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lunes, 15 de diciembre de 2025

Lo primero sigue siendo lo primero (pero no todos lo entienden)

Antes de comenzar, quiero compartir algo que ya hice en 2022 cuando nació mi primera hija: decidí entonces pausar temporalmente mis publicaciones y respetar el momento antes de compartirlo. Esta vez, con el nacimiento de mi segunda hija, ha sido la segunda vez que he tomado la misma decisión. Por eso, mi pausa temporal en publicar en el blog, porque como dije entonces, y repito hoy: lo primero sigue siendo lo primero.

Han pasado ya bastantes meses desde que escribí la entrada ‘Lo primero es lo primero’ en la que hablaba del nacimiento de mi primera hija, de la falta de tiempo, de la necesidad de poner prioridades claras y de cómo la vida, en un momento dado, te coloca frente a un espejo y te recuerda lo verdaderamente importante. Desde entonces, muchas cosas han cambiado, entre ellas que hace apenas unos días he vuelto a ser padre. Y una vez más, todo se recoloca. La familia sigue ahí, en lo más alto de la lista. Y uno mismo también. Pero esta vez, además de vivirlo en lo personal, me he visto reflexionando aún más desde lo profesional, sobre cómo las empresas, y quienes estamos dentro de ellas, seguimos teniendo una tarea pendiente: entender que las personas somos personas antes que empleados.

A veces parece que hay que recordarlo como si fuera una novedad: nadie trabaja por el placer de asistir a reuniones o enviar informes. Trabajamos por lo que hay fuera del trabajo. Por nuestras familias, por nuestros hijos, por nuestros mayores, por nuestras pasiones, por tener un futuro más tranquilo. Y sin embargo, se sigue premiando lo contrario: quien más horas echa, quien se queda hasta el final, quien sacrifica más de su vida personal. Como si eso fuera sinónimo de compromiso. Como si dejarte la piel fuera un fin en sí mismo, y no algo que uno hace cuando siente que está en un lugar donde merece la pena hacerlo.

Cada vez oigo más hablar de conciliación. Es una palabra que se está desgastando de tanto usarla mal. Porque no es conciliación dejarte salir media hora antes un día puntual y pensar que con eso ya está pagada la deuda. Tampoco lo es trabajar desde casa si eso implica estar más disponible que nunca. Y mucho menos lo es cuando después hay miradas, comentarios o silencios incómodos si alguien decide priorizar su vida personal. Eso no es conciliación. Es poner una tirita a una herida que necesita puntos de sutura.

Conciliar de verdad implica respeto. Respeto por el tiempo de las personas, por sus ciclos vitales, por sus necesidades emocionales, por su salud mental. Conciliar no es hacer favores, es crear un entorno donde nadie tenga que pedir permiso para vivir. Hay empresas que lo están entendiendo, que empiezan a hacer cambios reales, que confían, que permiten flexibilidad sin letra pequeña, que entienden que una reunión puede esperar pero un momento con tu familia, no. Pero aún quedan muchas empresas que siguen confundiendo control con gestión, exigencia con productividad, y obediencia con compromiso.

Cuando un empleado se siente cuidado, respetado y valorado también en su esfera personal, es cuando de verdad empieza a comprometerse. Y lo hace de una forma genuina, porque no somos compartimentos estancos que podamos separar fácilmente. Lo que pasa en casa se viene al trabajo, y lo que pasa en el trabajo se va a casa. Por eso, cuando alguien tiene un buen día en lo laboral, eso también repercute en su vida personal, y al revés.

Como dije entonces, todos tenemos las mismas 168 horas a la semana. La diferencia está en cómo lo usamos y qué lugar damos a cada cosa. Lo primero sigue siendo lo primero. Y por mucho que duela escucharlo a veces desde las direcciones o propiedades de las compañías, lo primero casi nunca es el trabajo. Es tu hija o hijo, tu pareja, tu salud, tu paz mental. Y quien no entienda eso, probablemente está condenando a su equipo a vivir con el freno de mano puesto. Trabajar bien no es solo cumplir objetivos. Trabajar bien es hacerlo desde un lugar donde uno se sienta cómodo, valorado y, sobre todo, humano.


jueves, 29 de febrero de 2024

La Evaluación del Desempeño como pilar de la Comunicación Interna empresarial

Me encuentro, por segundo año, terminando mi actividad como docente para un módulo de postgrado dedicado exclusivamente a la Evaluación del Desempeño Laboral en una universidad boliviana. Uno de los aspectos en los que más he basado mis explicaciones durante las diferentes sesiones del módulo es el de la importancia estratégica de esta herramienta (siempre partiendo de la base de ser bien usada) como facilitadora del diálogo y la comunicación efectiva, claves para el éxito de cualquier organización.

