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miércoles, 22 de marzo de 2023

El papel estratégico de RRHH en la empresa actual

Muy lejos quedan ya aquellas empresas en las que los organigramas eran prácticamente inamovibles, en los que la salida de un empleado era rápidamente ocupada por un nuevo candidato o en la que el presentismo era indiscutible. Actualmente, las empresas del siglo XXI son empresas en continuo movimiento y transformación, en las que se cambian constantemente las estructuras, los procedimientos, los roles, incluso los aspectos culturales y valores, que se adaptan constantemente a los cambios que se producen en el mundo globalizado, en general, y en el consumismo, en particular.

Las nuevas organizaciones están formadas por personas que tienen claro cuál es el objetivo final, independientemente de que cada uno escoja un camino u otro para llegar al éxito. No se valoran tanto los eslabones de la cadena, entendidos como los procedimientos y pasos que se deben seguir para lograr un objetivo, sino que se valora mucho más que la cadena sea fuerte y segura. Es decir, que se lleguen a cumplir las metas, respetando en todo momento los mínimos que se exigen a nivel documental, legal y normativo, a través de proyectos independientes liderados por cualquier empleado o empleada, sin importar el lugar que ocupen en el organigrama.

El presentismo y la flexibilidad laboral, la uniformidad más clasista y la más casual, las generaciones más antiguas y las más jóvenes, los procesos más mecánicos y los más digitalizados… son capaces de danzar manteniendo una coreografía uniforme, siempre y cuando estén claros los objetivos estratégicos, los cuales deberán ser compartidos y sobre los que cada empleado deberá sentirse identificado desde el primer momento.


Esta simbiosis que se da dentro de una misma empresa va a dar lugar a una cordial convivencia entre personas, con criterios de trabajo consensuados, valores y respeto firmes, eficacia en la praxis y satisfacción laboral. Es aquí donde adquiere un papel fundamental el departamento de Recursos Humanos, que siendo aliado de los demás departamentos y estando alineado con la estrategia empresarial, debe procurar que nadie desentone en la coreografía, la cual se habrá convertido en toda una competición de baile profesional que lucha por el triunfo frente a los grupos de empleados de las empresas de la competencia.

RRHH va a tener, por lo tanto, un papel clave en la gestión del conocimiento y del rendimiento, en la necesidad de crear entornos en los que los empleados desarrollen sus carreras y en crear espacios de participación, donde afloren la creatividad, la comunicación y la transmisión de información.

La Dirección de la empresa debe apoyarse en el área de RRHH para lograr articular al menos estos 7 ejes:

  1. Extender la visión y misión estratégica y hacerla llegar a todos y cada unos de los rincones del entramado empresarial.
  2. La creación, supervisión y seguimiento de las políticas de recursos humanos que aporten valor añadido a la gestión empresarial y a la consecución de los objetivos marcados, aportando además coherencia con los compromisos que como personas y entidades debemos asumir con la sociedad y el planeta.
  3. Sensibilizar a todo el personal sobre la importancia de la norma y su cumplimiento, buscando siempre el criterio de la legalidad y apartándose de los riesgos que pueden llevar a estropear en un instante lo que se ha tardado años en crear.
  4. Potenciar el talento como ventaja competitiva, apostando por la formación continua en conocimientos y en la gestión de las emociones.
  5. Participar de buen grado en acciones de responsabilidad social corporativa y en la gestión del desarrollo profesional sostenible.
  6. Potenciar la comunicación interna, mediante las redes sociales internas, comunidades de empleados y otras plataformas, que mejoren la comunicación, la motivación, el intercambio, el compartir ideas, los va­lores de equipo y el orgullo de pertenencia.
  7. Y, por supuesto, inculcar a todos la necesidad imperante de adaptabilidad a los cambios constantes.

lunes, 5 de noviembre de 2018

NOVIEMBRE: La tolerancia vista en el caso de Christiania, un barrio independiente en el corazón de Dinamarca


