Mostrando entradas con la etiqueta Actitud. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Actitud. Mostrar todas las entradas

martes, 31 de agosto de 2021

Tips para afrontar el temido 'Síndrome Postvacacional'

Nos encontramos de pleno en esos días en los que la gran mayoría volvemos a nuestra rutina laboral y tratamos, como cada año, de hacerlo con la mejor de nuestras caras y con las baterías cargadas al 100%. Paralelamente a esto, comenzamos también a escuchar en los medios y en nuestras propias conversaciones experiencias y opiniones sobre el temido “Síndrome postvacacional”.

Sobre éste lo primero que tenemos que decir es que no es una enfermedad, sino que es un trastorno adaptativo absolutamente normal que no únicamente ocurre tras un periodo vacacional, sino que puede ocurrir también en la reincorporación al mundo laboral después de una baja larga que haya significado un cambio brusco en nuestras rutinas.

Según los expertos, el síndrome postvacacional no debería durar más de una quincena y, si no fuese así, quizás sería conveniente tratarlo con algún profesional, pues probablemente subyacería a este estado anímico algún otro trastorno que estuviera pasando desapercibido.

Pero ¿por qué nos cuesta tanto adaptarnos a la vuelta de las vacaciones? La respuesta la encontramos en nuestra percepción, a menudo inconsciente, de que el hecho de empezar vacaciones representa una opción y decisión propia en la que nosotros mismos somos quienes vamos a decidir qué hacer en cada momento de nuestros días de asueto. A qué hora nos despertaremos, a qué hora iremos a dormir, si nos apetece comer a horas inusuales, alargar la sobremesa, viajar, reunirnos con familiares y amigos, etc. Esa libertad en la decisión, sin que dependamos de un tercero con quien probablemente no haya vínculo familiar ni afectivo, nos hace vulnerables al momento de finalizar nuestras vacaciones, ya que de nuevo comenzarán a existir obligaciones y rutinas normalmente impuestas por ese tercero del que nos habíamos librado temporalmente.

Empezar de nuevo representa renunciar (repito, que es un proceso por lo general inconsciente) a nuestra total libertad para asimilar poco a poco la obligatoriedad de cumplir con horarios, normas, reuniones, distanciamiento de las personas de nuestro círculo más cercano, además de todas esas obligaciones que también forman parte del fin del periodo oficial de vacaciones (colegios, guarderías, tareas del hogar, bancos y trámites varios que durante el verano dejan de ser prioritarios).

Para poder afrontar este trastorno adaptativo sólo nos queda pensar en que va a depender exclusivamente de nosotros mismos el aceptarlo con una mejor o peor actitud. Por lo que si deseamos poder afrontar la vuelta al trabajo de la manera más positiva posible, habrá que seguir una serie de tips que nos van a ayudar a ponernos de nuevo en línea con esas obligaciones, aprovechando además que estamos con recarga de energía.

Algunos de estos consejos son:

  • Planificarse y organizarse. Sería conveniente que unos días previos a la reincorporación al puesto de trabajo comenzásemos a regular nuestros horarios de manera escalonada (horarios de despertarse, irse a dormir, comidas…)
  • Regular también nuestros hábitos alimenticios. Es decir, intentar comer en el horario que habitualmente comeremos durante nuestros descansos de jornada laboral. Intentando además regular el tipo de comida y la cantidad que nos van a permitir tener una mejor digestión, la cual influye directamente en el rendimiento y en los estados físico y emocional.
  • No olvidarnos del ocio. Es importante tener en cuenta que volver al trabajo no significa dejar el ocio sólo para los fines de semana o para las próximas vacaciones. Es necesario seguir buscando momentos para hacer lo que nos gusta y poder compartirlo con quienes deseemos.
  • El deporte sigue siendo necesario. Aunque la “operación bikini” parece que ya ha quedado atrás y no volverá a ser importante hasta la próxima primavera, no caigamos en este error y sigamos dándole al cuerpo caprichos, pero también exijámosle esfuerzos para lograr mantenerlo en forma y activo. El deporte no sólo regula el estado físico, sino también el mental, permitiendo descargar tensiones que nos pueden provocar estrés e irascibilidad que nos hagan tener malas experiencias con los demás y con nosotros mismos.
  • Resolutions are always good. Esperamos siempre a Nochevieja para hacer nuestra lista de propósitos para el nuevo año. Intentemos también hacerla ahora y tratemos de aprovechar el “nuevo curso laboral” para ponernos metas profesionales y personales en el corto y medio plazo que nos sirvan de estímulos motivantes que alcanzar.
  • Planifiquemos desconexiones intermitentes durante los próximos meses. Las vacaciones de 2021 han sido para muchas personas las más esperadas de toda su vida, después de unas vacaciones prácticamente inexistentes o con pocas posibilidades en 2020 debido a la pandemia del coronavirus. Aunque no estamos todavía en la situación que nos gustaría estar, y seguimos teniendo esperanzas para que las del 2022 sean lo más parecidas posible a las de años previos a la pandemia, hemos aprovechado cualquier ápice de libertad que las autoridades y los gobiernos nos han ido ofreciendo tras los fines de toque de queda, apertura de la hostelería, celebración de algunas fiestas… y se nos hace difícil pensar que hay que esperar un año entero para ver si entonces todo volverá a ser normal. Por eso, es importante no centrarse en un año vista y aprovechar cualquier fin de semana, puente o vacaciones de invierno para hacer una escapada y poder oxigenarnos y recargar de nuevo las baterías para continuar con la tirada hasta el próximo verano.

