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martes, 17 de diciembre de 2024

La Navidad: luces y sombras en el ciclo de la vida

La Navidad, que lleva implícitos mensajes de unión, amor y esperanza, es una época que despierta emociones, a menudo, contradictorias. Para muchos, es un tiempo de celebración, de reencuentros y de risas. Pero, inevitablemente, también es una temporada que nos enfrenta con la ausencia al ir viendo cada vez más sillas vacías cuando nos juntamos en las reuniones familiares.  

A medida que pasan los años, la Navidad puede transformarse en un espejo de nuestras pérdidas. Aquellos que amamos y que solían formar parte de nuestras celebraciones quizás ya no están físicamente con nosotros, dejando un vacío que parece imposible de llenar. Estas ausencias nos invitan a reflexionar sobre el tiempo, sobre los momentos que compartimos, sobre el dolor de continuar sin ellos y sobre la obviedad de que algún día seremos nosotros quienes también dejaremos nuestras sillas vacías.

Es natural sentir tristeza o melancolía al recordar las risas, las historias y los abrazos que ya no podemos repetir. Esos sentimientos son normales y son parte del duelo, un proceso que nunca desaparece del todo, pero que aprendemos a integrar en nuestras vidas. Y es que la ausencia no borra el amor; más bien lo transforma.

Sin embargo, la Navidad también trae consigo nuevas oportunidades para iluminar la oscuridad. La llegada de nuevos miembros a la familia, ya sea a través de nacimientos, relaciones o amistades, nos recuerda que la vida sigue abriéndose camino. Estos nuevos integrantes tienen derecho a disfrutar de la magia de la Navidad, y nuestra responsabilidad es transmitirles ese espíritu, como algún día hicieron con nosotros.

Cuando los niños corren por la casa, cuando las risas reemplazan momentáneamente las lágrimas, nos damos cuenta de que estamos participando en algo más grande que nosotros mismos. Somos parte de un ciclo que ha existido en todas las familias, en todas las culturas y en todas las Navidades de la historia.

La Navidad nos obliga a sostener dos verdades al mismo tiempo: el dolor de lo que hemos perdido y la alegría de lo que hemos ganado. Y, en ocasiones, la pérdida y la ganancia ocurren en un espacio muy corto de tiempo, lo cual perturba aún más nuestro estado emocional. ¿Cómo podemos entonces encontrar equilibrio en este vaivén de emociones? La clave está en permitirnos sentir, en no reprimir ni la tristeza ni la alegría. Recordar a los que ya no están con cariño, y al mismo tiempo, abrazar a los que están presentes. Decorar el árbol, cantar villancicos, compartir la mesa: estos rituales son actos de resistencia ante la oscuridad.

En conclusión, la Navidad no se trata de borrar la tristeza, sino de integrar la luz y la sombra en un todo significativo, del mismo modo que hacemos el resto del año y durante toda nuestra vida.

Que esta Navidad, con sus momentos agridulces, sea un recordatorio de que la vida sigue girando y de que, a pesar de las pérdidas, siempre hay razones para celebrar. 

¡Felices Fiestas! 🎄


jueves, 3 de diciembre de 2020

DICIEMBRE: Lo que el Chimpancé nos transmite con su Altruismo

Ya se palpa la Navidad, en las tiendas, en la tele, en las luces… pero ¿y en las casas?, ¿y en las empresas?, ¿y en la gente? Este año ha sido un año gris en todo el planeta y todos lo estamos pasando mal; por la cantidad de libertades que hemos perdido, por el miedo a perder nuestra salud y la de nuestros seres queridos, por la pérdida de alguien a quien queríamos, por el impacto económico que el Covid está teniendo en los negocios, por ver cómo las relaciones sociales se han ido mermando poco a poco… pero, aun así, donde sí sigue habiendo espíritu navideño es en las ganas de ayudar a los demás. Todos los años llegan estas fechas cargadas de acciones de caridad hacia los más necesitados, que por desgracia este año han aumentado en número. Muchas personas han perdido sus puestos de trabajo y, como consecuencia, ha aumentado el empobrecimiento social por todo el planeta a una velocidad casi en paralelo con la pandemia.

Nos toca dedicar este mes a esas personas que de manera anónima o no, pero que sí con una gran honestidad, ayudan a quienes lo necesitan. Hablamos del altruismo y lo animalizamos en un gran amigo del hombre que siempre tiene una sonrisa que ofrecer: el Chimpancé.