En el mundo empresarial actual, las herramientas que facilitan el diálogo son más valiosas que nunca. La evaluación del desempeño no solo mide el rendimiento individual, sino que también fomenta un ambiente de colaboración y crecimiento mutuo, actuando como un canal transparente que conecta a los empleados con la dirección de la empresa y proporcionando un espacio estructurado para discutir metas, logros y áreas de mejora. Esta transparencia fortalece la confianza entre los equipos, alineando a todos hacia los objetivos comunes.

La evaluación del desempeño va más allá de la simple asignación de tareas y calificaciones. Ofrece una plataforma para la retroalimentación constructiva, donde los empleados pueden entender sus fortalezas y aspectos a mejorar. Esta retroalimentación no solo ayuda en el desarrollo individual, sino que también permite a los líderes identificar áreas donde se puede mejorar la gestión y el entorno laboral, pues durante las entrevistas pueden aflorar aspectos que eran desconocidos para el entrevistador y pueden ayudarle a entender actitudes y tomar decisiones que faciliten la mejora continua.

Al vincular la evaluación del desempeño con planes de desarrollo personal, se establece un camino claro para el crecimiento profesional. Los empleados se sienten valorados y respaldados cuando la empresa invierte en su desarrollo. Esto no solo beneficia al individuo, sino que también contribuye al crecimiento sostenible de la organización.

La evaluación del desempeño alinea los objetivos individuales con los objetivos organizacionales. Cuando cada empleado comprende cómo su contribución impacta en la misión global de la empresa, se fortalece el sentido de pertenencia y se impulsa la motivación. La colaboración entre compañeros y entre departamentos se vuelve más eficiente cuando todos trabajan hacia un propósito compartido.

Integrar la evaluación del desempeño como parte de la cultura empresarial crea un ambiente de mejora continua en el que todos están inmersos. Los empleados se sienten cómodos compartiendo ideas y sugerencias para el beneficio colectivo. La empresa evoluciona constantemente, adaptándose a los desafíos cambiantes del mercado.

En conclusión, la evaluación del desempeño no es solo una herramienta para medir el rendimiento, sino un catalizador para una comunicación interna efectiva, además de facilitar el crecimiento individual y colectivo y de promover una cultura empresarial sólida y orientada al éxito a largo plazo.

jueves, 17 de agosto de 2023

Felicidad laboral: 5 claves para un entorno de trabajo gratificante

No es la primera vez que escribo sobre qué es aquello que nos hace felices en el trabajo. Partiendo de las premisas de que cada persona es un mundo, y, por lo tanto, sus motivaciones son diferentes, de que cada momento de la vida nos marca unos objetivos a alcanzar y, en consecuencia, lo que hoy considero que me pueda hacer feliz quizás no sea lo que piense en un futuro, y de que el nivel de felicidad ante un mismo estímulo es totalmente diferente entre personas, por lo que la teoría de “café para todos” no tiene sentido, voy a tratar de estandarizar las claves que pueden servir para conseguir un mayor porcentaje de gente feliz en el conglomerado empresarial.

La búsqueda de la felicidad en el trabajo es una aspiración universal que ha cobrado mayor relevancia en la actualidad. A medida que las empresas evolucionan, se han dado cuenta de que la felicidad de sus empleados no solo influye en su productividad, sino que también crea un ambiente propicio para la innovación y el crecimiento. En esta línea, presento 5 aspectos clave, que bien podrían ocupar un artículo cada uno de ellos, que contribuyen a la felicidad en el trabajo:

1. Reconocimiento al trabajo: la importancia de sentirse valorado

Los empleados anhelan sentir que su trabajo es apreciado y reconocido por sus superiores y compañeros. Un simple agradecimiento, un reconocimiento público o incluso recompensas tangibles pueden tener un impacto duradero en la motivación y el compromiso de un empleado. El reconocimiento no solo refuerza la autoestima, sino que también fomenta un sentido de pertenencia y compromiso con la empresa.