Seguramente existan muchas más acciones que podemos hacer para afrontar esta vuelta con positivismo, pero aquí os dejo algunos de los consejos que a mí me funcionaban antes de la pandemia y que, ahora más que nunca, los pongo en práctica con total convencimiento de que son facilitadores en estos momentos de reincorporación al trabajo.

Feliz vuelta a tod@s!

lunes, 8 de marzo de 2021

Autoliderazgo en tiempos de coronacrisis

Últimamente, hemos estado hablando en este blog del liderazgo. Hoy, concretamente, llevo este concepto al terreno individual y, por ello, quiero reflexionar sobre el autoliderazgo en estos momentos de crisis sanitaria, económica y, por supuesto, existencial.

Podemos bajar la cabeza y volvernos negativos ante la situación actual, pero también podemos interpretar esta pandemia como una gran oportunidad de aprendizaje y de crecimiento. Se trata de una situación global en la que hemos sido todos sacudidos y sacados de nuestra zona de confort sin que nadie nos haya consultado si era o no nuestro deseo, por lo que visto el plan, qué mejor que sacarle partido a esta situación sobrevenida e impuesta.

Toda nuestra vida es una experiencia constante de cambios y nos movemos de forma dinámica entre el confort, el miedo a salir de él, el aprendizaje una vez hemos salido y el crecimiento conseguido con ese aprendizaje ya consolidado a lo largo del tiempo. En definitiva, un camino de emociones que nos hacen ser mejores profesionales y mejores personas siempre y cuando seamos capaces aprovechar estos cambios y los vivamos como oportunidades.

Algunos cambios son provocados por factores propios de la persona o endógenos; otros, en cambio, por factores exógenos o propios del entorno. En este caso, la Covid es un factor exógeno, extraordinario y sin precedentes en la era moderna, que ha conseguido desequilibrar a todo un planeta y, sin aviso y “sin pedir permiso”, ha entrado de golpe en nuestras vidas. Hace un año estábamos habituados a lo conocido, a lo rutinario propio de nuestra zona de confort, donde la toma de decisiones para salir de ella la podíamos hacer de una forma pausada, meditada y confortable. Con la llegada de la pandemia, los estados de alarma, los confinamientos y las restricciones, los cambios fueron impuestos, sin apenas poderlos digerir, y pasamos de una zona de confort a una zona de miedo, para pasar después a una zona de aprendizaje, en la que nos encontramos ahora, y en la que debemos ser capaces de aprovechar todas las lecciones que se nos brinden para que ese aprendizaje nos sirva como crecimiento: personal, profesional, social, científico, tecnológico…

Pero para saber aprovechar este aprendizaje se requiere autoliderazgo, gracias al cual vamos a poder reconocer y aceptar que hay una nueva realidad de la que van a sobrevivir (entendiendo este “sobrevivir” como salir ganando) quienes sean capaces de adaptarse y reinventarse con agilidad, perseverancia y resiliencia. Este autoliderazgo implica aceptar también que somos vulnerables y frágiles, sobre todo con factores exógenos, que por muy minúsculos e imperceptibles que sean a simple vista, pueden trastocar nuestros planes y obligarnos a escoger entre desistir, conformarnos o luchar.

El autoliderazgo, aunque debe nacer desde la propia persona, no tiene por qué ser estrictamente individual y solitario, ya que probablemente a nuestro alrededor tengamos colegas, amigos, familiares e incluso desconocidos que también estén en un momento de gestión del autoliderazgo. Por lo tanto, podríamos apoyarnos y crear redes entre nosotros para conseguir que esa necesaria reinvención sea más enriquecida y firme. Para conseguir autoliderarse hay que ser reflexivos y realistas y llegar a hacernos muchas preguntas, algunas de las cuales a veces nos será difícil contestar, pero que gracias a otras personas y al compartir esas emociones con ellos, vamos a saber darles probablemente una respuesta, por ello, cobra importancia esta experiencia de autoliderazgo compartido.

Deberíamos preguntarnos acerca del entorno, de qué nos gusta y qué no de esta nueva realidad. ¿Hay algo que podamos hacer para contribuir de forma positiva a nuestro aprendizaje y crecimiento? ¿Qué podemos hacer para valorar los pequeños detalles de este presente que estamos viviendo? También tenemos que reflexionar sobre nosotros, sobre cuáles son nuestras fortalezas y nuestras debilidades que probablemente habremos descubierto con esta situación. ¿Cómo podemos ofrecer nuestras fortalezas a otros y cómo podemos ayudarnos de otros en nuestras debilidades? ¿Qué energía tenemos y cómo podemos hacer para que esa energía se mantenga o mejore? ¿Qué es lo peor que podría pasarnos y cómo podemos prepararnos para ello? Y, finalmente, tenemos que reflexionar también sobre las demás personas, siendo empáticos y utilizando habilidades de la inteligencia emocional. ¿Cómo queremos que los demás nos vean? ¿Cómo queremos que los demás nos recuerden? ¿Cómo podemos mejorar nuestra actitud hacia otros?