Si nos ponemos a pensar en países que suelen estar en el top 10 de la mayoría de tópicos positivos como son la situación economía, la felicidad y el bienestar de los ciudadanos, el sistema educativo y sanitario, los buenos hábitos de vida saludable, los menores índices de corrupción… siempre nos encontramos con que Dinamarca está entre ellos. País que acabo de visitar por primera vez apenas hace unos días y que constituye el marco donde reflexionaré sobre el tema de este mes: la tolerancia.
Antes, conozcamos un poco del país que en su tiempo tuvo el poder de toda Escandinavia. El Reino de Dinamarca es el país más meridional de los países nórdicos con una superficie de 43.094km2 y una población que no alcanza los 6 millones de habitantes, siendo su capital, Copenhague, la ciudad más poblada. Aunque se piensa que estuvo habitada hace unos 120.000 años, los restos arqueológicos más antiguos que se han encontrado datan del 12.500 a.C. Hasta la llegada del cristianismo, Dinamarca estuvo ocupada por los vikingos (siglos VIII-XI), periodo en el que tuvo un gran poder llegando a conquistar incluso Inglaterra. Durante los siglos siguientes, las relaciones entre los reyes y la Iglesia fueron conflictivas, hasta que en el s.XIV la reina Margarita I contrajo matrimonio con Haakon VI de Noruega en un intento de unir los dos reinos y Suecia. Durante el reinado de la monarca, las actuales Dinamarca, Suecia, Noruega, Finlandia, Islandia, Groenlandia y las Islas Feroes estuvieron unidas en lo que se conocía como la Unión de Kalmar, que estuvo vigente hasta el siglo XVI. A partir de ahí, numerosas derrotas danesas, principalmente durante la época napoleónica, fueron quitando el ostentoso poder territorial de Dinamarca, convirtiéndola en la actualidad en el más pequeño de los países nórdicos.

En este reciente viaje a Dinamarca he visitado algunas poblaciones de la isla de Selandia como son Helsingør, Hillerød y la propia Copenhague. Por todos es sabido que la famosa estatua de la Sirenita de Copenhague es la atracción más famosa y visitada de la ciudad, pero personalmente lo que más me llamó la atención fue la segunda atracción más visitada y quizás menos conocida hasta que investigas un poco más a fondo. Se trata de llamada ciudad libre de Christiania. 


Aquí todavía en la Unión Europea y en Dinamarca,
a punto de cruzar la puerta de acceso a Christiania
Este barrio, en pleno centro de Copenhague, ocupa un antiguo terreno militar de 34 hectáreas. Con total impunidad, pero de manera ordenada, este barrio “independiente” tiene sus propias leyes desde 1971. Actualmente, viven ahí unas 1000 personas que se autogobiernan, se autoabastecen y no pagan impuestos. No se consideran daneses y ni siquiera miembros de la Unión Europea. En Christiania todo lo que comen lo cultivan ellos, tienen su propia cerveza, se generan su propia energía y la venta y consumo de drogas blandas está a la orden del día y a la vista del turista que pasea por sus calles y cuya única norma de acceso es no sacar la cámara de fotos (excepto en los lugares donde se indique lo contrario).


Izquierda arriba: una de las calles de Christiania.
Izquierda abajo: cartel de salida de Christiania, donde indica que vuelves a entrar de nuevo a la Unión Europea
Derecha: una de las fachadas de los barracones de Christiania

Y la pregunta que todos nos hacemos, ¿cómo un país tan ejemplar como Dinamarca consiente tener en pleno corazón de su capital una ciudad sin ley?. Pues gustará más o menos al gobierno danés, pero aquí tenemos un claro ejemplo de la tolerancia, un valor que se define como la consideración o respeto hacia las opiniones o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras, obviamente siempre que no causen un perjuicio al bienestar personal. En este caso, es evidente que los daneses no deben ver muy perjudicial la existencia de Christiania, si ésta ya va camino de cumplir los 50 años.

La tolerancia es un valor que tanto en el mundo personal como en el ámbito profesional tenemos que trabajar para evitar, primero, malestar interno y personal y para potenciar, después, el buen clima con aquellos que nos rodean y con los que compartimos momentos y proyectos.

Igual con la familia o los vecinos, los compañeros de trabajo no se eligen (a no ser que seas el Director General de la compañía). Simplemente, te ha tocado compartir con ellos tu espacio, tu tiempo y muchas situaciones en las que la unión del grupo/equipo va a ser necesaria y determinante para afrontar problemas y retos. ¿Qué mejor manera que la de hacerlo bajo el paraguas de este gran valor al que se le llama tolerancia?