2. Aprendizaje continuo: crecimiento profesional y personal

Siendo un defensor empedernido de la formación, no puedo dejar de mencionar este aspecto clave que apuesta por el desarrollo profesional y personal de cualquier trabajador. La formación permite a los empleados mejorar sus habilidades, enfrentar nuevos desafíos y mantenerse motivados. Además, contribuyen una oportunidad para mejorar otras muchas habilidades de manera indirecta como son la comunicación y el trabajo en equipo, entre otras.

3. Reparto del poder y del liderazgo: cultivando una cultura participativa

Un entorno laboral en el que el poder y el liderazgo se comparten de manera equitativa genera una sensación de pertenencia y valor entre los empleados. No me refiero en este punto a delegar la jefatura, ni mucho menos el liderazgo, que por definición es más intangible, sino a la asignación de la dirección de proyectos puntuales a diferentes personas del equipo de trabajo para fomentar una cultura participativa, donde las voces de todos sean escuchadas y donde las decisiones se tomen de manera colaborativa, promoviendo la transparencia y reduciendo las jerarquías rígidas. Esto no solo mejora la satisfacción laboral, sino que también puede dar lugar a soluciones más innovadoras y eficaces, a la vez que permite detectar potencial escondido entre los empleados, el cual puede contribuir a una proyección futura dentro de la organización.

4. Interés genuino por las personas: crear conexiones significativas

La felicidad en el trabajo no solo se trata de tareas y responsabilidades, sino también de relaciones humanas. Las organizaciones que promueven un ambiente en el que se valora a las personas por encima de los roles que desempeñan, fomentan la empatía. Establecer conexiones entre compañeros y superiores no solo mejora el ambiente laboral, sino que también contribuye a un sentido de propósito compartido.

5. Equilibrio entre valores, misión y visión: unidad en la diversidad

Cuando los valores, la misión y la visión de la empresa se alinean con los valores personales y metas de los empleados, se crea un terreno fértil para la satisfacción laboral. Sentirse parte de un propósito más grande y saber que se contribuye a algo significativo puede aumentar la sensación de realización. Las empresas que comunican claramente su propósito y demuestran cómo cada empleado contribuye a él, fortalecen el sentido de identidad y felicidad en el trabajo. Si los valores, la misión, la visión y, en definitiva, la cultura empresarial está claramente expuesta, se va a lograr fortalecer las alianzas con quienes se sienten en armonía, a la vez que se va a permitir a los demás el buscar una salida profesional diferente hacia un entorno donde la alineación entre los valores personales y los de la empresa sea más completa. Esto, aunque en ocasiones nos lleve a pensar que es una puerta abierta para la salida del talento, se debe ver como una manera natural de rotación que beneficiará personalmente al empleado y que beneficiará a la empresa, pues de nada sirve mantener personas que no compartan la estrategia empresarial por la que se ha apostado.

En conclusión, aunque la felicidad dependerá de las premisas que comentaba en el primer párrafo de este artículo, al adoptar estos aspectos clave, las organizaciones pueden ayudar a transformar la manera en que sus empleados experimentan el trabajo y, en última instancia, impulsar el éxito colectivo.

viernes, 30 de julio de 2021

El Plan de Acogida, herramienta fundamental en los procesos de incorporación a la empresa

En el último post hacíamos alusión a los Planes de Acogida como herramienta importantísima en la incorporación de los nuevos empleados. Pero, ¿qué es un plan de acogida?

Se trata de un documento que facilitará la incorporación de nuevos empleados y que deberá adaptarse tanto a las necesidades del trabajador como de la empresa. Este documento debería incluir toda la información relevante de la empresa y del puesto de trabajo que el nuevo empleado debe saber para empezar a trabajar, así como su plan de formación y tutorización inicial.

De promedio se requieren aproximadamente 4 semanas para que el nuevo empleado se sienta integrado en su lugar de trabajo, aunque dependerá del puesto que vaya a asumir y de los objetivos marcados que este proceso pueda ser más o menos duradero. Partiendo de este tiempo de media, se tendrá que disponer de aproximadamente un par de meses más (90 días en total, contando las 4 semanas iniciales) para que el empleado ya domine perfectamente el puesto y se alcance la integración completa.