Creo que son momentos de aprendizaje para llegar a culminar esa fase de crecimiento. El miedo debería haberse convertido ya en respeto hacia un virus que todavía no lo tenemos controlado, pero que se ha comprobado que es capaz de llegar a paralizarnos. El miedo se tiene que saber gestionar y debemos aprovechar esta situación para salir más reforzados, para seguir creciendo y para estar más fuertes en futuras controversias que nos pueda deparar la vida. Como decía Víctor Frankl “Cuando la situación es buena disfrútala. Cuando la situación es mala, transfórmala. Cuando la situación no puede ser transformada, entonces transfórmate tú”. Como podemos ver, es una cuestión de decisión, es una cuestión de actitud, es una cuestión que debe nacer desde nuestro interior, es una cuestión que requiere de autoliderazgo.

martes, 2 de julio de 2019

JULIO: Juana de Arco, la campesina cuya fuerza interior sigue visible 600 años después


Durante los primeros seis meses de este año hemos estado tratando algunos de los principales temas de este blog en relación a personalidades famosas de nuestros tiempos. A partir de este mes de julio y durante el segundo semestre de 2019, haré lo propio con personajes que ya no tenemos físicamente entre nosotros, pero que por algunas razones siguen estando presentes en la actualidad y, por su marca personal, son embajadores de aspectos concretos que iremos tratando en cada temática mensual.

Este mes lo dedicaremos a la fuerza interior, la cual todos poseemos, pero no todos hemos logrado descubrir. Antes de entrar a fondo en la temática, presentar al personaje que demostró haberla descubierto y con ella haber tenido la capacidad de resistir a momentos y situaciones verdaderamente difíciles. Ella es la famosa Juana de Arco.


Jeanne d’Arc, conocida también como la Doncella de Orleans, nació en el norte de Francia en 1412. Fue una joven campesina que con 17 años guió al Ejército francés en la Guerra de los Cien Años contra Inglaterra. Si bien no logró acabar con el conflicto entre franceses e ingleses, Juana de Arco logró cambiar la mentalidad de los franceses, quienes se creían inferiores a los ingleses. Su fuerza interior y resistencia le permitieron afrontar las dificultades con optimismo, dejando sola a su familia a muy corta edad para poder cumplir su misión, liberar a los oprimidos y hacer justicia por el rey de su país, Carlos VII. Fue capaz de trasladar su creencia y potencia personal a los demás, consiguiendo liderar a más de 5 mil hombres para liberar Orleans de las fuerzas inglesas. Logró sobrellevar el ser capturada, vendida y juzgada por sus enemigos, siendo obligada a retractarse para no ser ejecutada de sus afirmaciones sobre la voz de Dios que siempre dijo había escuchado siendo pequeña y que le habían guiado su lucha. Pero Juana rehusó de esta obligación y ratificó lo que ella creía y lo que había vivido, aunque ello le costase la vida. Murió en 1431, a los 19 años, tras ser entregada a los ingleses y siendo condenada por la Inquisición como hereje y quemada viva.


La fuerza interior está en nosotros y es fácil identificar si la tenemos o no desarrollada. Nace del autoconocimiento, que a su vez permite desarrollar la autoestima, esa valoración y percepción que uno es capaz de hacer de sí mismo, y que debiera ser positiva, en la que se detectan los puntos fuertes y las áreas de mejora y se traduce en un afán por mejorar y en la satisfacción de uno mismo. La autoestima no es innata, se debe desarrollar a lo largo de la vida y está influenciada por el contexto. Tiene un componente cognitivo (lo que pienso), uno afectivo (lo que siento) y uno conductual (lo que hago). Cuanto más alienados estén estos componentes, más coherencia existirá y más satisfacción habrá con el propio yo. La fuerza interior está, por lo tanto, estrechamente ligada a la autoestima. Una persona tiene desarrollada su fuerza interior cuando es capaz de vivir consigo misma, de forma coherente y armoniosa, siendo capaz de afrontar cualquier situación que se salga de esa armonía sin perder el control de sus emociones.

Por todo ello, tener una gran fuerza interior requiere conocer y manejar las propias emociones, saber afrontar situaciones adversas, no anclarse en el pasado y tomarlo sólo como experiencia para mejorar, no esperar a que otros hagan lo que uno desearía y seguir siempre adelante.


Personalmente, considero que la clave para tener desarrollada la fuerza interior en un modo que podríamos definir como “aceptable”, radica en intentar mantener ese equilibrio entre lo que sentimos, decimos y hacemos. Las personas que sienten algo diferente a lo que hacen o dicen, o las que simplemente hacen algo distinto a lo que dicen o piensan, seguramente no tengan esa sensación interna de paz y bienestar que les pueda permitir “dormir tranquilas”. A veces motivados por “el qué dirán”, a veces por no ser “políticamente incorrectos”, actuamos de una manera que probablemente nos lleve a un estado de frustración y arrepentimiento posterior, en ocasiones lamentándonos de no poder volver atrás para subsanar el error cometido. Como decíamos más arriba, esta conducta ya del pasado debería ayudarnos sólo para aprender en los actos futuros, en ningún momento deberíamos anclarnos en ella y vivir en el arrepentimiento. Tanto la autoestima como la fuerza interior son capacidades que las personas poseemos y podemos ir moldeando a lo largo de nuestras vidas, en las que tanto la experiencia como la determinación van a ser claves en ese proceso de cambio constante.