Sólo trabajando internamente este valor e inculcándolo a quienes nos tienen como referente, conseguiremos una sociedad más íntegra y fácil, un trabajo más colaborativo, coordinado, productivo y con unos proyectos elaborados de la manera más eficiente. En definitiva, un mundo mejor, más colorido, donde todos los colores, formas y estilos puedan tener cabida.
Uno de los pocos espacios donde está permitido sacar la cámara de fotos

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lunes, 28 de noviembre de 2016

Piénsatelo dos veces antes de emitir cualquier juicio de valor hacia los demás

Como personas tenemos la necesidad y costumbre innata o adquirida (es lo de menos) de compararnos siempre con los demás: “este/a vive mejor que yo”; “esta persona tiene mucha más suerte que yo”…

Principalmente, para las comparaciones en las que nosotros aparentemente somos los perjudicados, hacemos especial hincapié y ponemos especial importancia en resaltar lo bien que viven otros versus lo mal que vivimos nosotros.

Si además se trata de personas que viven en nuestro entorno más cercano y con quienes tenemos que interactuar, elaboramos prejuicios que afectan sin duda a nuestra relación con ellas. Podemos llegar a pensar algo como: “mira esta mosquita muerta la suerte que está teniendo, todo le ha venido dado y encima tiene el valor de quejarse… la vida es tan injusta, ojalá estuviera yo en su lugar,…”, creando un círculo vicioso en el que, antes de llegar a conocer a esa persona, ya te cae mal; reaccionando con estupidez a cualquier comentario que nos haga y dando lugar a que esa persona nos responda también a ese nivel, confirmándose por tanto lo que habíamos pensado de ella.

Ronda por ahí un dicho que nos recuerda que “Cada persona que ves está luchando una batalla de la que tú no sabes nada. Sé amable siempre”.


Creo que todavía no he conocido a nadie que no haya tenido o tenga problemas en la vida. Diferente es que no los cuenten, que te enteres por terceros o incluso mucho tiempo después, pero quien más quien menos tiene batallas con las que luchar diariamente (personales, de relación, profesionales…). La manera en cómo cada uno las afronta y la manera en cómo cada uno parece más o menos feliz de cara al resto del mundo es lo que equivocadamente nos acaba por determinar si una persona tiene más o menos suerte en comparación a otras… pero repito, vivimos en un mundo de apariencias, donde nada es lo que parece.

Por ello, si cuando conocemos a alguien pensamos dos veces sobre esto antes de emitir nuestro juicio de valor, seguramente nos estemos dando la oportunidad de conocer mejor a esa persona a la vez que le estamos dando la oportunidad a ella de poder expresar sus inquietudes que a simple vista somos incapaces de ver. Sólo de esta manera podremos evitar equivocarnos y mantener relaciones interpersonales mucho más sanas.

No debemos olvidar que todos somos personas, que como dije una vez, todos acabamos en una caja de pino, que la vida te puede mirar de lado o de culo, pero que a nadie le mira plenamente de cara, porque tarde o temprano todos somos víctimas de situaciones que ni el dinero, ni el poder, ni la fama, ni la belleza pueden esfumar y vencer sin que seamos nosotros mismos los que estemos en primera línea de batalla.


jueves, 29 de octubre de 2015

Por más vueltas que le demos, "al final todos acabamos en una caja de pino"

Magosto, Castanyada, Halloween, Todos los Santos, el Día de los Muertos, varios nombres para una celebración similar que coincide con el inicio del mes de Noviembre. Antes de nada dejar claro que no quiero dar a entender que voy a escribir sobre estas festividades. El objetivo de este nuevo post es hablar sobre los valores, concretamente el de la humildad.

Esta introducción un tanto surrealista en la que empiezo nombrando celebraciones y acabo diciendo que voy a reflexionar sobre la humildad, la explico en las siguientes líneas.

Leyendo hoy sobre las Catrinas (imagen creada por artistas mexicanos como símbolo de la miseria y los errores políticos con afán de burla hacia la situación del país y de las clases privilegiadas de la época y que hoy se ha convertido en una imagen que se extiende a muchos países y se utiliza como disfraz durante estos días) he dado con esta frase que dijo hace poco más de un siglo su creador:

La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera
(José Guadalupe Posada, grabador, ilustrador y caricaturista mexicano 1852-1913)


O lo que vendría siendo más burdo “al final todos acabamos en una caja de pino”… y ahora sí, ¿qué pretendo decir con esto?, ¿qué relación tienen estas frases con la humildad?