El principal objetivo del proceso de incorporación es que el nuevo empleado siga motivado e involucrado con la organización más allá de sus primeros días. Además, gracias a este plan de acogida, el empleado podrá conocer la misión, visión, objetivos, valores, normas y cultura de empresa, adaptándose mejor a todas las políticas internas de la organización.

Tener implantado un plan de acogida es siempre una inversión y no un gasto, ya que se trata de una herramienta necesaria para poder rentabilizar los procesos de selección y disminuir el porcentaje de abandono durante los primeros meses desde la incorporación del empleado.

Los planes de acogida deberán incluir aspectos generales de la empresa, específicos de su puesto de trabajo y orientativos en tanto a quién va a ser su tutor y su planning durante las primeras jornadas. Más concretamente:

Información General:

  • Historia de la empresa
  • Antigüedad
  • Fundadores
  • Misión, visión y valores
  • Organigrama
  • Localizaciones
Información Específica:

  • Organigrama de su área/departamento
  • Descripción del puesto de trabajo que va a desempeñar
  • Información relativa a la prevención de riesgos para su puesto
Planificación:

  • Tutor/es de referencia
  • Visitas a otras áreas, centros, departamentos…
  • Formación

Es muy importante que tanto el responsable inmediato (probablemente el tutor), así como Recursos Humanos o la Dirección General (dependiendo del tamaño de la empresa) se involucren en el diseño y en la impartición del plan de acogida, reservando el primer día un espacio de tiempo para darle la bienvenida y estar a su disposición.

viernes, 9 de julio de 2021

El error de burocratizar las soluciones de Recursos Humanos

Cualquier organización tiene que superar constantemente diferentes inconvenientes que no le permiten avanzar hacia sus objetivos de una manera lineal y a una velocidad de ritmo constante o accelerado. Los diferentes obstáculos que se va a ir encontrando van a hacer que haya frenadas, cambios de ruta, o incluso retrocesos, pero es algo habitual que no únicamente ocurre en las empresas sino también en la vida misma, por lo que forma parte de lo ya esperado en cualquier tipo de contexto de la vida en el que podamos pensar.

Para superar estos obstáculos o inconvenientes, es necesario que las personas que tienen que tomar las riendas de la de la empresa y decidir si el movimiento que hay que hacer es frenar, acelerar o cambiar la dirección, tengan muy claro cuáles son las diferentes causas que pueden estar ocasionando el problema en sí o bien que pueden ayudar a agilizar dicho inconveniente para volver a un escenario de nuevo favorable.

Prácticamente, es aquí, en la toma de decisiones, donde radica el verdadero problema, pues la neblina en la visión al medio y al largo plazo puede hacer que las soluciones en el corto plazo no sean suficientes. 

Una pandemia como la que acabamos de pasar, una crisis cualquiera, una bajada en las ventas motivadas por la fuerte competencia en el sector, la salida de una persona clave de la organización, problemas en las entregas de los pedidos y quejas de los clientes, son ejemplos de inconvenientes que nos podemos ir encontrando y sobre los que tenemos que tener muy claro que para parar el golpe (corto plazo), probablemente haya que tomar medidas tajantes y reactivas, cortando de raíz el problema o parte de él. Pero esto no será suficiente y si lo dejamos ahí seguramente sea “pan para hoy y hambre para mañana”, ya que nos habremos olvidado de atender al medio y al largo plazo. Me toca aquí, como profesional de los recursos humanos, defender mi terreno y recordar que, ante cualquier medida que estemos tomando o incluso ante el propio problema que estamos valorando, tenemos personas que juegan un papel importante en la resolución. Y me toca también recordar que las personas no son máquinas, sino que tienen emociones que hoy pueden ser X, mañana pueden ser Y y pasado mañana pueden ser Z. Y para poder lidiar con estas emociones ajenas, la empresa y el mando/jefe/líder que lidera a estas personas debe ser consciente de ello para poder saber gestionar esos estados emocionales desde una perspectiva de ayuda en pro al bien común (mejorar la calidad del empleado y mejorar la productividad en su trabajo). Si no se tiene en cuenta esto, esas emociones pueden convertirse en negativas por acciones que podamos tomar ahora en el corto plazo y, en consecuencia, estaremos creando un nuevo problema seguramente mucho más grave y difícil de gestionar en los próximos días, que además va a ser muy contagioso de manera negativa al resto de personas. La falta de motivación, de implicación, de confianza… son ejemplos de malas gestiones del equipo en momentos clave para la organización por el simple hecho de haber estado pensando en los problemas de hoy sin haber tenido en cuenta, repito, que detrás de cualquier solución existen personas, quienes sufren las consecuencias de las decisiones tomadas de manera unilateral y nada participativa.

