigüedad, de cuyas civilizaciones nos ha llegado una admirable herencia: arquitectura, recetas culinarias, dialectos, costumbres y tradiciones, como la propia en la que se ambienta la película Coco.
En el año 2010, año en el que por cierto se celebraba el bicentenario de la independencia de México de la dominación española, fui a visitar parte de algunos de sus magníficos estados: concretamente, Ciudad de México, Guanajuato, Jalisco, Yucatán y Quintana Roo.

La película Coco y su protagonista, Miguel, me hicieron recordar este viaje y revivir algunos de sus magníficos momentos. Ver a Miguel corretear por las calles de su pueblo, que personalmente me recordó muchísimo a la ciudad de Guanajuato, me hizo rememorar un momento que viví allí apenas pocas horas después de haber aterrizado en el país azteca.


Teatro Juárez de Guanajuato


Aquí estoy yo a lo Miguel en la película "Coco"

Estando sentado en un banco de una pequeña plaza de Guanajuato, rodeado de música, gente paseando y un clima estupendo, se nos acercó una niña, muy probablemente de la edad de Miguel, ofreciéndonos unas pulseras de hilo hechas a mano. Mi amigo y yo, que en ese momento no llevábamos dinero, nos quedamos mirando las pulseras, pero tuvimos que decirle a la niña que no podíamos comprarlas porque no llevábamos encima ni un solo peso.
¿Podéis imaginar cómo sigue la historia si os digo que este mes os hablaré de la pureza de la bondad en los niños?. Jean-Jacques Rousseau, filósofo suizo, ya en el siglo XVIII dijo aquella famosa frase de “El hombre es bueno por naturaleza”. Y estoy totalmente de acuerdo con este pensamiento. El ser humano no nace malo, se hace y acaba actuando mal porque hay una sociedad que le corrompe y le empuja a ello.
Aquella niña, llena de bondad, cuyo objetivo único era sacar unos pesos para ayudar a su familia (muy probablemente de clase humilde), prefirió actuar con su emoción y regalarnos una pulsera a cada uno. Seguramente, si lo hubiera pensado desde la parte más racional visualizaría a su padre o madre echándole bronca por estar regalando a cambio de nada el producto que le debía estar dando dinero. Empujada por nuestra admiración al trabajo manual, por nuestra intención de haberle comprado alguna pulsera en caso de llevar unas monedas, o quién sabe por qué, la niña decidió actuar en contra de su objetivo y a favor de sus principios, con su parte más emocional. Del mismo modo que en Coco hace Miguel, un niño que impulsado por su corazón y por su amor a la música, se siente presionado por su familia para que olvide su tan amada pasión. (No quiero explicar más para no hacer un spoiler). En definitiva, nos vimos prácticamente obligados a decidirnos por un par de aquellas pulseras, después de decirle varias veces que no podíamos aceptar el regalo. Aún recuerdo aquella mirada que iba poniéndose triste cuando veía rechazado su ofrecimiento; mirada triste que se tornó en una amable sonrisa cuando le agradecimos aquel valioso detalle, por el contenido emocional que representaba.
Aquel regalo adornó mi tobillo durante aproximadamente 2 años
La bondad es un valor que refleja la esencia del ser humano. Mantenerla con tal pureza durante toda la vida de las personas es prácticamente imposible, pues se ve afectada por malas experiencias, por imitación de los referentes, por malos hábitos… Por ello, es muy importante fomentar este valor humano a los niños, básicamente dando ejemplo desde la familia y la escuela, premiando por todo aquello que se hace bien (compartir juguetes, saludar a una persona…) y corrigiendo por todo lo que no se haga correctamente (dejar desordenada la habitación, no ayudar en las tareas del hogar, no ofrecer el asiento a un anciano…). Si queremos sociedades mejores no las dejemos en manos de los más pequeños. Es cosa de todos y es importante que a cualquier edad y desde cualquier posición se apueste por las buenas prácticas.

Nunca podré olvidar esta experiencia en Guanajuato, este viaje a México, que además coincidió con los últimos días de un mes de octubre, cuando todo un país estaba preparando una de sus fiestas más importantes: el Día de los Muertos. Toda una población volcada en la construcción de altares en honor a sus seres queridos, catrinas en todos los escaparates, calaveras de azúcar en cualquier tienda o parada callejera y campos llenos de cempasúchil o flor de muertos, llamada así por utilizarse en el adorno de tumbas y altares. Un escenario mágico del que espero volver a disfrutar en un futuro y que gracias a Coco he podido recordar casi 8 años después del viaje.