Juana de Arco, en ningún momento y bajo ninguna de las adversidades que sufrió a lo largo de su corta vida tuvo dudas en desequilibrar su propia balanza. Lo que sentía y pensaba le llevaron a seguir actuando de la misma manera hasta el final de sus días. No sabremos si fue totalmente acertado en los tiempos que corrían, cuando la Inquisición era muy radical con sus condenas, pero lo que sí sabemos es que Juana tenía una autoestima y una fuerza interior altamente desarrolladas y que son claramente evidentes incluso siglos después de su muerte.


"No tengo miedo, nací para hacer esto"

lunes, 4 de febrero de 2019

FEBRERO: Walt Diseny, a quien su autoconfianza le llevó al éxito


Walt Disney me trae este mes a abrir debate con el tema de la "autoconfianza". Sin ella, hoy no hubiéramos llegado a llorar con Bambi, a soñar con Alicia en el País de las Maravillas o a bailar con El Libro de la Selva… y es que Walter Elias Disney no lo tuvo fácil desde un principio.


El productor, director, guionista y animador estadounidense nació en 1901 en Chicago. Hijo de un granjero fue desde bien pequeño un apasionado del dibujo, no tanto buen estudiante, pues el tener que ayudar a repartir periódicos a su padre durante la noche le costaba la concentración en la escuela. Tras intentar alistarse en la marina del ejército junto a su hermano, fue rechazado por no tener la edad mínima para ello. Enterándose que la Cruz Roja aceptaba chicos con los 17 años cumplidos, falsificó su certificado de nacimiento indicando que había nacido en 1900 y, de este modo, pudo entrar a trabajar como conductor de ambulancias, aunque nunca entró en combate y tuvo que conformarse con ser trasladado a Francia, donde estuvo encargado del traslado de oficiales. En 1919, decide volver a EEUU y es a partir de ahí que se inicia en el mundo del dibujo y la creación de cortometrajes, pero ese mismo año era despedido del Periódico Kansas City Star, en el que trabajaba, por falta de imaginación, convirtiéndose 4 años después en el fundador de la actual The Walt Diseny Company junto a su hermano. En 1966, fallecía tras sufrir un cáncer de pulmón provocado tras una vida de fumador empedernido.


La autoconfianza, como su nombre indica es la creencia sobre uno mismo. En base a nuestra experiencia y nuestros aprendizajes, a lo largo de los años, el ser humano va perfilando la confianza. El crecimiento personal, la autoestima, el autoconcepto, el autoconomiento,… tienen relación directa con la autoconfianza, creando todos ellos una red de conexiones que permiten, en definitiva, al individuo ser más o menos feliz y tener más o menos éxito, que a su vez repercute en esa felicidad y se convierte en un pez que se muerde la cola.

Nuestra visión del mundo va a depender de cómo nos veamos a nosotros mismos. Pero más mágico aún es el saber que cómo los demás nos vean a nosotros también depende de cómo nosotros nos veamos interiormente. Si una persona no cree en sus posibilidades, se infravalora y se convierte en un ser totalmente negativo, difícilmente los demás van a poder verle como una persona capaz, como una persona positiva y luchadora.


A todos nos ha pasado alguna vez que hemos acabado logrando algo que pensábamos inalcanzable tiempo atrás. El haber llegado a lograr esa meta o reto no es más que la activación, en algún momento del proceso, de la autoconfianza. Es a partir de ese momento, que uno se da cuenta que ha estado “llorando” en vano, pensando que sería incapaz de lograr el objetivo. Pero tampoco debemos ser utópicos y debemos pensar que en ocasiones nos exigimos demasiado y los objetivos se pueden convertir en inalcanzables e irrealistas y, por ende, fracasamos y nos quedamos a medio camino. Lo importante en estos casos es no caer en la desesperación y estudiar la situación: ¿ha sido porque el objetivo era demasiado ambicioso?, ¿quizás algo o alguien me ha puesto trabas en el camino? o ¿ha sido porque no he puesto el máximo de confianza en mí mismo?. A partir de ahí, se valorará si conviene acotar la meta a una submeta, si conviene cambiar de estrategia o bien si conviene volver a intentarlo habiendo aprendido de los errores.

La autoconfianza, como empezaba diciendo, la construimos durante nuestro crecimiento, con el paso del tiempo, y eso quiere decir que se puede cultivar y mejorar. Empieza por ver lo bueno que eres en muchos aspectos, entiende que no todos podemos ser buenos en todo, agradece lo que tienes y da gracias a cualquier oportunidad de aprendizaje (aunque ello suponga equivocarse antes). De este modo, con positivismo, conseguirás reforzar tus “autos”, entre ellos el de la autoconfianza.

Si Walt Diseny no hubiera confiado en sus capacidades, probablemente se hubiera conformado con ser un mal estudiante y seguir los pasos de su padre en la granja, o repartiendo periódicos o conduciendo ambulancias a miles de kilómetros de su ciudad natal. Pero en cambio, la confianza que tuvo en sí mismo y en sus capacidades le llevó a luchar por sus metas y convertirse en el icono mundial de la industria del entretenimiento del siglo XX.

“If you can dream it, you can do it”

Otros artículos relacionados con la "autoconfianza":

lunes, 4 de junio de 2018

JUNIO: Fue en la capital de los Países Bajos donde Ana Frank demostró su resiliencia


En esta ocasión os voy a hablar de la Resiliencia como capacidad que tenemos los seres humanos de sacar lo positivo en situaciones que realmente no lo son. Pero antes dejadme que os hable de los Países Bajos; país en el que enmarcaré este concepto psicológico.