Aunque a estas alturas todo esto parece obvio, es evidente que esto sigue ocurriendo y que hasta que los mandos intermedios y la dirección entiendan que este problema y este riesgo persisten y lo tomen como una de las prioridades a la hora de tomar decisiones en la empresa, seguiremos encontrándonos en las entrevistas de selección personas que huyen de sus jefes (no de las empresas) y en las entrevistas de salida, compañeros que nos informan de los motivos por los que han decidido dejar de colaborar con nosotros, en esa misma línea.

Para ello, desde el departamento de recursos humanos, en los que la fidelización del talento es primordial, se propone la implementación de políticas orientadas a mejorar la calidad en el trabajo, la comunicación interna, el compromiso con la empresa, la transparencia en la información, etc. Pero que se propongan estrategias y políticas no es suficiente, porque hay que implantarlas correctamente y esto, evidentemente, requiere de un trabajo y de un tiempo de dedicación por parte de la estructura jerárquica de la empresa. Si la dirección o si los mandos intermedios siguen pensando en cortar de raíz su problema de hoy y estas soluciones siguen considerándose un trabajo extra y secundario, pasándolas a un lugar inferior en la lista de prioridades, absolutamente de nada servirá la teoría de implantar nuevas políticas, porque la realidad será que en la práctica esas medidas se habrán convertido en burocracia y, como bien sabemos, la burocracia es cáncer para la empresa.

Por ello es tan vital que exista un departamento de recursos humanos en una empresa como vital es que para la Dirección las estrategias orientadas a cuidar el talento del que se dispone sean de máxima importancia, porque sin este talento motivado, implicado y enérgico difícilmente vamos a poder tirar hacia adelante y poder subir las marchas y la velocidad de crucero ante los diferentes problemas que nos vayamos a ir encontrando.

lunes, 3 de julio de 2017

JULIO: ¿Cómo ser un buen líder en un Curry de trabajo?

Hace unos días acudí a un taller de liderazgo, en el que se habló de los diferentes estilos que puede adoptar un líder, llegando a la conclusión de que ninguno es bueno por sí solo, sino que un buen líder necesita saber adoptar un rol de liderazgo u otro dependiendo de cuál sea la situación, las personas que forman parte de sus equipos y el momento en el que interaccionan.

Con esto me adelanto al final de este artículo, dando por concluida la “clave” de cuál es el mejor estilo de liderazgo: ninguno por sí solo, sino un mix de todos.

Antes de seguir con los diferentes estilos quiero aclarar un aspecto e introducir el ingrediente o especia que dará juego durante este mes de julio.

En cuanto el aspecto a aclarar, me referiré a que lo que viene a continuación es una clasificación de estilos de liderazgo similar a otras que se puedan encontrar en Internet o en libros que traten sobre esta temática, pero que cada autor los denomina como quiere, del mismo modo que suprime algunos estilos o añade otros que podrían ser igualmente válidos siempre y cuando estén dentro de la definición de líder que sí debe ser aceptada por todos para que estas clasificaciones tengan cierto sentido y validez.

¿Qué es un líder?
Líder proviene del inglés leader, y hace referencia a conducir, guiar, dirigir..., por lo tanto, un líder es el individuo de un grupo que ejerce una mayor influencia en los demás y presenta la habilidad de convencer a otros para que trabajen con entusiasmo y lograr los objetivos definidos. Es en resumen, aquella persona que hace que los demás hagan, pero no por imperativo o rango (eso será un jefe), sino porque los demás le consideran el guía, aprueban y comparten lo que dice y hace y además, y lo más importante, es el propio grupo el que le otorga la categoría de Líder.