"Recuérdame hoy me tengo que ir mi amor
Recuérdame, no llores por favor
Te llevo en mi corazón y cerca me tendrás
A solas yo te cantaré soñando en regresar..."

Cempasúchil, junto a la Laguna de Atotonilco (Villa Corona - Jalisco)
Adorno de papel picado en las calles de Guanajuato, recuerdan el inicio de la película de dibujos animados

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martes, 6 de marzo de 2018

MARZO: ¿Sabes quién fue Bastet?, en Egipto logré ver su magia


Desde niño me había fascinado el mundo egipcio. Esas grandes pirámides, tantos Dioses a los que adorar, tanto oro y riqueza, sus desiertos cruzados por un Nilo bordeado de abundante vegetación… y supongo que también me fue gustando cada vez más al tratarse de uno de los primeros temas en las asignaturas de Historia e Historia del Arte durante casi toda la primaria y secundaria. Porque por alguna razón a medida que en esas clases avanzábamos en el tiempo y llegaban las Guerras Mundiales, la Monarquía en Europa..., el arte Modernista o el Contemporáneo, sinceramente ya todo me aburría. ¡A pesar de que esos temas daban a entender que las vacaciones de verano estaban a la vuelta de la esquina!

Pues bien ¿adivináis dónde fue mi primer viaje? Hasta la fecha había viajado bastante, pero sólo por territorio español. Nunca había salido al extranjero y mucho menos a un país donde la cultura, la comida, las tradiciones y la historia eran tan diferentes a las mías.

La República Árabe de Egipto está situada en el noreste del continente africano, con una superficie de más de 1 millón de km2 y una población superior a los 93 millones de habitantes. Integra en su mayor parte el desierto del Sáhara, cruzado de norte a sur por el río Nilo, el mayor de África, con una longitud de 6853km. Egipto fue la cuna de la antigua civilización egipcia, que junto a la mesopotámica, fueron el origen de la actual cultura occidental, influyendo decisivamente en la historia de la humanidad.

Pues nada, 5000 años después de que la civilización egipcia comenzara a desarrollarse, mi promoción de la licenciatura de Psicología de la Universidad de Barcelona, decidió emprender un viaje de fin de carrera al país que tanta expectativa me había generado durante años.

Debo empezar diciendo que no me decepcionó para nada y que algún día espero volver. Pero sí puedo decir que lo que realmente me sorprendió fue algo que no cuentan los libros de historia: su gente.

Como os he dicho, fue mi primera experiencia en el extranjero, mi primera experiencia con una cultura diferente, pero también mi primera experiencia de sentir que allí éramos mis compañeros y yo las notas discordantes, pues todo se encaminaba hacia una dirección en la que nosotros íbamos absolutamente perdidos. Lo mejor que pudimos hacer fue dejarnos llevar, porque de este modo disfrutamos de la experiencia como nadie.

Cumpliendo un sueño, aunque sorprendido
por no ser lo que más me impactó de aquel maravillo país
Abu Simbel, las grandes Pirámides de Gizah, los Templos de Luxor y Karnak, el Valle de los Reyes, las estancias de Tutankamón… sí sí sí, todo muy espectacular, todo muy bonito, todo muy recomendable, pero ¿y su gente?

Cada hora que pasaba por aquellas zonas rurales, por aquellos poblados junto al Nilo y, días más tarde, por la ciudad de El Cairo me daba cuenta que en general la gente era feliz teniendo mucho menos que cualquiera de los barrios más humildes por los que antes en mi vida hubiera podido pasar.



La Felicidad, es por tanto, el tema de este mes de marzo. ¿Qué es la felicidad?, bufff ¿vaya preguntita no?. Pues tú me dirás una definición, yo te diré otra y así podríamos encontrar miles de definiciones; seguro que todas ellas cargadas de razón.