El Reino de los Países Bajos se sitúa en el noroeste de Europa con una superficie de 41mil km2de los cuales el 18.40% es agua. Tiene una población alrededor de los 17 millones de habitantes y han estado habitados desde la última glaciación. Tierras conquistadas en el s.I a.C. por los romanos, saqueadas por los vikingos durante los s.IX y XI y bajo el dominio español hasta su independencia en 1648, tras la Guerra de los ochenta años. Pero sin duda uno de sus golpes más duros y recientes ocurrió durante la II Guerra Mundial (1939-1945). Aunque se declararon neutrales, Alemania lanzó un ataque contra los Países Bajos conquistando la mayor parte del país y persiguiendo a los judíos, quienes fueron declarados enemigos del estado. Es en este periodo y concretamente en su capital, Ámsterdam, donde se ubica una de las historias más conocidas: la de Ana Frank, la niña judía que tuvo que vivir escondida junto a su hermana, sus padres y cuatro personas más en una dependencia secreta de un edificio de oficinas frente al canal Prinsengracht de la capital holandesa.

Casa de Ana Frank, en Prinsengracht 263-267


Canal Prinsengracht




Si habéis leído su Diario o conocéis su historia, entenderéis por qué hablo de Ana Frank como un claro ejemplo de persona resiliente.

Pero antes, ¿qué es la resiliencia?

Para los que nunca hayáis escuchado esta palabra os la explicaré como me la enseñaron a mí; con una de esas metáforas que a veces ayudan a asimilar conceptos que forman parte del mapa abstracto de la mente humana.

“Pensad en una goma, que la estiráis para adecuarla alrededor de un objeto, pero cuando la dejáis suelta vuelve a su estado y forma original. Pensad también en una esponja, que la presionáis para escurrir el agua que ha absorbido, pero que al soltarla vuelve a tener su misma forma inicial”

Esto es la resiliencia, la capacidad de adaptarnos a una situación adversa y salir de ella “airosos”, en el sentido de poder volver a ser la misma persona que fuimos, aunque obviamente con un aprendizaje extra que ya nadie nos puede quitar. La resiliencia es, por lo tanto, una capacidad que puede tener un componente innato, pero que en realidad se adquiere y refuerza a través de la experiencia y las vivencias que uno tiene a lo largo de su vida y el cómo éstas le influyen y las afronta. 

Para afrontar adversidades, para salir reforzado de éstas y para conseguir llevar una vida tranquila y normal a partir del acontecimiento adverso se requiere tener muy trabajados otros aspectos de la Inteligencia emocional, entre ellos:

Autocontrol: capacidad de dominar las propias emociones, pensamientos, comportamientos... 
"Querida Kitty: Hace sol, el cielo está de un azul profundo, hace una brisa hermosa y tengo unos enormes deseos de...¡de todo! Deseos de hablar, de ser libre, de ver a mis amigos, de estar sola. Tengo tantos deseos de...¡de llorar! Siento en mí una sensación como si fuera a estallar, y sé que llorar me aliviaría. Pero no puedo. Estoy intranquila, voy de una habitación a la otra, respiro por la rendija de una ventana cerrada, siento que mi corazón palpita como si me dijera '¡Cuándo cumplirás mis deseos!'. Creo que siento en mí la primavera, siento el despertar de la primavera, lo siento en el cuerpo y en el alma. Tengo que contenerme para comportarme de manera normal, estoy totalmente confusa, no sé que leer, qué escribir, qué hacer, solo sé que ardo en deseos... Tu Ana" 
(Diario de Ana Frank. 12 de febrero de 1944)
Autoconocimiento: conocerse a uno mismo, saber cuáles son los puntos fuertes y las áreas de mejora... 
"Sé perfectamente cómo me gustaría ser y cómo soy... por dentro, pero lamentablemente solo yo pienso que soy así. Y esa quizá sea, no, seguramente es, la causa de que yo misma me considere una persona feliz por dentro, y de la gente que me considere una persona feliz por fuera" 
(Diario de Ana Frank. 1 de agosto de 1944)
Motivación: encontrar aquello que te gusta, que te apasiona y te empuja a hacerlo con mayor implicación. 
"Ahora otro tema: hace mucho que sabes que mi mayor deseo es llegar a ser periodista y más tarde una escritora famosa. Habrá que ver si algún día podré llevar a cabo este delirio (?!) de grandeza, pero temas hasta ahora no me faltan. De todos modos, cuando acabe la guerra quisiera publicar un libro titulado La casa de atrás; aún está por ver si resulta, pero mi diario podrá servir de base" 
(Diario de Ana Frank. 11 de mayo de 1944)
Confianza: esperanza firme para que algo suceda. 
"Solo espero una cosa: que se odio a los judíos sea pasajero, que los holandeses en algún momento demuestren ser lo que son en realidad, que no vacilen en su sentimiento de justicia, ni ahora ni nunca, ¡porque esto de ahora es injusto!" 
(Diario de Ana Frank. 22 de mayo de 1944)
Optimismo: juzgar las cosas y los acontecimientos desde la parte más positiva 
"Querida Kitty: ¡Me han vuelto las esperanzas, por fin las cosas resultan! Sí, de verdad, ¡todo marcha viento en popa! ¡Noticias bomba! Ha habido un atentado contra Hitler y esta vez no han sido los comunistas judíos o los capitalistas ingleses, sino un germanísimo general alemán, que es conde y joven además" 
(Diario de Ana Frank. 21 de julio de 1944)
Voluntad: deseo o intención para hacer algo. 
"Sé lo que quiero, tengo una meta, una opinión formada, una religión y un amor. Que me dejen ser yo misma, y me daré por satisfecha. Sé que soy una mujer, una mujer con fuerza interior y con mucho valor. Si Dios me da la vida, llegaré más lejos de lo que mamá ha llegado jamás, no seré insignificante, trabajaré en el mundo y para la gente. ¡Y ahora sé que lo primero que hace falta es valor y alegría!" 
(Diario de Ana Frank. 11 de abril de 1944)
Aceptación: aceptar la realidad, plantarle cara y seguir hacia delante. 