En cuanto a la especia de este mes, me gustaría hablar del Curry, pues se trata de un condimento que no existe por sí solo, sino que es una mezcla de otras 16 ó 20 especias, algunas de las cuales ya hemos tenido como protagonistas en meses anteriores: la cúrcuma, la canela, el cilantro, el clavo, el comino, el jengibre, la pimienta, son algunas de estas especias que dan color, olor y sabor al curry. Toda la cocina oriental lo usa, siendo un condimento fundamental en la India, Asia Sudoriental y el Caribe. Esta mezcla de especias casa con esa mezcla de estilos de liderazgo que un buen líder debe saber combinar y compaginar y casa también a la perfección con la idea de que el curry es un equipo de especias diferentes con un mismo objetivo que es el de dar un toque especial a los alimentos preparados, del mismo modo que para que exista un líder deberá haber un equipo de personas, obviamente cada una con sus particularidades, pero todas orientadas a un mismo objetivo.


Vamos ahora a ver esos estilos de liderazgo que deben saberse escoger y compaginar en cada momento:

Para ser líder primero hay que saber liderarse a sí mismo (ser responsable de), por lo que si soy responsable de mi familia, de mi trabajo, de mis promesas… estoy preparado para empezar a adoptar otros estilos de liderazgo. A este se le conoce como el liderazgo interior.

Otro estilo es el liderazgo de frente. Es el líder que toma las riendas del proyecto, la iniciativa, quien desemboza la situación cuando ésta ha quedado bloqueada. Pero que lo hace siempre hacia un objetivo conocido y compartido por todos y siempre dando un paso al frente, abrazando a los demás para que le acompañen en ese paso.

El liderazgo desde atrás, se entiende como el espejo y ayudante del líder de frente. Podría considerarse una figura de apoyo al líder principal o a otra persona que, aun sin ser el líder, puede estar llevando las riendas del equipo, como por ejemplo el jefe o responsable del grupo. Es aquella persona que ha llegado a un pacto con el líder de frente en cuanto a la meta a la que tienen que llegar. Cuando el primero se desvía del camino, el líder desde atrás le reorienta, le corrige constructivamente, porque está saliéndose de los términos pactados. Mientras el líder desde el frente da un paso adelante intentando arrastrar a que todo el equipo también lo dé, el líder desde atrás empuja a quien se queda en una posición de duda, escuchándole, dándole argumentos, empatizando y solventando los errores o gaps que el otro líder haya podido dejar por el camino.

El estilo de liderazgo colaborador se ejerce cuando el líder queda diluido en el equipo. Utiliza el “nosotros” y no tanto el “yo”, permite conocer los puntos fuertes y áreas de mejora de todos los componentes y actúa como director de orquesta, delegando tareas según quiénes pueden hacerlas mejor y con mayor motivación e implicación y confiando en todos y cada uno de los que forman parte del grupo. El líder colaborador se compromete igual que el resto, haciendo su parte del trabajo y aceptando críticas y opiniones, de tal manera que acepta y vende el resultado final como trabajo del equipo sin hacer nunca mención a quién haya podido aportar más o a quién haya aportado menos.

Finalmente, el liderazgo de campo, se ejerce cuando se actúa por intuición. Es la persona que consigue cambiar totalmente el rumbo pactado en un inicio, porque intuye que hay una mejor forma de hacer las cosas. Tiene la capacidad de conseguir que los demás acepten el cambio y tiene el gran reto de encontrar las razones para que ello sea posible. Es un líder que apuesta por la creatividad, que no tiene miedo a equivocarse y que invita a los demás a probar y salirse de los renglones para investigar nuevos campos de trabajo.

En definitiva, el buen líder sabe utilizar un estilo u otro en función del contexto, de las personas y del momento en el que se encuentre. Tiene que conseguir un equipo unido, uniforme y con cierto estilo que lo haga potente y único, al igual que el curry es una especie potente, que difícilmente pasa desapercibida, cumpliendo su objetivo en aquellos platos para los que ha sido elaborada. 

jueves, 10 de marzo de 2016

Empresas que pierden sus valores

Si has tenido ocasión de estudiar alguna materia o asignatura de empresa seguro que uno de los primeros temas estaba relacionado con los siguientes conceptos:
  • Misión: valor de ser de la empresa, el por qué existe.
  • Visión: a dónde quiere llegar la empresa, cuál es el objetivo.
  • Valores: aquellos puntos de la cultura empresarial que se consideran irrompibles y son comunes a cualquier miembro de la organización, independientemente de cuál sea su función y posición en la jerarquía.
No tanto por entrar a definir a fondo estos conceptos ni teorizar sobre ellos, sino por dejar reflejado que es de lo más básico cuando comienzas a adentrarte en el mundo empresarial, la gracia o mejor dicho la desgracia es que muchas empresas no tienen en cuenta lo más básico y acaban pagándolo caro.