Porque la felicidad es individual y exclusiva. Cada persona vive una misma realidad de maneras tan distintas, que para una puede ser motivo suficiente para sentirse feliz y para otra puede ser un hecho insípido que apenas le genere ninguna emoción. Un ejemplo típico y tonto, pero que demuestra claramente esta evidencia: El que tiene dinero, que le toque 100€ en la lotería es algo anecdótico, pero el que apenas llega a final de mes esos 100€ le hacen estar feliz al menos durante un buen rato.

Y ya que hablo de ratos, la felicidad también es pasajera. Su efecto en la persona puede durar segundos, horas o incluso días… no me atrevería a decir mucho más, porque siempre existe alguna preocupación que rompe el estado de felicidad constante.

Y es que además, para complicarlo un poquito, cuanto mayor es el grado de felicidad más fácilmente podemos ser susceptibles de caer empicados ante un hecho inesperado, traumático o desafortunado. Así que cuidadín cuando estamos en la euforia y en el climax de la felicidad, siempre deberíamos tener muy bien anclados los pies en la tierra para que la caída no sea demasiado dolorosa.

Así de complicada es la felicidad, esa palabra tan bonita y que a todos nos gusta tanto decir y escuchar, pero que cuando la analizamos a fondo tan retorcida resulta.

Mi opinión, es que la salud, el sentirse querido (y no por todos porque es imposible, sino por aquellos a quienes también quieres), y el tener unos mínimos que permitan que lo anterior (salud y estima) estén cubiertos… para mí eso me demuestra que uno ya puede ser mínimamente feliz si así lo escoge. Porque la felicidad es una elección, no algo que nadie te vaya a dar, que puedas robar o comprar ni que venga a llamarte a la puerta de tu casa. La felicidad la tenemos ahí en muchos momentos y detalles del día a día y sólo depende de uno mismo cogerla o dejarla pasar de largo.

En Egipto, si tuviera que escoger un lugar en el que me topé de frente con la felicidad (en realidad serían varios, pero por explicaros el más impactante para mí) fue en la Ciudad de los Muertos. Se trata de un cementerio situado en el sureste del El Cairo, donde además de muertos existen personas que trabajan y viven en los mausoleos. Así es, personas que limpian y cuidan los mausoleos y a cambio, los familiares de los difuntos, les permiten disponer de un espacio donde dormir en el propio mausoleo. O simplemente, personas que fueron obligadas a abandonar sus casas en el centro de la ciudad debido a demoliciones de la renovación urbana en la década de los 50.

La Ciudad de los Muertos, el lugar donde vivos y muertos comparten techo

La vida en un cementerio, ¿os la imagináis?. Yo no era capaz de dar crédito a lo que estaba viendo. Unos mausoleos con dos estancias, una de ellas para los muertos y otra para los que en vida compartían techo. Creo que no sabría explicar realmente cómo allí se podría vivir, lo mejor que puedo hacer es enseñaros estas fotos.


A la izquierda, la Sra. nos recibía en la primera sala del mausoleo, donde descansa el difunto. Arriba, ya en la segunda sala donde vivían, una de las hijas nos muestra unas crías de gato.

Curiosamente, dato curioso el de los gatos, pues os hago saber que Bastet fue la Diosa egipcia de la felicidad, cuya misión era proteger el hogar. Se representaba como una mujer con cabeza de gato y simbolizaba la alegría de vivir.

Y destaco la sonrisa de esa madre y sus dos hijas cuando recibieron nuestras visitas. Apenas les dimos unos bolígrafos, unos zumos, alguna moneda y poco más porque era todo lo que llevábamos encima. El taxista que nos acercó hasta allí nos explicó que con lo equivalente a 1 euro, llamémosle 1 dólar para los que me leéis desde otros países, esa familia podría vivir durante una semana entera.

No sé, pero muchos años después se me sigue erizando la piel cuando lo pienso y lo describo. El único sentimiento que me hace contrarrestar esa tristeza que uno siente al empatizar con esas pobres familias es saber que nuestra visita les alegró al menos por un momento aquel día.

"La felicidad no es una meta, tan solo es un estilo de vida"

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jueves, 1 de febrero de 2018

FEBRERO: Polonia, el lugar donde me encontré conmigo mismo

Este mes de febrero os quiero hablar de mi primer viaje en solitario a Polonia, donde de manera totalmente improvisada tuve mi primera oportunidad de encontrarme conmigo mismo y poner en práctica el difícil reto del Autoconocimiento.