El chimpancé es un primate homínido con el que el ser humano comparte el 98% del genoma, dato que deriva de la evidencia científica de que tanto el chimpancé, el hombre y también el gorila compartieron hace millones de años un ancestro común. Posee una dieta principalmente vegetariana, aunque también se alimenta de insectos y pequeños vertebrados. Los machos llegan a pesar unos 80kg en cautiverio y a medir hasta 1.70m, mientras que las hembras apenas llegan a los 70kg. Se caracteriza por la envergadura de sus brazos, aproximadamente 1.5 veces su estatura, que le permiten balancearse pasando de rama en rama. Su cuerpo está cubierto por un pelaje de color marrón oscuro, con excepción del rostro, dedos, palmas de las manos y plantas de los pies. El periodo de gestación de los chimpancés es de 8 meses y las crías son destetadas aproximadamente a los 3 años, aunque son más los años que siguen manteniendo vínculo con su madre. La pubertad la alcanzan entorno a los 8-10 años y su esperanza de vida es de unos 50 años en cautiverio. En libertad, podemos encontrar chimpancés en las selvas tropicales y sabanas húmedas de África central y occidental, aunque debido a la desforestación se encuentran en peligro de extinción. El chimpancé vive en comunidades que oscilan entre los 20 y más de 150 miembros y donde el apareamiento es promiscuo. Desempeñan estrategias de caza que requieren de cooperación, siendo conscientes de su estatus social en todo momento. Son manipuladores, capaces de engañar y capaces de entender aspectos del lenguaje humano, incluso números, además de planear espontáneamente el futuro cercano. Aunque los investigadores todavía no han llegado a un mismo punto de opinión, diversos estudios concluyen que los chimpancés llegan a ser animales altruistas que realizan un sacrificio solidario por el bien del colectivo.

Independientemente del resultado de los estudios llevados a cabo con diferentes comunidades de chimpancés, ocurre algo que también ocurre en nuestra especie y es lo que se denomina contagio emocional. Las emociones son más poderosas de lo que podemos llegar a imaginar y son capaces de contagiarnos negativa y positivamente unos a otros de manera prácticamente inconsciente. Existen unas neuronas, llamadas espejo, que son las responsables de este contagio, pero esto sería otro tema sobre el que hablar y al que bien podríamos dedicar un artículo entero.

Este contagio emocional es el que permite que afloren ciertas conductas entre las personas cuando, a partir de un impulsor que inicia cierta acción, comienzan a unirse a la causa los diferentes observadores. Llevando esta afirmación al terreno que hoy nos ocupa, vemos cómo ciertas acciones que pueden pasarnos desapercibidas a lo largo del año, a pesar de que existen, se multiplican durante estas fechas por el simple hecho de ser conocedores de ellas, por ejemplo, bancos de alimentos, donaciones a fundaciones sin ánimo de lucro, recaudación en programas televisivos, colaboración en la entrega de regalos en hospitales infantiles, etc…

El altruismo existe, lo tenemos en nuestro ADN, pero en ocasiones se mantiene latente debido principalmente a la falta de visión global, a ese no acabar de abrir los ojos o hacerlo mirando mucho nuestro propio ombligo. Tenemos la suficiente inteligencia para abrir nuestro campo de visión, para darnos cuenta que alrededor nuestro hay personas que no tienen la misma suerte que podemos tener nosotros y que más allá de este alrededor, la historia se repite una y otra vez.

Para muchos la Navidad es compras, es reunión familiar, es viajar, son luces, son vacaciones,… para otros es hipocresía, tristeza, gasto innecesario… pero lo que sí está claro es que durante esta época algo pasa, algo hace encender la llama de la bondad en las personas, convirtiendo, aunque sea durante apenas un mes, este mundo en un mundo mejor.

NOS GANAMOS LA VIDA CON LO QUE RECIBIMOS, PERO HACEMOS LA VIDA CON LO QUE DAMOS (John Maxwell)

Por eso, volviendo a las preguntas con las que comenzaba este artículo, aunque este año no todos estemos para pensar mucho en Fiestas, sí que la situación que estamos viviendo nos ayuda a reflexionar un poco más acerca de la suerte que todos tenemos de estar todavía hoy aquí y, que por muy mal que hayamos pasado algunos momentos de este 2020, la vida continúa y no queda otra que seguir con nuestra mejor cara, con nuestra mejor sonrisa, con todo el positivismo y energía que podamos desprender y que van a hacer que esa neuronas espejo de las que no he querido hablar demasiado comiencen a hacer su función a gran velocidad y a gran escala.