Cuando la empresa no es capaz de transmitir su Misión, su Visión y ni siquiera sus Valores a las personas que en ella trabajan llega el caos, llega el momento en que los empleados pierden su rumbo y caminan en la dirección que creen conveniente. ¿Os imagináis la foto no? Un caos de personas sin orden, desorientadas, desmotivadas y retroalimentándose negativamente cada día que viven sometidas a ese fatídico panorama.


Los valores permiten definir la organización como tal, permiten que las personas tengan claro si están alineadas o no con ellos y, además, permiten orientar conductas tanto de la propia autocrítica de los empleados como de la corrección emitida desde los puestos gerenciales y directivos.

Enormes multinacionales han fracasado por entrar en una crisis de valores, porque la falta de ética de quienes mueven los hilos engangrena todo el tejido de la organización llevándole directamente a la muerte. Cuando se pierde la ética y la moral de manera evidente, pues se actúa desde la propia iniciativa y sin tener en cuenta a todos como equipo, se toman decisiones equivocadas que en el mejor de los casos puede provocar la huida del talento del que disponía la empresa. Si no se hace nada por subsanar esta pérdida de valores y este egocentrismo directivo que la provoca, no tardarán en verse consecuencias nefastas para el negocio.

Honestidad, confianza, comunicación, reconocimiento, solidaridad, equidad, justicia, trabajo en equipo, transparencia y lealtad son algunos de los valores que la empresa debería tener como parte de su ADN. Por el simple hecho de decir que somos "así o asá" o decir que tenemos X valores integrados en nuestra cultura, no se asegura absolutamente nada si a la hora de la verdad las personas no son capaces de evidenciar su opinión en las decisiones y acciones que se llevan a cabo. Todo lo contrario, cuando lo teórico y lo práctico no tienen relación alguna, las personas se hartan y se marchan o... se hartan y se quedan, convirtiendo el absentismo presencial en una lacra latente para la organización.

En definitiva, y a modo de reflexión, parece que existen algunos directivos que padecen alguna especie de demencia en lo que a la lección más básica de la emprendeduría y de la constitución de una empresa se refiere, obviando que por mucho que inviertan en otras áreas (marketing, publicidad, infraestructuras, nuevos productos…) no sirve de nada si las personas que tienen que llevar el orden, el compromiso y el ritmo de todo ese engranaje se sienten totalmente desorientadas.

miércoles, 21 de octubre de 2015

“Los clientes son lo primero” ¿En serio?

Todos trabajamos para satisfacer a nuestros clientes con el objetivo único de que seamos los elegidos cuando realicen sus compras y, de este modo, sigamos siendo competitivos y mejoremos constantemente los resultados de la empresa en beneficio de todos los que en ella trabajamos. Independientemente de que tratemos directamente con el consumidor final del producto o seamos intermediarios, siempre tenemos un cliente a quien satisfacer.

¿Cuántas veces nos han dicho que el cliente es lo primero?. Una afirmación que está tan impregnada en la cultura de las organizaciones y de la sociedad en general que hasta el propio cliente ha adoptado la licencia para usarla y recordártela cuando observa algún desajuste en su proceso de compra. Y no deja de ser cierto, pero ¿qué tal si pensamos un poco más allá y relegamos esta afirmación a un segundo término, anteponiendo en el ranking de prioridades la afirmación de que lo primero más importante es el cuidado del empleado?

Todo tiene sentido. Sin un empleado motivado no pretendamos tener clientes contentos. Como dije en un artículo anterior cuidar del equipo humano es la clave del negocio. No podemos invertir en herramientas, en personal, en marketing y publicidad, en innovación... sin antes llegar a entender el binomio Empleado contento – Cliente satisfecho.