"Hemos vuelto a tomar conciencia del hecho de que somos judíos encadenados, encadenados a un único lugar, sin derechos, con miles de obligaciones. Los judíos no podemos hacer valer nuestros sentimientos, tenemos que tener valor y ser fuertes, tenemos que cargar con todas las molestias y no quejarnos, tenemos que hacer lo que está a nuestro alcance y confiar en Dios. Algún día esta horrible guerra habrá terminado, algún día volveremos a ser personas y no solamente judíos" 
(Diario de Ana Frank. 11 de abril de 1944)

A pesar de su trágica vida por ser de familia judía, de tener que estar escondida en una casa-zulo en el corazón de Ámsterdam y, tras ser descubierta, tener que permanecer en los campos de concentración de Auschwitz (Polonia) y Bergen-Belsen (Alemania), Ana Frank tuvo la fuerza necesaria para hacer frente a esas adversidades, superarlas de algún modo y transformarlas en algo positivo: las líneas de su Diario. 

Tras una biblioteca se encuentra la puerta de entrada al "anexo"
donde Ana y su familia vivieron durante la ocupación alemana,
desde el 9 de julio de 1942 hasta el 4 de agosto de 1944,
cuando fueron descubiertos y capturados 

Aunque no pudo conseguirlo personalmente, Ana siempre tuvo la ilusión de publicarlo y convertirse en una gran escritora. Esa ilusión, ese sentido que ella le daba a la vida, le ayudó a lograr ser una persona con alta capacidad de resiliencia. 

Sin que ella pudiera verlo, su Diario ha sido traducido a 70 idiomas y supera los 30 millones en ventas.

Ya han pasado 11 años de esta foto, pero es la única 
que conservo de aquella visita a la Casa de Ana Frank.
Os invito a leer su Diario. ¡Yo ya lo hice! :)

Otros artículos de este blog que te recomiendo leer:

jueves, 12 de abril de 2018

ABRIL: Coco me lleva a recordar un acto de bondad en México

Recientemente, se estrenó en la gran pantalla la película animada Coco, inspirada en la festividad mexicana del Día de los Muertos y ganadora de dos Premios Óscar como Mejor película animada y como Mejor canción original "Recuérdame".
Estados Unidos de México, como oficialmente se le llama, es el destino que elijo para este mes de abril. Con una superficie de casi 2 millones de km2 y con una población de 124 millones de habitantes, México tiene una historia que se remonta a más de 14.000 años de antigüedad, de cuyas civilizaciones nos ha llegado una admirable herencia: arquitectura, recetas culinarias, dialectos, costumbres y tradiciones, como la propia en la que se ambienta la película Coco.
En el año 2010, año en el que por cierto se celebraba el bicentenario de la independencia de México de la dominación española, fui a visitar parte de algunos de sus magníficos estados: concretamente, Ciudad de México, Guanajuato, Jalisco, Yucatán y Quintana Roo.

La película Coco y su protagonista, Miguel, me hicieron recordar este viaje y revivir algunos de sus magníficos momentos. Ver a Miguel corretear por las calles de su pueblo, que personalmente me recordó muchísimo a la ciudad de Guanajuato, me hizo rememorar un momento que viví allí apenas pocas horas después de haber aterrizado en el país azteca.


Teatro Juárez de Guanajuato


Aquí estoy yo a lo Miguel en la película "Coco"