Para los que no la conozcáis, muy muy resumido os digo que la República de Polonia es un país situado en el centro de Europa y con una población superior a los 38 millones de personas, que cuenta con una cultura de más de 1000 años de antigüedad. Su capital es Varsovia, precisamente la última parada de esta aventura en solitario.

Empiezo por el principio pues es la mejor forma de que entendáis cómo a veces lo que uno no pretende, acaba sucediendo y resulta una experiencia súper enriquecedora.

Nunca me había planteado viajar en solitario hasta que pocas horas antes del vuelo con destino a Cracovia mi amigo me informa que había sido ingresado para hacerse unas pruebas tras sentir un malestar repentino. 

La primera idea fue la de cancelar el viaje, al fin de cuentas las reservas de hoteles se podían anular sin coste y el vuelo tampoco había sido demasiado caro. Recuerdo aquella tarde de viernes como una tarde de locura: primero decidiendo que no iba, pero después de visitar a mi amigo en el hospital y comprobar que estaba bien, y bajo su insistencia en que no dejara de ir a ese viaje, me puse en contacto con otros amigos para ver si alguno estaba dispuesto a aprovechar esta escapada de 3 ó 4 días. Avisando con tan poca antelación esto fue misión imposible. Volví a decidir que no iba, pero finalmente, sentí un empujón que me hizo llegar a casa, coger la maleta y salir directo al aeropuerto sin saber si iba a alcanzar mi vuelo.

Mes de febrero, en plena ola siberiana a unos -8ºC; mi primera parada: Cracovia. Llego al hotel, me siento extraño, dos camas, dos juegos de toallas, dos packs de bienvenida… y yo allí solo. Me tumbo en la cama, miro hacia el techo escuchando mi música y me digo: “Álex, let’s go!”.

"Álex, let's go!"
Salgo a la calle, siempre con mi música, mi compañera de viaje, camino por un paisaje nevado, visitando la ciudad y descubriendo sus preciosos rincones. Trato de perderme por sus calles, parques, haciendo fotos a todo lo que veo y pensando en todo lo que me había pasado meses atrás… cambiando de emoción según el recuerdo y la canción del momento, pero cogiendo fuerzas y esperanza cada vez que volvía a poner los pies en el suelo y volvía al presente. 

Nuevas oportunidades, nuevos retos, nuevas experiencias, nuevas personas en mi vida… ¿por qué tenía que ser negativo? Me habían arrancado y sacado de mi zona de confort, del mismo modo que sacan una zanahoria del huerto cuando hacen la cosecha, y ahora era el momento de plantar cara a la nueva realidad y aprovechar una nueva oportunidad, que estaba dispuesto a hacerla mía y mucho mejor que en la etapa ya pasada.

Por el camino me iba encontrando con gente que también viajaba sola, mucha más de la que imaginaba. Uno nunca es consciente cuando está viajando con otras personas de la cantidad de aventureros y aventureras en solitario que se mueven cada día por el mundo.

Estando en Cracovia visité Zakopan, ¡qué precioso pueblo al sur de Polonia en la frontera con Eslovaquia!. Allí sí que me sentí en mi salsa, perdido en un paisaje hipernevado y disfrutando de la soledad de aquella naturaleza de cuento.


"No se piensa en el verano cuando cae la nieve" (foto tomada en Zakopane)

Al día siguiente visité el peor sitio que a fecha de hoy he podido visitar: el campo de concentración de Auschwitz, al que decidí llamarlo la mayor vergüenza de la humanidad. Allí mis emociones se dispararon, empaticé con todas y cada una de las personas que estuvieron allí sufriendo hasta morir en condiciones lamentables y crueles, sólo porque tenían una forma diferente de pensar a los que en aquel momento tenían el máximo poder. Me di cuenta que las cosas que me habían pasado a mí eran nimiedades comparadas a las que aquellas pobres personas habían tenido que soportar en aquellos pabellones.