Diariamente estamos rodeados de gente que ni por asomo pone en práctica este valor tan importante. Personas déspotas, engreídas y con un afán de protagonismo y superioridad que interrumpen cualquier avance que se plantee en una sociedad en cuanto a valores se refiere.

La humildad, o la ausencia de la misma, no entiende de clases sociales, edades, sexo ni religiones. Puede “afectar” a cualquier persona, aunque si es cierto que suele predominar entre quienes tienen un motivo más objetivo por el que sentirse superiores frente a otros (posición jerárquica en la empresa, alto poder adquisitivo, etc.). El cuadro clínico de estas personas comparte una serie de rasgos y carencias que permiten diagnosticar fácilmente la patología: no saben escuchar, no suelen ser receptivos, son personas distantes, muestran una clara despreocupación por los demás, suelen no ser sinceros y sobre todo carecen de empatía. Estas personas, que además creen saberlo todo, generan tanta soberbia que engulle la poca humildad que pudiera existir y les hace ser engreídos, resentidos y, en definitiva, poco felices en su día a día.

Ser humilde no significa ser débil, simplemente se trata de ver las propias limitaciones y saber reconocerlas para aprender. Siendo conscientes de estas limitaciones las personas se abren al diálogo, al aprendizaje y a la mejora continua, dejando descubrir a los demás las virtudes que se poseen sin necesidad de ir explicándolas y exponiéndolas allí por donde pasan.

El valor de la humildad no requiere de objetos materiales, ni dinero, ni fama, ni estatus… requiere de algo mucho más intangible que se demuestra en los pequeños detalles con y para las demás personas en las situaciones más cotidianas que podamos imaginar. Las personas humildes ganan en confianza, en estima y en liderazgo y demuestran ser aquellos que acaban convirtiéndose en los verdaderos amigos.

Llegados a este punto, y retomando la frase de José Guadalupe, lanzo mi reflexión que puedes o no compartir: 

“Todos estamos de paso en esta vida y lo más importante es ser conscientes de que quien hoy está aquí puede estar allí mañana. Un momento puede cambiar nuestras vidas por completo; ¿por qué no hacerla más fácil para quienes tenemos al lado, haciéndonosla a su vez más fácil también a nosotros mismos?”

miércoles, 30 de septiembre de 2015

Lo que nos cuesta aceptar que pueden existir diferentes puntos de vista

Muchos pensaréis que en un mundo en el que no hubiera tanta diversidad de percepciones ante un mismo hecho o una misma situación sería todo más fácil y menos conflictivo. Quizás así sería, pero desde una visión positiva también debemos pensar que la posibilidad de compartir diferentes puntos de vista enriquece los resultados de cualquier decisión que se tome en consenso.

La importancia del respeto mutuo, de la escucha activa, de la empatía y el trabajo colaborativo permanente para tener una buena inteligencia emocional son claves en las personas que están opinando o debatiendo sobre algo o alguien.

En situaciones de equipos de trabajo, por ejemplo, cuando se trata de emprender un proyecto, diseñarlo, ejecutarlo y obtener resultados, son necesarias varias reuniones en las que todos tengan la oportunidad de expresar sus diferentes puntos de vista. Si todo fuera tan sencillo y cualquier persona viera exactamente lo mismo que los demás y desde la misma perspectiva, ¿qué sentido tendría el grupo? Únicamente sería necesario formar un equipo para la ejecución del proyecto, todo lo demás bastaría con una única cabeza pensante. Es por ello que en ocasiones conviene distanciarse para entender que lo que uno opina puede quedar anulado cuando otra opinión contrarresta la primera y, que lo que a uno se le escapa, puede quedar complementado cuando otro sí lo ha estado pensando.

En la vida no profesional ocurre exactamente lo mismo: en los grupos de amigos, en tu relación de pareja, en la familia, en la sociedad… es necesario que exista más de una única opinión para poder acabar escogiendo el camino más adecuado, aunque también es cierto que esto no siempre es posible.