Estando sentado en un banco de una pequeña plaza de Guanajuato, rodeado de música, gente paseando y un clima estupendo, se nos acercó una niña, muy probablemente de la edad de Miguel, ofreciéndonos unas pulseras de hilo hechas a mano. Mi amigo y yo, que en ese momento no llevábamos dinero, nos quedamos mirando las pulseras, pero tuvimos que decirle a la niña que no podíamos comprarlas porque no llevábamos encima ni un solo peso.
¿Podéis imaginar cómo sigue la historia si os digo que este mes os hablaré de la pureza de la bondad en los niños?. Jean-Jacques Rousseau, filósofo suizo, ya en el siglo XVIII dijo aquella famosa frase de “El hombre es bueno por naturaleza”. Y estoy totalmente de acuerdo con este pensamiento. El ser humano no nace malo, se hace y acaba actuando mal porque hay una sociedad que le corrompe y le empuja a ello.
Aquella niña, llena de bondad, cuyo objetivo único era sacar unos pesos para ayudar a su familia (muy probablemente de clase humilde), prefirió actuar con su emoción y regalarnos una pulsera a cada uno. Seguramente, si lo hubiera pensado desde la parte más racional visualizaría a su padre o madre echándole bronca por estar regalando a cambio de nada el producto que le debía estar dando dinero. Empujada por nuestra admiración al trabajo manual, por nuestra intención de haberle comprado alguna pulsera en caso de llevar unas monedas, o quién sabe por qué, la niña decidió actuar en contra de su objetivo y a favor de sus principios, con su parte más emocional. Del mismo modo que en Coco hace Miguel, un niño que impulsado por su corazón y por su amor a la música, se siente presionado por su familia para que olvide su tan amada pasión. (No quiero explicar más para no hacer un spoiler). En definitiva, nos vimos prácticamente obligados a decidirnos por un par de aquellas pulseras, después de decirle varias veces que no podíamos aceptar el regalo. Aún recuerdo aquella mirada que iba poniéndose triste cuando veía rechazado su ofrecimiento; mirada triste que se tornó en una amable sonrisa cuando le agradecimos aquel valioso detalle, por el contenido emocional que representaba.
Aquel regalo adornó mi tobillo durante aproximadamente 2 años
La bondad es un valor que refleja la esencia del ser humano. Mantenerla con tal pureza durante toda la vida de las personas es prácticamente imposible, pues se ve afectada por malas experiencias, por imitación de los referentes, por malos hábitos… Por ello, es muy importante fomentar este valor humano a los niños, básicamente dando ejemplo desde la familia y la escuela, premiando por todo aquello que se hace bien (compartir juguetes, saludar a una persona…) y corrigiendo por todo lo que no se haga correctamente (dejar desordenada la habitación, no ayudar en las tareas del hogar, no ofrecer el asiento a un anciano…). Si queremos sociedades mejores no las dejemos en manos de los más pequeños. Es cosa de todos y es importante que a cualquier edad y desde cualquier posición se apueste por las buenas prácticas.

Nunca podré olvidar esta experiencia en Guanajuato, este viaje a México, que además coincidió con los últimos días de un mes de octubre, cuando todo un país estaba preparando una de sus fiestas más importantes: el Día de los Muertos. Toda una población volcada en la construcción de altares en honor a sus seres queridos, catrinas en todos los escaparates, calaveras de azúcar en cualquier tienda o parada callejera y campos llenos de cempasúchil o flor de muertos, llamada así por utilizarse en el adorno de tumbas y altares. Un escenario mágico del que espero volver a disfrutar en un futuro y que gracias a Coco he podido recordar casi 8 años después del viaje.

"Recuérdame hoy me tengo que ir mi amor
Recuérdame, no llores por favor
Te llevo en mi corazón y cerca me tendrás
A solas yo te cantaré soñando en regresar..."

Cempasúchil, junto a la Laguna de Atotonilco (Villa Corona - Jalisco)
Adorno de papel picado en las calles de Guanajuato, recuerdan el inicio de la película de dibujos animados

Otros artículos de este blog que te recomiendo leer:

martes, 6 de marzo de 2018

MARZO: ¿Sabes quién fue Bastet?, en Egipto logré ver su magia


Desde niño me había fascinado el mundo egipcio. Esas grandes pirámides, tantos Dioses a los que adorar, tanto oro y riqueza, sus desiertos cruzados por un Nilo bordeado de abundante vegetación… y supongo que también me fue gustando cada vez más al tratarse de uno de los primeros temas en las asignaturas de Historia e Historia del Arte durante casi toda la primaria y secundaria. Porque por alguna razón a medida que en esas clases avanzábamos en el tiempo y llegaban las Guerras Mundiales, la Monarquía en Europa..., el arte Modernista o el Contemporáneo, sinceramente ya todo me aburría. ¡A pesar de que esos temas daban a entender que las vacaciones de verano estaban a la vuelta de la esquina!

Pues bien ¿adivináis dónde fue mi primer viaje? Hasta la fecha había viajado bastante, pero sólo por territorio español. Nunca había salido al extranjero y mucho menos a un país donde la cultura, la comida, las tradiciones y la historia eran tan diferentes a las mías.

La República Árabe de Egipto está situada en el noreste del continente africano, con una superficie de más de 1 millón de km2 y una población superior a los 93 millones de habitantes. Integra en su mayor parte el desierto del Sáhara, cruzado de norte a sur por el río Nilo, el mayor de África, con una longitud de 6853km. Egipto fue la cuna de la antigua civilización egipcia, que junto a la mesopotámica, fueron el origen de la actual cultura occidental, influyendo decisivamente en la historia de la humanidad.

Pues nada, 5000 años después de que la civilización egipcia comenzara a desarrollarse, mi promoción de la licenciatura de Psicología de la Universidad de Barcelona, decidió emprender un viaje de fin de carrera al país que tanta expectativa me había generado durante años.

Debo empezar diciendo que no me decepcionó para nada y que algún día espero volver. Pero sí puedo decir que lo que realmente me sorprendió fue algo que no cuentan los libros de historia: su gente.

Como os he dicho, fue mi primera experiencia en el extranjero, mi primera experiencia con una cultura diferente, pero también mi primera experiencia de sentir que allí éramos mis compañeros y yo las notas discordantes, pues todo se encaminaba hacia una dirección en la que nosotros íbamos absolutamente perdidos. Lo mejor que pudimos hacer fue dejarnos llevar, porque de este modo disfrutamos de la experiencia como nadie.