La mayor vergüenza de la humanidad (Auschwitz II)

En Polonia me di cuenta que toda mi vida había estado equivocado al pensar que me conocía a la perfección. De hecho, creo que nunca me había pasado tantas horas seguidas conmigo a solas, pensando quién era, de dónde venía, dónde estaba y dónde quería llegar. Si no me conocía a mí mismo de la manera que debiera, ¿cómo iba a pretender que otros lo hicieran?, ¿por qué me debía sentir molesto al ver que otros no eran capaces de darme un buen consejo?. Me di cuenta también que había sido injusto con las nuevas personas que semanas atrás habían decidido picar a mi puerta. En realidad, estaba siendo injusto con todas ellas, pero también conmigo mismo, pues me estaba perdiendo nuevas oportunidades. Me dispuse a volver de este viaje sin volver a cometer ese error, aceptando de los demás el ofrecimiento que me hacían, porque al fin de cuentas no eran responsables de los errores que otros habían podido cometer conmigo. Y, ¿sabéis qué?, ¡volví y lo conseguí!.

“La clave para gestionar a otros de manera efectiva es manejarse uno mismo primero. Cuanto más conoces de ti mismo, más puedes relacionarte con los demás, desde una posición de confianza, seguridad en uno mismo y fortaleza” (Hendrie Weisinger)

Autoconocerse es la capacidad de autoanalizarse y entender cómo uno es, cómo piensa, el porqué de sus emociones, cómo reacciona y cuáles son sus defectos y virtudes. Esto es necesario para que uno llegue a ser capaz de controlar sus propias emociones, conseguir poner al corazón firme y pensar y actuar con la cabeza. Al fin de cuentas, el corazón es un niño mimado que siempre quiere salirse con la suya y te arrastra para conseguirlo cueste lo que cueste. La cabeza, siendo la madre del niño, debe saber decir no, debe ser asertiva y debe ser capaz de mirar más allá de la acción, valorar las consecuencias y decidir si dar vía libre o no al corazón en función de cómo se vislumbren los resultados una vez la acción haya sido ejecutada.

La buena noticia del autoconocimiento es que nos ayuda a tener un buen autocontrol, nos ayuda a gestionar y lidiar nuestras emociones y sufrir un poco menos para dar espacio a la felicidad, que al fin de cuentas es de lo que se trata.

Y la mejor noticia es que esto lo puedes practicar, lo puedes aprender y una vez interiorizado te será de utilidad para próximas etapas de tu vida. Además, te va a ayudar a comprender mejor a los otros, a ver cuáles son sus deseos y necesidades y a hacer todo lo posible para aportarles ayuda, estabilidad o incluso felicidad, si en tus manos cabe esa posibilidad.

Cada persona necesita su tiempo, su lugar y una situación en la que poder lograr experimentar con esta herramienta llamada “autoconomiento”. En mi caso, debo admitir que me bastaron unos pocos días en Polonia, haciendo lo que más me gusta que es viajar y sintiéndome totalmente libre de disfrutar del aquí y del ahora que yo estaba decidiendo en cada momento.


Esta foto es para mí la foto del viaje, la que refleja ese momento de calma en el que yo estaba conmigo a solas

Cierro este artículo explicando que después de Polonia hubo más viajes en solitario, cortos en días, pero intensos en experiencia. Esta vez planificados, necesarios para mi desconexión, mi reflexión y para seguir creciendo como persona. Si crees que te va a ser de ayuda, te reto a que lo pruebes tú también. Las personas que me han hecho caso me agradecen siempre la recomendación.

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martes, 16 de enero de 2018

ENERO: Viaja a Vietnam y practica la humildad

Para estrenar la temática viajera de este 2018 propongo hablar este mes de enero de la Humildad, característica que voy a enmarcar en uno de mis últimos viajes a la República Socialista de Vietnam.

¿Qué os puedo contar de Vietnam? ¿Cómo os resumo en pocas palabras lo más intangible que puedes encontrar en este maravilloso país del sudeste asiático?

Con una población estimada de 90 millones de personas y capital en Hanoi, Vietnam ha sido un pueblo que durante su historia ha recibido múltiples influencias extranjeras, desde la China, hasta Francia y Estados Unidos.

Quizás, su historia repleta de invasiones, conquistas, luchas, injusticias… ha hecho que el pueblo vietnamita, que en la actualidad vive tranquilo y sin este tipo de acontecimientos, se caracterice por ser un pueblo amable, abierto y muy alegre.