La inversión económica de la organización en todo lo que refiere al talento de su equipo humano puede tener un retorno más potente que la inversión que ésta dedique a I+D o a campañas publicitarias. La mejor publicidad que se puede hacer de los productos o servicios que vendemos la va a hacer sin duda el empleado motivado y contento de lo que hace. Del lado opuesto, la peor reputación que podamos imaginar sobre nuestra marca o empresa muy probablemente se cueza entre las cuatro paredes de la compañía.

Como líder de tu organización debes cuidar el talento que posees antes que sea demasiado tarde, debes invertir en formación, debes escuchar de manera lo más cercana y personal posible a cada uno de tus empleados, debes ser justo y equitativo con las políticas que decidas implantar y debes recordar en todo momento que estás tratando con personas, que como tales tienen emociones y una vida mucho más allá de las horas que dedican a su labor profesional. Una vida más allá en la que también son clientes que consumen y que, a su vez, tienen una red potente de contactos quienes son también consumidores y a quienes su opinión puede influenciar tanto en positivo como en negativo a la hora de ejecutar su elección de compra.

Nunca olvides, por lo tanto, que los empleados son potenciales clientes y a los primeros que debes cuidar, porque siendo así ellos se sentirán comprometidos y se encargarán de cuidar y fidelizar después a los clientes que atiendan cuando vengan a comprar.



lunes, 27 de julio de 2015

“Engagement” y “café para todos”: incompatibilidad asegurada

Uno de esos términos que ha ido adquiriendo fuerza estos últimos años en el entorno profesional es el de “engagement”, entendido como la implicación y compromiso de un empleado en la empresa en la que trabaja.

A veces cuando se pone de moda un concepto como este, las empresas tratan de ponerlo en práctica mediante nuevas estrategias de comunicación, coaching y formación a los empleados, pero en muchas ocasiones no se es consciente de que existen respuestas mucho más a mano de lo que se cree.

No por dar formación a tus empleados, no por decirles que a partir de ahora vas a poner en práctica una política comunicativa más eficiente y no por hacerles ver que la organización apuesta por el magnífico mundo de la emprendeduría y las redes sociales conseguirás que tus empleados se vuelvan más comprometidos e implicados con la firma. Todo subyace a aspectos más intangibles que siempre han existido, aunque a menudo se han olvidado. Esto es, la motivación, el encontrar un motivo por el que las personas hacemos lo que estamos haciendo.

Partiendo de esta base debemos entender que los motivos por los que cada empleado acudimos cada día a nuestro puesto de trabajo y desempeñamos las funciones que son de nuestra competencia, son diversos, individuales y variables a lo largo del tiempo. Quizás cuando alguien comenzó a trabajar en la organización su principal motivo era el tener unos ingresos que le ayudaran a ser más independiente; con los años se estabilizó económicamente y su principal motivo se centró en poder desarrollar una profesión, adquiriendo nuevos conocimientos y alcanzando nuevas metas; posiblemente, más adelante sus motivos vuelvan a cambiar y la promoción interna sea el principal motor de su actividad diaria. En definitiva, como ejemplo, cada uno tendrá sus motivos y por eso nunca podremos atender a todos los empleados bajo el mismo criterio. El “café para todos” ya no sirve, ésta es ya una filosofía que debería extinguirse en las empresas, pues si bien asegura la motivación de aquellos cuyos intereses estén alineados con el ofrecimiento de la empresa, asegura también la desmotivación de todos aquellos a quienes no se les está atendiendo sus necesidades de manera individual.


No podemos ni debemos aplicar las mismas tácticas de engagement a todo el equipo. Debemos atender individualmente a cada persona y darles, en la medida de lo posible, aquello que necesitan para mantenerles motivados. Ahorraremos mucho tiempo y energía en hacerlo de esta manera, sin pretender cambiar las actitudes de los empleados con tácticas grupales (comunicación, formación, ofertas…) que pueden no estar cubriendo las expectativas de la plantilla al completo.

Es importante que recuerdes que si tienes a todo tu equipo motivado no tendrás que esforzarte tanto en mejorar actitudes; en este caso, el engagement estará asegurado.

El problema no es encontrar talento: es conseguir que el talento quiera quedarse

En recientes conversaciones con profesionales de RRHH aparece cada vez con más frecuencia una preocupación en momentos en los que, digamos, ...