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martes, 3 de diciembre de 2019

DICIEMBRE: San Nicolás, el altruismo personificado

Qué rápido pasa el año y ya entramos en el último mes de este 2019 ¡y de esta década! Este mes, en el que la Navidad es su guinda, quisiera introducir un aspecto muy relacionado con las fechas, pero que debería estar presente no sólo en diciembre, sino cada día durante todo el año. Me refiero al Altruismo, entendido en términos generales como la ayuda a otros sin esperar nada a cambio. Para poder personalizar este término de la psicología social os presento al que será el duodécimo personaje histórico de este año: San Nicolás.



Nicolás de Bari, también conocido como San Nicolás de Myra, fue un obispo del siglo IV nacido en tierras de la actual Turquía en el seno de una familia adinerada. Desde niño tuvo un carácter generoso y piadoso hacia los demás, heredando la fortuna de sus padres y poniéndola al servicio de los más necesitados. Cuando sus padres murieron fue consagrado obispo en Myra (actual Turquía), donde murió en el año 343. Pero la leyenda que más vinculación tiene con San Nicolás y que celebramos la noche del 24 de diciembre es la de Papá Noel o Santa Claus. Es cierto que la figura de este amigo de los niños que trae regalos en estas fechas navideñas tiene una gran fantasía a su alrededor, pues las leyendas, las creencias y el marketing como el de Coca-Cola, le han convertido en un viejo adorable vestido de rojo y blanco y vecino del Polo Norte, donde vive rodeado de duendes que le ayudan en la fabricación de los juguetes y regalos que le piden los niños a través de cartas y que reparte con la ayuda de sus renos y su trineo.


Si bien es cierto que la leyenda de San Nicolás dista mucho de la que todos conocemos hoy día en referencia a la de Santa Claus, pues le hemos cambiado la historia de su vida, además de haber trasladado su lugar de residencia a 4.000km al norte y le hemos cambiado hasta el aspecto físico, en el fondo se ha mantenido la esencia de su personalidad, una persona que decidió compartir su fortuna con los demás y que tuvo especial atención con los niños que vivían en condiciones más humildes en aquella época. El concepto altruismo es precisamente el que mejor define este tipo de gesto, pues ser una persona altruista implica que pone en práctica un comportamiento hacia los demás que disminuye las vulnerabilidades de estos, incluso en detrimento del bienestar propio. Las personas altruistas utilizan la cabeza y el corazón a la hora de actuar y consiguen alinear ambos, transmitiendo coherencia en sus actos y poniendo en práctica muchos elementos de la inteligencia emocional: empatía, automotivación, autorrealización…

El altruismo se puede ejecutar de diversas maneras: a veces escuchando a personas que necesitan ser escuchadas, a veces dando consejos a quienes se sienten perdidos y, por supuesto, materializando el gesto en regalos, alimentos y donaciones. Lo importante es la disposición de ayudar a los demás, mostrando preocupación por ellos y atención de manera desinteresada. El “sacrificio” personal en favor de estas otras personas no deja de ser, a la vez, un beneficio individual que repercute sutil, pero directamente en nuestro crecimiento personal. El sacrificio se convierte en un sentimiento de paz interior, al que muchos critican de motivación egoísta, pues se busca en realidad el beneficio propio.


Mi opinión sobre este último punto es que siempre tiene que haber quien busque las mil vueltas para acabar haciendo de algo positivo algo totalmente perverso. Es cierto que podría haber personas que decidan participar en donaciones para mejorar su prestigio y autoimagen, pero éstas se identifican claramente, pues hacen público su gesto “altruista”. No quiero decir que todo el que haga pública una ayuda hacia otro sea un falso altruista, pero sí es cierto que aquellas personas que lo hacen de manera anónima y discreta seguro no están intentando lavar públicamente su imagen. Aunque el primer caso no puede ser etiquetado dentro del concepto altruismo tal y como éste se define, si queremos buscar el lado positivo de ambos tipos de personas (las que actúan por motivación egoísta y las que realmente lo hacen de manera altruista) y es que al fin de cuentas los más necesitados están obteniendo un beneficio que les permite mejorar la situación que tenían anteriormente.


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