"Puedes estar triste y ver la vida pasar, o puedes estar alegre y ver la vida pasar... pero la vida pasará de todas formas, asi que mejor estar alegre"


Foto de la que fue nuestra barquera, que nos paseó por las aguas de Trang An

A pesar de todo lo que evoca escuchar el nombre Vietnam (el cine siempre hace mucho daño), en pocos países vas a tener la sensación de seguridad y confianza que transmiten sus ciudades, sus pueblos y su gente. El turista extranjero es muy respetado y vas a estar recibiendo sonrisas a cada momento. Como es bien sabido por todos, la sonrisa se contagia con mucha facilidad, por lo que puedo asegurarte que la mayor parte de tu tiempo vas a estar sonriendo.

Además de sus paisajes, sus costumbres, su comida, sus olores… de los que me encantaría hablar, pero no forman parte del contenido de este blog, quiero explicar el motivo por el que personalmente Vietnam me evoca al concepto de Humildad.

Pero antes de nada, ¿qué sabemos de la humildad?

Ésta se puede definir como la característica que tienen las personas (no todas) de no sentirse superior por el hecho de ostentar más poder o riqueza frente a otros. La habilidad para callar tus virtudes y dejar que sean los otros quienes las descubran por sí mismos podría definirte como una persona humilde.

Pero la humildad no sólo queda ahí. La humildad y su práctica debe comenzar por el hecho de ser tú mismo capaz de reconocer tus propias limitaciones con el objetivo de aprender y mejorar. Aceptándolas, tomamos conciencia y estamos abiertos a que otras personas (cualquier persona) puedan enseñarnos cosas nuevas.


En Can Tho me enseñaron a hacer noodles de arroz
El viajero que puede permitirse el viaje a Vietnam seguramente dispone de más recursos que los que tenga cualquiera de los locales a los que va a ir cruzándose por el camino, pero estos van a poder enseñarle muchas cosas que el viajero no habría aprendido sin hacer ese viaje y, mucho menos, sin ser un viajero humilde.

La sonrisa, los gestos, las palabras, los pequeños detalles… lo que no se compra con dinero, son los más grandes regalos que los vietnamitas te van a poder ofrecer durante tu estancia.



Mi viaje a Vietnam me enseñó a observar una manera diferente de vivir a la mía y no por ello peor. Me permitió darme cuenta de las cosas mejores que tengo y muchas veces no valoro, pero también me permitió observar las cosas mejores que tienen allí y que aquí desgraciadamente escasean, por ejemplo la felicidad, que como he dicho se demuestra en el agradecimiento que ellos le hacen a cada aspecto de sus vidas; al simple hecho de poder seguir descubriendo cada día un nuevo amanecer.

Unos niños jugaban en las montañas de Sapa

En una sociedad como la nuestra, egoísta, donde escasean valores como la cooperación, el compañerismo, la empatía… y donde cada vez más estamos acostumbrados a ver y convivir con la parte más denigrante del ser humano, perdemos mucho peso en rasgos como el de la humildad.

"Viajar con humildad te ayuda a darte cuenta que no eres el ombligo del mundo"

Nuestro guía en Vietnam nos explicaba que los habitantes del país dan gracias por lo que tienen, que es mucho más de lo que generaciones anteriores tuvieron. Buscan el equilibrio en todo lo que hacen y buscan la paz interior. Por ello, seguramente son personas conformistas, felices con lo que tienen y lo que la tierra les proporciona y que no van a acudir a la violencia para hacerse con lo ajeno y probablemente es por esta razón que Vietnam sea un país tan seguro para el turista extranjero.

El arte de viajar, en todo caso, supone un acto de humildad permanente, porque descubres que te equivocas más de lo que podías pensar. Tus prejuicios se derrumbarán apenas salgas de las instalaciones del aeropuerto y te enfrentes a una nueva realidad.


Esta fue la primera foto que hice, mi primer choque con la realidad. (Hanoi)
Un buen viaje es aquel que cambia algo en tu interior, y que te enseña, a través de los ojos de los otros, algo nuevo sobre ti mismo. Vietnam me enseñó a valorar lo relativo de las cosas y los problemas, la importancia que estos tienen, justo la que yo quiera darles. Me enseñó a conocer una nueva cultura, admirable, y a descubrir rincones y aspectos que por mucho que quisiera contarte, no sabría describir a la perfección.

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