Cumpliendo un sueño, aunque sorprendido
por no ser lo que más me impactó de aquel maravillo país
Abu Simbel, las grandes Pirámides de Gizah, los Templos de Luxor y Karnak, el Valle de los Reyes, las estancias de Tutankamón… sí sí sí, todo muy espectacular, todo muy bonito, todo muy recomendable, pero ¿y su gente?

Cada hora que pasaba por aquellas zonas rurales, por aquellos poblados junto al Nilo y, días más tarde, por la ciudad de El Cairo me daba cuenta que en general la gente era feliz teniendo mucho menos que cualquiera de los barrios más humildes por los que antes en mi vida hubiera podido pasar.



La Felicidad, es por tanto, el tema de este mes de marzo. ¿Qué es la felicidad?, bufff ¿vaya preguntita no?. Pues tú me dirás una definición, yo te diré otra y así podríamos encontrar miles de definiciones; seguro que todas ellas cargadas de razón.

Porque la felicidad es individual y exclusiva. Cada persona vive una misma realidad de maneras tan distintas, que para una puede ser motivo suficiente para sentirse feliz y para otra puede ser un hecho insípido que apenas le genere ninguna emoción. Un ejemplo típico y tonto, pero que demuestra claramente esta evidencia: El que tiene dinero, que le toque 100€ en la lotería es algo anecdótico, pero el que apenas llega a final de mes esos 100€ le hacen estar feliz al menos durante un buen rato.

Y ya que hablo de ratos, la felicidad también es pasajera. Su efecto en la persona puede durar segundos, horas o incluso días… no me atrevería a decir mucho más, porque siempre existe alguna preocupación que rompe el estado de felicidad constante.

Y es que además, para complicarlo un poquito, cuanto mayor es el grado de felicidad más fácilmente podemos ser susceptibles de caer empicados ante un hecho inesperado, traumático o desafortunado. Así que cuidadín cuando estamos en la euforia y en el climax de la felicidad, siempre deberíamos tener muy bien anclados los pies en la tierra para que la caída no sea demasiado dolorosa.

Así de complicada es la felicidad, esa palabra tan bonita y que a todos nos gusta tanto decir y escuchar, pero que cuando la analizamos a fondo tan retorcida resulta.

Mi opinión, es que la salud, el sentirse querido (y no por todos porque es imposible, sino por aquellos a quienes también quieres), y el tener unos mínimos que permitan que lo anterior (salud y estima) estén cubiertos… para mí eso me demuestra que uno ya puede ser mínimamente feliz si así lo escoge. Porque la felicidad es una elección, no algo que nadie te vaya a dar, que puedas robar o comprar ni que venga a llamarte a la puerta de tu casa. La felicidad la tenemos ahí en muchos momentos y detalles del día a día y sólo depende de uno mismo cogerla o dejarla pasar de largo.

En Egipto, si tuviera que escoger un lugar en el que me topé de frente con la felicidad (en realidad serían varios, pero por explicaros el más impactante para mí) fue en la Ciudad de los Muertos. Se trata de un cementerio situado en el sureste del El Cairo, donde además de muertos existen personas que trabajan y viven en los mausoleos. Así es, personas que limpian y cuidan los mausoleos y a cambio, los familiares de los difuntos, les permiten disponer de un espacio donde dormir en el propio mausoleo. O simplemente, personas que fueron obligadas a abandonar sus casas en el centro de la ciudad debido a demoliciones de la renovación urbana en la década de los 50.

La Ciudad de los Muertos, el lugar donde vivos y muertos comparten techo

La vida en un cementerio, ¿os la imagináis?. Yo no era capaz de dar crédito a lo que estaba viendo. Unos mausoleos con dos estancias, una de ellas para los muertos y otra para los que en vida compartían techo. Creo que no sabría explicar realmente cómo allí se podría vivir, lo mejor que puedo hacer es enseñaros estas fotos.


A la izquierda, la Sra. nos recibía en la primera sala del mausoleo, donde descansa el difunto. Arriba, ya en la segunda sala donde vivían, una de las hijas nos muestra unas crías de gato.

Curiosamente, dato curioso el de los gatos, pues os hago saber que Bastet fue la Diosa egipcia de la felicidad, cuya misión era proteger el hogar. Se representaba como una mujer con cabeza de gato y simbolizaba la alegría de vivir.

Y destaco la sonrisa de esa madre y sus dos hijas cuando recibieron nuestras visitas. Apenas les dimos unos bolígrafos, unos zumos, alguna moneda y poco más porque era todo lo que llevábamos encima. El taxista que nos acercó hasta allí nos explicó que con lo equivalente a 1 euro, llamémosle 1 dólar para los que me leéis desde otros países, esa familia podría vivir durante una semana entera.

No sé, pero muchos años después se me sigue erizando la piel cuando lo pienso y lo describo. El único sentimiento que me hace contrarrestar esa tristeza que uno siente al empatizar con esas pobres familias es saber que nuestra visita les alegró al menos por un momento aquel día.

"La felicidad no es una meta, tan solo es un estilo de vida"

Otros artículos de este blog que te recomiendo leer:

El salario emocional debe ir ligado a la cultura empresarial (incluye test)

El salario emocional se ha convertido en uno de esos conceptos que aparecen de forma recurrente en la gestión de personas. Se menciona en va...