Independientemente de que sea mejor tener varios puntos de vista por los motivos que he tratado de explicar, lo que debe existir por encima es siempre la aceptación de que todas las opiniones son igualmente válidas. Ninguna persona, sin excepción, merece ser desacreditada cuando manifiesta su opinión, porque la está defendiendo al considerarla la mejor.

En definitiva, se trataría de que todos aceptásemos este punto clave en las relaciones interpersonales (la aceptación mutua) y poner en práctica nuestras técnicas negociadoras, colaborativas, asertivas, empáticas… con el fin de demostrar que puede existir una opinión más efectiva o también una opción integradora de varias opiniones, que den como resultado una más completa y en ese caso, la mejor.

Este video refleja esto que explico de una manera cómica. Diferentes situaciones convertidas en hipérboles de lo que son los diferentes puntos de vista de varias personas. Espero que os resulte divertido y permitirme que haga humor de algo tan serio como es la aceptación de cualquier opinión independientemente de quien provenga.


miércoles, 25 de marzo de 2015

Accidente aéreo: la crueldad de quienes no merecen ser llamadas "personas"

El terrible accidente aéreo del vuelo 4U9525 de la compañía Germanwings que cubría el recorrido Barcelona - Düsseldorf ha generado en millones de personas una consternación que nos traslada, por un lado, a pensar en el sufrimiento de esas 150 víctimas durante los minutos previos al accidente (aunque se desconozcan aún las causas) y, por otro, al padecer de las familias de los pasajeros fallecidos que acaban de iniciar un duro proceso de duelo.

Hasta aquí lo normal, cualquier ser humano con una inteligencia emocional mínimamente desarrollada es capaz de ponerse en el lugar de todos aquellos a quienes por desgracia la vida les ha puesto ante esta situación.

Me avergüenza, y por ello comparto estas reflexiones con vosotros, el saber que entre nosotros hay ciertos individuos que han aprovechado la tragedia para lanzar a través de las redes sociales mensajes de odio y discriminación hacia las víctimas. ¿Qué clase de valores, si es que los hay, tienen estos sujetos? Se me hace difícil responder.

Por si no sabéis de qué hablo os adjunto algunos de estos mensajes que ya se han convertido en spam y están siendo denunciados por muchos internautas entre los que me incluyo.


Con esa misma impotencia me he quedado yo al leer estos comentarios. No por ser catalán, ni mucho menos, pienso que ante situaciones de este tipo ocurran en Cataluña, en Madrid, en Andalucía, en Europa o en la isla más remota del Pacífico Sur, las ideologías deben quedar en último plano, dejando paso a lo verdaderamente importante e incuestionable: que se trata de personas, de familias enteras destrozadas, que simplemente han tenido la mala suerte de estar en el lugar y momento inadecuados.

Los valores morales que nos hacen crecer como personas y convertirnos en seres dignos deben ver multiplicada su presencia cuando nos encontramos ante situaciones como la acontecida en el día de ayer. Las personas actuamos con respeto, bondad, generosidad, solidaridad, altruismo… de una manera prácticamente inconsciente tras activarse procesos internos y desarrollados a lo largo de nuestra educación y experiencia, como es por ejemplo la empatía. Y me vuelvo a preguntar, ¿de verdad han sido conscientes de la maldad y crueldad que emitían con estos mensajes? Ahora mismo tampoco sabría dar respuesta.

Me queda el consuelo de saber que los Mossos d’Esquadra y el Ministerio del Interior están persiguiendo a estos delincuentes morales a través de los medios por los que han hecho difusión de estos comentarios. Deseo que la Justicia como institución, y como otro de esos valores que todo ser humano debiera tener incorporado en su chip, actúe con ellos de la manera que se merecen y activen las medidas necesarias para que se les eduque moral y socialmente conforme a los mínimos exigidos en cuanto a ética se refiere.

No quiero finalizar esta reflexión dando mi pesar y ofreciendo todo mi apoyo a los familiares de las víctimas de esta tragedia.

El salario emocional debe ir ligado a la cultura empresarial (incluye test)

El salario emocional se ha convertido en uno de esos conceptos que aparecen de forma recurrente en la gestión de personas. Se menciona en va...