Si
nos ponemos a pensar en países que suelen estar en el top 10 de la mayoría de
tópicos positivos como son la situación economía, la felicidad y el bienestar
de los ciudadanos, el sistema educativo y sanitario, los buenos hábitos de vida
saludable, los menores índices de corrupción… siempre nos encontramos con que
Dinamarca está entre ellos. País que acabo de visitar por primera vez apenas
hace unos días y que constituye el marco donde reflexionaré sobre el tema de
este mes: la tolerancia.
Antes,
conozcamos un poco del país que en su tiempo tuvo el poder de toda
Escandinavia. El Reino de Dinamarca es el país más meridional de los países
nórdicos con una superficie de 43.094km2 y una población que no
alcanza los 6 millones de habitantes, siendo su capital, Copenhague, la ciudad
más poblada. Aunque se piensa que estuvo habitada hace unos 120.000 años, los
restos arqueológicos más antiguos que se han encontrado datan del 12.500 a.C. Hasta
la llegada del cristianismo, Dinamarca estuvo ocupada por los vikingos (siglos
VIII-XI), periodo en el que tuvo un gran poder llegando a conquistar incluso
Inglaterra. Durante los siglos siguientes, las relaciones entre los reyes y la
Iglesia fueron conflictivas, hasta que en el s.XIV la reina Margarita I
contrajo matrimonio con Haakon VI de Noruega en un intento de unir los dos
reinos y Suecia. Durante el reinado de la monarca, las actuales Dinamarca,
Suecia, Noruega, Finlandia, Islandia, Groenlandia y las Islas Feroes estuvieron
unidas en lo que se conocía como la Unión de Kalmar, que estuvo vigente hasta
el siglo XVI. A partir de ahí, numerosas derrotas danesas, principalmente
durante la época napoleónica, fueron quitando el ostentoso poder territorial de
Dinamarca, convirtiéndola en la actualidad en el más pequeño de los países
nórdicos.
En
este reciente viaje a Dinamarca he visitado algunas poblaciones de la isla de
Selandia como son Helsingør, Hillerød y la
propia Copenhague. Por todos es sabido que la famosa estatua de la
Sirenita de Copenhague es la atracción más famosa y visitada de la ciudad, pero
personalmente lo que más me llamó la atención fue la segunda atracción más
visitada y quizás menos conocida hasta que investigas un poco más a fondo. Se
trata de llamada ciudad libre de Christiania.
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Aquí todavía en la Unión Europea y en Dinamarca, a punto de cruzar la puerta de acceso a Christiania |
Este barrio, en pleno centro de
Copenhague, ocupa un antiguo terreno militar de 34 hectáreas. Con total
impunidad, pero de manera ordenada, este barrio “independiente” tiene sus
propias leyes desde 1971. Actualmente, viven ahí unas 1000 personas que se
autogobiernan, se autoabastecen y no pagan impuestos. No se consideran
daneses y ni siquiera miembros de la Unión Europea. En Christiania todo lo que
comen lo cultivan ellos, tienen su propia cerveza, se generan su propia energía
y la venta y consumo de drogas blandas está a la orden del día y a la vista del
turista que pasea por sus calles y cuya única norma de acceso es no sacar la cámara de
fotos (excepto en los lugares donde se indique lo contrario).
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Izquierda arriba: una de las calles de Christiania. Izquierda abajo: cartel de salida de Christiania, donde indica que vuelves a entrar de nuevo a la Unión Europea Derecha: una de las fachadas de los barracones de Christiania |
Y la
pregunta que todos nos hacemos, ¿cómo un país tan ejemplar como Dinamarca
consiente tener en pleno corazón de su capital una ciudad sin ley?. Pues
gustará más o menos al gobierno danés, pero aquí tenemos un claro ejemplo de la
tolerancia, un valor que se define como la consideración o respeto hacia las
opiniones o prácticas de los demás, aunque sean diferentes a las nuestras,
obviamente siempre que no causen un perjuicio al bienestar personal. En este
caso, es evidente que los daneses no deben ver muy perjudicial la existencia de
Christiania, si ésta ya va camino de cumplir los 50 años.
La
tolerancia es un valor que tanto en el mundo personal como en el ámbito
profesional tenemos que trabajar para evitar, primero, malestar interno y
personal y para potenciar, después, el buen clima con aquellos que nos rodean y
con los que compartimos momentos y proyectos.
Igual
con la familia o los vecinos, los compañeros de trabajo no se eligen (a no ser
que seas el Director General de la compañía). Simplemente, te ha tocado
compartir con ellos tu espacio, tu tiempo y muchas situaciones en las que la
unión del grupo/equipo va a ser necesaria y determinante para afrontar
problemas y retos. ¿Qué mejor manera que la de hacerlo bajo el paraguas de este
gran valor al que se le llama tolerancia?
Sólo
trabajando internamente este valor e inculcándolo a quienes nos tienen como
referente, conseguiremos una sociedad más íntegra y fácil, un trabajo
más colaborativo, coordinado, productivo y con unos proyectos elaborados de la manera más
eficiente. En definitiva, un mundo mejor, más colorido, donde todos los colores, formas y estilos puedan tener cabida.
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Uno de los pocos espacios donde está permitido sacar la cámara de fotos |
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